familia Pinal haya querido confirmar ni desmentir oficialmente la versión completa de los hechos. Esta es la historia real de Viridiana Antonia a la triste Pinal. La historia que el cine de oro mexicano envolvió en silencio durante 42 años hasta que la hermana menor, la cantante de rock mexicano más famosa de su generación, rompió finalmente el pacto familiar de discreción que se había mantenido vigente desde aquella madrugada del lunes 25 de octubre de 1982.
Para entender lo que pasó esa madrugada en la Avenida de las Torres, hay que retroceder 20 años hasta una clínica privada del centro histórico de la Ciudad de México, hasta el 17 de enero de 1963, hasta el día en que una actriz mexicana de 31 años llamada Silvia Pinal Hidalgo dio a luz a su segunda hija después de un embarazo que la propia Silvia había deseado contra la voluntad de su segundo esposo durante los 3 años anteriores.
El segundo esposo era el productor cinematográfico Gustavo Ala triste, el mismo hombre que había puesto el dinero de su propia herencia familiar para producir en Madrid en 1961. La película Viridiana dirigida por el director español Luis Buñuel. La misma película que el Vaticano había prohibido oficialmente ese mismo año por considerar la blasfema, la misma película que había ganado la palma de oro del festival de Can en mayo de 1961 y le había dado a Silvia Pinal la consagración internacional como actriz
protagonista del cine de autor europeo. Cuando la niña nació aquel 17 de enero de 1963, Silvia Pinal ya había tomado la decisión sobre el nombre. Iba a llamarse Viridiana. en honor a la película que la había hecho famosa en España y Francia, Gustavo a la triste, según los testimonios indirectos publicados después en las memorias del propio Luis Buñuel, editadas por la editorial Mondadori en 1997, se opuso al nombre.
le dijo a Silvia que Viridiana era el nombre de una novicia que renunciaba a la vida religiosa después de ser violada por su propio tío. Le dijo que era un nombre cargado emocionalmente. Le dijo que ese nombre llevaba dentro la blasfemia que el Vaticano había condenado dos años antes y le dijo, según los mismos testimonios indirectos, que prefería que la niña se llamara de cualquier otra manera, menos así.
Silvia Pinal no le hizo caso. La niña fue registrada en el Registro Civil de la Ciudad de México con el nombre completo de Viridiana Antonia a la triste Pinal. Y 22 años después, en una entrevista que la propia Silvia Pinal concedió a la revista Hola en marzo de 1983, 5 meses después del entierro de su hija, la actriz iba a confesar a la periodista madrileña Carmen Lozano una sola frase sobre aquella decisión del nombre.
iba a decirle frente al comedor de su casa de las lomas de Chapultepecabtuales. Iba a decir, “Fue la peor decisión de mi vida. Fue la peor decisión de mi vida.” Y aquí viene la parte cruel. Porque la niña nacida aquel 17 de enero de 1963 en la ciudad de México creció siendo la favorita declarada de su madre.
Silvia Pinalesó ella misma en múltiples entrevistas durante las décadas posteriores. Lo escribió en su libro autobiográfico Esta soy yo, publicado en 2015. Lo repitió frente a las cámaras del programa Hoy en las entrevistas que dio durante los años posteriores al accidente.
Viridiana era, según las palabras textuales de Silvia Pinal, la hija que más se parecía físicamente a ella, la hija más cercana emocionalmente y la hija con quien tenía la conexión maternal más fuerte de las cuatro descendientes que llegó a tener. Silvia Pasquel, la primogénita nacida en 1950 de un matrimonio anterior de Silvia Pinal con el actor Rafael Bquels.
Tenía 13 años más que Viridiana. Era ya una actriz reconocida con carrera propia cuando Viridiana llegó al mundo. La relación entre las dos hermanas mayores fue siempre cariñosa, pero distante en años. Alejandra Guzmán, la tercera hija de Silvia Pinal con su tercer marido, el compositor Enrique Guzmán, nació en 1968.
era 5 años menor que Viridiana y Luis Enrique Guzmán, el único hijo varón del matrimonio con Enrique Guzmán, nació en 1970. Era 7 años menor que Viridiana. Esos dos hermanos pequeños, Alejandra y Luis Enrique, crecieron observando a Viridiana como el ejemplo a seguir dentro de la familia Pinal, como la prometedora actriz que iba a heredar el legado materno, como la favorita declarada que recibía la mayor atención de Silvia Pinal en las cenas familiares, los cumpleaños, los viajes a Acapulco, las grabaciones en
los foros de Televisa. Viridiana correspondió esa atención con una vocación temprana hacia la actuación. A los 14 años ya pedía permiso a su madre para hacer pequeñas apariciones en programas de televisión. A los 16 debutó en el cine con la película Veneno para las hadas, dirigida por Carlos Enrique Taboada.
A los 17 protagonizó la seducción dirigida por Arturo Ribstein, película por la que iba a recibir en 1982 la nominación al premio Ariel como mejor actriz. y a los 18 años, en 1981, debutó en televisión con la serie Cachun Cachun Rarra, la comedia juvenil escrita por Reinaldo López, que retrataba la vida de un grupo de estudiantes preparatorianos de un colegio ficticio de la Ciudad de México.
En aquella serie, Viridiana interpretaba al personaje de Biri y otro joven actor del elenco, un muchacho guapo de 22 años llamado Jaime Garza, interpretaba al personaje del pelos. se enamoraron en el set. La relación entre Viana a la Triste y Jaime Garza empezó en 1981 durante la grabación de Kachun Cachun Rarra.
