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ROCKY: La Escena que NADIE Recuerda…

 Tiene un departamento medio destruido con dos tortugas mascota, pero cuando se mira en el espejo vemos una leve melancolía cuando observa su foto de niño. Sabemos que nuestro protagonista no es un anciano, pero tampoco es el niño de la foto. ¿A qué se puede dedicar alguien así? Pues pelea en sótanos sucios por unos pocos dólares. Cobra deudas para un usurero del barrio, no porque sea malo, sino porque es lo que hay.

 Camina por las mismas calles todos los días. Saluda a los mismos vecinos. Y nadie, absolutamente nadie, lo mira como si fuera algo más que lo que es. Un tipo grande, simpático y un poco lento. Pero lo más importante no es como lo ve el barrio, es como se ve él a sí mismo y cómo lo vemos nosotros. Algo que siempre me encantó de esta cinta es el hecho de que logra transmitirte una soledad inmersiva.

 Rocky, que cuando lucha es el centro de nuestra atención, se ve disminuido ante la vida, siempre solo, siempre irrelevante. Y aún así, Rocky no vive con rabia, no hay fuego adentro esperando explotar, sino que vive con algo más silencioso y más pesado que la rabia. vive con resignación, una resignación que se impregna incluso en los demás personajes porque alrededor de Rocky convergen en un grupo de personas con los que es imposible no encariñarse, detestar y ver lo complejo de qué significa ser un individuo. Este barrio nos muestra

Adrian, el interés amoroso de Rocky. Una mujer callada, reservada, apenas levanta la vista cuando alguien le habla. No necesita saber con exactitud que ocurre en su mente para entender que lleva años siendo invisible. Es invisible hasta dentro de su propia casa, tratada por su hermano como un estorbo que no terminó de irse.

 Hablando del hermano, tenemos a Poly, un hombre que vive amargado, tomando, culpando al mundo de una vida que siente que no le alcanzó, casi que amigo de Rocky por inercia y por el buen corazón de nuestro protagonista. Este barrio está lleno de gente así, gente que tuvo un momento o creyó que lo tendría y en algún punto dejó de esperarlo.

 Rocky no es la excepción de Philadelphia. Rocky es Philadelphia. Algo curioso sobre Rocky es el hecho de que no antagoniza como tal a su contrincante. Mientras Rocky está en el bar local con Poly, aparece el anuncio de la pelea del bicentenario, la cual tendrá al campeón Apollo Creed. El dueño del bar dice que Apolo no es más que un payaso, pero Rocky lo frena y habla de cómo él admira a Apollo.

 Se esforzó y ahora es el campeón. Apolocrit es todo lo que Rocky no es. Carismático, seguro, espectacular. Un hombre que sabe exactamente quién es y no lo dudó un segundo. El campeón del mundo que luego va a entrar al ring disfrazado de George Washington porque puede, porque todo en su vida es un show que él controla. Hasta que inminentemente ya no la controla, entonces se cancela su pelea.

Lo que haría temblar a cualquiera para Polo es un problema de marketing. Tiene el estadio reservado, tiene las cámaras, tiene la audiencia, solo necesita un rival. Y acá tiene una idea que le parece brillante. Darle una oportunidad a un desconocido local, un chico del barrio.

 El sueño americano en vivo y en directo. La narrativa se escribe sola. Busca en una lista y encuentra el nombre de Rocky Balboa. Le gusta el apodo. The Italian Stalion. Suena bien y esa es suficiente razón. Para Apolo, Rocky es un extra en su propia historia. Es curioso que la ceguera del éxito de Apolo lo nubla de ver a Rocky como una persona y el que ya es alguien no puede ver del todo lo que significa no serlo.

Apolo mira a Rocky y ve una oportunidad publicitaria. No puede ver otra cosa porque nunca necesitó verse como Rocky se ve. Y para Apolocrit hay una frase que encapsula muy bien su filosofía. Cuando lo felicitan por la idea de que este acto es ultra patriótico, dice, “No es patriota. Es inteligente.

 Esta manera de pensar tan barquetinera, tan oportunista, contrasta con la sencillez de Rocky. Porque al enterarse de la noticia de que lo quieren para luchar por el título, les juro que su reacción es de lo mejor. Esa reacción dice todo sobre la mentalidad de Rocky. Cuando otros saltarían de la alegría o la emoción, cuando algunos sentirían miedo o dudarían del por qué son elegidos, Rocky simplemente piensa que no tiene sentido hacerlo.

 ¿Qué tan resignado y ninguniado te debes sentir para rechazar una oportunidad así de esta forma? Claro que este momento va a voltear la ciudad de cabeza. Y cómo no, estamos frente a un hombre que no sabe qué hacer con una oportunidad que llega demasiado tarde y demasiado grande al mismo tiempo. Apolo eligió a Rocky pensando que era la historia perfecta.

 No sabía que estaba eligiendo al único hombre para quien esta pelea puede significarlo todo. Y hablando del todo y nada, hay un personaje que es central en todo lo que vivió Rocky a lo largo de la saga y que no he mencionado hasta ahora. Mickey, el emblemático entrenador de Rocky. El preámbulo que nos hacen para la presentación de este personaje es magistral.

 Rocky lleva años en el gimnasio de Mickey Goldmill. Tenía un casillero, pero por decisión del entrenador sacan sus cosas y las dejan en un morral, en un perchero. Cuando Rocky se enoja por esto y va a confrontar a Mickey, a este castigue no le importa. La conversación que tienen no es simple desdén, sino que está cargada de, dígalo conmigo, resignación.

Mickey cree que Rocky solo pelea con vagos. Tendrá razón, pero su tiempo ya pasó. No vale la pena enfocarse en alguien que tampoco tiene ganas de algo más. Básicamente lo trató como a uno más de los tantos que pasan por ahí y no llegan a ningún lado. Incluso quien más presiona a Rocky por no tomar agencia de su vida es Mickey.

 Eso es lo que hace tan brutal la escena donde Mickey va a buscar a Rocky a su departamento. Sube las escaleras, golpea la puerta y le ofrece entrenarlo. La escena es medianamente tensa porque Rocky está molesto. Justo ahora que tiene una oportunidad es que Mickey se acerca para ayudarlo. Mickey le cuenta de toda su trayectoria en el boxeo, todo lo que ha pasado, las heridas, el sufrimiento, pero Rocky no quiere escuchar, no está dispuesto. Acá pasa algo interesante.

Mickey aparece justo acá porque cree en Rocky. No es solo un oportunista, genuinamente cree que Rocky tiene algo especial. Cualquiera se sentiría como Rocky, desechado, ninguneado y totalmente abandonado por alguien en quien querías apoyarte. Si tanto querías mi ayuda, ¿por qué no la pediste?”, dice Mickey.

 “La pedí, pero nunca tuve respuesta”, contesta Rocky. “Ambos han hecho las cosas mal y no parece que esto tuviera remedio. ¿Quién si fuera Rocky no estaría abrumado en este momento y dudando de absolutamente todos? Nuestro protagonista grita. Tiene su desahogo frente a el momento tan intenso que vive. Él no necesita la lástima de nadie, menos de un entrenador que nunca se fijó en él.

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