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Un “accidente” perfecto: La desgarradora confesión de un hijo por una herencia

Apoyando las manos en el marco de la ventana y mirando hacia abajo, el detective ladeó la cabeza. El barandal medía más de un metro de alto. Era demasiado alto para que una mujer adulta cayera por accidente. Además, no había nada frente a la ventana, ni una silla, ni un banco para subirse. El detective González examinó el piso buscando huellas, pero la alfombra estaba impecable.

No había ni una mota de polvo, como si alguien acabara de aspirar. Anotó en su libreta posible alteración y limpieza de la escena. Salió a la sala. Los sillones estaban en orden y sobre la mesa de centro había dos tazas de café. El café estaba frío y a la mitad. González revisó las tazas de cerca. Una tenía una marca de labial.

Parecía ser de la señora Carmen, pero la otra taza estaba limpia. Alguien había ido a la casa a tomar un café con ella. Esa noche fue a la cocina. El fregadero estaba limpio, los platos lavados y el trapo estaba completamente seco. Abrió el refrigerador, los recipientes con comida estaban perfectamente acomodados.

Era evidente que la señora Carmen era una mujer muy ordenada y metódica. Revisó la recámara. La cama estaba tendida y las cobijas dobladas. Parecía que la señora no se había ido a dormir esa noche. Al abrir el closet, la ropa estaba colgada en orden. Sobre la cómoda había portarretratos con fotos de sus nietos, pero encontró algo raro.

El cajón del tocador estaba medio abierto. Al abrirlo por completo, el detective vio unas chequeras y documentos bancarios. Parecía que alguien había revuelto el cajón porque los papeles estaban un poco arrugados. González llamó [carraspeo] a los peritos. En 1995, las técnicas forenses no eran tan sofisticadas como ahora.

Todo se limitaba a tomar fotos y levantar huellas dactilares. Los peritos buscaron huellas en el marco de la ventana, en el barandal y en las manijas de las puertas. Pero el resultado fue decepcionante. Solo encontraron las huellas de la señora Carmen. A las 8 de la mañana comenzó la necropsia. El médico forense del Semefo examinó el cuerpo.

La causa de muerte era clara. Traumatismo cráneoencefálico, estallamiento de vísceras por la caída. Pero no había otras lesiones, ni marcas de estrangulamiento en el cuello, ni moretones en el cuerpo. El forense ladeó la cabeza. Es extraño. No hay ningún rastro de que haya recibido un golpe antes de la caída.

revisó debajo de las uñas buscando marcas de defensa, pero no había nada. La señora Carmen no había forcejeado con nadie. El forense dio su conclusión final. No hay evidencia suficiente para considerarlo un homicidio. Las probabilidades apuntan a un suicidio o un accidente. El detective González asintió, pero en el fondo no se sentía.

Tranquilo, sabía que se le estaba escapando algo. A las 2 de la tarde, González citó a los tres hijos en la delegación. Primero en entrar fue Alejandro, el hijo mayor. Tenía 45 años y era empresario. Venía una pequeña compañía de importaciones. ¿Cuándo fue la última vez que vi? A su madre, le preguntó el detective. Alejandro lo pensó un momento antes de responder. Hace como 10 días.

Pasé a la casa a ver cómo estaba. Su voz era calmada. Más que tristeza, transmitía frialdad. ¿Cómo notó el estado de ánimo de su madre? Volvió a preguntar González. Alejandro negó con la cabeza, igual que siempre. Se reía mientras hablaba de sus nietos. Se limpió los ojos con un pañuelo, pero no se veía ni una sola lágrima.

El detective lanzó la pregunta clave. ¿Dónde estaba la noche del incidente? Alejandro contestó sin dudar. en mi casa. Vivo en Interlomas. Estaba dormido junto a mi esposa. Su cuartada era perfecta. Entró Roberto, el segundo hijo. Tenía 40 años y era oficinista en una empresa. Él se veía más afectado que su hermano. Tenía los ojos inyectados en sangre.

¿Cuándo fue la última vez que vio a su madre? Roberto respondió con voz temblorosa. Hace como dos semanas fui a pedirle algo de dinero. Fue honesto. No parecía tener intención de mentir. ¿Dónde estaba la noche del incidente? Roberto bajó la cabeza. Dormido en mi casa. Vivo en un departamento en la colonia del Valle.

Mi esposa es mi testigo. Él también tenía cuartada. Finalmente entró Elena, la hija menor. Tenía 38 años y estaba divorciada. criaba sola a sus dos hijos. Apenas entró a la sala de interrogatorios, rompió en llanto. “Mamá, mi mamá.” Su dolor se sentía genuino. El detective preguntó, “Contacto, ¿cuándo fue la última vez que vio a su madre?” Elena respondió entre sollozos. Hace tres días.

Fui a que me diera para el gasto. Ella siempre me ayudaba. Su voz estaba cargada de culpa. Y la noche del incidente, Elena negó con la cabeza. Estaba en mi casa, acosté a los niños y me dormí. Vivo en Talnepantra. Ella también tenía coartada. González les hizo la misma pregunta a los tres. ¿Conocían a cuántas cendía la fortuna de su madre? Los tres asintieron.

No tenían por qué ocultarlo. Alejandro respondió primero. Tenía una idea. Sabía que tenía propiedades en Polanco y unos ahorros en el banco. ¿Saben la cantidad exacta? Alejandro negó. No, eso no lo sé. Ella nunca nos lo dijo. Roberto y Elena dieron la misma respuesta. Sabían que su madre tenía mucho dinero, pero no conocían la cifra exacta.

Sin embargo, el detective González tuvo un presentimiento extraño. Los tres hijos estaban tristes, sí, pero parecía haber otra emoción oculta en ellos, especialmente en la mirada de Alejandro. Se sentía algo mucho más fuerte que la simple tristeza. Al terminar los interrogatorios, el detective empezó a investigar el patrimonio de la señora Carmen.

Solicitó registros bancarios y revisó en el registro público de la propiedad. Los resultados eran impresionantes. La mujer tenía tres departamentos de lujo en Polanco y Lomas de Chapultepec. En aquel entonces cada uno valía entre 3 y 5 millones de pesos. También revisó las cuentas bancarias. Tenía dinero en varios bancos que sumaban más de 15 millones de pesos.

Además, tenía acciones y bonos. En total, su fortuna superaba los 20 millones de pesos. Para 1995 era una cantidad exorbitante. González ladeó la cabeza. ¿Por qué moriría alguien con tanta riqueza? ¿Tenía algún motivo para suicidarse? Decidió investigar la situación económica de los tres hijos. Primero investigó a Alejandro.

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