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¿La Conoces Realmente? La Verdadera Vida de FRIDA KAHLO

 Por otro lado, Guillermo, su padre, también tenía sus propios demonios y es que sufría de ataques epilépticos. Así que entre los dos compartieron no solo la genética de ese sufrimiento físico, sino también la resistencia a esto y eso los unió todavía más. En el 1922, Frida, que tenía 15 años, ya con ese espíritu de rebeldía que la haría famosa, decidió estudiar medicina.

 Se inscribió en la Escuela Nacional Preparatoria, que era un lugar de hombres, pero donde las mujeres estaban empezando a abrirse paso. Era casi un campo de batalla intelectual. Y ahí llegó Frida con su idea revolucionaria formando parte de un grupo llamado Los cachuchas. En ese grupo se discutían temas políticos, anarquismo y el deseo de transformar la educación.

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 Frida Calo mostró su amor por el arte desde pequeña, tomando clases de dibujo y llenando cuadernos de voceto. En el 25 empezó a trabajar fuera de la escuela para ayudar a su familia y poco después se convirtió en aprendiz de grabado en un taller. A pesar de que su talento empezaba a ser reconocido por la gente más cercana, ella no pensaba en el arte como una carrera en ese momento.

Cuando ya tenía 18 años, la vida de Frida dio un giro bastante trágico y es que el autobús en el que viajaba se estrelló con un tranvía dejándola gravemente herida. Y cuando digo gravemente no estoy exagerando porque tenía fracturas en la columna vertebral, en la pelvis, en la clavícula, en las costillas y su pierna derecha quedó hecha pedazos y también su pie derecho, lo que le dificultaba el caminar.

 Los médicos le dijeron que probablemente, de hecho, no volvería a andar bien, pero lo que sí hizo fue empezar a enfrentarse a una vida llena de dolor constante. A pesar de la cirugía, las largas temporadas en cama y las cicatrices físicas, algo dentro de ella floreció. Y qué mejor manera de lidiar con todo eso que con la pintura.

 Fue aquí donde empezó a pintar autorretratos, porque como decía ella misma, me pinto porque a menudo estoy sola y soy el tema que mejor conozco. Este accidente, aunque desgarrador, también la llevó a replantearse el futuro. Pensó en la ilustración médica que era una forma de unir su amor por la ciencia y el arte. Sin embargo, en el 1927 con 20 años, Frida empezó a relacionarse con círculos políticos y artísticos.

 Fue entonces cuando conoció a Diego Rivera, el gran muralista que la cautivó y con quien más tarde formaría una relación que, como todos sabemos tenía altibajos, pero dejaría una huella indeleble en el arte y en su vida. Pero con respecto a ese tema, vamos a entrar en detalle un poquito más adelante. Frida Calo y Diego Rivera se conocieron en un momento bastante interesante de su vida porque Diego, que era un muralista ya reconocido, fue invitado a ver el trabajo de Frida.

 Ella, por su parte, era una joven artista que empezaba a hacerse notar, especialmente con sus autorretratos, que eran tan personales y tan únicos. Cuando Diego vio sus pinturas se quedó impresionado. Y aunque su primer encuentro fue breve, ambos quedaron marcados por esa primera impresión. Lo que siguió fue un proceso lento de acercamiento hasta que su relación profesional se convirtió en algo más profundo.

 Se casaron en el año 1931. Después de la boda se mudaron a San Francisco, donde Frida tuvo la oportunidad de interactuar con otros artistas y seguir desarrollando su estilo, que estaba muy influenciado por el arte popular mexicano. Mucha gente la veía principalmente como la esposa de Diego, en lugar de reconocerla como artista por mérito propio, pero eso no la detuvo.

 De hecho, fue en San Francisco donde tuvo su primera exposición, aunque el foco de la atención estaba más en Diego que en ella. En el 1932, Diego recibió un encargo bastante importante que era pintar murales en Detroit. Frida lo acompañó y allí fue donde empezó a lidiar con un dolor personal mucho más intenso.

 Sufrió un aborto espontáneo debido a las complicaciones del embarazo, un dolor físico y emocional que la marcaría profundamente. Los médicos le dijeron que probablemente no podría tener hijos nunca, pero eso no la paró. A pesar del sufrimiento, Frida no dejó de pintar. En Detroit experimentó con nuevas técnicas como el grabado y los frescos y empezó a explorar temas más directos y más dolorosos como el sufrimiento y la pérdida.

 Se inspiró en los retablos, que son esas pequeñas pinturas religiosas muy populares en México, que la gente suele hacer para agradecer a los santos por favores recibidos. En medio de este proceso creativo, Frida pasó por otro aborto y pintó un cuadro que se llama Henry Ford Hospital, que refleja el dolor físico y emocional que estaba viviendo.

 A pesar de que en Detroit no recibió tampoco el reconocimiento que merecía, fue entrevistada por un periódico local, aunque la entrevista fue titulada de una manera bastante condescendiente. La esposa del maestro muralista se dedica con alegría a las obras de arte, como si no tuviera ella un mérito propio. Después de un tiempo en Detroit, Frida y Diego volvieron a México en el 1933, donde Frida no solo consolidó su identidad como artista, sino que comenzó a tomar el control de su propio legado.

No iba a ser solo la esposa de Diego y el mundo pronto empezaría a darse cuenta de esto. Después de regresar a la ciudad de México, Frida pasó por una etapa muy complicada con respecto a su salud, que la dejó en pausa, o al menos eso parecía. Las complicaciones físicas la mantuvieron alejada del lienzo durante un tiempo, pero no iba a dejar que el dolor la frenara para siempre.

 Entre 1937 y 1938, debido a los problemas que tenía en su matrimonio con Diego Rivera, su producción artística se disparó. De hecho, se cree que en esos dos años pintó más que en todo el tiempo que estuvo casada con él, lo que ya nos dice bastante de cómo las emociones intensas pueden inspirar una creatividad arrolladora.

 A pesar de que todavía no se sentía completamente segura de su estilo, empezó a recibir un mayor reconocimiento. Algunas de sus obras exhibieron en la Universidad Nacional Autonómica de México y por primera vez vendió varias a un coleccionista de renombre. En el 1938, el surrealista André Breton, que parece haber tenido un ojo para los artistas peculiares, la calificó como surrealista y organizó su primera exposición en Nueva York.

 Su estilo tan profundamente mexicano causó sensación, aunque como era de esperar, las críticas fueron también bastante condescendientes con el hecho de que fuera mexicana. Pero de todos modos, Frida no se dejó desanimar en pleno auge de la gran depresión. vendió varias obras, incluso recibió encargos importantes, incluido uno del presidente del MoMA.

 Esto no fue solo un logro personal, sino también un avance en el reconocimiento de las mujeres en el mundo del arte. Al año siguiente, Frida cruzó el Atlántico para exponer en París. Aunque su muestra no tuvo el mismo éxito que la de Nueva York, el museo del Lugge compró una de sus obras, La columna rota, y esto la convirtió en la primera artista mexicana en estar representada en la colección del museo.

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