Esto es lo que el propio comisario europeo de interior, Magnus Bronner, ha bautizado como la nueva diplomacia migratoria. Bien, este, como os digo, es el primer paso. Luego, el segundo candado que se ha abierto de par en par es lo que se conoce como el vínculo. Y ojo, que esto es importante. Hasta ahora a un inmigrante solo se le podía devolver a su país o a un país con el que tuviera alguna conexión demostrable, por ejemplo, raíces o familia.
¿Y sabéis cuál es el problema? Pues que muchos llegan sin papeles e incluso ocultando su nacionalidad de forma deliberada. Y claro, entonces no había manera de saber a dónde demonios mandarlos, de tal forma que se tenían que terminar quedando aquí. Pues bien, esto ahora desaparece. Ahora, si no se consigue la información porque el afectado no la suministra, se podrá enviar a esa persona a un país cualquiera con el que haya un acuerdo, tenga o no esa persona relación con él.
Y luego, por último, el tercer candado es el del tiempo y los recursos judiciales. Y es que, veréis, hasta ahora un inmigrante con una orden de expulsión podía recurrir y ese simple recurso paralizaba automáticamente la deportación. ¿Durante, ¿cuánto tiempo? Pues a veces durante meses o incluso años.
De hecho, esta era una de las principales vías para quedarse la Unión Europea. Se recurría, se ganaba tiempo y mientras tanto se seguía aquí. Pues bien, esta brecha ahora se ha terminado. Ahora será un juez quien decida caso por caso si se frena o no la explusión, es decir, ya no se frenará de forma automática. Por si fuera poco, también se endurece el tiempo máximo que se puede tener retenido a alguien esperando su expulsión que pasa de 6 meses a 2 años.
Y los vetos para volver a entrar en la Unión Europea pasan de 5 a 10 años y pueden ser de por vida para quien se considere peligroso para la seguridad. En otras palabras, que Bruselas ha decidido ponerse las pilas con una política muchísimo más dura. Al menos eso sí, sobre el papel. Y claro, aquí es donde llega la pregunta del millón.
¿Por qué ahora? Pues simple y llanamente porque las cuentas no salen. Pero es que no salen de una forma escandalosa. Recordad, amigos, lo que os decía hace un momento. Solo el 29% de los extranjeros con orden de expulsión abandonan realmente el territorio de la Unión Europea, menos de uno de cada tres.
Y esto no es un malato puntual, sino que esta tasa lleva años entre el 20 y el 30% sin que nada cambie. Claro que no todos juegan igual. Por ejemplo, en 2025, Alemania ejecutó cerca del 65% de sus órdenes de explones. Pero, ¿sabéis cuántas ejecutó, por ejemplo, España? Solo el 11%. Más de 50,000 órdenes de expulsión de migrantes irregulares.
Solo se ejecutó el 10,6%. Se ordenó abandonar el país a 53,695. Solo 5,705 lo hicieron según la Unión Europea. Claro que España no se queda sola. Francia, que es el país que más órdenes de expulsión emite de toda Europa, ejecutó apenas el 14% y Países Bajos un 16. Es decir, para entendernos que mientras Alemania expulsa dos de cada tres inmigrantes ilegales que han llegado al país y que tienen una orden de expulsión, España apenas llega a uno de cada 10.
¿Y por qué hay tanta diferencia? Pues porque expulsar no son una cuestión de querer, también hace falta disponer de dinero, medios y, sobre todo formalizar acuerdos. Alemania, por ejemplo, aprobó una ley para acelerar los retornos, amplió los plazos de internamiento, ha fletado muchos más vuelos, charter de deportación y sobre todo se ha sentado a negociar acuerdos de readmisión con los países de origen.
Incluso llegó a hablar con los talibanes para devolver a afganos con antecedentes. España y Francia, en cambio, emiten órdenes a Mansalva que luego se quedan en un cajón sin centros suficientes donde retener a esa gente y sin apenas acuerdos para devolverles. Resulta que el principal motivo por el que no se ejecutan las expulsiones es porque los países de origen no quieren a su gente de vuelta.
Vamos, simplemente no lo readmiten. Y os pongo ejemplos concretos para que veáis de qué estamos hablando. ¿Sabéis que porcentaje de personas se consigue devolver a países como Mali Guinea? El 1%. y a Túnez, que supuestamente es de los que colaboran, pues un 24%. Es decir, para entendernos, que ya puedes firmar todas las órdenes de expulsión que quieras, que si el país de destino no te abre la puerta, hasta ahora esa orden no valía absolutamente para nada.