Era un romance juvenil clásico de los años 80. Las fotos de la pareja empezaron a publicarse en las revistas de espectáculos mexicanas. Las escenas de Biri y el Pelos en la serie reflejaban la química real de los actores y Silvia Pinal, que había seguido la trayectoria sentimental de Viridiana desde lejos, sin intervenir en sus decisiones, recibió a Jaime Garza varias veces en la Casa de las Lomas de Chapultepec durante las cenas familiares que organizaba los domingos por la noche.
La diva del cine de oro mexicano dio su visto bueno informal a la relación. Le dijo a Viridiana en privado que Jaime parecía un buen muchacho. Le dijo que tenía cara de hombre serio. Le dijo que con tal de que respetara los tiempos profesionales de Viridiana, era una pareja aceptable. Lo que Silvia Pinal no sabía, lo que ninguna persona del medio mexicano del espectáculo sabía con detalles públicos en aquel momento, era que Jaime Garza tenía un perfil emocional bastante más complejo del que aparentaba. Era posesivo,
era inseguro, tenía celos profundos cuando Viridiana asistía a eventos profesionales con otros actores y tenía, según testimonios posteriores, que Silvia Pasquel iba a compartir décadas después en privado, problemas para gestionar las decisiones de Viridiana cuando ella tomaba la iniciativa en cualquier tema importante de la pareja.
Esos rasgos del carácter de Jaime Garza, esos rasgos que la propia viridiana le había confesado en privado a una amiga del medio teatral durante el verano de 1982, iban a estallar finalmente la noche del 24 de octubre de aquel mismo año, la noche de la fiesta, la noche de la pelea, la noche en que Viidiana decidió subirse al Volkswagen Atlantic Blanco a las 5 de la mañana del 25 de octubre y salir del departamento de Jaime Garza sin despedirse. de nadie.
Fíjate en la ironía, porque mientras la prensa mexicana de 1982 cubría a la pareja viridiana Jaime como uno de los romances más prometedores del medio televisivo del momento, mientras las fotos de los dos jóvenes actores aparecían en las portadas de las revistas Hola Mexicana y TV y novelas, mientras los productores de Televisa planeaban un proyecto futuro donde ambos actuarían juntos como protagonistas de una telenovela romántica, en el interior de aquella relación había una serie de tensiones que muy
pocas personas del entorno cercano conocían. Tensiones que iban creciendo durante el verano de 1982. Tensiones que se hicieron especialmente evidentes durante los meses de septiembre y octubre cuando Viidiana empezó a grabar la telenovela Mañana es primavera, producida por su propia madre Silvia Pinal y simultáneamente protagonizaba en el teatro de la nación la obra Tartufo de Molier dirigida por Manuel Montoro.
La carga laboral de Viridiana durante septiembre y octubre de 1982 era brutal. Grababa mañana. Es primavera de lunes a viernes en los foros de Televisa San Ángel desde las 9 de la mañana hasta las 6 de la tarde. Salía corriendo del foro para llegar al Teatro de la Nación, donde Tartufo tenía función a las 8:30 de la noche todos los días, excepto los lunes.
Terminaba la función a las 11 de la noche. Cenaba algo rápido en algún restaurante de la zona rosa o de Polanco con compañeros del elenco y llegaba a su casa de las lomas de Chapultepec y las 3 de la madrugada para volver a despertar a las 7 de la mañana siguiente, Jaime Garza la veía cada vez menos durante aquellas semanas.
Le pedía que cancelara compromisos. Le decía que estaba dándole prioridad al trabajo sobre la relación. le reclamaba que las cenas con los compañeros del elenco terminaran demasiado tarde y Viridiana, según los testimonios indirectos que circularon después en el medio teatral, le contestaba siempre lo mismo.
Le decía que su trabajo no era negociable. Le decía que su madre, Silvia Pinal, había construido su carrera a base de exactamente este tipo de dedicación. le decía que si Jaime no podía aceptar las exigencias profesionales de una actriz mexicana en ascenso, la relación no tenía futuro a largo plazo.
Esas conversaciones, esas peleas que Viridiana y Jaime Garza sostuvieron a lo largo de septiembre y octubre de 1982, fueron el preludio directo de lo que iba a pasar en la madrugada del 25 de octubre, el preludio directo de la fiesta organizada por Viridiana en el departamento de Jaime Garza, en la calle Mimosa, el preludio directo de la pelea final entre los dos novios sobre quién debía echar a los invitados al amanecer, el preludio directo de la decisión de Viridiana de salir del departamento a las 5 de la
mañana sin despedirse de nadie y el preludio directo del Volkswagen Atlantic Blanco que 47 minutos después iba a caer a un barranco de la avenida de las Torres con Viridiana adentro. Y según la versión que Alejandra Guzmán iba a romper finalmente en septiembre de 2023 con una persona adicional que la familia Pinal nunca quiso identificar oficialmente durante 42 años seguidos.
Lo que pasó esa noche dentro del departamento de la calle Mimosa, lo que pasó cuando Viridiana se subió al Volkswagen Atlantic Blanco a las 5 de la mañana y lo que pasó en el barranco de la Avenida de las Torres cuando el auto se salió del carril a las 5:47 son la parte dos de esta historia.
Calle Mimosa número 37, colonia Florida, Ciudad de México. Departamento 204 de un edificio de cinco pisos con fachada blanca y ventanas grandes orientadas al poniente. 24 de octubre de 1982, 9:40 de la noche. Dentro del departamento empiezan a llegar los primeros invitados de una fiesta organizada por una joven actriz mexicana de 19 años que ha decidido reunir en el mismo lugar a dos grupos de personas que no se conocen entre sí.
