Posted in

El Pirata de Culiacán: ARRUINÓ SU VIDA POR UN VÍDEO

 Y aquí conviene decirlo con claridad. El entorno en el que creces influye muchísimo, no determina de manera absoluta tu destino, pero sí condiciona tu mirada del mundo. Cuando un niño ve desde pequeño que el respeto lo tiene quien impone miedo o quien trae gente, puede empezar a asociar valor personal con fama, con ser alguien, [música] con aparentar fuerza.

 Y eso en lugares donde el estado aparece poco y tarde suele volverse un atajo mental muy poderoso. En la vida de Juan Luis a esas condiciones externas se sumó una herida familiar profunda. Jamás tuvo la oportunidad real de conocer a su padre porque este no estaba presente. Y como si eso no bastara, su madre tomó la decisión de abandonarlo cuando él tenía apenas 3 años, llevándose también a su hermana para iniciar una nueva vida.

[música] Con el tiempo, Juan Luis ni siquiera pudo recordar bien el nombre de su propia madre y ese tipo de vacío deja marcas difíciles de explicar. No se trata solo de tristeza, se trata de crecer con la sensación de que cualquiera puede irse y que tú tienes que arreglártela solo, aunque no tengas edad para hacerlo.

 No sería sino hasta dos años después cuando María Rosales Torres, su abuela paterna, lo recogió y lo llevó a su casa. Fue ella quien trató de sacar a los pequeños adelante con lo que tenía, con lo que podía, con lo que alcanzaba. A la par, el padre de Juan Luis tomó decisiones que lo llevaron a ser arrestado y desde ese momento su paradero se volvió confuso, como si se hubiera perdido en el silencio.

 En medio de todo eso, la abuela se convirtió en el único sostén, la única certeza, [música] la persona que lo cuidó cuando nadie más estaba. Hay un detalle llamativo. La abuela al parecer nunca le reveló a Juan Luis el nombre de su madre. Después de todo lo sucedido, quizá buscó protegerlo, quizá intentó cerrar esa puerta para evitar más dolor.

Juan Luis sí conocía el nombre de su padre, Juan Lagunas Rosales, y muchos han notado que ese nombre coincide con el que más tarde se haría conocido en internet bajo un apodo mediático. A partir de ahí surgen especulaciones sobre registros y apellidos, porque en México no es raro que cuando falta uno de los padres o no hay un trámite completo, el registro quede asentado de forma particular.

 En cualquier caso, lo que sí deja claro esa situación es que su infancia estuvo marcada por la ausencia, la precariedad y una especie de identidad construida a pedazos. Creciendo en condiciones de pobreza extrema, Juan Luis intentó salir adelante como pudo. Desde muy chico trabajó como empacador en una tienda. Era un esfuerzo real, un adolescente buscando aportar algo, buscando sentirse útil, pero las malas amistades empezaron a rodearlo y con ellas llegó una ruta que suele repetirse en muchas historias.

La tentación de lo fácil, el impulso de sacar algo rápido, la presión del grupo, la idea de que robar no es tan grave si la vida es injusta. A los 13 años comenzó a robar. El problema fue que le duró poco. Fue sorprendido y detenido. Y aquí aparece un momento muy duro. Cuando lo retuvieron, Juan Luis culpó a su abuela ante las autoridades, [música] diciendo que ella lo mandaba a robar.

Esa declaración muestra algo importante, no solo inmadurez, sino una falta de empatía aprendida, típica de quien ha crecido sintiendo [música] que la vida es una guerra de todos contra todos. Por fortuna, los oficiales no creyeron esa versión. Al contrario, le propusieron a María internar a su nieto en un centro de rehabilitación porque además de los actos delictivos, [música] descubrieron que a esa edad ya estaba consumiendo sustancias.

 Pero incluso esa solución venía con una carga injusta. Las autoridades pedían dinero para el traslado al centro. Para una familia en pobreza, esa cantidad podía ser imposible. En ese contexto, Juan Luis, desesperado, intentó algo que volvería a repetirse en su vida, aparentar influencia. Mencionó a una figura importante de la comunidad y dijo que trabajaba para esa persona, exigiendo que lo liberaran.

 No esperaba que las autoridades llamaran ni que esa persona realmente se presentara. Cuando ocurrió, quedó claro que Juan Luis no era alguien con respaldo real, sino un adolescente tratando de sentirse poderoso con palabras. [música] Lo inesperado fue que esa persona pagó voluntariamente lo que pedían para que lo llevaran al centro.

 Juan Luis terminó internado [música] 2 años y medio. Fue un periodo largo, duro, del que casi no habló. Y aunque muchos han dicho que ahí conoció contactos que más tarde lo acercaron a personas peligrosas, eso quedó como teoría porque nunca contó con detalle lo que vivió dentro. Lo único razonable que podemos pensar es que no estaba en un lugar cómodo, ni era una experiencia sencilla.

 A los 16 años, Juan Luis aprovechó una visita de su abuela para suplicarle que lo sacara. le prometió que había aprendido, que cambiaría, que ya no volvería a meterse en problemas. María quiso creerle y es [música] entendible, cuando eres la única persona que alguien tiene, también te vuelve su última esperanza. Tomó sus ahorros, firmó la liberación y lo llevó de vuelta.

 Juan Luis intentó cumplir su promesa trabajando en el campo en una planta cosechadora de tomates. Sin embargo, solo duró 2 días y aquí conviene detenernos un momento. A veces se dice con ligereza que la gente salga adelante, que emprenda, que abra un negocio. Pero, ¿cómo se supone que alguien ahorre para emprender cuando los salarios son tan bajos? En esa región el pago se hacía por tareas.

 Quien más cosecha, más gana. Es un sistema que obliga a exigirse al máximo bajo el sol y aún así los montos pueden ser mínimos. El primer lugar podía ganar alrededor de 150 pesos por una jornada completa. Juan Luis, sin experiencia y sin habilidad para la cosecha, quedó en [música] un punto intermedio y se llevó cerca de 50 pesos por todo un día.

 Con esos números, la pregunta es inevitable. ¿Qué se espera que haga un joven sin estudios completos, con pocas oportunidades y sin una red de apoyo sólida? No se trata de justificar decisiones equivocadas, sino de entender por qué el reclutamiento y la seducción de lo ilegal encuentran terreno fértil donde [música] hay necesidad, desesperanza y abandono.

 La prevención, la educación, los servicios básicos y el trabajo digno son la respuesta real. Sin eso, el ciclo se repite y se cobra a la misma población que queda en medio. Después de darse cuenta de que ese trabajo no lo llevaría más lejos, Juan Luis tomó una decisión, abandonar la casa de su abuela e irse rumbo a Culiacán.

 Buscó sobrevivir como limpiaparabrisas mientras intentaba encontrar una oportunidad mejor. Y sería justamente en ese ambiente urbano, en la búsqueda de algo donde empezaría a cruzarse con personas vinculadas a grupos delictivos. Su personalidad les pareció llamativa y lo invitaron a andar con ellos. Pero esa [música] aventura duró poco.

Read More