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PIPINO CUEVAS : CONFESÓ QUE SU PROPIO ENTRENADOR LE DESTROZO LA VIDA

Fue en ese punto, durante el verano del 1971,  cuando un entrenador profesional de boxeo de la calle, Dr. Mora, apareció en el gimnasio de Tlatelolco para hablar con la madre del muchacho. El entrenador se llamaba Guadalupe Lupe Sánchez García. Tenía 47 años aquel verano.  Llevaba 20 años entrenando boxeadores profesionales mexicanos de los pesos welter y mediano.

Había sacado a tres campeones nacionales. Conocía perfectamente el negocio del boxeo profesional en el Distrito Federal en  Tijuana y en Las Vegas, y había visto al niño José Isabel Cuevas pegar el saco de arena del gimnasio de Tlatelolco. Una tarde por casualidad, mientras visitaba a un colega, Lupe Sánchez fue directamente  a la casa de la familia Cuevas Bueno.

Se sentó frente a Concepción Bueno y le ofreció un acuerdo profesional. El acuerdo era el siguiente. Lupe Sánchez  se haría cargo de toda la carrera profesional del menor de los Cuevas. le pagaría el equipo de entrenamiento, le buscaría los contratos, le manejaría las bolsas y a cambio se quedaría con el 40% de todo lo que el muchacho ganara durante los siguientes 10 años.

Concepción. Bueno, firmó el acuerdo. El padre Isabel Cuevas  firmó debajo y el muchacho José Isabel, con 14 años recién cumplidos y sin entender  del todo lo que estaba pasando, firmó al final del documento con una letra todavía infantil. A los pocos meses, el muchacho hizo su debut profesional.

Era el 5 de diciembre del 1971,  auditorio municipal de Tlatelolco, contra un boxeador mexicano de 22 años  llamado Ricardo Cortés. La pelea duró un asalto y 17 segundos. José Isabel Cuevas Bueno, ganó por knockout en el primer  round. Esa noche cobró su primera bolsa profesional, $50. Lupe Sánchez se quedó con 20.

El muchacho llegó a la casa de la vecindad de Tlatelolco con $30 en el bolsillo. Se los entregó a su madre Concepción. Y según contó él mismo décadas después en distintas entrevistas,  Concepción, Bueno lo abrazó esa noche en la cocina de la vivienda, le acarició la cabeza y le dijo una sola frase que el muchacho iba a recordar durante los siguientes  50 años.

le dijo, “Que no se te suba a la cabeza, mijo. El dinero no es bueno cuando llega muy rápido.” Esa frase de Concepción, bueno, pronunciada en la cocina de una vecindad de Tlatelolco  en diciembre del 1971, contenía toda la sabiduría que el muchacho iba a olvidar durante los siguientes 10 años.

una sabiduría que su madre había aprendido a base de pobreza, de turnos dobles en la tortillería, de hijos que no tuvieron juguetes nuevos, de navidades sin árbol y que el muchacho, que tenía 14 años recién cumplidos, con $50 en la bolsa  y un puño izquierdo que pegaba como martillo, iba a tirar a la basura antes de cumplir los 19.

Entre el 5 de diciembre del 1971 y el 17 de julio del 1976 pasaron exactamente  4 años, 7 meses y 12 días. En ese periodo, José Isabel Cuevas Bueno hizo 22 peleas profesionales, ganó 21, perdió una sola  en San Antonio, Texas, en el segundo combate fuera de México, por decisión dividida muy discutida contra un boxeador local llamado  Andy Price.

15 de las 21 victorias fueron por knockout. A los 15 años, el muchacho ya era el welter profesional más prometedor del Distrito  Federal. A los 16 ya peleaba en plazas de toros y en arenas profesionales de Monterrey, Guadalajara y Tijuana. A los 17, Lupe Sánchez consiguió lo que ningún apoderado mexicano había conseguido para un boxeador tan joven en la historia del peso welter.

Una pelea por el cinturón mundial de la Asociación Mundial de Boxeo. El contrincante sería el campeón vigente, el puertorriqueño Ángel  el caballero Espada, de 26 años de edad, con un récord profesional de 29 victorias  y dos derrotas y una experiencia de 12 años seguidos en el boxeo profesional.  El lugar de la pelea.

El coliseo Roberto Clemente de San Juan,  Puerto Rico. La fecha, 17 de julio del 1976.  La bolsa para el retador mexicano de 17 años, $150,000. Era  hasta esa fecha la bolsa más alta que un boxeador adolescente latinoamericano había  firmado en toda la historia del boxeo profesional moderno.

Y de esos $150,000,  según el contrato firmado 5 años antes en  la vecindad de Tlatelolco, 60,000 iban a parar directamente al bolsillo de Lupe Sánchez García, el muchacho de Tlatelolco, que 4 años antes había entregado a su madre los primeros $30 de su carrera profesional. viajaba ahora a San Juan, Puerto Rico, con la posibilidad de convertirse en el campeón mundial más joven de toda la historia del peso welter del boxeo profesional.

Lo que iba a pasar en ese cuadrilátero la noche del 17 de julio del 1976  iba a cambiar para siempre la historia del boxeo mexicano, pero también iba a marcar el inicio de la espiral  descendente más asquerosa que ningún campeón mundial mexicano había vivido en los siguientes 40  años.

Era sábado 17 de julio del 1976. Coliseo Roberto Clemente de San Juan, Puerto Rico. 11,400 personas pagaron entrada para ver la pelea estelar de la noche entre el campeón mundial welter de la Asociación Mundial de Boxeo,  Ángel Espada, y el retador mexicano de 17 años de edad, José Isabel Pipino Cuevas.

Bueno, a las 10:23 de la noche, el referí Tony Pérez  bajó el brazo derecho para iniciar el primer asalto. Espada salió del rincón rojo con el plan táctico que su equipo había diseñado durante seis semanas de entrenamiento. El plan consistía en utilizar su mayor alcance, su mayor experiencia y su mayor velocidad de pies para mantener al muchacho mexicano a distancia durante los primeros seis asaltos, cansarlo, frustrarlo y aprovechar los últimos seis asaltos para destrozarlo por puntos cuando el adolescente bajara el ritmo. El plan

funcionó durante el primer asalto. funcionó durante el primer minuto del segundo asalto  y dejó de funcionar exactamente a 1 minuto y 37 segundos del segundo asalto, cuando el campeón puertorriqueño cometió el error más caro de toda su carrera profesional.  Espada lanzó un jubo con la mano derecha.

El muchacho mexicano de 17 años bajó el cuerpo lateralmente, esquivó el japargó al mismo tiempo el gancho de izquierda que había aprendido a tirar a los 8 años de edad en el gimnasio de Tlatelolco. El gancho impactó la mandíbula derecha del campeón puertorriqueño.  Espada cayó hacia atrás como si lo hubieran fusilado desde la primera fila.

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