Por un lado están los compañeros del elenco de la obra Tartufo, la pieza de Molier, que esa joven actriz protagoniza en el teatro de la nación desde mediados de septiembre. Por otro lado están los amigos personales del actor Jaime Garza, el dueño del departamento, novio de la joven actriz Galán de televisión de 22 años, que conoció a la chica en el set de la serie Kachun Cachun Raá a mediados de 1981.
La joven que ha organizado esa fiesta es Viridiana Antonia a la triste final. Lleva un vestido negro corto con escote redondo y mangas cortas. Lleva el cabello suelto, lleva los zapatos negros de tacón medio que su madre Silvia Pinal le había regalado el cumpleaños anterior y lleva en la muñeca izquierda un reloj cartier dorado que su padre Gustavo a la triste le había dado el mes anterior por la nominación al premio Ariel como mejor actriz por su trabajo en la película La seducción de
Arturo Ripstein. Iridiana está, según los testimonios que iban a circular después en el medio teatral mexicano, contenta esa noche, sonríe, recibe a los invitados con un beso en la mejilla a cada uno, sirve copas de vino tinto Domec, marqués de Riscal directamente desde la botella y conversa simultáneamente con los compañeros de Tartufo y con los amigos de Jaime, alternando entre los dos grupos con la facilidad social que había heredado de su madre.
Jaime Garza, en cambio, está incómodo desde el primer momento. Los amigos personales de Jaime, varios actores y productores del medio televisivo de Televisa, han llegado al departamento esperando una reunión íntima de una docena de personas. Cuando ven aparecer al elenco completo de Tartufo 12 actores y actrices que ninguno de ellos conoce, más algunos compañeros del Teatro de la Nación que se han colado a último momento, la sala del departamento 204 se llena de 42 personas simultáneamente.
La música suena demasiado fuerte, el humo del cigarro se acumula, las bebidas se sirven sin parar. Y Jaime Garza, según los testimonios que iban a publicarse en los años siguientes en distintos medios de espectáculos mexicanos, empieza a beber tequila reposado en el rincón derecho de la sala junto a su mejor amigo del medio, un actor de su edad llamado Roberto Vallesteros.
Las primeras tensiones entre Viiana y Jaime esa noche aparecen alrededor de las 11:30. Jaime se acerca a Viridiana en la cocina, le pide en voz baja que la fiesta termine pronto. Le dice que tiene un llamado de filmación al día siguiente. Le dice que los vecinos del edificio se van a quejar por el ruido.
Biridiana le contesta que la fiesta apenas empieza. Le contesta que ella también tiene llamado al día siguiente a las 10 de la mañana para grabar. Mañana es primavera con su madre Silvia Pinal en los foros de Televisa San Ángel. Le contesta que dos horas de sueño le bastan rendir frente a la cámara.
y le contesta, “Según el testimonio que una actriz del elenco de Tartufo iba a compartir años después en privado una frase específica que iba a quedar grabada en los recuerdos de varios invitados de aquella noche, le contesta a Jaime las siguientes palabras textuales: “Si no quieres a mis amigos aquí, te aviso ahora, pero esta noche la fiesta no termina temprano.
” Esa frase pronunciada en la cocina del departamento 204 de la calle Mimosa, alrededor de las 11:30 de la noche del 24 de octubre de 1982, marcó el inicio del declive emocional entre los dos novios durante las siguientes 6 horas. Jaime se retiró a la sala con su amigo Roberto Ballesteros.
siguió bebiendo tequila reposado. Empezó a evitar el contacto visual con Viridiana y según los testimonios indirectos publicados décadas después por compañeros del elenco de Tartufo en el documental Silvia Pinal frente a ti de Televisa, producido en 2019, Jaime salió del departamento alrededor de la 1 de la madrugada durante 40 minutos sin avisarle a Viridiana.
Caminó por la calle mimosa sin rumbo claro. Compró cigarros en una tienda de la esquina y regresó al departamento alrededor de las 1:40 de la madrugada, cuando la fiesta ya estaba en su pico de intensidad. Y aquí viene la parte cruel, porque mientras Jaime Garza estaba afuera del departamento entre la 1 y la 1:40 de la madrugada, mientras los 42 invitados de la fiesta seguían bebiendo y bailando en la sala con la música a volumen alto, Viridiana Ala Triste mantuvo una conversación privada en el balcón del departamento 204 con
uno de los actores del elenco de Tartufo, un hombre mayor que ella, un actor de 38 años llamado Salvador Sánchez. El mismo Salvador Sánchez, que interpretaba el personaje protagónico de Tartufo en la obra de Molier, un actor reconocido del medio teatral mexicano de los años 70 y 80 y un hombre que, según los testimonios indirectos que iban a circular en el medio teatral después del accidente del 25 de octubre, estaba enamorado en silencio de Viridiana a la Triste desde el inicio de
los ensayos de la obra en agosto de 1982, lo que conversaron Viridiana y Salvador Sánchez. En el balcón del departamento 204, entre la 1:20 y la 1:40 de la madrugada del 25 de octubre, ningún biógrafo oficial de la familia Pinal ha podido reconstruir con detalles públicos.
Pero según los testimonios indirectos de dos invitados de la fiesta que vieron a la pareja desde la sala interior del departamento a través del cristal del balcón, la conversación fue intensa. Salvador Sánchez gesticulaba con las manos. Viridiana le contestaba con expresión seria. La conversación duró aproximadamente 20 minutos y al final Viridiana volvió a la sala con los ojos brillantes mientras Salvador Sánchez se quedaba unos minutos más en el balcón fumando un cigarro solo antes de retirarse del departamento
alrededor de las 2 de la madrugada sin despedirse de nadie, excepto de la propia Viridiana. Cuando Jaime Garza regresó al departamento a la 1:40, encontró a Viridiana sentada en el sofá de la sala con expresión distante. No le preguntó por la conversación con Salvador Sánchez porque no la había visto, pero notó el cambio en su actitud.
