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RAMÓN RAMÍREZ: la LEYENDA de CHIVAS que la MAFIA del fútbol HUNDIÓ en SILENCIO

representa históricamente lo más opuesto a todo lo que él representaba. Y lo que estás a punto de escuchar no es solo la historia de un traspaso polémico, es la historia de cómo una institución entera, en medio de una crisis financiera, decidió  que la lealtad de su ídolo más querido valía menos que un cheque firmado por su rival de toda la vida.

Grábate esto porque va a ser importante para entender todo lo que viene. En el fútbol mexicano, ni siquiera ser el jugador más amado por una afición te protege de convertirte de la noche a la mañana en una pieza de intercambio dentro de una negociación entre directivos. Para entender realmente el peso de lo que vas a  escuchar, necesitas entender, aunque sea de manera breve, qué representa la rivalidad entre Chivas y América dentro del fútbol  mexicano.

 No hablamos simplemente de dos equipos de la misma liga que compiten por los mismos títulos. Hablamos de dos visiones distintas  históricamente enfrentadas sobre lo que debería ser el fútbol mexicano. Las Chivas, fundadas con una identidad estrictamente nacional, alineando siempre a jugadores mexicanos. El América históricamente asociado con el poder económico, con la televisión,  con los grandes fichajes, incluyendo jugadores extranjeros.

 Para millones de aficionados en México, apoyar a uno de estos equipos no es solo una preferencia deportiva.  es en muchos sentidos una declaración de identidad. Dentro de  ese contexto, el llamado clásico tapatío capitalino o simplemente  el clásico de clásicos entre Chivas y América es históricamente el partido más importante, más visto y más cargado emocionalmente de todo el calendario del fútbol mexicano.

  Y dentro de esa rivalidad, durante décadas existió algo que muchos aficionados consideraban casi una regla. no escrita. Un jugador de Chivas no debía, bajo  ninguna circunstancia jugar para el América. Y viceversa, romper esa regla no era simplemente cambiar de equipo, era para una parte significativa de cada afición una traición.

 En los próximos minutos vas a conocer cuatro cosas que probablemente nunca te habían contado sobre Ramón Ramírez. Primera, cómo un muchacho de Tepic, Nayarit, llegó a convertirse a través de un intercambio de jugadores con Santos Laguna en el alma del medio campo de las Super Chivas y en una de las zurdas elegantes que ha dado el fútbol mexicano.

 Segunda,  los números exactos detrás de la crisis financiera que llevó a la promotora deportiva Guadalajara a tomar la decisión de vender a su jugador más identificado con la afición, justo al término del campeonato que él mismo ayudó a conquistar. Tercera, el momento exacto de esa conferencia de prensa donde Ramón Ramírez, con la voz quebrada tuvo que anunciar su salida hacia el América y cómo esa salida forzada afectó su rendimiento y su estado de ánimo en los meses siguientes.

 Y cuarta, el oscuro capítulo que vino después de su breve paso por Coapa, un accidente automovilístico ocurrido cuando ya jugaba para los Tigres de la UANL, en el que perdieron la vida cuatro personas de una misma familia  y que marcó para siempre la vida de este hombre dentro y fuera de las canchas. Te voy a avisar cuando llegue cada una de estas revelaciones.

Si te vas antes del final, te vas a perder la parte más importante de toda esta historia. Como un futbolista que representaba, para una afición entera la fidelidad absoluta a unos colores, terminó atrapado entre las decisiones de unos directivos, la furia de su propia gente y una tragedia que nada tenía que ver con el fútbol, pero que  cambió su vida para siempre.

 Pero para entender la magnitud de todo esto, primero necesitas entender quién era este hombre antes de convertirse en ídolo de Chivas  y cómo llegó hasta ahí. Porque la historia de Ramón Ramírez no empieza en Guadalajara, empieza muy lejos de ahí, en un estado del que pocos jugadores de élite han salido y en un club que en ese momento ni siquiera estaba en primera división.

Jesús Ramón Ramírez Ceseña. Nació el 5 de diciembre de 1969 en Tepiic, Nayarit. Escucha esto porque es importante. Nayarit no es ni ha sido nunca una de las grandes canteras tradicionales del fútbol mexicano.  No es Jalisco, no es el Estado de México, no es Nuevo León, es un estado pequeño ubicado en la costa del Pacífico que históricamente ha producido muy pocos futbolistas de primera división y prácticamente ningún jugador de selección nacional.

 Para que un muchacho de Tepic llegara a vestir la camiseta de la selección mexicana en dos copas del mundo, tuvo que pasar primero por un camino mucho más difícil que el de la mayoría de sus compañeros de generación. Piensa en lo que esto significa en términos prácticos. Mientras que un joven futbolista nacido en Guadalajara, en Monterrey o en la Ciudad de México tenía de entrada acceso a las fuerzas básicas de los grandes clubes, a torneos de mayor nivel, a una visibilidad constante frente a ojeadores

y entrenadores de primera división, un muchacho nacido en Tepic, Nayarit, dependía en gran medida de que alguien en algún momento decidiera mirar hacia ese rincón del país. Y eso en el fútbol mexicano de finales de los años 80 no era algo que sucediera con  frecuencia. Ese camino comenzó en el equipo Coras de Tepic en la entonces Segunda División de México, a finales de los años 80.

Ramírez debutó como profesional a los 19 años, jugando ahí las  temporadas de 1980 y 8 a 1990. Grábate este dato. A los 19 años, Ramón Ramírez todavía jugaba en Segunda División, en su estado natal,  sin ninguna garantía de que algún día llegaría a primera y mucho menos de que algún día sería considerado uno de los mejores zurdos en la historia del fútbol mexicano.

 Pero su talento llamó la atención de varios equipos de primera división. Según  se ha contado, tanto Cruz Azul como Monterrey mostraron interés en él. Sin embargo, el club que finalmente lo fichó fue Santos Laguna de Torreón, un equipo que a finales de los años 80 y mediados de los 90 pasaba  por una crisis futbolística, luchando para no descender de categoría y que vio en este joven Nayarita una pieza que podía ayudarles.

 Detente un momento y piensa en la situación. Santos Laguna en ese momento no era el club ambicioso y competitivo que muchos aficionados conocen en otras etapas de su historia.  era un equipo en problemas luchando contra el descenso. Y fue precisamente ese contexto de necesidad el que abrió la puerta para que un joven de 19 o 20 años proveniente de la Segunda División de un estado sin tradición futbolística llegara a debutar en la máxima categoría del fútbol mexicano.

 El 28 de septiembre de 1990, Ramón Ramírez debutó con la casaca de Santos Laguna en el estadio Olímpico Universitario. Tenía 20 años. Y rápidamente escucha esto, se convirtió en un prospecto con un techo altísimo, según describen las crónicas de la época,  tan alto que ese mismo potencial lo llevó poco tiempo después a su primera convocatoria con la selección nacional de México en 1991.

Pero el camino de Ramón Ramírez hacia la consolidación no fue lineal. Y aquí viene algo que probablemente no sabías. En la temporada 91 hasta 92, enfrentando justamente al club América, Ramírez sufrió lo que las crónicas describen como una artera entrada del jugador americanista Carlos Carrillo. Esa entrada lo alejó de las canchas durante 9 meses completos.

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