Romario de Soul Safaria nace en Río de Janeiro el 29 de enero de 1966 y se cría en Jacareño, una de las favelas más extensas de la ciudad. Su padre, Edir es un fanático del fútbol y del club Carioca América, hasta tal extremo que funda un equipo de barrio llamado Estrelíña. Su madre, Manuel Aladislao acepta desde temprano que su hijo pase los días detrás de una pelota.
Una costumbre que empieza los 3 años y que no se va a interrumpir nunca. El fútbol en ese contexto no es un sueño lejano, sino el único camino para salir adelante. Al nacer, Romario pesa apenas 1 kil con 800 g y crece con un cuerpo escuálido que tarda años en desarrollarse. Esa contextura física tan pequeña le cierra puertas en varios clubes de río que lo descartan antes de darle una oportunidad real.

En una prueba en el propio Vasco de Agama le llegan a decir que con ese físico solo puede servir para lavar autos en el club. La frase, lejos de hundirlo, termina convirtiéndose en una de las anécdotas favoritas que el propio Romario repite año después en entrevistas, cuando ya su consagración mundial es indiscutible.
Rechazado en Vasco, pasa al Olaria Atlético Club, donde unos ojeadores del propio club que lo habían descartado lo ven jugar a los 12 años y deciden llevarlo a sus divisiones inferiores. Para entonces, su familia ya vive en el Villa da Pena. Sin la altura ni la masa muscular de otros chicos de su edad, Romario desarrolla un estilo propio.
Se entrena solo en las canchas barriales de su zona. Perfecciona los amagues y los regates cortos que le permiten esquivar a rivales más altos. Trabaja para conseguir dinero y comprar suplementos que lo ayuden a ganar volumen. Aprende casi todo de forma autodidacta, sin metodología formal detrás. solo la aceptación de sus límites y la determinación para superarlos a cualquier precio.
Debuta en la primera división del Vasco da Agama en 1985 y se convierte rápido en el ídolo del estadio Sao Januario. Es campeón carioca en 1988 y goleador del Campeonato brasileño en 1986 y 1987. Es esa capacidad goleadora la que lo lleva la selección brasileña con la que obtiene la medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Seú 1988 y termina como máximo anotador del torneo.
Ese mismo año Europa empieza a llamar a su puerta. El PCB Hoven de Países Bajos compra su pase y se lo lleva del país que lo había visto crecer. En el PSB, Romario juega hasta 1993 y deja una marca que todavía impresiona. 165 goles en 167 partidos. Es tres veces campeón de la liga neerlandesa, 1989, 91 y 92. Además de goleador en esos mismos años y en el 93.
También gana dos Copas de Países Bajos. El club campeón de Europa en esos años llega a disputar la Copa Intercontinental contra Nacional de Montevideo en Japón. El técnico Gus Hiiding lo define como el jugador más interesante con el que trabajó en toda su carrera. Y recuerda que antes de los partidos importantes, cuando los nervios aparecían en el resto del plantel, Romario se le acercaba para asegurarle que iba a marcar y que el equipo iba a ganar casi siempre cumplía esa promesa.
En 1993, ya consolidado como una de las máximas referencias goleadoras de Europa, Romario firma el pase al Barcelona por $,000. El club catalán campeón continental de la temporada anterior lo integra al Dream Team que dirige Johan Cff junto a futbolistas como Risto Sto, Ronald Coheman, Michael Lodrop y Joseph Guardiola.
En su primera temporada en España marca 30 goles y es campeón de la liga con un récord de cinco tripletes en una misma temporada, algo que solo Lionel Messi consigue igualar casi 20 años después. Entre esos tripletes hay dos contra el Atlético Madrid y uno contra el Real Madrid en el histórico 5 a0 del Camnou, donde además sorprende al continente entero con una definición de cola de vaca ante el arquero Francisco Bulló tras un pase de Guardiola.
Pero el éxito deportivo convive desde el primer día con un choque cultural que nunca termina de resolverse. Romario extraña la vida nocturna de Brasil y no soporta la disciplina europea. No compra ni alquila una casa en Barcelona porque prefiere vivir en un hotel como si esa decisión le permitiera sentir que está de paso a un solo checkout de volver a lo que conoce y siente como propio.
Con eso en mente es inevitable que el pacto de costumbres con el viejo continente se resquebraje. discute más de una vez con Cruff por sus ausencias y sus llegadas tarde a los entrenamientos hasta que entre ambos se comprometen en una negociación. Si Romario promete marcar dos goles en el próximo partido, Cruff le permite viajar a Brasil.
El delantero cumple lo prometido y se va. El propio Cruff reconoce después que tenía una calidad asombrosa, capaz de resolver partidos enteros casi sin esforzarse, pero ese pacto entre caballeros era más frágil de lo que el técnico pensaba. El problema llega después. Lo que debían ser 4 días de descanso se transforman en 21 días sin noticias del delantero.
