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3 CORREOS que REABREN la HISTORIA — IVÁN CEPEDA y el ARCHIVO de RAÚL REYES que EE.UU. CERTIFICÓ

cosas al mismo tiempo. Usted sabe mejor que nadie lo que Colombia sufrió por cuenta de esa organización criminal que durante décadas mantuvo a este país arrodillado. Y si usted vivió esos años y tiene todavía esa memoria intacta, si guarda en su corazón los nombres de los que se llevaron, de los que no volvieron, de los que sobrevivieron con las marcas que esa guerra les dejó en el cuerpo y en el alma, entonces esta historia le va a doler.

 Porque esta historia no es sobre el pasado. Esta historia es sobre lo que ese pasado significa hoy, en este año electoral, en estas semanas en que Colombia tiene que decidir quién la va a gobernar los próximos 4 años y en qué un hombre que hoy lidera las encuestas presidenciales tiene su nombre escrito en los correos de uno de los jefes más temidos que las FAR tuvieron.

 Ese hombre se llama Iván Cepeda y los correos donde aparece su nombre sobrevivieron a un bombardeo en la selva del Ecuador. Fueron certificados por la mayor organización de policía criminal del mundo como auténticos y no manipulados. Fueron ignorados durante 15 años por la justicia colombiana y hoy están sobre el escritorio del Departamento de Justicia de los Estados Unidos como parte del caso más grande que ese país ha construido contra el narcotráfico y el terrorismo internacional en esta región.

Esta es esa historia. Para entender por qué esta historia importa tanto hoy, hay que empezar por el principio. Hay que volver a la madrugada del primero de marzo de 2008, a una selva en la frontera entre Colombia y Ecuador, a un lugar que se llama Angostura, en el departamento de sucumbíos del lado ecuatoriano, donde un hombre que llevaba años siendo uno de los criminales más buscados del continente dormía en su campamento, pensando que ahí, en ese lado de la frontera, estaba a salvo.

 Ese hombre se llamaba Luis Edgar Devia Silva, pero el mundo lo conocía por su nombre de guerra, alias Raúl Reyes. era el segundo hombre en la jerarquía de las FARC, el miembro del secretariado que manejaba las relaciones internacionales de la organización, el que viajaba, el que negociaba, el que construía puentes entre la guerrilla colombiana y los gobiernos, los partidos y los movimientos de todo el mundo, que eran afines a la causa que las faltecían defender con palabras, pero que en la práctica financiaban con cocaína, con

secuestros, con extorsiones y con la sangre de los colombianos que se pusieran en su camino. Raúl Reyes era, en el lenguaje que los investigadores usan para describir este tipo de figuras, un operador de alto nivel no era el que daba los golpes directamente, era el que abría las puertas, el que se reunía con cancilleres y con asesores presidenciales y con dirigentes de partidos de izquierda de Europa y América Latina, el que convertía a una organización de narcoterroristas en un actor político con reconocimiento

internacional, el que lograba que las FARARC aparecieran en los foros y las tribunas del mundo no como lo que eran. un cartel criminal disfrazado de movimiento revolucionario, sino como una fuerza política con la que los gobiernos podían hablar, a la que los periodistas podían entrevistar y a la que las universidades europeas podían invitar a dar conferencias.

 Ese era el trabajo de Raúl Reyes. Y para hacer ese trabajo, Raúl Reyes necesitaba una herramienta que en 2008 todavía era relativamente nueva en Colombia, pero que él había adoptado con una disciplina y una sofisticación que sus captores no esperaban encontrar en la selva. Los computadores, tres computadores portátiles, dos discos duros y tres memorias USB.

