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Emma Coronel: metió un reloj GPS en la comida…y sacó al Chapo de la prisión más vigilada del mundo

 Y en mayo del 2026 está a punto de quedar completamente  libre. La niña del triángulo dorado. Para entender quién fue Emma Coronel, hay que viajar a un punto del mapa de México que casi nadie sabe ubicar. Está en el norte entre tres  estados, Sinaloa, Durango y Chihuahua. A esa zona la llaman el triángulo  dorado y no le pusieron ese nombre por casualidad.

En esa franja montañosa, según datos del propio gobierno mexicano,  se ha producido durante décadas la mayor parte de la marihuana y la amapola  de todo el país. Allí no hay carreteras grandes, hay pistas de tierra que se convierten en barro cuando llueve. Hay sierras donde el helicóptero del ejército es lo único que entra y sale rápido.

  Y hay pueblos pequeñísimos donde todo el mundo se conoce y nadie pregunta de qué vive el vecino. Uno de esos pueblos se llama La Angostura. Está en el municipio de Canelas, Durango. Apenas pasa de la docena de casas y ahí, en una de  esas casas con techo de lámina y suelo de tierra creció Ema. Pero antes de seguir hay un  detalle que cambia toda la historia.

Emma Coronel Aispuro no nació en Durango. Nació el 2 de julio de 1989  en California, Estados Unidos. Su madre estaba de visita familiar al otro lado de la frontera cuando se puso de parto y por esa casualidad Emma fue ciudadana estadounidense desde el primer día de su vida. Acuérdate de este dato porque más adelante va a ser determinante.

A los pocos meses de nacer,  la familia regresó a México, a la angostura. Y ahí empieza la verdadera historia. El padre de Emma se llama Inés Coronel Barreras. Oficialmente era ganadero. Tenía vacas, sembraba maíz y frijol. Eso es lo que aparecía en los papeles, lo que decían los vecinos del pueblo,  lo que después confirmaría el Departamento del Tesoro de Estados Unidos, lo que terminaría llevándolo a la cárcel,  era otra cosa.

 Inés Coronel sembraba marihuana y amapola en las laderas de la sierra de Durango y coordinaba el traslado de la droga hasta la frontera con Arizona por los pasos de Agua  Prieta y San Luis Río Colorado. A Inés Coronel le llamaban en el ambiente el uno y también el suegro, aunque ese apodo le vendría después, pero la sangre de Ema no se quedaba ahí.

Había  más. Tenía un primo que se llamaba Ignacio Coronel Villarreal, conocido en todo México como Nacho Coronel. Y Nacho no era cualquier persona, era uno de los tres líderes del cártel de Sinaloa. El segundo,  después de El Chapo Guzmán y de Ismael, el Mayo Zambada, manejaba todas las operaciones del cártel en Guadalajara.

 fue el pionero del tráfico de metanfetaminas para la organización, mucho antes de que las metanfetaminas se convirtieran en el negocio que son hoy. Murió en julio del 2010, abatido por el ejército mexicano en un operativo en Zapopan,  Jalisco. Para que te hagas una idea de quién era Nacho Coronel, te lo cuento así.

 Cuando el ejército lo mató, encontraron en su casa armas de oro macizo,  ametralladoras chapadas en diamantes y una colección de relojes de lujo valorada en millones de dólares. Ese era el tío de Ema y todavía había más. El hermano mayor de Ema,  Inés Omar Coronel Aispuro, también trabajaba para el cártel.

 El hermano menor Edgar  también. Toda la familia, sin excepción vivía del mismo negocio. Los coronel llevaban dos generaciones viviendo del cártel. La sangre de Emma ya valía oro antes de que ella supiera leer. ¿Qué pasa cuando una niña crece en un sitio así? Lo más probable es que nunca lo entienda hasta que ya es demasiado tarde.

 Porque para Ema, lo que tú y yo llamamos el narcotráfico, no era una noticia que veía en la televisión. Era el oficio del papá, eran las visitas que llegaban en avionetas al rancho, eran los hombres armados que dormían en la sala cuando había problemas. Era el silencio en la mesa cuando alguien preguntaba demasiado.

 Cuando Emma tenía 11 años,  sus padres tomaron una decisión que parece contradictoria, pero que tiene una lógica brutal. La mandaron de vuelta a Estados Unidos a vivir un tiempo con familiares en California. La razón oficial para que aprendiera inglés. La razón verdadera, según le contaron a la periodista Anabel Hernández fuentes cercanas a la familia era  otra.

 El padre y la madre querían que su hija tuviera salidas, que pudiera moverse por los dos lados de la  frontera, que tuviera una vida fuera del rancho si las cosas se ponían feas. Es decir, los padres de Emma ya sabían que las cosas se iban a poner feas algún día. Solo era cuestión de tiempo. Emma estuvo unos años en California.

 aprendió inglés, vio cómo era una vida normal y después regresó a Durango, a la Angostura,  a las visitas del Primo Nacho, al rancho del padre, a los hombres armados y empezó a crecer. Cuando cumplió 16 años, Emma Coronel ya era una de las jóvenes más comentadas de la región. alta, morena, ojos claros, pelo largo.

 Se inscribió en certámenes de belleza locales. Le iba bien. Su nombre empezó a sonar en pueblos donde antes no lo conocía nadie. Pero en esa zona del país, ser una joven hermosa con una familia conectada  al cártel más poderoso de México es un blanco, no siempre del tipo que te gustaría. Y un  día, en una pista de baile, en una fiesta de pueblo, en el año 2006, un hombre cualquiera se acercó  a Emma. Tenía 17 años recién cumplidos.

Estaba bailando con su novio y le dijo cinco palabras que iban a cambiarlo todo. El Señor  quiere bailar contigo. El baile que valió 12,000 millones. Para entender lo que pasó esa noche en la pista de baile, primero tienes que saber dos cosas sobre el hombre que pidió  bailar con ella. A principios del 2006, Joaquín el Chapo Guzmán tenía 49 años.

 Llevaba 6 años fugado de la justicia mexicana. 6 años. En enero del 2001 se había escapado del penal de  Puente Grande en Jalisco, escondido en un carrito de lavandería, según la versión oficial, versión que, por cierto, casi nadie en México se cree, pero esa es otra historia.  Lo importante es que desde aquel día el Chapo era el hombre más buscado del  continente.

 La DEA tenía una recompensa de 5 millones por su captura.  El gobierno mexicano, otra de 3 millones. Su cara estaba en carteles de Se busca  desde Tijuana hasta Tapachula. Y aún así, el Chapo se movía con tranquilidad por la sierra de Durango y Sinaloa, porque ahí,  en ese territorio mandaba él. El segundo dato es este.

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