Y justo aquí es donde aparece el plan de los centros fuera de Europa como una posible solución. La idea de Bruselas es que si no puedes devolver a un inmigrante a su país de origen porque este país no quiere readmitirlo, entonces le manda un centro en un tercer país. Claro que antes de seguir hay algo que nos falta por saber.
¿Por qué Europa ha llegado a este punto de descontrol? Pues bien, para entenderlo tenemos que mirar a las cuentas públicas de países como Alemania y a las calles europeas, como por ejemplo las de Estocolmo. Amigos, durante años se nos ha vendido desde Bruselas que la inmigración a gran escala iba a ser la solución a todos los males del viejo continente, que iba a pagar las pensiones, rejuvenecer a la población y cubrir los trabajos que nadie quería desempeñar.
Y a ver, lógicamente una inmigración ordenada, legal y ligada al trabajo sí que tiene el potencial de generar muchísimo valor. No seremos nosotros quien diga lo contrario, estamos totalmente convencidos. El problema es que no estamos en esas y las cuentas han empezado a no cuadrar. Y para prueba, la propia Alemania, que supuestamente es uno de los países más ricos de la Unión.
Fijaos, el estado de bienestar alemán ya no se puede financiar. Boom. Lo que muchos alemanes nunca hubieran imaginado escuchar de boca de su canciller se ha producido. Merch lo ha soltado sin tapujos. El estado de bienestar ya no es sostenible. Y eso no es todo. Esta frase ha ido acompañada de un anuncio de recortes importantes en el sistema.
Para empezar, el gobierno alemán ha comenzado a recortar las ayudas a los inmigrantes. En Alemania, cualquier persona sin recursos, ya sea alemana o extranjera con una residencia legal, tiene derecho a una prestación social básica de unos 560 € al mes, más el alquiler y la calefacción pagados aparte. El problema es que esa ayuda también acababa llegando por una vía u otra a un montón de gente recién llegada que no ha cotizado nada o casi nada y que en algunos casos ni estaba trabajando.
Por eso el gobierno ha metido la tijera. A los solicitantes de asilo les ha rebajado la cuantía a unos 441 € y les ha cortado el acceso a prestaciones mayores. Un recorte que, aunque os pueda sorprender, hubiera sido completamente impensable hace solo unos pocos años. Y amigos, aquí llegamos al kit de la cuestión y es algo que, por cierto, en Visual Politic llevamos tiempo contando.
El problema de fondo no es recibir gente, el problema es recibir mucha gente y no integrar a casi nadie. Porque cuando tienes a cientos de miles de personas que no trabajan y que en muchos casos no quieren trabajar porque las ayudas se lo permiten o porque por su cultura no se incorporan al mercado laboral, ese sistema no se sostiene.
Y aquí hay un dato del que pocos quieren hablar y es que hay grupos concretos de inmigración donde las tasas de empleo son sencillamente ridículas. Por ejemplo, las mujeres musulmanas tienen tasas de ocupación por los suelos en buena parte de Europa. Por seguir con el ejemplo de Alemania, hablamos de que allí solo el 41% de las mujeres musulmanas trabajan frente al 68% de las mujeres de origen alemán.
Son 27 puntos de diferencia, lo que resulta brutal. Y ojo, porque en otros países de la Unión Europea, como por ejemplo España, esta tasa es todavía muchísimo más baja y evidentemente no es porque no puedan, sino porque en estas familias ni se plantea que trabajen. Es un reflejo de unas diferencias culturales que suponen un reto.
Y luego, además es que la tasa de emplabilidad de los hombres musulmanes tampoco está particularmente arriba. De hecho, está muy por debajo de la que tienen el resto de hombres de Europa. En Alemania, por ejemplo, hablamos de una diferencia de 16 puntos. Y claro, si vamos multiplicando esto por cientos de miles, millones, decenas de millones de personas, es una factura que terminan pagando los contribuyentes de los países europeos en formas de ayuda, rentas básicas, vivienda pública o incluso ayudas a la natalidad.
Pero con todo el dinero, aunque es importante, ni siquiera es lo más alarmante. Lo más alarmante es lo que está pasando en algunas calles del viejo continente. Y para esto no hay mejor país que mirar que a Suecia el alumno ha aventajado, aunque para mal, en materia migratoria. Fijaos en esta noticia. Suecia prepara prisiones para jóvenes de 13 años asesinos pertenecientes a bandas.
