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MARGA LÓPEZ: El Hombre Al Que Arturo De Córdova Amaba En Realidad…

Y durante años, en los círculos del cine mexicano, hubo una regla no escrita delante de Marga. De aquel vuelo no se hablaba, pero el vuelo se quedó dentro y empezó a actuar por debajo marcando todo lo que vino después. Marga aprendió aquel mes algo que ya no se le quitaría nunca, que cuando una se queda con la suerte que era de otra, la única manera de cargarla es trabajando hasta no poder más.

 y lo aguantó callando hasta el último año, hasta que un día ya viejita en una cama de hospital decidió que ya estaba bien de callar sin equivocarse. Una mujer que aprendió a no quejarse durante 81 años. ¿Qué hace cuando sabe que se le acaba el tiempo? ¿Cuenta lo que nunca contó o se va con todo dentro como había hecho siempre? Antes de seguir, escribidme en los comentarios vuestro primer recuerdo de Marga López.

Marga López - IMDb

La primera vez que la visteis o escuchasteis hablar de ella, seguro que muchos de nosotros, en el precio de ser tenemos recuerdos parejos. En este video te voy a contar por qué Marga no se subió a aquel avión y todo lo que vino después, la declaración que recibió de un hombre casado en la inauguración de un restaurante, ¿por qué borró a su exmarido del relato oficial de su vida? y lo que escribió a mano en sus últimas semanas, tres páginas que terminaron impresas en un libro que ella misma vio publicado tres meses antes de irse. Pero

empezamos por el final, porque para entender quién fue Marga López hay que empezar por el día en que decidió contarlo todo. Era abril de 2005. Marga acababa de cumplir 80 años el verano anterior. Llevaba toda la vida fumando y en los últimos meses los pulmones le habían empezado a fallar. La voz se le había puesto ronca.

 La tos, que antes era ocasional, había empezado a quedarse, pero Marga era de esas mujeres que no le hacían caso al cuerpo cuando el cuerpo se quejaba. Llevaba 81 años, no haciéndole caso a las quejas de nadie. Le pidieron que fuera al Hospital Médica Sur, en el sur de Ciudad de México para un chequeo, algo de rutina. Marga fue acompañada por su hijo Manuel, el menor, que era médico.

 Manuel siempre estuvo cerca cuando otros se habían ido, cuando los matrimonios se habían roto, cuando el amor se había muerto, Manuel se había quedado. Y aquí está la parte que cuesta. Aquel martes 19 de abril, mientras le hacían las pruebas, el corazón de Margas se rompió por primera vez. un ataque cardíaco.

 Allí mismo, en la sala de chequeos, la mujer que había aprendido a no quejarse durante ocho décadas se desplomó sobre la camilla y los médicos tuvieron que correr. La estabilizaron y la ingresaron en cuidados intensivos. Allí se quedó conectada a máquinas durante semanas. Pero lo que pasó en aquella habitación de hospital no lo cuentan los periódicos.

 Lo cuenta un libro que entonces estaba en imprenta, un libro que se llamaba Yo Marga. Un libro de memorias. Su libro Marga llevaba meses trabajando con una periodista llamada Marisol Vázquez Ramos. Le había contado la infancia en Tucumán, la madre malagueña, los hermanos, la llegada a México con 12 años, el matrimonio con Carlos Amador, los dos hijos, los dos divorcios, las películas.

 y le había contado también tres páginas que ella misma escribió a mano sobre el hombre del que nunca había hablado en serio en público. Sobre Arturo, sobre los 9 años con Arturo. El libro salió publicado por Grupo Olimpia Editores en abril de 2005. Ella estaba en cuidados intensivos cuando salió, pero alguien le llevó un ejemplar al hospital y Marga, con el suero conectado al brazo, pasó las páginas, vio su vida impresa, leyó en blanco y negro las cosas que durante 81 años no había contado y supo, viendo aquellas páginas, que su última

actuación ya no iba a ser en pantalla, iba a ser en papel, iba a hacer eso que tenía en las manos, su libro, pero para entender por qué una mujer que había llegado a México, siendo casi una niña, decidió dedicar sus últimas semanas a escribir sobre un hombre que nunca pudo casarse con ella. Hay que volver atrás.

Hay que volver mucho atrás. Te cuento. Catalina Margarita López Ramos nació el 21 de junio de 1924 en San Miguel de Tucumán, en el norte de Argentina. Su padre Pedro López Sánchez era de Coín, un pueblo de Málaga, en el sur de España. Su madre, Dolores Ramos Nava, era de Churreana, también en Málaga.

 Eran inmigrantes los dos que habían cruzado el Atlántico buscando una vida mejor en Argentina y allí formaron una familia numerosa, siete hijos. Catalina Margarita era la quinta, la que después se llamaría Marga. Lo de la música les venía de familia. Los siete hermanos cantaban. Tocaban, bailaban, el padre los animaba y entre todos formaron un grupo que se hizo conocido en Tucumán y después en todo el norte argentino.

 Se llamaban los hermanitos López. Marga era una de las pequeñas. Salía con sus trenzas, con un vestido a cuadros, con la voz limpia que tenía esa edad y cantaba lo que su padre le había enseñado. Pero lo que había detrás del escenario no era lo que se veía. Eran pensiones de mala muerte y noches en las que la madre contaba las monedas en una mesa para ver si llegaba para los billetes del día siguiente.

 Y aquí está la parte que cuesta. Marga, con 10 años ya entendía cuando los padres hablaban en la cocina con la voz baja. Entendía que si cantaban bien aquella noche, comían mejor al día siguiente. Y entendía que a una niña no le tocaba quejarse porque la niña era parte del trato. Cuando estaba enferma salía igual.

 Y cuando estaba cansada también, porque aprendió pronto que se abría la boca para quejarse, los hermanos comerían menos. Aquella niña argentina con trenzas ya estaba aprendiendo, sin saberlo, lo que sería su gran lección de vida, que las cosas importantes se llevan por dentro. En 1936, cuando Marga tenía 12 años, los hermanitos López empezaron una gira por toda América Latina, Caracas, La Habana, Lima, Bogotá, San José.

 La gira fue larga y al final del recorrido los trajo a México. Llegaron al puerto de Veracruz y subieron a la capital. Y México, ese país que ella no conocía, terminó siendo el país donde se quedaría toda su vida. En México conoció casi de inmediato a un muchacho de 16 años llamado Carlos Amador.

 Carlos era mexicano, hijo de buena familia y trabajaba como mensajero para un señor que estaba empezando a hacerse importante en la radio. Emilio Azcárraga Vidaurreta. Aquel señor después fundaría Televisa, pero entonces solo era el dueño de la XCW y Carlos Amador era su mensajero. Marga tenía 14 años cuando se enamoró de él. 14 años. Una niña argentina con trenzas que apenas hablaba con acento mexicano, se enamoró del muchacho que le llevaba los recados al patrón de la radio.

 Tres años después, Carlos viajó a Buenos Aires para buscarla. La familia López ya había vuelto a Argentina. Carlos cruzó el Atlántico, llegó a Tucumán y pidió la mano. El 12 de diciembre de 1941, Marga, con 17 años recién cumplidos, se casó con él en Buenos Aires. El padrino de la boda fue Emilio Azcárraga Vidaurreta, el propio patrón de Carlos, el hombre que años después construiría el imperio televisivo más grande de Latinoamérica, le firmó las papeletas a aquella muchacha argentina de trenzas.

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