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ARIEL CAMACHO: La Asquerosa VERDAD De Su Muerte FUE Escrita en Una Canción

Una guitarra que le ganaba en tamaño y unas ganas que no le cabían en el cuerpo. Aprendió la guitarra a los 14 años. Después aprendió el requinto. El requinto es la cuerda que canta agudo por encima de todo. Es la voz fina que llora arriba de la melodía. Pero Ariel no lo tocaba como los demás. lo hacía hablar y esa forma de tocar años después iba a cambiar la música mexicana entera, pero todavía falta para eso. Primero tuvo que elegir.

Pocos saben que Ariel iba para médico. En la preparatoria entró a la carrera de medicina. Quería una vida segura, una bata, un sueldo, un futuro tranquilo. Pero también entró a un grupo de música cristiana. Ahí conoció a César Sánchez. César sería su mano derecha hasta el final.

Por lo tanto, la música le ganó a la medicina. En 2013 formaron Ariel Camacho y los Pleves del Rancho. Eran tres muchachos, una guitarra, un requinto y una tuba. Tocaban sin trompetas y sin banda grande. ¿Por qué importa ese detalle? Porque en esos años mandaba lo contrario. El regional venía con mucho ruido en simen. Ariel le quitó todo el ruido.

Lo dejó en hueso, una guitarra su requinto llorando y esa voz rota sonaba como si te lo contara en la cocina. a las 3 de la mañana solo para ti. H ese sonido desnudo es la semilla de todo lo que hoy llena estadios. Guarda ese dato, al final vas a entender por qué duele tanto. Buena parte de su fama nació en YouTube. Subía videos tocando el requinto.

La gente no había oído nada igual, por lo tanto, las vistas explotaron. Cuéntalo así. Un muchacho graba un video con su guitarra, lo sube a internet y de pronto miles lo comparten sin disquera grande y sin radio al principio solo él, su requinto y una cámara. Así el pueblo hizo famoso a alguien sin pedirle permiso a nadie.

Ariel entró por la puerta de atrás y se quedó con la casa entera. Su primer gran éxito fue Rey de Corazones. La canción se trepó a lo más alto. Se quedó en el número uno más de mes y medio. Ese disco los llevó de gira a Estados Unidos y esa gira fue el arranque de todo. En apenas dos años, Ariel se volvió el favorito de una generación.

Llenaba bailes a los dos lados de la frontera. En Sinaloa y en California, en Texas y en Chicago, donde hubiera un paisano con nostalgia del rancho sonaba Ariel. Su voz cruzó fronteras que el corrido no había cruzado. Hoy lo escuchan hasta donde nunca hubo banda. Para mucha gente, Ariel era más que música. Era un pedazo de casa.

El paisano que se fue al norte lo ponía en el carro. La señora que extrañaba su rancho lo cantaba en la cocina. El hijo que nació en otro país lo heredó de su padre. Ast ask. Por eso su muerte se sintió personal. Como perder a alguien de la familia, alguien que ya cabía en la vida de cada quien. Pero esa historia bonita tiene una sombra detrás, Astres.

Y esa sombra apareció el 11 de agosto de 2014. Guarda esa fecha. 11 de agosto de 2014. Porque la muerte ya había venido a buscarlo y por poco se lo lleva. Esa madrugada Ariel iba en una camioneta por Guamuchil. Lo acompañaba Walter Lauro Cervantes Cuevas de 25 años. Iban con exceso de velocidad. Perdieron el control en plena calle.

La camioneta se estrelló contra una maceta de concreto. Volcó, imagina el silencio justo después. El metal retorcido, el motor todavía caliente y dos muchachos atrapados entre los fierros. Walter salió con heridas, pero salió vivo. Ariel se lo llevaron inconsciente. Tenía un golpe muy fuerte en la cabeza. Los médicos lo llaman traumatismo cráneoencefálico.

Pasó horas sin despertar, pero despertó. agarró el teléfono y les habló a sus fans. Subió una foto desde la cama del hospital. Decía que estaba bien, que ahí seguía. Le llovieron mensajes de cariño. Todos respiraron. El rey de corazones se había salvado. Nadie leyó ese accidente como lo que era. Un ensayo.

Hasta apunta otro nombre ahora. María, porque hay algo que Ariel le dijo por esos días. Y te lo voy a contar más adelante. Cuando puedas entenderlo de verdad, María Arellanes era su novia. es la modelo del video de Hablemos. Se conocieron en esa grabación, se enamoraron. Anduvieron un año y dos meses hasta el último día.

Tenían planes de casarse. Querían una casa, una vida juntos. Ariel era detallista de los que mandan mensajes a medianoche desde la carretera. Imagina esa relación. Él de gira casi siempre. Ella esperando el siguiente mensaje. Y el amor sostenido a punta de teléfono entre un baile y otro. Mientras tanto, su carrera no paraba de crecer.

Grabó tres discos en solo 2 años, Rey de Corazones en 2013, El Karma en 2014, Hablemos en 2015. Lo nominaron a los Billboard y al Grammy Latino. Ganó varios premios. Con 22 años ya era el nombre más grande de su generación, Astaras. Pero la semilla que él plantó iba a crecer mucho más de lo que alcanzó a ver. Guarda esa idea para el final.

Aquí conviene entender una cosa bien. Ariel hizo algo más que tener éxito. Abrió la puerta para los que venían detrás. Miles de muchachos agarraron una guitarra por él. Querían tocar como Ariel. Querían sonar como Ariel. En los pueblos y en los barrios se volvió el modelo a seguir. Astrask, siempre imitado, jamás igualado, como escriben sus fans hasta hoy.

La lista de los que caminaron por su puerta es larga. Ulises Charidés, Birlán García, Cristian Nodal y después toda la ola de los corridos tumbados. Esa parte tiene un lado que indigna y lo vas a entender al final. De momento, guárdalo. Y aquí está lo que más cuesta entender. Ariel ya sabía lo que era estar al filo.

Lo había vivido en carne propia seis meses antes. Cualquiera habría bajado el ritmo. Cualquiera habría tenido más cuidado. Pero él volvió a la carretera de madrugada, igual que siempre, como si aquella primera advertencia no hubiera contado. Volvamos a febrero de 2015. La muerte ya había fallado una vez, esta vez no falló.

La noche del 24, Ariel fue al carnaval de Mocorito. Esa noche iba como uno más del público. Quería disfrutar el carnaval. La gente lo reconoció y lo subió a cantar. Entre esas canciones sonó el karma. La cantó con los ojos cerrados. Guarda esa imagen. Un muchacho cantando el karma sin saber lo que venía. Ese último día tuvo de todo. Cantó casi sin querer.

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