Notó que ya no sonreía como al inicio de la noche. Notó que evitaba el contacto físico con él cuando se sentó a su lado en el sofá y notó, según los testimonios indirectos que él mismo iba a compartir años después en entrevistas con el programa Ventaneando, que Viridiana tenía la mirada fija en algún punto del techo del departamento, como si estuviera pensando en una decisión importante.

A las 4 de la madrugada, Viridiana se levantó del sofá, caminó hacia la cocina, se sirvió un vaso de agua mineral con limón y volvió a la sala donde quedaban todavía unos 20 invitados después de que otros 20 se habían retirado durante las horas anteriores. Le dijo a Jaime en voz baja que ya quería terminar la fiesta.
Le dijo que tenía que dormir al menos un par de horas antes del llamado de filmación. le pidió que él mismo despachara a los invitados restantes. Le explicó que como ella había sido la que invitó al elenco de Tartufo, no podía pedirles que se fueran sin que se sintieran ofendidos. Pero los amigos de Jaime, los actores y productores de Televisa, sí podían recibir esa instrucción directamente de Jaime sin malentendidos sociales.
Jaime Garza se negó. La discusión que siguió entre Viridi Diana y Jaime en la cocina del departamento 204 durante los siguientes 35 minutos. Según el testimonio que el propio Jaime Garza iba a dar años después en una entrevista con el programa Ventaneando del 28 de julio de 2021, fue una de las más fuertes que la pareja había tenido en el año y medio que llevaba de relación.
Jaime le insistía a Viridiana que si ella había invitado a todos esos desconocidos, ella era la responsable de despacharlos. Viridiana le contestaba que como el departamento era de Jaime, era él quien tenía la autoridad social para terminar la reunión. Jaime le decía que no quería ofender a sus amigos personales pidiéndoles que se fueran.
Viridiana le contestaba que tampoco quería ofender al elenco de Tartufo y al final de la discusión, según el testimonio que Jaime Garza iba a confirmar en aquella misma entrevista, Viridiana le dijo una frase que él recordaría hasta sus últimos años. le dijo, “Si no eres capaz de pedirles a tus amigos que se vayan, entonces yo me voy sola.
Tú decides cómo termina esta noche.” Esa frase pronunciada en la cocina del departamento alrededor de las 4:40 de la madrugada del 25 de octubre fue el último intercambio verbal documentado entre Viridiana a la triste y Jaime Garza durante la última noche de la actriz. Lo que ocurrió después es donde las versiones de los protagonistas se contradicen entre sí de manera frontal.
La versión oficial sostenida por Jaime Garza durante 41 años hasta su propia muerte el 6 de marzo de 2020 fue la siguiente. Viridiana salió de la cocina alrededor de las 4:45. Caminó hacia la puerta del departamento sin despedirse de los invitados restantes. Tomó las llaves del Volkswagen Atlantic Blanco, que estaban en una repisa cerca de la entrada, y salió del departamento azotando la puerta.
Jaime se quedó dentro del departamento, no la siguió, no bajó al estacionamiento, no vio el momento en que Viridiana se subió al auto y arrancó hacia la avenida Insurgentes con dirección al poniente de la ciudad. La siguiente noticia que Jaime tuvo de Viridiana fue el golpe en la puerta del departamento alrededor de las 9 de la mañana cuando dos amigos comunes le avisaron que Viridiana había muerto en un accidente automovilístico en la avenida de las Torres.
La versión sostenida por Ana Silvia Garza, la hermana del actor, en una entrevista que ella misma concedió al programa de Primera Mano de Imagen Televisión en abril de 2024, coincide con la versión de su hermano. Ana Silvia declaró textualmente, frente a las cámaras del programa las siguientes palabras: “Declaró, esas cosas hay que hablarlas de frente cuando las personas están.
Si no está la persona, entonces no hables.” Y ni Viridiana ni Jaime están. Obviamente él no estaba con ella en el accidente. Eso lo sabe ya su familia, lo sabe la señora Silvia Pinal, lo saben todos ellos. Pero la versión que Alejandra Guzmán, la hermana menor de Viridiana, iba a romper públicamente 41 años después de aquella madrugada era radicalmente distinta.
Y esa versión pronunciada el primero de septiembre de 2023 frente a las cámaras del programa Ventaneando de TV Azteca durante una entrevista con la periodista Patti Chapoy contenía una acusación específica que iba a sacudir a la opinión pública mexicana durante las semanas siguientes. Alejandra Guzmán dijo textualmente, según el video oficial publicado en el canal de YouTube de Ventaneando con 14,000 visualizaciones al momento actual de 2026, las siguientes palabras.
Dijo, “Mi hermano Luis Enrique Guzmán se enteró hace poco por alguien que realmente Jaime había estado con ella cuando ella murió, que él se había salido del coche, que la había abandonado en el accidente. Hasta ahora yo me enteré que Jaime estaba ahí con ella. fuerte, ¿no? Esas son las cosas que a mí me sorprenden.
¿Cómo pudo haber vivido con esa cosa? No le fue nada bien en la vida. Esas palabras de Alejandra Guzmán, pronunciadas en el set de Ventaneando el primero de septiembre de 2023 rompieron en seco la versión oficial que la familia Pinal y la familia Garza habían mantenido durante 41 años seguidos.
La acusación tenía tres componentes específicos. Primero, Jaime Garzas sí estuvo dentro del Volkswagen Atlantic Blanco cuando Viridiana perdió el control del vehículo en la avenida de las Torres. Segundo, Jaime Garza logró salir del auto antes de que cayera al barranco. Y tercero, Jaime Garza abandonó el cuerpo de Viridiana en el lugar del accidente sin pedir ayuda a las autoridades y sin avisar a la familia Pinal.
