Pacquiao olió la oportunidad de terminar la pelea temprano y salió a buscar el knockout. Sin embargo, Vargas mostró una enorme fortaleza mental. logró recuperarse, sobrevivió al castigo y regresó a su esquina dispuesto a seguir luchando. A partir de ese momento, comenzó una batalla mucho más complicada de lo que muchos imaginaban.
Durante los siguientes asaltos, Pquia utilizó su experiencia para controlar la distancia y conectar los golpes más precisos. Su velocidad seguía siendo impresionante incluso a los 37 años. Vargas intentaba responder con presión constante, utilizando su alcance y buscando oportunidades para castigar al filipino. Aunque el campeón estab
a perdiendo en las tarjetas, nunca dejó de pelear y entonces llegó el sexto asalto.

Ese round cambió por completo la atmósfera de la pelea. Vargas salió agresivo, confiado y dispuesto a arriesgarlo todo. Comenzó a conectar derechas cada vez más limpias. Por primera vez en toda la noche, Paquiao tuvo que retroceder. Los aficionados mexicanos se levantaron de sus asientos. El campeón estaba encontrando oportunidades que nadie esperaba.
Una poderosa derecha hizo tambalear ligeramente a Pacquiao. No fue suficiente para derribarlo, pero sí para demostrar que la leyenda filipina seguía siendo humana. Durante varios momentos de ese asalto, Vargas dominó las acciones y obligó a Paquiao a trabajar más de lo esperado. Muchos consideran que fue el mejor round de toda la pelea para el mexicano estadounidense.
Sin embargo, los grandes campeones siempre encuentran respuestas. En tres rounds, Pacquiao recibió instrucciones de su entrenador Freddy Roach y salió al séptimo asalto con una actitud completamente diferente. Volvió a utilizar su velocidad, recuperó el control del centro del ringó a conectar combinaciones que frenaron el impulso de Vargas.
Cuando parecía que la pelea podía cambiar de rumbo, Pacquiao retomó el control, pero todavía faltaba uno de los momentos más dramáticos de la noche. En el octavo asalto, ambos intercambiaron golpes en el centro del cuadrilátero. Durante uno de esos cruces, Vargas sufrió un profundo corte sobre la ceja derecha. La sangre comenzó a correr inmediatamente por su rostro.
La situación generó polémica porque hubo discusión sobre si el corte había sido provocado por un golpe o por un choque accidental de cabezas. Finalmente, la decisión oficial indicó que el corte había sido causado por un golpe legal. La pelea continuó y aquí fue donde Vargas volvió a demostrar su corazón. Lejos de retroceder, siguió atacando con la cara llena de sangre.
Continuó lanzando golpes y buscando oportunidades para cambiar la historia. El público reconoció inmediatamente su valentía. Mientras tanto, Pacquiao aprovechaba cada espacio disponible para aumentar su ventaja en las tarjetas. En los rounds 9 y 10, la diferencia de velocidad empezó a hacerse evidente.

El filipino entraba, conectaba y salía antes de que Vargas pudiera responder. A pesar del esfuerzo del campeón, cada vez era más difícil encontrar golpes claros. La sangre seguía cayendo desde la ceja abierta y el desgaste físico comenzaba a notarse. Llegando al undécimo asalto, Vargas sabía perfectamente que necesitaba un knockout.
Las tarjetas favorecían claramente a Paquiao, por eso salió decidido a arriesgarlo todo. Intentó presionar, lanzar más golpes y buscar una oportunidad milagrosa. Pero la experiencia del filipino fue determinante. Pacquiao respondió con contragolpes precisos y evitó que el campeón pudiera establecer un ataque sostenido.