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5 INSULTOS en las que Jordan Propinó la PEOR HUMILLACIÓN

 La oportunidad de responderle llegaría el 2 de febrero de 1997. Unas semanas después de aquellas polémicas palabras, en un nuevo duelo contra los Sonics. El ambiente estaba cargado de expectativa. Todos querían ver cómo reaccionaría MJ frente al entrenador que lo había desafiado públicamente. Desde el salto inicial, la respuesta fue clara.

 Jordan comenzó a anotar sus tiros en suspensión, evitando caer en la trampa del coach de los Sonics de atacar el aro. And here Jordan go look for contact when he has to when his outside shot is off or if it’s a close game he knows how to get a move by defender.  Su majestad estaba encendido en ese partido anotando incluso triples desde la media cancha.

Michael Jordan documentary is a treat for sports fans | The Mast

the mid  from mids that area r for seguía masacrando a la defensa de loss con su tiro de media distancia cada canasta que convertía sus ojos buscaban fugazmente el banquillo de Seattle. como si le recordara a Carl lo equivocado que estaba.  esa noche terminó con 45 puntos, dejando en ridículo las declaraciones del coach y demostrando que su arsenal era ilimitado.

 Sin embargo, Jordan no se quedaría callado y le lanzaría unas palabras al entrenador. Y si un entrenador rival cometió el error de provocarlo con declaraciones, peor aún fue lo que ocurrió cuando un jugador se atrevió a desafiarlo cara a cara usando irónicamente sus propias zapatillas. Jimmy Jackson no era un desconocido. Había brillado en el baloncesto universitario y en 1992 fue elegido con el pck número cuatro del draft por los Dallas Mavericks.

 Un escolta con talento ofensivo, fuerte físicamente y con la confianza suficiente para mirar de frente a cualquiera, incluso al mejor jugador del planeta. Su primer choque con Michael Jordan se produjo el 14 de marzo de 1997 cuando vestía la camiseta de los New Jersey Nets. Desde el inicio del partido, Jackson salió encendido y lo más llamativo es que lo hacía atacando directamente a los dos mejores defensores de Chicago, Scotty Pipen y el propio Jordan.

Pero no se conformó con anotar. Fue más allá. tuvo la osadía de mofarse de su majestad diciéndole en la cara que no podía detenerlo. Ese atrevimiento fue un error. Jordan activó su instinto asesino y comenzó a desplegar todo su arsenal. Suspensiones, penetraciones, movimientos al poste.   Edwards on the floor for New Jersey.

Jordan feeling it in the first after a slow start. Michael Jordan is heating up. This is Jordan. Jordan the spin. Jordan at the buzzer. Michel. El duelo entre ambos se convirtió en una batalla de canastas y trash talk constante como si el resto del partido no existiera. Esa noche MJ firmó 36 puntos, pero sorprendentemente no fue suficiente.

 Los Nets se llevaron la victoria y Jackson siguió burlándose, celebrando como si hubiera conquistado un título. Jordan no olvidó esa insolencia. grabó en su memoria esperando el momento perfecto para vengarse. Ese momento llegó dos semanas después, el 29 de marzo. Desde el salto inicial, Jordan buscó aniquilar a los Nets.      Pero Jackson volvió a estar en un nivel altísimo, anotando sobre la defensa y alimentando la rivalidad con más provocaciones verbales.

 Jimmy Jackson cra cada canasta de uno era respondida por el otro con un gesto, una mirada o palabras que nunca verían los micrófonos. Fue un combate psicológico, además de físico. Whatever. I know bro. I mean, come on. Mike might had 28 maybe you know wecky. We’re talking and Mike going back and Finalmente los Bulls lograron la victoria.

 Sin embargo, Jordan no tuvo esa actuación descomunal que solía regalar cuando alguien lo desafiaba. Terminó con 21 puntos y 10 asistencias. En cambio, Jackson brilló con 33 puntos, lo que le dio motivos para seguir jactándose, convencido de que había ganado la guerra personal. Pero entonces llegó la respuesta más humillante. Jordan lo dejó claro con un solo recordatorio.

 Jimmy Jackson no podía burlarse de él mientras llevaba en sus pies las mismísimas Air Jordan. Era como morder la mano que te daba de comer. Mike said, no isol wearing a crap to have the ultimate shut many. He did have his shoes on. He had the jump. It is weird to play against a guy. You’re wearing his shoes, Jim Hell trash, right? Y si la arrogancia de un rival ya era peligrosa, más temerario aún fue el fanático que pensó que podía ridiculizar a su majestad insultando las zapatillas que llevaba puestas.

Tras la dura eliminación frente a los Orlando Magic en las semifinales de 1995, Michael Jordan regresó con un solo objetivo, recuperar el trono. La temporada siguiente sería histórica, pero antes de esa gloria ocurrió un episodio curioso que demostró una vez más de dónde venía la motivación de su majestad. Era el 9 de noviembre de 1995.

Los Bulls con un arranque de tres victorias sin derrotas visitaban a los Cleveland Cavaliers. Antes del partido, las cámaras captaron a un Jordan tranquilo, relajado, respondiendo a la prensa sin signos de tensión. Pero cuando comenzó el juego, algo no encajaba. MJ estaba errático con un desempeño pobre, acumulando apenas 11 puntos al llegar el tercer cuarto.

 Los cavaliers dominaban por tres y parecía que esa noche los Bulls podían perder el invicto. Fue entonces cuando apareció un personaje inesperado, un fanático en primera fila, conocido solo como señor Heckler, confiado en que Cleveland podía ganar, empezó a burlarse de Jordan lanzándole frases hirientes por su flojo partido.

Pero la osadía no terminó ahí. El fan subió el tono y se metió con lo más sagrado, las zapatillas de su majestad.  le gritó que sus nuevas Air Jordan 11 eran un desastre, que debía volver a usar los viejos Air Jordan 1 porque con esos jugaba mejor.  Ese fue el error fatal. Aquellas palabras fueron el combustible que Jordan necesitaba.

 De la nada, su majestad se encendió y lo que siguió fue un vendaval ofensivo.   Cada tiro, cada canasta era un mensaje dirigido directamente a ese fanático que había tenido la insolencia de desafiarlo. Ante tal demostración, el fanático trató de calmar a MJ diciéndole lo siguiente. La respuesta de su majestad no se hizo esperar.

 Tras encestar un triple, se giró desafiante hacia la primera fila, invitando al aficionado a que siguiera hablando. Lejos de callarse, el hombre aceptó el reto, se levantó de su asiento y continuó gritándole en la cara. Y Jordan, como siempre respondió de la única forma que sabía con su juego. En un tiempo muerto, cuando finalmente fue enviado al banquillo, Jordan no necesitó palabras.

 Con un gesto seco lo mandó a callar. El fanático incrédulo solo pudo reírse. De un inicio lento con apenas seis puntos, Jordan explotó en la segunda mitad con 23 más para cerrar con la victoria cómoda de Chicago. Todo por un simple insulto a sus zapatillas. Una demostración más de que Michael podía transformar hasta la burla más insignificante en motivación para destruir a cualquiera.

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