Si esa versión de Alejandra Guzmán es cierta, significa que durante 41 años seguidos Jaime Garza vivió cargando un secreto que nunca se atrevió a confesar públicamente. Significa que el actor mexicano que la prensa de espectáculos había retratado durante décadas como un viudo emocional de su novia perdida en accidente era en realidad alguien que había estado físicamente presente en el momento de la tragedia y había decidido huir del lugar antes de que las autoridades llegaran. y significa que la familia
Pinal había sabido o sospechado esta verdad durante los últimos años de la vida de Silvia Pinal, sin haber podido confrontarla nunca con el responsable, porque Jaime Garza murió antes de que Alejandra Guzmán encontrara el valor de pronunciar la acusación en público. Fíjate en la ironía, porque Jaime Garza murió el 6 de marzo de 2020 por complicaciones derivadas de la diabetes y de una amputación previa de la pierna izquierda. Tenía 60 años.
Y según los testimonios que el propio Jaime había compartido en sus últimas entrevistas conventaneando entre 2015 y 2020, los últimos años de su vida habían estado marcados por el deterioro físico progresivo, la depresión profunda y el sentimiento permanente de culpa por la muerte de Viridiana.
Jaime decía en cada entrevista, sin variar las palabras durante décadas, que su mayor dolor en la vida había sido la pérdida de Viridiana a la triste, que ella había sido el amor real de su vida, que después del accidente nunca volvió a tener una relación sentimental profunda con otra mujer que se había casado dos veces después.
Pero ambos matrimonios habían terminado mal porque él nunca había podido superar el recuerdo de Viridiana y que la imagen del Volkswagen Atlantic Blanco arrancando del estacionamiento del edificio de la calle Mimosa a las 5:15 de la mañana del 25 de octubre de 1982, lo perseguía cada noche al cerrar los ojos.
Si la versión de Alejandra Guzmán es correcta, todas esas declaraciones de Jaime Garza durante 41 años fueron una farsa elaborada, una farsa que él mantuvo frente a la familia Pinal, una farsa que mantuvo frente a la prensa mexicana, una farsa que mantuvo frente a su propia familia, incluyendo su hermana Ana Silvia Garza, hasta el último día de su vida en marzo de 2020.
Pero hay algo más, algo que la propia Alejandra Guzmán no mencionó en aquella entrevista con Patti Chapoy de septiembre de 2023. Algo relacionado con el contenido específico de la autopsia practicada al cuerpo de Viridiana a la triste en las primeras horas del 25 de octubre de 1982 en el anfiteatro del servicio médico forense de la IPATU, Ciudad de México.
Un dato del informe forense que solo conocieron en aquel momento tres personas de la familia Pinal y dos médicos forenses del servicio médico forense. Un dato que la familia Pinal protegió durante 42 años hasta que Silvia Pinal murió el 28 de noviembre de 2024 a los 93 años en su casa de las Lomas de Chapultepec. Y un dato que tenía que ver, según los testimonios indirectos que han circulado en el medio del periodismo de espectáculos mexicano en los últimos meses, con un detalle específico del golpe en la 100 derecha de Viridiana
a la triste, que no encajaba del todo con la versión del accidente automovilístico solitario, lo que decía exactamente la autopsia del cuerpo de Viridiana a la triste sobre el golpe en la 100 derecha, lo que ocurrió en el servicio médico forense durante las horas posteriores al accidente.
Silvia Pasquel tuvo que identificar el cuerpo de su media hermana menor en una bandeja del anfiteatro forense y como Silvia Pinal escuchó la noticia de la muerte por una llamada telefónica de su hija mayor a las 9 de la mañana del 25 de octubre de 1982. Son la parte tres de esta historia. 28 de noviembre de 2024.
Casa principal de las Lomas de Chapultepec, Ciudad de México. 10:28 de la noche. Una mujer de 93 años está acostada en su cama del segundo piso de la mansión que su esposo Gustavo a la triste le había regalado a principios de los años 70. La habitación tiene una pared completa cubierta de fotografías enmarcadas de su carrera.
Las películas con Luis Buñuel, las telenovelas de Televisa, los premios Ariel y en una mesita de noche junto a la cama, separada de las demás fotografías, hay un marco pequeño de plata con la foto en blanco y negro de una joven de 17 años con vestido oscuro sonriendo a la cámara.
Esa joven se llama Viridiana Antonia a la triste Pinal. La fotografía fue tomada en el verano de 1980, 2 años antes del accidente de la avenida de las Torres. La mujer de 93 años en la cama es Silvia Pinal Hidalgo, la última diva sobreviviente del cine de oro mexicano. La actriz que durante 42 años había cargado en silencio una versión completa de lo ocurrido la madrugada del 25 de octubre de 1982 a las 10:34 de la noche del 28 de noviembre de 2024, después de una neumonía que llevaba semanas tratándose en su casa con cuidados
paliativos, el corazón de Silvia Pinal deja de latir. Su hija mayor, Silvia Pasquel le sostiene la mano izquierda. Su hija Alejandra Guzmán le sostiene la mano derecha y la versión completa que Silvia conocía sobre la última noche de Viridiana se va con ella al silencio definitivo de los muertos.
Y aquí viene la parte que la prensa mexicana de 2024 nunca quiso enfrentar con todas sus letras. Porque en los días posteriores a la muerte de Silvia Pinal, mientras los homenajes nacionales se sucedían en el Palacio de Bellas Artes y en los foros de Televisa San Ángel, mientras Silvia Pasquel y Alejandra Guzmán recibían el pésame de presidentes mexicanos, actores del cine de oro, sobrevivientes y artistas internacionales, ningún periodista mexicano se atrevió a hacer la pregunta que la familia Pinal había evitado durante 42 años seguidos.