Y vale, alguno dirá, “Pero Enrique, ¿y qué demonios tiene todo esto que ver con el tema del que estamos hablando?” Pues mucho más de lo que pensáis. Veréis, hasta hace unos años Suecia era un país seguro y prácticamente modélico en muchos campos. Sin embargo, ahora se prepara para meter en la cárcel a niños de 13 años.
Sí, niños de 13 años, lo cual es un reflejo de que las cosas no van bien. Y es que Suecia tiene un problema tan bestia de bandas criminales de origen extranjero que ha tenido que recondicionar cárceles enteras para encerrar a asesinos menores de 15 años que antes, evidentemente, iban a servicios sociales o directamente que no existían.
Y amigos, aquí llegamos a lo que conecta todo esto con lo que os estábamos contando, porque según los estudios policiales, cerca del 76% de los miembros de las bandas criminales en Suecia son inmigrantes de primera o segunda generación. Es decir, gente que nació o creció en Suecia, pero que nunca se ha llegado a integrar. El resultado es que hoy un país de apenas 10,000ones de habitantes tiene la mayor tasa de violencia con armas de fuego de todo el viejo continente.
Y claro, aquí tenemos que volver al punto de partida que os contábamos al principio de este vídeo. Porque, ¿qué pasa cuando un país no es capaz de expulsar a quien delinque? Pues que se quede ahí, muy probablemente volverá a delinquir y así se retroalimenta el problema. Lo mismo ocurre si tienes una enorme población de inmigrantes ilegales que están en condición irregular y no pueden trabajar ni ganarse la vida formalmente.
Vamos, que es un callejón sin salida. Pues bien, amigos, por todo esto que hemos visto, Europa decidió actuar y copiar a Italia y al Reino Unido. Claro que, ojito, porque aquí es cuando la cosa se pone realmente interesante, porque la pregunta lógicamente es, ¿cómo han salido los experimentos de estos dos países que empezaron a aplicar estos cambios hace ya años? Pues bueno, igual no de la forma que muchos estáis pensando.
Bien, empecemos si os parece por el caso de Italia, la gran impulsora de esos centros para inmigrantes que escogió Albania como socio principal. Pues bien, la promesa de Meloni era que los centros en el exterior procesasen a ni más ni menos que 36,000 inmigrantes al año. La idea era quitarse de encima una buena parte de la factura migratoria que en Italia ronda los 1700 millones de euros anuales, porque esto es lo que se calcula que cuesta alojar y mantener a los inmigrantes ilegales y a los refugiados en los centros de recepción.
Y a ver, a priori esto puede sonar que tiene bastante sentido. El problema, como os digo, es que el plan no ha salido tal y como esperaban. Porque, ¿sabéis cuántas personas han pasado por los flamantes centros para extranjeros en Albania? unas 100 en total, no 36000 como habían prometido, no 100. Más de 114,000 € diarios por centros de asilo casi vacíos, las grietas del modelo de Albania que la Unión Europea mira.
Los centros han estado prácticamente vacíos casi todo el tiempo. Y diréis, ¿por qué? Pues el motivo es que en cuanto enviaron a los primeros inmigrantes, los tribunales italianos ordenaron traerlos de vuelta a Italia, apoyándose precisamente la legislación europea. De hecho, los primeros 66 que mandaron a Albania tuvieron que volver a los pocos días, vamos, que fue un fiasco descomunal, pero lo mejor o lo peor, según se mire, fue el coste, porque mantener esos centros casi vacíos no ha salido precisamente barato. Para que os
hagáis una idea, mantener el operativo llegó a costar 114,000 € al día para retener a 20 personas. En fin, este ha sido de momento el resultado del primer experimento. Claro que si penséis que Italia se lleva la palma, esperad a ver lo que ha ocurrido en Reino Unido. Amigos, Londres firmó un acuerdo con Ruanda para enviar allí a quienes llegaban en patera cruzando el canal de la Mancha.
La idea era usarlo como una especie de disuasión, algo así como, “Ojo que si vienes ilegalmente acabarás en Ruanda.” Sobre el papel podía funcionar, pero de nuevo la realidad ha sido bastante diferente. La Corte Suprema Británica declaró el plan ilegal porque consideró que Ruanda no era un país seguro y luego cuando llegó el gobierno laborista ya terminó de cancelarlo directamente calificándolo de truco carísimo.
