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ANA GUEVARA: CONFESÓ LO ASQUEROSO QUE HIZO DENTRO DE LA CONADE

 Y antes de llegar a esa carretera, tienes que entender algo, porque lo que pasó la noche del 11 de diciembre del 2016 no empezó esa misma tarde, empezó mucho antes sobre una ciudad fronteriza de polvo y calor, donde los muchachos cruzaban la línea cada noche buscando una vida mejor del otro lado. Ana Gabriela Guevara Espinoa nació el 4 de marzo del año 1977 sobre la ciudad de Heroica Nogales del estado de Sonora, la frontera norte de México.

 La tierra donde el sol pega más fuerte que el orgullo y donde una niña flaca de mirada dura aprendería a correr antes de saber leer. Hija mayor de Ana María Espinosa, su madre, ama de casa de tiempo completo y de César Octavio Guevara. Su padre, dueño de un pequeño negocio de alarmas residenciales en la frontera norteña.

 Tres hermanos detrás de la campeona del tricolor, una casa modesta a pocas cuadras de la línea fronteriza con los Estados Unidos y una infancia entera marcada por el calor del desierto sonorense. Ana Gabriela era la más alta de todas las niñas de su escuela, la más rápida también, la que ganaba todas las carreras del patio del recreo y la que jamás aceptaba un segundo lugar en ningún juego del barrio fronterizo.

 Sus piernas largas la hicieron destacar desde pequeña, sus pulmones también, y su carácter regio del norte mexicano la convirtió en la líder natural de cualquier grupo de niños del polvo de Nogales. Pero la pasión deportiva del cabrito, perdón, de Ana Gabriela. No fueron las pistas de atletismo del estadio. Fue el basketbol. Sí, el basketbol.

 La cancha de tabla y aros torcidos del barrio de Nogales. La atleta sonorense soñaba con ser la versión femenina mexicana de Michael Jordan, la gigante del aro, la estrella de la NBA femenina y la primera muchacha sonorense en jugar baloncesto profesional del otro lado de la frontera norte. Esa fue la primera curiosidad oscura del destino.

 La velocista olímpica más famosa de la historia del tricolor mexicano empezó soñando con encestar canastas de tres puntos. Las maquiladoras de Nogales organizaban ligas industriales femeninas de baloncesto durante los 90s, equipos formados por las propias trabajadoras de las fábricas fronterizas. Y una tarde de 1990 y dos, un técnico de una de esas ligas vio entrar a la cancha a una muchacha desgarbada, larguirucha de 14 años.

 Le dijo al instante a la propia madre Ana María Espinoza que le diera permiso a la hija de jugar sobre la Liga de las Maquiladoras. Ana Gabriela se puso una camiseta prestada, salió a la cancha del estadio improvisado y descubrió en cuestión de meses que tenía algo que ninguna otra muchacha del estado de Sonora tenía.

 Velocidad pura, la velocidad bruta del desierto del norte mexicano, la velocidad que después la llevaría a la portada de las revistas internacionales y la velocidad que muchos años después también la llevaría hasta la propia carretera donde cuatro hombres la dejarían tirada sangrando con la cara reventada. Pero todavía falta para esa noche.

 Por ahora hay que volver a la cancha del basquetbol fronterizo porque la propia selección estatal de basketbol del estado de Sonora la convocó pronto a sus filas oficiales. Ana Gabriela ganó el campeonato estatal con el equipo nogalense. coronó a Nogales como capital del basquetbol femenino del norte mexicano y empezó a soñar con la propia selección olímpica mexicana de baloncesto para los Juegos de Atlanta del año 1996.

Tenía 18 años, tenía la maleta hecha y tenía todo el corazón puesto sobre el aro de la NBA femenina. Pero el destino tenía otros planes oscuros para la muchacha sonorense. Porque cuando la senadora intentó entrar a la selección olímpica mexicana de basketbol para Atlanta 96, la cortaron. Esa palabra cabe sobre el diccionario del deporte mexicano dentro de un campo semántico muy concreto.

 Significa la muerte del sueño olímpico. Significa el final del camino de la cancha y los aros y significa el regreso a casa con la maleta puesta sobre la sala de la familia Guevara. Ana Gabriela regresó a Nogales sobre el autobús más silencioso del norte mexicano. Lloró durante todo el viaje de vuelta y entró a la casa de la frontera, convencida de que su carrera deportiva había terminado oficialmente sobre los 18 años de edad.

Te lo advierto pocas veces sobre la historia del deporte mexicano, un fracaso ha sido más necesario para construir un éxito futuro mundial, porque esa derrota olímpica del basquetbol del Pacífico le abrió la puerta a la verdadera carrera deportiva de Ana Gabriela Guevara, el atletismo profesional.

 ¿Recuerdas el año 1996 del deporte mexicano? La Olimpiada Nacional Juvenil de México se celebraba en las pistas oficiales de la Ciudad de México y un entrenador específico del estado de Sonora invitó a Ana a probar suerte sobre las pruebas de velocidad del estadio del Distrito Federal. La muchacha de Nogales no había corrido jamás sobre una pista oficial del atletismo nacional, pero su velocidad pura del barrio Regio Montano era conocida sobre todo el norte mexicano.

Ana Guevara se puso los tacos prestados, pisó la pista por primera vez y conquistó las medallas de oro de los 400 m planos y los 800 m planos en la Olimpiada Nacional Juvenil del año 96. sin entrenamiento formal previo, sin experiencia sobre pista real y con cero sesiones técnicas registradas en su currículum deportivo de la frontera sonorense, doble oro nacional en el primer intento del atletismo del tricolor.

 Y entonces apareció el hombre que cambiaría la vida deportiva de Ana Gabriela Guevara para siempre. Raúl Barreda, entrenador cubano de origen revolucionario, especialista de la velocidad en la pista del atletismo internacional y el primer mentor verdadero de la muchacha de la frontera sonorense del norte mexicano. Recuerda ese nombre cubano del entrenador histórico porque sobre la conexión Cuba México de Raúl Barreda descansa una de las claves más oscuras de toda esta historia del deporte olímpico nacional.

 Pero falta mucho para esa revelación brutal. Por ahora hay que volver al año 97 del atletismo internacional porque Ana Gabriela Guevara empezó a entrenar bajo la supervisión cubana del propio Raúl Barreda durante los siguientes 12 años seguidos del deporte mexicano. 12 años de entrenamiento brutal en las pistas oficiales del Centro de Alto Rendimiento.

 12 años de disciplina militar cubana en el cuerpo de la muchacha sonorense y 12 años de sacrificios personales a la familia de la heroína olímpica del tricolor. Año 1998, Lisboa, Portugal. Campeonato iberoamericano de atletismo. Guevara conquistó tres medallas sobre una sola competencia internacional. Oro de los 400 m planos, plata de los 800 m planos.

y otro oro sobre el relevo, 4x 400 m. El récord del campeonato iberoamericano sobre los 400 m seguiría vigente durante los siguientes años del atletismo internacional. En los archivos oficiales del torneo, la muchacha de Nogales había puesto a México sobre el mapa mundial de la velocidad femenina, pero la verdadera explosión internacional de Ana Gabriela Guevara llegaría exactamente dos años después.

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