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Eduardo Capetillo: Su Esposa Vivía con MIEDO… El OSCURO Dominio en el Rancho.

 En el año 1989,  Silvia Gaitán llegó a las instalaciones de Televisa para ocupar el lugar de Alex Bauer en el grupo Timbiriche. Provenía de una familia de artistas en Villahermosa, donde la música y el baile eran temas de todos los días. Sus hermanos ya estaban avanzando en sus propios caminos artísticos dentro de la industria del entretenimiento mexicana.

El grupo se encontraba en un periodo de transición después del éxito obtenido con el disco doble 8/9. Silvia tuvo que aprender las coreografías y las canciones en un tiempo muy corto para integrarse a la gira nacional. Su presencia cambió la dinámica visual del grupo de manera inmediata frente al público joven que llenaba los conciertos.

Su disciplina venía de los salones de la academia de danza dirigida por su madre, la maestra Silvia Barragán. Desde que era niña,  su rutina consistía en horas de práctica en la barra y en perfeccionar la colocación de sus pies. Este entrenamiento técnico le permitió tener una resistencia física que otros integrantes del grupo no poseían en ese momento.

 La formación clásica no era un pasatiempo, sino una profesión que exigía silencio total durante las clases de técnica. Ese rigor fue lo que la ayudó a destacar en las presentaciones televisivas del disco  Timbiriche 10. Durante la grabación de ese material discográfico, su voz y su imagen empezaron a ocupar más espacio en los materiales de promoción.

 Se movía por los escenarios de México y Estados Unidos con una energía que capturaba la atención de los productores de televisión. No era simplemente una cantante más dentro de un grupo de pop. Se estaba convirtiendo en una solista con identidad propia.  En 1991, su carrera como actriz dio un giro importante al participar en la serie Alcanzar una estrella dos.

 Formó parte del grupo ficticio Muñecos de Papel  junto a compañeros como Pedro Fernández y Sasha Socol. El éxito de este proyecto la llevó a presentarse en conciertos masivos en recintos  como El Palacio de los Deportes. Su nombre empezó a asociarse con proyectos exitosos y altos niveles de audiencia en la pantalla chica.

 Tenía un contrato que le permitía explorar tanto la música como la actuación al mismo tiempo de manera libre. Los productores competían por tenerla en sus elencos para las nuevas telenovelas que se planeaban para esa década. El año 1992 marcó su consolidación definitiva con el estreno de la telenovela  Baila conmigo, ambientada en la época del rock and roll.

En este proyecto interpretó a Pilar, una joven que mostraba su talento para el baile en cada episodio  musical. El vestuario de la época resaltaba su figura  y su capacidad para ejecutar pasos complejos frente a las cámaras de televisión. Fue en estos foros de grabación donde su camino se cruzó de manera constante con el de Eduardo Capetillo.

  La química entre ambos personajes fue un elemento que los productores aprovecharon para aumentar el interés de los televidentes cada noche. Silvia grabó varias canciones para la banda sonora de la serie que se escuchaban en todas las estaciones de radio. Su primer disco como solista, lanzado en ese mismo periodo de éxito,  incluyó temas que todavía se recuerdan en los programas de radio nostálgicos.

Canciones como Mucha mujer para ti proyectaban una imagen de independencia y seguridad que conectaba con las mujeres jóvenes. En los videos musicales, Silvia utilizaba su formación en danza para crear coreografías que nadie más estaba haciendo en el pop mexicano. Su estilo de vestir con sombreros y botas se convirtió en una tendencia que muchas seguidoras intentaban copiar en sus ciudades.

trabajaba jornadas de más de 12 horas entre estudios de grabación, ensayos de baile y presentaciones en vivo en programas de variedades.  La crítica especializada destacaba que su voz tenía un color diferente y que su preparación técnica era superior a la de otras artistas juveniles.  La agenda de Silvia a principios de los 90 no tenía espacios vacíos  debido a la alta demanda de su trabajo artístico.

participaba en festivales internacionales  y era invitada constante a programas de entrevistas donde siempre se mostraba segura de sus respuestas. Su  contrato con la disquera incluía planes para realizar giras por Centro y Sudamérica para promover su música de manera masiva. Sus padres y hermanos la apoyaron en la organización logística de su carrera,  manteniendo siempre un vínculo estrecho con sus raíces en Tabasco.

 El éxito económico y la fama  no la distrajeron de su objetivo de convertirse en una artista integral. En cada presentación se notaba el esfuerzo por mantener la calidad técnica que había aprendido desde su infancia en los salones de ballet. Antes de que su vida personal tomara el protagonismo, Silvia ya había acumulado una experiencia que pocos artistas logran a los 20 años.

 tenía el respeto de sus compañeros de trabajo y el cariño de un público que la veía como una mujer auténtica y talentosa. Su futuro profesional no tenía límites visibles y las propuestas para protagonizar nuevas historias llegaban de manera semanal  a su oficina. estaba en el punto más alto de lo que se conoce como el  momentum artístico, donde cada decisión parece llevar al éxito inmediato.

Nadie imaginaba en ese momento que esa trayectoria llena de aplausos y luces estaba a punto de cambiar de dirección de forma permanente. El ritmo de su vida era intenso  y su nombre era sinónimo de juventud y éxito en toda la industria del entretenimiento en español. El 25 de junio de 1994,  la hacienda de Chikonquak en el estado de Morelos se convirtió en el centro de atención de millones de mexicanos.

Este lugar fue construido originalmente en el siglo XV por Martín  Cortés, el hijo de Hernán Cortés. Televisa desplegó un equipo técnico de cientos de personas para transmitir la ceremonia religiosa y la fiesta de manera ininterrumpida.  La señal llegó a hogares de todo el país y a varios países de América Latina que seguían la historia de amor de los protagonistas de Baila conmigo.

  La novia llegó a la capilla luciendo un vestido de encaje blanco que se volvió tendencia de moda ese mismo año. Fue un evento planeado con una logística similar a la de un programa de variedades de alto presupuesto.  Justo antes de este evento, Silvia Gaitán había pasado semanas dentro de un estudio de grabación para terminar su segundo disco solista.

 El álbum llevaba por título Manzana Verde y representaba una inversión importante de tiempo y dinero para su compañía disquera. Las canciones ya estaban seleccionadas y los arreglos musicales buscaban mostrar una evolución en su estilo vocal. Silvia participó activamente  en la selección de los músicos y en el concepto visual de la portada del disco.

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