Y es que el gobierno se ha gastado cerca de 700 millones de libras en el plan. ¿Y sabéis a cuántas personas se consiguió enviar a Rubanda con esos 700 millones de libras? A cuatro. Sí, sí. A cuatro personas. Y encima fueron voluntarias. Los conservadores gastaron 700 millones de libras en el programa de Ruanda. Según Cooper, el programa se vio paralizado por impugnaciones legales y solo cuatro personas fueron trasladadas voluntariamente al país.
Repito, 700 millones de libras y cuatro deportados voluntarios porque forzosamente no se ha llegado a expulsar absolutamente a nadie. ¡Qué desastre! Así que echad la cuenta a vosotros mismos. Al ritmo que iba el tema, la oficina de Auditoría Británica calculó que cada deportación podía llegar a costar hasta 1,8 millones de libras por persona, lo cual, por supuesto, es completamente disparatado.
La propia ministra del Interior lo definió como el despirfarro del dinero del contribuyente más escandaloso que jamás se haya visto. Así que claro, llegados a este punto, la pregunta es obvia. Si a Italia ha reunido no les ha salido nada pero que nada bien, ¿por qué demonios la Unión Europea quiere copiarlo? Pues atentos, porque aquí está la clave de toda esta historia y lo que de verdad hay que entender, amigos.
Hay quien defiende que el fracaso de Italia Reino Unido no estuvo en la idea, sino en cómo la ejecutaron. Y sí, en eso creo que tienen razón. Por eso ahora la Unión Europea lo quiere hacer de una forma diferente. Para empezar, lección número uno. El problema nunca ha sido el coste en sí, sino el coste en función del resultado. Y es que, a ver, gastarse 700 m000ones para deportar a cuatro personas es indefendible.
es prácticamente un crimen en sí mismo, pero un centro que procesará a miles de personas con rapidez cambiaría por completo el resultado. La lección número dos es que el verdadero cuello de botella no son los centros, sino los acuerdos con los países de origen. Porque claro, ¿de qué te sirve construir centros si mal y Guinea al final readmiten al 1% de su gente? Pues ya os lo digo yo, de nada.
solo sirve para acumular un coste desproporcionado durante un montón de tiempo. Por eso, lo que de verdad importa es que esa diplomacia migratoria de la que hablaba el Comisario Europeo realmente exista y se tome en serio. Porque sin acuerdos de readmisión, un centro de retorno no es más que un parche temporal para gente que tarde o temprano podría terminar volviendo a Europa tras gastarnos un pastizal por el camino.
Y por último, la lección número tres, la auténtica madre de todas las batallas que se vienen es el muro legal. Porque en cierto modo, si el plan italiano no salió como Meloni esperaba, es como hemos visto, porque la justicia italiana frenó las deportaciones en base a la legislación europea que había vigente hasta ahora. Y en el Reino Unido, aunque no forma parte de la Unión Europea, pasó algo parecido con la Corte Suprema.
Por eso el nuevo reglamento europeo puede cambiar mucho las cosas, porque le da una cobertura legal que antes no existía a todos estos planes, reduciendo con ello muchísimo el riesgo de que los tribunales tumben las expulsiones. Y ahí, amigos, es donde se va a librar la próxima gran batalla, porque no tengáis ninguna duda de que muchos van a luchar para que este reglamento no se aplique y si el sistema vuelve a chocar contra los tribunales, entonces habremos vuelto al punto de partida, pero sí, gastando seguramente una cifra descomunal. Y esta es
justamente la gran incógnita con la que nos quedamos por ahora. Bien, al final todo esto que os hemos contado se reduce una sola cosa, que es reducir por fin la enorme brecha entre lo que Europa ordena y lo que de verdad es capaz de hacer. Ahora se ha decidido tomar en serio el problema de que no se cumplan las órdenes de expulsión, aunque la pregunta del millón sigue siendo si esta vez sabrán o no ejecutarlo.

Y ojo, aquí tengo que hacer una anotación importante. No se trata de perseguir inmigrantes ni de poner muros insalvables. Se trata de que la ley se cumpla. Si hay órdenes de expulsión se tienen que cumplir porque si no, además el resultado es malo para todos. Pero bien, dicho esto, ¿qué pensáis vosotros? ¿Estamos ante un cambio de rumbo de verdad o ante una especie de placebo para que los políticos puedan decir que hacen algo? Déjanos tus opiniones en los comentarios y ahoraamos debate.
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