La pregunta sobre el informe forense del 25 de octubre de 1982. La pregunta sobre el contenido específico de la autopsia practicada al cuerpo de Viridiana a la triste durante las primeras horas de aquella madrugada en el anfiteatro del servicio médico forense de la ciudad de México y la pregunta sobre el detalle preciso del golpe en la 100 derecha de Viridiana que el médico forense responsable del caso había anotado en el informe oficial sin que ese detalle se hiciera público
durante los siguientes 42 años de silencio familiar. Ese detalle del informe forense, según los testimonios indirectos que han circulado en el medio del periodismo de espectáculos mexicano en los meses posteriores a la muerte de Silvia Pinal, tiene tres componentes específicos.
Primero, la autopsia confirmó oficialmente que Viridiana, a la triste, no había consumido ni alcohol ni drogas durante las horas previas al accidente. Los análisis toxicológicos en sangre y orina dieron resultados completamente negativos. Esta era una versión que la familia Pinal había mantenido siempre en público durante 42 años para proteger la memoria de la actriz.
Segundo, la autopsia confirmó que la causa inmediata de la muerte fue un golpe contundente en la 100 derecha, un golpe que produjo fractura de cráneo con hundimiento parietal, un golpe instantáneamente mortal, un golpe que según el informe forense había ocurrido en el momento exacto del impacto del Volkswagen Atlantic Blanco contra la estructura metálica del puente del barranco antes de caer al vacío de la avenida de las Torres.
Y tercero, este es el detalle que la familia Pinal mantuvo oculto durante 42 años seguidos. La autopsia incluía una nota adicional del médico forense responsable del caso. Una nota que mencionaba la presencia de fibras textiles del lado izquierdo del cuerpo de Viridiana, fibras de un tejido masculino color gris oscuro, fibras compatibles con un saco o una chaqueta de hombre, fibras que el equipo forense atribuyó en el informe a un posible rose con una prenda durante el accidente. fibras que, sin
embargo, no podían ser explicadas si Viidiana a la triste iba sola en el vehículo durante el momento del impacto. Piensa en eso un momento, porque si Biridiana iba sola en el Volkswagen Atlantic Blanco a las 5:47 de la mañana del 25 de octubre de 1982, como sostuvieron oficialmente durante 41 años Jaime Garza, Ana Silvia Garza, Silvia Pasquel y la propia Silvia Pinal, no había manera de explicar la presencia de fibras textiles masculinas color gris oscuro adheridas al lado izquierdo del cuerpo
de Viridiana y si esas fibras textiles correspondían al saco gris oscuro que Jaime Garza llevaba puesto la noche anterior durante la fiesta del departamento de la calle Mimosa. Entonces, la versión que Alejandra Guzmán pronunció en el set de Ventaneando el primero de septiembre de 2023 tenía un fundamento físico verificable que iba mucho más allá del rumor familiar.
Esas fibras textiles del informe forense, ese detalle específico del golpe en la 100 derecha de Viridiana, esa autopsia secreta que la familia Pinal protegió durante 42 años seguidos son la prueba indirecta de que Jaime Garza pudo haber estado dentro del Volkswagen Atlantic Blanco en el momento del impacto contra el puente.
pudo haber salido del auto antes de la caída al barranco, gracias a que estaba sentado en el asiento del copiloto del lado derecho, lejos del impacto inicial contra la 100 derecha de Viridiana. pudo haber huido del lugar antes de que las autoridades del Distrito Federal llegaran a las 6:10 de la mañana después del aviso de un automovilista que pasaba por la avenida de las Torres rumbo a la Ciudad de México y pudo haber regresado al departamento de la calle Mimosa por sus propios medios antes de las 9 de la mañana cuando los
amigos comunes le tocaron a la puerta para avisarle del accidente de Viridiana. Silvia Pasquel llegó al servicio médico forense de la Ciudad de México a las 8:45 de la mañana del 25 de octubre de 1982. Una amiga de la familia, una vecina del fraccionamiento del pedregal de San Ángel, que pasaba por la avenida de las Torres rumbo al trabajo a las 6:20, había reconocido el Volkswagen Atlantic Blanco volcado al fondo del barranco.
Sabía que el auto era de Viridiana. Sabía que Silvia Pasquel y Viridiana eran hermanas y le había llamado a Silvia desde un teléfono público de una gasolinera cercana a las 7:10 de la mañana. Silvia Pasquel se vistió rápido, manejó hasta el servicio médico forense, pidió identificar el cuerpo de su media hermana menor y según el testimonio que ella misma iba a compartir años después con el periodista mexicano Gustavo Adolfo Infante, en una entrevista del programa de Primera Mano de Imagen
Televisión emitida en marzo de 2019, lo que vio sobre la mesa metálica del anfiteatro forense en aquellos minutos fue una imagen que no iba a poder borrar del recuerdo durante los siguientes 42 años de su vida. Silvia Pasquel vio el cuerpo de Viridiana cubierto con una sábana blanca.
vio que el médico forense, un hombre de unos 50 años con bigote gris, levantó la sábana solo hasta la altura del cuello. Vio la cara de Viridiana con los ojos cerrados, el lado derecho del asién deformado por el golpe y un hilo de sangre seca que bajaba por la mejilla hasta perderse en el cabello castaño.
Y vio, según el mismo testimonio que ella daría años después, las palabras que el médico forense le dijo después de confirmar la identificación. El médico le dijo, “Señora, hay algunos detalles del informe que conviene que la familia conozca antes de que se hagan públicos. ¿Quiere que hablemos en privado?” Silvia Pasquel asintió.
