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EL CASO VIRAL DE VOZINHA: EL PORTERO QUE HIZO LLORAR AL MUNDIAL Y FRENÓ A ESPAÑA

descubrió a un hombre, a un portero, a un veterano de 40 años que nadie tenía en el radar y que en una sola noche se convirtió en el protagonista de una de las historias más emocionantes del torneo. Cuando el árbitro señaló el final del partido entre España y Caboverde, las cámaras buscaron inmediatamente al héroe de la noche.

No buscaron a Pedri, no buscaron a la Minja Mal, no buscaron a ninguna de las estrellas españolas. Todas las cámaras apuntaron hacia el mismo lugar, hacia un hombre que lloraba, un hombre que intentaba secarse las lágrimas mientras miles de aficionados celebraban a su alrededor. Ese hombre era vociña y esas lágrimas tenían una historia mucho más profunda de lo que cualquiera de nosotros imagina.

Para empezar a entender esta historia, tenemos que remontar y viajar hasta Caboverde, un pequeño archipiélago africano situado frente a la costa occidental del continente. Un país formado por islas volcánicas, un lugar hermoso, pero también un lugar donde convertirse en futbolista profesional no resulta sencillo, mucho menos en una estrella del fútbol.

Y eso especialmente cuando sueñas con competir contra los mejores del mundo. Allí nació Yosimar José Bora Díaz, aunque prácticamente nadie lo llama así. Para su país, para sus amigos, para sus compañeros y ahora para el mundo entero siempre será vociña. Su historia comenzó en la ciudad de Mindelo, en la isla de Sao Vicente, una ciudad donde el fútbol se vive con una pasión, pero donde los caminos hacia la élite parecen infinitamente más difíciles que en Europa o Sudamérica.

y él desde muy pequeño aprendió que para conseguir algo tendría que luchar mucho más que la mayoría. Lo curioso es que el fútbol ya estaba presente incluso antes de que naciera. Su padre era fanático del deporte y quería que su hijo llevara el nombre de una estrella internacional. De hecho, según relató la BBC, inicialmente intentaron llamarlo Valdano en honor al legendario futbolista argentino Jorge Valdano, pero las autoridades no aprobaron el nombre.

Entonces apareció otra opción, Yosimar, en honor al famoso lateral brasileño que brilló durante el Mundial de México del 86. Y es que, ¿quién lo imaginaría después de aquel niño llamado gracias a un mundial terminaría escribiendo su propia historia en otro mundial años después? Pero la historia más importante no tiene que ver con su nombre de nacimiento, tiene que ver con el nombre que terminaría acompañándolo toda la vida, Bociña.

Y es que si existe una persona responsable de la historia de Bociña, probablemente sea su abuela, doña María. Su madre trabajaba fuera de casa y su padre estaba en el ejército. Y durante parte de su infancia fue ella quien ocupó el papel más importante. Fue quien lo cuidó, quien lo protegió, quien lo escuchó y quien estuvo presente en los buenos momentos y también en los malos.

Cuando Yosimar perdía partidos en las calles de Mindelo, regresaba buscando consuelo y casi siempre terminaba en los brazos de su abuela. Aquella relación terminó marcándolo toda su vida, tanto que incluso su apodo nació gracias a ella. Bosiña es un hombre que representa precisamente ese vínculo, ese amor y ese refugio. Y [música] quizás por eso, cuando años después se convirtió en un héroe mundialista, una de las primeras personas que vino a su mente fue ella, porque ya no estaba allí para verlo.

Y es que hay algo que se repite constantemente en la historia de Bociña, algo que estuvo presente durante años, su estatura. En declaraciones a la BBC recordó una frase que resume perfectamente su juventud. Yo era el mejor portero de la isla, pero era bajito. Y es que puede parecer una frase simple, pero detrás de ella hay años de frustración.

Porque tristemente muchas veces no importaba lo bien que jugara, no importaban las atajadas, no importaban los resultados, siempre aparecía la misma duda, su tamaño. Y es que, de hecho, muchos entrenadores creían que él jamás iba a competir en el más alto nivel. Muchos pensaban que no tenía el físico adecuado y eso le cerró puertas durante años.

Sin embargo, siguió adelante, siguió entrenando, pero sobre todo siguió creyendo, incluso cuando otros dejaron de hacerlo por él. Y es que como ya es normal en la industria del fútbol, mientras muchos futbolistas debutaban a los 17 o 18 años, él seguía esperando. Mientras muchos ya construían carreras internacionales, él seguía intentando abrirse camino y su salto finalmente llegó al fútbol profesional cuando él tenía 25 años, una edad en la que muchos jugadores ya están más que consolidad.

Pero para Bosiña era apenas el comienzo. Su carrera terminó llevándolo por países como Angola, Moldavia, Chipre, Eslovaquia, Portugal, lejos de los reflectores, lejos de las grandes portadas, pero construyendo lentamente una carrera que pocas personas seguían. Pero mientras el mundo no le prestaba atención, él seguía acumulando experiencia, seguía preparándose para un momento que ni siquiera sabía si algún día llegaría.

Claro que hay momentos fuertes, incluso hay momentos en los que él pensó en dejarlo todo. Él mismo lo reconoció. Pensó en abandonar la selección. Pensó que quizás su oportunidad nunca llegaría, pero había un sueño que seguía vivo. Jugar un mundial y no solamente por él, también por su país, porque Cabo Verde jamás había estado en una Copa del Mundo.

Generaciones enteras habían soñado con verlo y ahora estaban cada vez más cerca. Siempre creíamos que sería nuestra vez, declaró más tarde para ESPN y finalmente llegó. Como ya todos sabemos, España llegaba como una de las favoritas al título. La diferencia de nivel parecía enorme y hasta se podría tratar como de una comodidad.

Los pronósticos eran claros, pero los partidos no se ganan en los papeles ni en las estadísticas, se ganan en la cancha. Y aquella noche ocurrió algo extraordinario. Todavía la manda tiro de esquina. Durante 90 minutos, Boña se convirtió en una muralla, en una pared de concreto. España atacaba una y otra vez, pero el balón nunca entró.

Siete atajadas, siete contra algunas de las figuras más importantes del fútbol europeo y mundial. Cada intervención iba aumentando todavía más la atención y cada parada alimentaba la esperanza y cada minuto acercaba Caboverde a la historia. Pero, ¿quién es el portero de Caboverde? Te vale 40,000 € vale 40,000 € el portero ese. Cuando llegó el silvatazo final, el marcador seguía mostrando un sorprendente 0 a0.

La selección debutante acababa de frenar uno de los gigantes del torneo y el héroe tenía 40 años. La reacción fue inmediata. Van Devin, exfutbolista escocés y comentarista de la BBC, declaró, “Bociña ha iluminado este partido.” Mientras que Lee Dixon, comentarista de ETV, confesó algo que resumía lo que sentían millones de personas.

Estoy casi llorando yo también. Y es que no era para menos, porque aquello iba mucho más allá del mundial. La historia estaba conectando con personas de todas partes del mundo, incluso con quienes no apoyaban a Cabo Verde. Estamos hablando de la historia de un hombre de 40 años, la historia de un país debutante y la historia de alguien que nunca dejó de creer.

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