Cuando la dirigencia del Barcelona logra comunicarse con él por teléfono Romario, asegura que Criff le había dado permiso para viajar a Brasil, pero nunca le había especificado la fecha de regreso. La versión es, según el propio entorno del club, una mentira completa. Cruff solo había autorizado 4 días y la situación genera un conflicto serio con la institución.
Pese a todo, el vínculo entre ambos nunca llega a romperse del todo. En parte porque el propio Cruff, que también fumaba y disfrutaba de cierta vida nocturna en su etapa de jugador, entiende mejor que nadie ese costado de Romario. Y 1994 es sin discusión el mejor año en la vida de Romario y también el que mejor resume la paradoja que marcó toda su vida profesional.
Esa temporada se consagra campeón de la Liga española, se queda con el trofeo de máximo goleador del campeonato y sobre todo levanta con Brasil la Copa del Mundo de Estados Unidos, la cuarta de la historia de ese país. Convierte cinco goles en el torneo y es elegido mejor jugador del mundial. Al mismo tiempo, sigue siendo noticia por sus salidas nocturnas y su consumo de tabaco.
Una rutina que convive sin que nadie logre explicarlo del todo con su capacidad goleadora intacta. El camino de Romario hacia ese mundial no es lineal. Debutan la selección brasileña el 23 de mayo de 1987 ante Irlanda en Dublín con una derrota por 1 a0 y marca su primer gol días después en un amistoso contra Finlandia. Llega al Mundial de Italia 1990 como suplente de Antonio Careca, convocado a último momento por el director técnico Sebastio Lazaroni y apenas suma minutos ante Escocia en la fase de grupos.
Su relación con la selección, de hecho, tiene tantos altibajos como su carrera de club. Pese a su nivel, sus choques con distintos entrenadores y sus problemas de disciplina lo alejan de varios procesos y en más de una ocasión llega a llorar en público ante las cámaras cuando queda fuera de alguna convocatoria importante.
Read More
En 1992, el técnico Carlos Alberto Parreira no lo tiene en cuenta mientras la selección se complica en la clasificación al Mundial de Estados Unidos y la hinchada empieza a reclamar su presencia. Una lesión inesperada de Müller le abre la puerta para ser titular en un partido decisivo ante Uruguay y en el Maracaná.
Romario responde con dos goles en una actuación que el propio jugador considera hasta el día de hoy el mejor partido de toda su carrera con la camiseta de Brasil. Esa actuación termina de asegurar la clasificación al mundial. En 1994, ya formando dupla con Bebeto, Romario vive el torneo de su vida.
marca cinco goles y convierte el segundo penal de la definición ante Italia en Los Ángeles. Se transforma en una estrella amada por todo Brasil y a fin de año es elegido FIFA World Player. Bebeto, su compañero de ataque, asegura que parecía que habían nacido jugando juntos, que la comprensión entre ambos dentro de la cancha era inmediata y que esa combinación de entendimiento casi sobrenatural tardará mucho tiempo en repetirse en la historia del fútbol brasileño.
Después del Mundial, Romario retrasa su regreso al Barcelona por tres semanas. Su deseo real es volver en forma definitiva a su país tras 6 años en Europa, donde nunca compró una casa propia y vivió siempre en hoteles. Él mismo reconoce después que llegó a jugar a propósito por debajo de su nivel para forzar una salida en el mercado de invierno, una estrategia que da resultado.
El Barcelona acepta venderlo al Flamengo por una cifra cercana a los 6 millones y medio de euros, pese a que todavía le quedaba más de un año de contrato. En el Flamengo, Romario marca 59 goles en 59 partidos a lo largo de dos temporadas y es el máximo artillero del campeonato en 1996. Ese mismo año vuelve por poco tiempo al Valencia de España, donde choca con el entrenador Luis Aragonés y regresa casi de inmediato a Brasil.
En 1997, con el regreso de Jorge Valdano al Banco del Valencia, vuelve a probar suerte en España. Baldano, que llega a definirlo en público como un jugador de dibujos animados por su capacidad de resolver lo imposible, le da total libertad. Y Romario responde con un nivel altísimo tanto en el club como en la selección, donde proyecta junto a Ronaldo Nazario un mundial de Francia que promete repetir la gloria de 1994.
Pero esa ilusión se derrumba en la pretemporada cuando Romario sufre una lesión grave que lo deja varios partidos sin jugar. Baldano es destituido del Valencia y el delantero vuelve a chocar por motivos disciplinarios con su sucesor. En la selección, el técnico Mario Zagalo y sobre todo el asistente Arthur Antunez Coimbra, conocido como Sico, con quien Romario ya tenía diferencias previas, deciden no convocarlo para el mundial de Francia 1998.