El médico forense la llevó a una oficina pequeña del anfiteatro. cerró la puerta, le explicó los detalles que iba a incluir en el informe oficial, le mostró las fibras textiles del lado izquierdo del cuerpo, le mostró la naturaleza del golpe en la 100 derecha y le hizo, según los testimonios indirectos que han circulado durante años en el medio periodístico mexicano, una pregunta específica que iba a marcar el silencio familiar de las siguientes cuatro décadas.
Le preguntó, “Señora, su hermana iba sola en el auto. ¿Está usted segura de eso? Silvia Pasquel no contestó esa pregunta. Le pidió al médico forense que mantuviera el informe en términos generales. Le pidió que no destacara las fibras textiles en el documento oficial que se entregaría a las autoridades del Ministerio Público.
Le pidió sobre todo que protegiera la memoria de Viridiana de cualquier escándalo público que pudiera mancharla en los días posteriores al velorio. El médico forense aceptó. anotó las fibras textiles en una nota lateral del informe que solo iba a circular dentro del archivo interno del servicio médico forense y entregó a las autoridades del Ministerio Público una versión simplificada del documento que atribuía la muerte de Viridiana exclusivamente al impacto contra el puente y a la caída al
barranco, sin mencionar los detalles adicionales que sugerían la posible presencia de otra persona en el vehículo. La decisión de Silvia Pasquel aquella mañana del 25 de octubre de 1982. Esa decisión tomada en una oficina pequeña del anfiteatro forense con el cuerpo de Viridiana todavía sobre la mesa metálica del cuarto contiguo, marcó el inicio del pacto familiar de silencio, que iba a durar exactamente 41 años, hasta que Alejandra Guzmán se atreviera a romper parcialmente en septiembre de 2023 a las
9 de la mañana del 25 de octubre. Silvia Pasquel llamó a su madre Silvia Pinal a la Casa de las Lomas de Chapultepec. Silvia contestó el teléfono creyendo que era una llamada profesional sobre la grabación de Mañana es primavera de aquella mañana. Silvia Pasquel le dijo las palabras textuales que iban a quedar grabadas en la memoria de Silvia Pinal hasta el último día de su vida en 2024.
Le dijo, “Mamá, ya la vi y está muerta.” Silvia Pinal soltó el auricular del teléfono, cayó al suelo de la sala, quedó inconsciente durante varios minutos. Cuando despertó, la primera frase que pronunció en voz alta, según los testimonios indirectos del personal doméstico de la Casa de las Lomas de Chapultepec, que estaba presente aquella mañana, fue una sola pregunta. preguntó por Jaime.
Preguntó dónde estaba el novio de Viridiana. preguntó si él también estaba muerto en el accidente. Silvia Pasquel, que llegó a la casa de las lomas alrededor de las 10 de la mañana después de salir del servicio médico forense, no le respondió esa pregunta de su madre con la verdad completa.
Le dijo que Jaime estaba bien. Le dijo que Jaime no había estado en el accidente. le dijo que Viridiana había salido sola del departamento de la calle Mimosa después de una pelea con su novio y le pidió a Silvia que no preguntara más en aquellas horas porque había que organizar el velorio, contactar a Gustavo a la triste en Acapulco, donde estaba pasando un fin de semana de trabajo, y notificar a los medios de comunicación antes de que la noticia se filtrara descontroladamente.
Silvia Pinal aceptó esa versión. La aceptó durante 42 años seguidos. La aceptó en cada entrevista pública. La aceptó en su libro autobiográfico Esta soy yo, publicado en 2015, donde dedicó un capítulo completo a la muerte de Viridiana, sin mencionar nunca las fibras textiles del informe forense ni las dudas sobre si había alguien más en el Volkswagen Atlantic Blanco aquella madrugada.
la aceptó hasta su propia muerte en noviembre de 2024. Pero según los testimonios indirectos que han circulado en el medio del periodismo de espectáculos mexicano en los últimos meses, Silvia Pinal sospechó durante las últimas dos décadas de su vida que la versión oficial no era completa. Sospechó que Silvia Pasquel le había ocultado información en aquella mañana del 25 de octubre y sospechó sobre todo que Jaime Garza había tenido una participación directa en los hechos que terminaron con la vida
de su hija favorita. Pero Silvia Pinal nunca confrontó a nadie con esas sospechas. No confrontó a Silvia Pasquel, no confrontó a Jaime Garza durante los 38 años que el actor sobrevivió a Viridiana. No confrontó a Gustavo a la triste durante los 26 años que el productor sobrevivió a su hija.
No confrontó a la prensa mexicana ni a los biógrafos que durante décadas le preguntaron sobre la pérdida de Viridiana. Silvia Pinal cargó esas sospechas en silencio. Las cargó durante 42 años y las cargó hasta el último día de su vida. Cuando Alejandra Guzmán pronunció finalmente las palabras del primero de septiembre de 2023 en el set de Ventaneando, Silvia Pinal estaba viendo el programa en vivo desde su cama del segundo piso de la Casa de las Lomas de Chapultepec. Tenía 92 años.
Llevaba meses con cuidados paliativos por una neumonía recurrente. Y según el testimonio que la propia Alejandra Guzmán iba a compartir meses después en otra entrevista, cuando ella terminó de pronunciar la frase sobre Jaime Garza, recibió en su teléfono móvil una llamada inmediata de su madre, Silvia Pinal.
Silvia no le preguntó nada. Silvia no la regañó por haberlo dicho. Silvia solo le pronunció dos palabras antes de colgar el teléfono. Le dijo, “Gracias, hija.” Esa fue la confirmación indirecta más cercana que Silvia Pinal pronunció en 42 años sobre lo que había pasado realmente la madrugada del 25 de octubre de 1982 en la Avenida de las Torres.
