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La Tragica Muerte de GABRIELA FLERITT | Lo que Pasó Esa Noche Esto NO Salio a la Luz

Tenía 55 años. Tenía una carrera que había llenado de risas los hogares venezolanos durante décadas. Tenía una hija que era parte de su vida cotidiana. tenía nietos que eran la continuación de todo lo que había construido. Y el 24 de junio de 2026 todo eso quedó sepultado bajo los escombros de un edificio en la Guaira.

Esta es la historia de Gabriela Flerit Hernández, la comediante más querida de la televisión venezolana de los años 90 y 2000. La mujer que hizo de la risa su vocación y su legado y la tragedia que se la llevó junto a su hija y su nieto en uno de los días más oscuros de la historia reciente de Venezuela.

Gabriela Flerita Hernández nació en Venezuela con una inclinación hacia la comedia que no parecía aprendida, sino constitutiva, parte de quien era desde antes de que nadie se lo enseñara. La risa no era para ella una herramienta de trabajo, sino el idioma natural en que procesaba y compartía su experiencia del mundo.

Eso es lo que los grandes comediantes tienen en común, independientemente de su época o su país de origen, que el humor no es algo que hacen, sino algo que son. Desde joven encontró en el mundo del espectáculo venezolano el espacio donde ese idioma natural tenía valor y audiencia. Venezuela de las décadas de los 80 y 90 tenía una televisión vibrante, llena de producciones propias que reflejaban la cultura y el humor del país, con una autenticidad que las producciones importadas no podían replicar.

Era el territorio perfecto para alguien con el talento y la espontaneidad de Gabriela. Su carrera en la televisión venezolana la llevó a convertirse en parte del elenco de algunos de los programas de humor más importantes que el país produjo durante esa era. Bienvenidos fue el programa que más se asoció con su nombre y con su rostro, un espacio de entretenimiento que alcanzó reconocimiento nacional y que durante años fue parte del paisaje televisivo de los hogares venezolanos con una consistencia que muy pocos programas

logran mantener. Gabriela compartió el escenario de bienvenidos con el actor Miguel Ángel Landa y con otros nombres del humor venezolano de esa generación, construyendo en ese espacio algo que los espectadores reconocían como genuinamente suyo. Pero Bienvenidos no fue el único espacio donde Gabriela dejó su huella. Cheverísimo.

Chisparates y el programa A que te ríes completaron un currículum televisivo que abarcaba los formatos más importantes del humor venezolano de su época. Cada uno de esos programas tenía su propio registro, su propia manera de abordar la comedia. Y en todos ellos, Gabriela encontró la manera de ser completamente ella misma, sin repetirse, [música] sin caer en el molde fácil de hacer siempre lo mismo, porque ya se sabía que funcionaba.

Eso es lo que diferencia a los comediantes que dejan legado de los que simplemente entretienen durante un tiempo. La capacidad de evolucionar dentro del humor sin perder lo que los hace reconocibles. Gabriela [música] tenía esa capacidad. Podía cambiar el contexto, cambiar el formato, cambiar los compañeros de escenario y seguir siendo inconfundiblemente Gabriela Flerit.

Benevisión fue su casa durante casi dos décadas. el canal donde trabajó, donde desarrolló su carrera, donde construyó la relación con el público venezolano que definiría su legado. Cuando el 29 de junio de 2026 Benevisión emitió el comunicado confirmando su muerte, las palabras que eligieron para despedirla, decían todo sobre lo que ella había representado para esa institución y para el entretenimiento venezolano.

Hablaron de su chispa, de su carisma, de su talento inigualable. Hablaron de las sonrisas que había regalado a millones de hogares venezolanos. Hablaron de la huella que había dejado en cada una de las producciones de las que había formado parte. No eran las palabras del protocolo corporativo que dice lo que tiene que decir cuando pierde a alguien famoso.

Eran las palabras de una institución procesando la pérdida de alguien que había sido genuinamente importante para ella. Porque Gabriela Flerit [música] no era solo una actriz en los registros de benevisión, era parte de la historia del canal. Era uno de los nombres que cuando se pronunciaba en el contexto de la televisión venezolana de los 90, todos sabían exactamente de quién se hablaba y exactamente qué imagen venía a la mente.

La comedia que hacía Gabriela tenía raíces en el humor popular venezolano. No era la comedia distante que requiere referencias culturales específicas para entenderse. Era la comedia del reconocimiento, la que funciona porque el público ve en ella algo de su propia vida cotidiana, algo de sus propias experiencias, algo de la manera en que los venezolanos se relacionan entre sí y con el mundo que los rodea.

Los sketches que construyó durante sus años en Bienvenidos y en los otros programas donde participó eran personajes y situaciones que la audiencia adoptaba [música] con el cariño específico que se reserva para las cosas que uno siente propias. Los personajes de Gabriela vivían después de que el programa terminaba, [música] en las conversaciones de las personas que los habían visto, en las imitaciones que los niños hacían en sus casas, en las frases que se repetían entre amigos.

Ese tipo de impacto no tiene precio en ninguna métrica de audiencia. Es el impacto más real y más duradero que un artista puede tener, el que ocurre en la vida cotidiana de las personas que lo siguen, fuera de los contextos donde ese artista existe formalmente. Gabriela también trabajó en la radio, otra dimensión de su carrera que amplió el alcance de su voz y su humor más allá de las pantallas.

La radio tiene sus propias exigencias. Sin [música] imagen, sin el apoyo visual que la televisión ofrece, el humor tiene que sostenerse completamente en la voz, en el timing, en la capacidad de crear situaciones que el oyente puede imaginar sin necesitar verlas. Gabriela navegó ese territorio con la misma naturalidad con que navegaba la televisión, porque su humor era genuinamente suyo y no dependía de ningún soporte técnico específico para funcionar.

En los últimos años, con la llegada de las plataformas digitales que transformaron completamente la manera en que los artistas se relacionan con sus audiencias, Gabriela encontró en ese nuevo espacio una extensión de lo que siempre había hecho. Comenzó a compartir videos de humor y pequeñas interpretaciones en las redes sociales, manteniendo vivo el vínculo con sus seguidores y conectando con nuevas generaciones que quizás no la habían visto en los programas de los 90.

pero que descubrían en sus videos digitales a alguien genuinamente gracioso y genuinamente cercano. Ese salto generacional, esa capacidad de seguir siendo relevante para audiencias que no habían crecido con ella en la televisión lineal, dice algo sobre lo que tenía Gabriela que trascendía los formatos.

No era el humor de una época específica, era el humor de alguien que entendía a las personas y que sabía encontrar lo que las hace reír independientemente del año en que eso ocurra. El 24 de junio de 2026, Gabriela estaba en las residencias Las Palmas en Macuto, La Guaira, con su hija Andrea Laya y sus dos nietos Sebastián y Mariano Ferrera.

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