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El Misterio de Enya: Reclusión, Stalkers, Fortuna Intocable y Pérdidas

Criada en un convento y enviada  a un internado a los 11 años,   Enya desarrolló una identidad  silenciosa pero muy fuerte. Años después, recordó esta época  en una entrevista con The Express:   “Cuando vienes de una familia numerosa,  tus hermanos mayores toman todas las   decisiones.

Así que, de repente, me encontré en  la escuela, escuchando mi propia voz que decía:   ‘¿Qué te gustaría hacer?’. Así  que me acostumbré muy bien a eso.” Mientras ella aún estudiaba piano clásico,   sus hermanos y tíos ya  triunfaban con la banda Clannad. El grupo mezclaba el folclore tradicional  con sintetizadores y guitarras eléctricas. En 1980, Enya se unió a ellos  en los teclados y coros.

Fueron dos años de aprendizaje,   pero ella sentia que era solo una pieza  en un tablero comandado por los demás. Pero todo cambió en 1982. Nicky Ryan, el mánager de  Clannad en aquel entonces,   fue despedido tras una disputa  familiar por problemas con la bebida. Para sorpresa de todos, Enya  decidió marcharse para seguir   a Nicky y a su esposa, la letrista Roma Ryan.

Esta salida fue tan controvertida que  generó rumores de un “secuestro” artístico. Años después, Enya bromeó sobre la  situación:”¡Lo hacen sonar muy dramático,   como si me hubieran secuestrado o algo así!” En realidad, ella buscaba su libertad:”Yo era muy  firme en ese aspecto.

Cualquier cosa que pensara,   cualquier paso que tuviera que dar,  tenía que ser por cuenta propia”. Entonces Enya se fue a vivir con Nicky y Roma a  Dublín, donde los tres montaron un estudio casero. Fue en ese pequeño espacio donde nació una de  las colaboraciones más singulares de la música. Aunque el nombre en los álbumes era “Enya”,   ella siempre dejó claro que el sonido  era el resultado de un trabajo colectivo.

“Cuando hablo de la música,  siempre me refiero a ‘nosotras’.   Yo compongo la melodía… Roma escribe  la letra. Nicky hace los arreglos…   No tengo que explicarles nada. Ellos  sienten la música. Es muy intuitivo.” En esa primera fase, ella componía piezas  instrumentales al piano y violonchelo. Al escuchar las primeras grabaciones,   Roma hizo una observación sencilla  pero decisiva: “Esto es muy visual”.

Esa percepción lo cambió todo. Si aquella música parecía crear imágenes,  tal vez podría servir para el cine. El trío comenzó a enviar cintas a productores,   y su primer trabajo llegó en 1985, con la  banda sonora de la película El Príncipe Rana. Pero el salto más importante ocurrió poco después,   cuando la BBC los contrató para  la serie documental The Celts.

Enya se sumergió en la historia  antigua para crear algo nuevo,   y ese trabajo resultó en su primer  álbum solista, ENYA, lanzado en 1987. Allí ya mostraba su filosofía: la  música debía ser un lugar seguro. El mundo comenzaba a escuchar los primeros  ecos de esas voces etéreas y superpuestas,   un sonido que, según ella, provenía de sus raíces.

¡Enya ya no era solo una corista de la  familia; ahora era una artista independiente! El siguiente capítulo de su  trayectoria es donde el arte   se encuentra con la estrategia de una manera  que la industria musical nunca había visto. Vamos a sumergirnos en los detalles  de cómo se convirtió en un fenómeno   global sin seguir ninguna regla tradicional.

Tras su primer álbum, Enya estaba a punto  de demostrar que no necesitaba giras,   escándalos ni una exposición  constante para vender discos,   rompiendo por completo las reglas  básicas de la industria musical. En 1988, el álbum “Watermark”  transformó por completo su carrera. En él encontramos temas como “Storms in Africa”,  “Evening Falls” y, sobre todo, “Orinoco Flow”.

Esta última canción, compuesta para el álbum,  se convirtió, casi de forma inesperada,   en un éxito instantáneo, alcanzando la cima  de las listas de éxitos en el Reino Unido. Carecía de la estructura de un gran  éxito y combinaba voces superpuestas,   una atmósfera celta, sintetizadores  y una sensación casi cinematográfica.

Enya ofreció al público melodías  que no parecían gritar por atención. Parecían abrir portales que  transportaban a millones de   personas a un universo sonoro completamente único. Con su siguiente álbum, “Shepherd Moons”,   Enya demostró que el éxito de Watermark  no había sido cuestión de suerte. ¡El álbum le valió un Grammy! The Guardian describió la canción que da  título al disco como una “deleite brillante”   y un ejemplo perfecto de cómo Nicky Ryan utilizó  la voz de Enya como un instrumento en el estudio.

Este álbum incluye canciones como “How Can  I Keep from Singing?” y “Caribbean Blue”,   un luminoso vals que, para muchos  críticos, representa uno de los   equilibrios más perfectos entre composición,  atmósfera y voz en la obra de Enya. El éxito continuó creciendo con  The Memory of Trees que alcanzó   el número 1 en el Reino Unido y  el número 17 en Estados Unidos.

El álbum le valió otro Grammy e incluyó  temas como “Anywhere Is” y “Pax Deorum”. Pero el éxito también trajo  consecuencias traumáticas para Enya. Cuanto más se difundía su música, más  misteriosa se volvía su imagen para el público. Rara vez aparecía en público, concedía pocas  entrevistas y no vivía como una celebridad típica.

Este misterio, que formaba parte  de la fascinación que la rodeaba,   comenzó a atraer una peligrosa obsesión. En 1996, un fan italiano se apuñaló a sí mismo en  el bar de los padres de Enya tras ser expulsado. Era una señal sombria de que  la distancia entre artista y   público podía transformarse en algo aterrador.

Y al año siguiente, Enya tomaría una decisión  que haría su imagen aún más legendaria. Pero antes de continuar, considera la posibilidad  de convertirte en miembro de Ted Play. Al hacerte miembro, tendrás acceso a beneficios  exclusivos, ayudarás al canal a producir más   documentales, invertirás aún más en calidad y  harás realidad proyectos exclusivos para miembros.

Y todo esto a un precio muy asequible. ¿Quieres que hablemos sobre  tu artista o grupo favorito? Apoya a Ted Play en Español y forma  parte de esta nueva etapa del canal. En 1997, Enya compró un castillo en  Killiney por 4 millones de dólares,   superando las ofertas de otras celebridades. Más tarde lo rebautizó como Castillo Manderley,   en homenaje a la mansión gótica  de Rebecca, su libro favorito.

Desde su dormitorio, que  es su habitación favorita,   abre las persianas y observa el mar de Irlanda. Para Enya, ese paisaje es una  fuente constante de inspiración. “Me resulta muy inspirador.  Simplemente contemplo el paisaje y,   aunque esté nublado y lloviendo,  no importa: nunca me canso de él.” Dentro de esta fortaleza,   Enya vive rodeada de sus 12 gatos y de  una rutina de aislamiento casi absoluto.

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