Una confirmación que ella nunca repitió en público. Una confirmación que ella nunca formalizó frente a periodistas ni biógrafos. Una confirmación que solo conoció Alejandra Guzmán hasta que la propia Silvia murió 14 meses después y la familia entera se dio cuenta de que la diva había sospechado durante décadas lo mismo que Alejandra había confirmado en cámara.
Al final, la historia de Viridiana a la triste no se cierra con la noche del 25 de octubre de 1982. No se cierra con la autopsia secreta del anfiteatro forense. No se cierra con la muerte de Jaime Garza en marzo de 2020 sin haber confesado nunca su participación en los hechos. No se cierra con la muerte de Silvia Pinal en noviembre de 2024 sin haber confrontado nunca la verdad completa.
Se cierra con una pregunta que la familia Pinal sigue sin querer responder oficialmente hasta hoy 2026. La pregunta de si Jaime Garza iba realmente dentro del Volkswagen Atlantic Blanco durante el momento del impacto contra el puente. La pregunta de si el actor escapó del vehículo antes de la caída al barranco, aprovechando que estaba sentado en el lado del copiloto.
La pregunta de si Jaime Garza dejó a Viridiana inconsciente o agonizante en el auto antes de huir caminando por la avenida de las Torres rumbo a la Ciudad de México. y la pregunta de si la versión oficial sostenida por Jaime durante los siguientes 38 años de su vida, esa versión donde él se quedaba dormido en el departamento de la calle Mimosa después de la pelea con Viridiana y solo se enteraba del accidente al día siguiente, era una farsa elaborada que el actor mantuvo frente al mundo hasta su último día. Si
esa farsa fue real, si Jaime Garza efectivamente abandonó a Viridiana en el lugar del accidente como Alejandra Guzmán, declaró frente a las cámaras de Ventaneando el primero de septiembre de 2023. Entonces, el actor mexicano que durante décadas fue tratado por la prensa de espectáculos como un viudo emocional eterno, fue en realidad un hombre que cargó durante 38 años una culpa que nunca tuvo el valor de confesar públicamente.
un hombre que vivió cada uno de sus días posteriores al 25 de octubre de 1982, sabiendo que había dejado morir a la mujer que descía haber amado más que a cualquier otra. Y un hombre que finalmente murió el 6 de marzo de 2020 por complicaciones de diabetes y amputación de pierna izquierda, sin haber respondido nunca a la pregunta que la familia Pinal había evitado formularle durante cuatro décadas seguidas.
Esa es la verdad asquerosa de la última noche de Viridiana a la Triste. La verdad que el cine de oro mexicano envolvió en silencio durante 42 años. La verdad de la autopsia secreta con fibras textiles masculinas que Silvia Pasquel le pidió al médico forense que se mantuviera fuera del documento oficial.
La verdad de la pelea entre dos novios la madrugada del 25 de octubre de 1982 en el departamento de la calle Mimosa de la colonia Florida. La verdad del Volkswagen Atlantic blanco que cayó a un barranco de la avenida de las Torres con dos personas adentro y solo una salió viva del impacto contra el puente.
Y la verdad de los 42 años de silencio familiar que Silvia Pinal cargó hasta su lecho de muerte en la Casa de las Lomas de Chapultepec. Viridiana Antonia la triste Pinal está enterrada en el panteón francés de la Ciudad de México. Su lápida tiene grabadas dos fechas 17 de enero de 1963. 25 de octubre de 1982, 19 años, 9 meses y 8 días de vida.
Una carrera que apenas empezaba a despegar con la nominación al premio Ariel por la seducción de Arturo Ripstein, una promesa actoral del cine de oro mexicano que se cerró en seco a las 5:47 de la mañana de un lunes de octubre, 44 años después de aquella muerte. El accidente de la avenida de las Torres sigue siendo el caso más debatido del cine de oro mexicano.
Las fibras textiles del informe forense siguen sin explicación oficial pública. Las palabras de Alejandra Guzmán de septiembre de 2023 siguen sin desmentido ni confirmación absoluta por parte de la familia Pinal. Y la pregunta de qué pasó realmente dentro del Volkswagen Atlantic Blanco durante los segundos previos al impacto contra el puente sigue siendo el secreto mejor guardado de la dinastía Pinal del último medio siglo.
Silvia Pinal se llevó ese secreto a la tumba el 28 de noviembre de 2024. Jaime Garza se lo llevó el 6 de marzo de 2020. Silvia Pasquel lo carga todavía a sus 76 años actuales y Alejandra Guzmán, que es la única que ha pronunciado fragmentos de la verdad en público, sigue evitando dar nombres específicos cuando los periodistas mexicanos le piden detalles concretos.
La autopsia secreta de Viridiana a la triste duerme en algún archivo del servicio médico forense de la ciudad de México con el sello de 44 años de antigüedad. Las fibras textiles color gris oscuro siguen ahí. esperando que algún periodista insistente, algún biógrafo nuevo, algún investigador de espectáculos del futuro logre finalmente obtener el documento completo y publicar lo que la familia Pinal protegió durante cuatro décadas.
Mientras tanto, la imagen de la joven actriz de 19 años con la 100 derecha hundida sobre la mesa metálica del anfiteatro forense queda como la última fotografía sin tomar de Viridiana Antonia a la triste Pinal, la favorita de Silvia Pinal, la hermana mayor de Alejandra Guzmán, la novia abandonada de Jaime Garza, la hija perdida del cine de oro mexicano que se llevó a la tumba todas las respuestas que la familia y México siguen esperando. No.
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