Posted in

RAMÓN MORALES: de levantar la COPA a la humillación total… el asqueroso ENGAÑO de la directiva

 El capitán del  equipo, el máximo asistidor de la historia, el hombre que ganó el campeonato. No sabía por qué lo corrían. Ni siquiera le dieron la cortesía de una explicación real. Le inventaron una oferta de Chivas USA que jamás llegó y luego lo mandaron a Estudiantes Tecos a terminar su carrera en silencio sin que la afición que lo adoraba tuviera la oportunidad de despedirse de él en el estadio Jalisco.

Esto es lo que nadie te contó sobre Ramoncito Morales. No la historia del campeón, la historia del ídolo al que una directiva caprichosa trató como basura desechable  cuando ya no encajaba en sus planes de negocios. En los próximos minutos vas a conocer cuatro cosas que nunca te contaron sobre Ramón Morales.

 Primera, el nivel real que alcanzó con Chivas y con la selección mexicana. Las cifras exactas que explican por qué era intocable durante una década entera. Segunda, los primeros signos del desgaste, cómo la relación con Jorge Vergara empezó a envenenarse lentamente  y quién puso la primera piedra de esa muralla invisible que terminó destruyendo todo.

tercera el momento exacto en que la directiva decidió que el capitán sobraba, como le negaron incluso la posibilidad de formar parte del cuerpo técnico  después de su retiro y la humillación pública que sufrió cuando ni siquiera le permitieron recibir un reconocimiento en el estadio donde había jugado durante una década. Cuarta.

 ¿Cómo Ramón Morales siguió adelante? lo que hizo después  del exilio y por qué su historia dice más sobre el fútbol mexicano que cualquier otra cosa que hayas escuchado. Te voy a avisar cuando  llegue cada una. Si te vas antes del final, te pierdes lo más importante. Descubrir cómo un club puede tratar a su máximo asistidor histórico como si nunca hubiera existido.

 Y cómo ese hombre tuvo más clase en el silencio que sus verdugos en toda su gestión directiva. Pero antes necesita saber de dónde vino este hombre. Porque todo empezó en La Piedad, Michoacán, en 1975. Y entender de dónde viene Ramoncito es entender por qué su historia duele tanto. La zurda de oro. Grábate esto desde el principio.

 Ramón Morales Higuera no nació en una academia de fútbol con césped perfecto y uniformes de marca. Nació el 10 de octubre de 1975 en La Piedad, Michoacán, una ciudad que te suena más a trabajo duro, a tortas de carnitas y a partidos en canchas de  tierra que a instalaciones de primera división.

 Una ciudad de la que no suelen salir figuras del fútbol nacional. Una ciudad donde el fútbol se juega en las calles, con la ropa del diario, con balones desinflados y con unas ganas de demostrar que eres mejor que cualquier cosa que el destino te ponga enfrente. Y eso fue exactamente lo que hizo Ramoncito, demostrar que se podía, que de la piedad también se puede llegar a lo más alto.

 Desde pequeño la zurda, siempre la zurda. Ese pie izquierdo que parecía tener vida propia, que sabía exactamente dónde poner el balón cuando nadie más en la cancha lo veía. que podía curvarlo, potenciarlo, dirigirlo al ángulo con una precisión que no se aprende en ningún libro ni se enseña en ningún manual de entrenamiento.

 La zurda era su sello desde niño y fue su sello toda la vida profesional. Los que lo vieron de chico en La Piedad ya sabían que ese muchacho tenía algo diferente. No solo la técnica, la mentalidad, el carácter, la combinación rara de humildad y determinación que distingue a los que van a llegar lejos de los que se quedan a mitad del camino lamentándose de lo que pudo ser.

 Hay algo en los jugadores que vienen de ciudades sin tradición futbolística fuerte que los hace distintos. Tienen que demostrar más para ser tomados en serio. No tienen el apellido de la academia. No tienen el escudo del club grande en la camiseta de fuerzas básicas. Tienen que ganarse cada centímetro de espacio con una entrega que los jugadores de las grandes canteras a veces dan por descontada.

 Eso forja un carácter particular.  Y en Ramón Morales ese carácter fue visible desde el primer día que pisó una cancha profesional. Creció en una familia michoacana donde el fútbol era parte del lenguaje cotidiano. Su hermano Carlos Adrián Morales también fue futbolista profesional. Y esa convivencia desde la infancia con alguien del mismo talento y la misma pasión fue probablemente uno de los ingredientes del nivel técnico que Ramón desarrolló.

 Los hermanos que crecen compitiendo entre ellos en el patio de la casa, en la calle, en la cancha del barrio, aprenden a perfeccionar detalles del juego que no se enseñan en los entrenamientos formales. Aprenden a leer el movimiento de otro ser humano que conocen de memoria, a anticipar, a buscar espacios donde el rival ya los conoce perfectamente y aún así tener la respuesta técnica necesaria.

 Esa dinámica de competencia fraterna y amor simultáneo por el balón explica en parte la calidad del Ramón Morales, que llegó a Monterrey en 1995 con 20 años. No llegó como una promesa en bruto que había que pulir desde cero. Llegó con una base técnica consolidada, con una inteligencia táctica para leer el juego que en el fútbol mexicano de aquel periodo era inusual para alguien de su edad y de su procedencia geográfica.

Los tres años enrayados fueron su universidad del fútbol profesional. Aprender el ritmo, la exigencia física, la presión de los resultados, la vida de vestuario con compañeros de mayor experiencia. Comenzó su carrera profesional en el club de su ciudad La Piedad, en la segunda división mexicana,  temporada 1993 hasta 94.

 tenía 18 años, un año en la segunda jugando 29 partidos, marcando 18 goles desde la banda izquierda. 18 goles en un año siendo volante en segunda división. Eso no pasa sin que alguien se dé cuenta. Y alguien se dio cuenta. Los Rayados de Monterrey lo ficharon para la temporada 1995 hasta 96. Tenía 20 años. Hacía el salto a la primera división sin haber pasado por ninguna academia grande del país, sin ningún apellido que lo avalara, sin ninguna red de contactos que le allanara el camino.

 Solo él, su zurda y las ganas de comerse el mundo. En Monterrey jugó 93 partidos entre 1995 y 1998. Tres temporadas completas. 3 años aprendiendo lo que era el fútbol de élite mexicano, adaptándose al ritmo de la primera división, entendiendo que en este nivel los errores se pagan de otra manera y que la consistencia es la única moneda que importa a largo plazo.

Grábate esto. En Monterrey, Ramón ganaba 2500 pesos al mes. era su sueldo en Rayados. Un sueldo modesto para alguien que ya era titular regular en primera división. Cuando Chivas lo fue a buscar en 1999,  los rayados le hicieron un favor que cambió el curso de su carrera. Le dijeron a la directiva Tapatía que ganaba más de lo que en realidad ganaba para que le ofrecieran un mejor sueldo de entrada.

Read More