¿Pueden los insultos borrar una transformación que millones de personas aseguran estar viendo con sus propios ojos? Mientras algunos continúan observando a El Salvador desde la perspectiva de los problemas que marcaron gran parte de su historia reciente, otros sostienen que el país ha experimentado cambios que lo han convertido en un referente internacional en temas como seguridad, turismo e infraestructura.
Esa diferencia de percepciones es justamente la que ha provocado que el nombre de El Salvador aparezca cada vez con más frecuencia en medios de comunicación, programas de análisis político y conversaciones públicas en distintas partes del mundo. Las declaraciones de la comunicadora dominicana no tardaron en generar respuestas porque para muchos salvadoreños sus palabras no representaban simplemente una crítica hacia un gobierno, sino una descalificación hacia todo un país y hacia millones de ciudadanos que durante

décadas tuvieron que enfrentar una realidad extremadamente difícil. ¿Que hizo Isidro? Si no me equivoco, fue bueno, la primera llamada que recibimos, que habló justamente de de Bukel y demás, hay algo que a mí siempre me ha llamado la atención. Primero que realmente no es la misma condición República Dominicana que El Salvador.
El Salvador parece un patio con un parado Sí. No, claro. Del tamaño de la región este, no un patio, pero es del tamaño de gey. Del tamaño de la región ese. Así mismo. Sí, si lo busca la dimensión él también. No, no diminarlo no como 25000 realidad. Pero su realidad, no solamente eso, sino que a veces mucha gente habla, bueno, de Bukele, que Bukele ha tenido control.
Bu le ha hecho muchas cosas que se le pueden aplaudir, pero les recuerdo algo que me gusta recordar, que Bukele todavía no ha gobernado un solo día fuera de estado de emergencia en el tiempo que tiene, porque de hecho cambió la Constitución, se justifica. Él cambió la, bueno, no sé si se justifica, pero cambió la Constitución dos veces para volver a colocar el estado de emergencia.
Cambió la Constitución también para reelegirse. Cambió la Constitución Suprema una sentencia para que sea. Pero algo, pero mira, Prillanca, pero fíjate en algo. Sí, termina, termina. No, y de hecho hizo una jugada magistral políticamente hablando, porque prácticamente destruyó a los partidos opositores prácticamente y y segundo también hizo la estrategia que a veces quieren utilizar aquí de comenzar a a captar todos los la mayoría de los diputados ahora mismo son influencer, pero de las redes podemos podríamos entrar en una. Durante
mucho tiempo, El Salvador fue conocido internacionalmente por los altos índices de violencia, por la presencia de pandillas y por una inseguridad que afectaba prácticamente todos los aspectos de la vida cotidiana. Había comunidades donde las personas vivían con miedo permanente, comerciantes que eran víctimas de extorsiones, familias enteras que limitaban sus actividades por temor a la delincuencia y jóvenes que crecían en entornos donde la violencia parecía una realidad imposible de cambiar. Precisamente por eso, cuando
comenzaron a registrarse reducciones significativas en los índices de homicidios y cuando muchas zonas del país empezaron a experimentar una realidad diferente, una parte importante de la población sintió que estaba viviendo algo que durante años había parecido inalcanzable. La posibilidad de caminar por ciertas calles sin miedo, de abrir un negocio sin ser extorsionado o de visitar lugares que antes estaban dominados por estructuras criminales se convirtió para muchos en una señal de que el país estaba entrando en una nueva
etapa. Es percepción de cambio la que explica por qué las críticas hacia El Salvador suelen generar reacciones tan intensas. Para quienes consideran que el país ha mejorado significativamente, resulta injusto que se ignoren los avances y que se reduzca a toda una nación a calificativos despectivos. Y es que, independientemente de las posiciones políticas que cada persona pueda tener, existe una realidad difícil de ignorar.
El Salvador se ha convertido en uno de los países más comentados de la región. El turismo es uno de los ejemplos más visibles de esta transformación. Durante años, muchos extranjeros evitaban visitar el país debido a la percepción de inseguridad que existía a nivel internacional. Hoy, en cambio, miles de visitantes llegan atraídos por sus playas, por su oferta turística, por los eventos internacionales que se realizan en su territorio y por la curiosidad de conocer de primera mano un lugar del que tanto se habla en distintos fincones del
mundo. Lo que antes era un destino poco considerado por muchos viajeros, ahora aparece con frecuencia en reportajes, documentales y publicaciones especializadas. A esto se suman las inversiones en infraestructura y los proyectos que buscan modernizar servicios esenciales. Entre los aspectos más mencionados por quienes defienden los avances del país se encuentra la construcción y modernización de hospitales públicos, algunos de ellos considerados entre los más modernos de la región.
También suelen destacarse proyectos educativos, obras de conectividad y mejoras urbanas que forman parte de una estrategia más amplia orientada a transformar la imagen y las condiciones del país. Por supuesto, como ocurre en cualquier nación, existen personas que cuestionan determinadas decisiones del gobierno y que mantienen críticas hacia varias de sus políticas.
El debate es legítimo y forma parte natural de cualquier sociedad democrática. Sin embargo, para muchos observadores, existe una diferencia importante entre cuestionar políticas públicas y menospreciar a todo un país. Esa línea es precisamente la que, según numerosos usuarios en redes sociales, fue cruzada con las declaraciones de la presentadora dominicana.
Lo interesante es que mientras algunos continúan lanzando críticas contra Nayib Bukere y contra El Salvador, en otros lugares ocurre exactamente lo contrario. Cada vez es más frecuente escuchar a ciudadanos extranjeros afirmar que desearían tener un líder similar en sus propios países. La frase “Necesitamos un buquele” se ha repetido en diversas naciones de América Latina, pero también ha aparecido en comentarios provenientes de Europa y otras regiones del mundo.
Detrás de esa expresión no siempre existe una adhesión política específica, sino algo mucho más simple y profundo, el deseo de vivir en un entorno seguro. Cuando un joven en América Latina dice, “Yo también quiero un buquele”, muchas veces no está diciendo, “Viva el autoritarismo, no.” Está diciendo algo más básico y más triste.
Yo también quiero vivir en paz. Yo también quiero llegar a casa vivo. Yo también quiero poder trabajar sin pagarle a un tipo que me amenaza con un arma. Yo también quiero que mi madre no rece cada noche como si cada despedida cuando voy a trabajar o estudiar fuese la última. Cuando muchas personas dicen que quieren un buquele, en realidad están expresando su frustración ante problemas que consideran no resueltos en sus países.
Hablan de la inseguridad, del crimen organizado, de la corrupción y de la sensación de que los gobiernos tradicionales han sido incapaces de ofrecer soluciones efectivas. Lo que buscan es poder trabajar tranquilos, caminar por las calles sin miedo, proteger a sus familias y desarrollar sus actividades diarias sin estar condicionados por la delincuencia.
Un ejemplo reciente de esta admiración internacional fue el caso de la empresaria española Marta García, quien manifestó públicamente que le gustaría ver en España un presidente con características similares a las de Nayib Bukele. Según explicó, considera que las políticas implementadas en El Salvador en materia de seguridad y lucha contra la corrupción representan un modelo digno de análisis.