 Eso era lo que tenía Raúl Reyes en su campamento esa madrugada del primero de marzo de 2008, cuando los aviones de la Fuerza Aérea Colombiana lo encontraron. La operación Fénix fue una de las acciones militares más importantes que Colombia ha ejecutado en su historia reciente. No solo por lo que produjo en el momento, que fue la baja del segundo hombre en la cadena de mando de las FARC, un golpe que la organización tardó años en asimilar, sino por lo que quedó después del bombardeo sobre la tierra calcinada de esa selva ecuatoriana. Entre los

escombros del campamento quedaron los computadores. Y en esos computadores había algo que los investigadores que los abrieron por primera vez describieron con una palabra que pocas veces se usa en las investigaciones criminales porque pocas veces es exacta. Un tesoro. Un tesoro de información. Décadas de comunicaciones de las FARC con el mundo.

 Correos con presidentes latinoamericanos. Correos con cancilleres. Correos con financiadores europeos. Correos con operadores en Argentina, en México, en Venezuela, en Ecuador, en España, correo sobre operaciones de narcotráfico, correo sobre rutas de dinero, correo sobre cómo manejar a los secuestrados para que su sufrimiento produjera el mayor impacto político posible en el momento que más le convenía a la organización.

 y correos con nombres, nombres de políticos colombianos, nombres de personas que aparecían en las páginas de los periódicos, que daban discursos en el Congreso, que participaban en las elecciones, que defendían causas que decían ser de paz y de derechos humanos y que en los archivos de Raúl Reyes aparecían como algo muy diferente, como coordinadores, como articuladores, como piezas de una red que la organización criminal más poderosa de Colombia usaba para construir la imagen internacional que necesitaba para seguir operando. Uno de

esos nombres era Iván Cepeda, un hombre que en 2008 era ya una figura reconocida en los círculos de derechos humanos colombianos que dirigía el Movimiento Nacional de Víctimas de Crímenes de Estado, que convocaba marchas y pronunciaba discursos y aparecía en los medios con la constancia del activista que tiene, un mensaje y los recursos para hacerlo llegar, y que en los correos de Raúl Reyes aparecía no como alguien a quien la organización observaba desde lejos, sino como alguien con quien la organización coordinaba.

Para que los colombianos de más edad entiendan la dimensión de lo que esos correos contenían. Hay que recordar algo que quienes vivieron el año 2008 saben perfectamente, pero que las generaciones más jóvenes no conocen de la misma manera. El 4 de febrero de 2008, Colombia vivió la marcha más grande de su historia.

 Más de 6 millones de personas salieron a las calles en más de 193 ciudades del país y en decenas de ciudades del mundo vestidas de blanco, con carteles que decían una sola cosa, no más fart. No fue una marcha convocada por un partido. Fue una expresión espontánea de un pueblo que había acumulado durante décadas el dolor de los secuestrados, de los desplazados, de los masacrados, de los niños reclutados a la fuerza, de los campesinos a quienes la guerrilla les cobraba vacunas y les destruía la vida.

 y que ese día decidió que ya era suficiente, que no podía seguir callado, que la Colombia de bien tenía una voz y que esa voz no tenía miedo de ejercerla. Esa marcha fue un golpe para las FARC, un golpe que dolió porque fue público, masivo e inequívoco, porque demostró que la guerrilla no tenía el respaldo popular que sus discursos decían tener, que los colombianos no los veían como libertadores, sino como lo que eran.

 una organización criminal que le hacía daño a la gente común y una organización como las FARP, con los recursos y la estructura que tenía, no iba a dejar ese golpe sin respuesta. En los correos de Raúl Reyes quedó registrado exactamente como planearon esa respuesta. planearon una contramarcha, una marcha para el 6 de marzo de 2008, un mes después de la marcha del 4 de febrero, convocada bajo la consigna del acuerdo humanitario, que era la manera en que las FARC llamaban al intercambio de secuestrados por presos y que en la práctica era la

manera en que la organización intentaba recuperar ante la opinión pública internacional la imagen que la marcha del 4 de febrero había destruido. Y en los correos que planeaban esa contramarcha, alias Ingrid, la coordinadora de la Comisión Internacional de las FART, le escribió a un destinatario el 18 de febrero de 2008 con una información que Colombia llevaría 15 años discutiendo.

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