Pese a la presión de la prensa y de buena parte del público brasileño que pedía gritos la inclusión de una figura de talla histórica, Romario se queda afuera. La prensa del momento registra su llanto de frustración en cámara. El conflicto con Sico no se cierra ahí. En 2005, un tribunal brasileño condena a Romario a pagarle $22,200 por daños morales después de usar la imagen de Sico en la puerta de los baños de un bar que el propio Romario había instalado en Río de Janeiro.
Su carrera de clubes sigue sumando capítulos. Con el Flamengo gana la primera Copa Mercosur en 1998 y el torneo Carioca de 1999. Y en el 2000 regresa al Vasco da Gama, donde se consagra campeón del Brasilerao y la Copa Mercosur, además de ser elegido mejor jugador sudamericano del año. En 2001 regresa a la selección después de casi 4 años de ausencia en un partido por la clasificación al Mundial 2002 que Brasil pierde 1 a0 en Montevideo.
El técnico Luis Felipe Escolari le cede en ese momento la capitanía y el liderazgo del equipo. Un vínculo que se rompe poco después, cuando Romario se llega a participar de la Copa América de ese año en Colombia. lo que genera el rechazo del cuerpo técnico. Igual que en 1998 vuelven las presiones públicas para que sea convocado al mundial, pero Escolari no lo incluye en la lista final.
Brasil termina siendo campeón de todos modos sin Romario en el plantel. En 2002 pasa al Fluminense y en 2003 prueba suerte en Qatar en el Al Saad, donde vuelve a tener problemas de comportamiento con su entrenador y termina despedido a pesar de sus 48 goles en 77 partidos. Regresa de inmediato al Vasco da Gama y en 2005, con 39 años, vuelve a ser goleador del Campeonato Brasileño con 22 conquistas antes de pasar por la Liga estadounidense en el Miami FC, donde también es máximo artillero.
Se despide de la selección el 27 de abril de 2005 en un amistoso ante Guatemala con un gol y una vuelta olímpica entre la ovación del público. Y así llegamos al capítulo que corona su leyenda como goleador. El 20 de mayo del 2007 con 41 años, Romario convierte lo que según su propio recuento es el gol número 1000 de su carrera en un partido en el que su equipo, El Vasco da Gama, vence 3 a 1 al Sport Club Recife.
Con esa marca se convierte después de Pelé en el segundo jugador brasileño en alcanzar esa cifra, aunque algunos historiadores señalan que el delantero Arthur Friedenrreake ya había llegado antes a un número similar entre 1909 y 1935. Pelé en una entrevista con el canal Sport TV destaca las coincidencias entre ambos goles números 1000.
Los dos fueron de penal dirigidos al ángulo derecho del arco y los dos llegaron en medio de una enorme expectativa. Aunque el Depelé en 1969 se dio ante más de 100,000 personas en el Maracaná, mientras que el de Romario ocurre apenas ante 16,808 espectadores en el estadio Sao Januario. Esa cifra de 1000 goles, sin embargo, no está libre de discusión.
Una de las críticas más repetidas hacia Romario es que para llegar a ese número contabilizó también los goles convertidos en divisiones inferiores y en partidos no oficiales. Distintos estudios estadísticos lo ubican en cambio como el segundo máximo anotador de la historia con 772 goles oficiales por detrás del austríaco Josep Bican y por encima de Pelei de Cristiano Ronaldo.
Para la Federación Internacional de Historia y Estadística de Fútbol de todas formas conserva un récord que nadie discute. Es el único futbolista que fue 14 veces goleador de un campeonato de primera división, 10 en Brasil, tres en Países Bajos y una en España. En octubre del 2007, Romario se da el gusto de ser jugador y entrenador del Vasco al mismo tiempo.
Y el 15 de abril del 2008 anuncia su retiro definitivo durante el lanzamiento de un documental sobre su carrera ante las cámaras de televisión. El retiro, sin embargo, no es del todo definitivo. En 2009 se da el lujo de jugar un par de partidos para el América RJ, el club del que su padre E deba ir es hincha fanático como homenaje familiar y ayuda a ese equipo a ganar un título de segunda división.
Lejos de las canchas, la vida de Romario sigue generando titulares. En 2009 pasa una noche en la cárcel y luego es condenado a 2 años y medio de prestación de servicios y una multa cercana a los $223,000. Después de no declarar los ingresos que recibió como jugador del Flamengo en 1996, la sanción original era mucho más severa, pero se reduce tras una serie de reclamos de su exesosa, Mónica Santoro, a causa de una deuda por pensión alimentaria de dos de sus hijos.
Romario había acordado pagar esa deuda en cuotas, pero incumple varios meses al declararse en bancarrota en un periodo en el que también queda señalado como uno de los inversores de una red financiera piramidal que termina quebrando y dejando a numerosas personas en la ruina. Frente a las críticas que empiezan a acumularse, Romario, se queja con dureza durante la presentación de un libro biográfico sobre su vida, asegurando que no fue el responsable de ningún mal ajeno a su propia conducta y que siente que se convirtió sin
merecerlo, en una especie de villano para buena parte de la opinión pública brasileña. Esta biografía escrita por el periodista Marcos Vinicius Resende recoge varias anécdotas de sus propios compañeros de equipo. Uno de ellos, Joao Carlos, recuerda una escena en un aeropuerto en la que todo el plantel viaja en clase económica, mientras Romario, que siempre llega tarde, aparece sentado solo en primera clase bebiendo champag, sin dar ninguna explicación.
En el plano personal Romario nunca esconde su fama de mujeriego. Llega a reconocer que tuvo relaciones íntimas en el vestuario del Maracaná, que se define a sí mismo como infiel por naturaleza y que en su época de mayor promiscuidad llegó a estar con tres mujeres distintas en un mismo día. Se casa en tres ocasiones.
Primero con Mónica Santoro antes de mudarse a Europa, luego con Daniel Fabato en 1996 antes de su paso por Valencia y por último con Isabel Vittenencurt en 2002. Tiene seis hijos y se divorcia en los tres matrimonios. En 2019 vuelve a aparecer en pareja, esta vez con la administrativa Ana Caroline Nazario, de 22 años y años más tarde, en 2026 vuelve a hacer noticias por un presunto romance paralelo con una amiga cercana de su entonces pareja, Tiffany Barcelos.
Un escándalo que ninguno de los protagonistas llega a confirmar. En 2010, Romario da un giro inesperado y se inicia en la política como diputado del Partido Socialista Brasileño, motivado por una de sus hijas que nace con síndrome de Down y por la idea de que las personas con discapacidad no tenían representación adecuada en las decisiones públicas.
En 2014 anuncia su candidatura al Senado y resulta electo con más del 60% de los votos. En 2017 cambia de partido y se une a una fuerza de centroderecha de la que llega a ser presidente en el estado de Río de Janeiro, aunque su intento de convertirse en gobernador en 2018 termina con un resultado pobre en las urnas.
Desde su lugar como exfutbolista influyente Romario, también se convierte en un crítico constante de la dirigencia del fútbol sudamericano. En 2013 participa junto a Diego Maradona y José Luis Chilavert de un acto en San Pablo en apoyo a un dirigente del Corinthians que buscaba presidir la Confederación Continental, donde se presenta un informe que calcula pérdidas multimillonarias por contratos opacos en esa organización.
Romario llega a decir frente a los micrófonos que jamás imaginó que pudiera existir una institución más corrupta que la FIFA, mientras Maradona pide el mismo acto que los responsables terminen en la cárcel, algo que en buena medida ocurre un par de años después. Antes de la Copa América de Brasil 2019, Romario también dirige críticas duras al entrenador de la selección, asegurando que después de la temprana eliminación del Mundial de Rusia 2018 lo habría dejado fuera del cargo, aunque reconoce al mismo tiempo que se trata de un buen técnico capaz de
mantener unido a un grupo de jugadores. Esa combinación de elogio y crítica resume bastante bien la forma en que Romario se relaciona con el fútbol brasileño. Nunca calla lo que piensa, incluso cuando eso lo enfrenta con figuras poderosas del ambiente que lo formó. Romario, lejos de cualquier autocrítica, afirma en distintas entrevistas que ningún otro futbolista en el mundo puede igualar su trayectoria.
Y en 2017 llega a declarar sin matices que fue mejor que Lionel Messi que Cristiano Ronaldo. Asegura también que de niño escuchaba por radio los partidos de Pelé desde su favela, sin imaginar que terminaría compartiendo con él la cima de la historia goleadora de Brasil. Cuando le preguntan por el origen de su confianza inquebrantable, suele repetir una frase que ya forma parte de su mito personal, que cuando nació, Dios lo señaló con el dedo para decir que ese era el elegido.

Romario nunca pide disculpas por la forma en que vivió su carrera. Pudo haber marcado más goles, pudo haber ganado más títulos, pero siempre sostiene que prefirió disfrutar cada etapa de su vida a su manera, convencido de que esa decisión es, en definitiva, la que lo hace feliz. Esa filosofía discutible para cualquier entrenador que intentó disciplinarlo termina siendo también la explicación más honesta detrás de uno de los goleadores más completos y más contradictorios que dio el fútbol sudamericano. Porque los grandes tienen
Disclaimer : This content may be created by AI for entertainment purposes. Any resemblance to real persons, events, or places is coincidental.