Tiene visión, decía el entrenador. Una palabra que seguiría a Paul. Visión en la cancha. Ninguna visión fuera de ella. A los 9 años, Paul entró a la cantera del Leabre, uno de los clubes formadores más importantes de Francia. Dos horas entrén desde su casa. Su madre lo llevaba a las 5 de la mañana, trabajaba, lo recogía a las 8 de la noche.
Nunca tuve infancia”, confesó Paulos después. Cuando otros niños jugaban en el parque, yo estaba en un tren, pero no se quejaba. Su madre sacrificaba todo. Él no iba a fallarle. En Leavre, Paul era una estrella. A los 12 años jugaba con chicos de 15. A los 13 los ojeadores europeos ya preguntaban por él y entonces llegó la primera traición.
2007, Paul tiene 14 años. Manchester United quiere ficharlo. Le abre, se niega. Es nuestro jugador, tiene contrato, pero Paul quiere ir. Manchester United, el club más grande de Inglaterra. la oportunidad de su vida. Su madre no sabe qué hacer. ¿Es legal esto? Los agentes le dicen, “Sí, confíe en nosotros.
” Paul firma se va a Inglaterra solo 14 años sin hablar inglés, sin conocer a nadie. Le abre denuncia al Manchester United a la FIFA. Nos robaron al jugador. La FIFA investiga, encuentra irregularidades, sanciona al Manchester United con una multa, pero Paul ya está en Inglaterra, ya no hay vuelta atrás.
Ese fue mi primer error, confesó años después. Confiar en gente que solo quería dinero. No aprendí la lección. Guarda eso. No aprendí la lección porque lo mismo pasaría 10 años después, pero con consecuencias mucho peores. Manchester 2007 a 2012, los años donde Paul Pogba se convirtió en promesa mundial.
En la academia del United Paul era imparable, no en el primer equipo todavía, en las categorías juveniles, pero todos sabían que llegaría. Alto, fuerte, técnico, visión de juego, pase largo, llegaba al área rival, defendía en su área, era completo. Es el centrocampista perfecto, decía el entrenador de la sub-19. Si no, la caga fuera de la cancha será de los mejores del mundo.
Fuera de la cancha, Paul vivía en una residencia con otros chicos de la cantera. compartía cuarto con un chico italiano. Se llamaba Moise. Moise Kean. Los dos se hicieron inseparables. Jugaban PlayStation hasta las 3 de la mañana. Comían pizza escondidos. Se saltaban entrenamientos de gimnasio. “Éramos niños”, dijo Moise años después.
Pero Paul era más niño que yo, confiaba en todo el mundo. En 2011, Paul debutó con el primer equipo, 19 años. Un partido de League Cup contra Leads entró en el segundo tiempo. Primera jugada, un pase de 40 met que encontró al delantero entre tres defensores. Segunda jugada, un robo en mitad de cancha que inició un contraataque.
Tercera jugada, un disparo desde fuera del área que dio en el poste. Old Trafford explotó. Es él. es el siguiente. Pero Sir Alex Ferguson, el entrenador legendario del United, no estaba convencido. Tiene talento, pero no tiene disciplina. Y rodeado de esos agentes, Ferguson intentó renovarle el contrato. Le ofreció un contrato juvenil con aumento progresivo.
Los agentes de Paul le dijeron, “No aceptes, mereces más.” Paul rechazó la oferta. Ferguson se enojó. Si no quieres estar aquí, vete. Y Paul se fue. 2012. Paul Pogba, libre, sin contrato, 19 años. La Juventus de Italia lo llamó. Te damos el primer equipo. Te pagamos bien. Ven. Paul aceptó sin pensarlo, sin consultar, solo dijo que sí.
En Manchester lo odiaron. traidor, mercenario, solo le importa el dinero. Pero Paul no fue por dinero, fue porque en Juventus le ofrecieron lo que en Manchester no. Jugar y vaya si jugó. Juventus 2012 a 2016, los años donde Paul Pogba se convirtió en estrella mundial. Primera temporada suplente.
Segunda temporada titular. Tercera temporada, Estrella. Cuarta temporada, el mejor centrocampista joven del planeta. Cuatro escudetos consecutivos. Dos finales de Champions, el mejor jugador de la serie A dos años seguidos. Paul se volvió icónico, no solo por su juego, por su estilo, los cortes de pelo locos, rubio, verde, azul, con diseños, con logos, los bailes después de los goles, el DAB, celebraciones coreografiadas, las redes sociales, millones de seguidores, fotos con raperos, con modelos, con
celebrities. Pogba no es solo un futbolista, decía la prensa italiana. Es una marca. Y tenían razón, pero había un problema. Paul no manejaba esa marca, sus agentes la manejaban. Mino Rayola, el agente más poderoso y controversial del fútbol, el hombre que movía millones en transferencias, el que peleaba con clubes, el que exigía comisiones astronómicas.
Rayola se convirtió en el representante de Paul en 2013. Yo te voy a hacer rico le prometió y cumplió pero a un precio. 2016 verano. Paul Pogba tenía 23 años, 4 años increíbles en Juventus y Manchester United queriendo recuperarlo. José Mourinho era el nuevo entrenador del United.
Quiero a Pogba, paguen lo que sea. La Juventus pidió 105 millones de euros. 105. El récord absoluto de la historia del fútbol en ese momento. Nadie había costado tanto. Nunca. Manchester United pagó sin pensarlo, 105 millones. Paul volvía a casa. El hijo pródigo regresando al United, la estrella mundial. Todo el mundo esperaba magia.
Lo que nadie esperaba era la pesadilla que vendría después. Pero antes de hablar de Manchester United, necesitas saber algo. En 2015, mientras Paul brillaba en Juventus, su hermano Matías estaba en Escocia jugando en clubes de tercera división, ganando 1000 € al mes, mismo apellido, misma familia, vidas completamente diferentes.
Batallas tenía 32 años. Había jugado en más de 20 clubes. Francia, Holanda, Inglaterra, Escocia, España. Nunca más de 6 meses en cada uno. No era malo, pero tampoco era bueno. Era promedio y en el fútbol promedio significa invisible. Mientras Paul ganaba 5 millones al año, Matías pedía prestado para pagar la renta.
Yo le enseñé a jugar, le dijo Matías a un periodista escocés en 2015. Sin mí no sería nada. La frase tenía resentimiento, envidia, amargura, pero también tenía algo de verdad. Matías sí le enseñó a jugar. Matías sí lo cuidó cuando era niño y ahora Matías lo veía en portadas de revistas, en comerciales, ganando en un mes lo que él no ganaba en su vida.
Paul cambió,” dijo Matías. Se olvidó de dónde viene. Era verdad. Depende a quien le preguntes. Paul mandaba dinero a su familia, pagaba la casa de su madre, ayudaba a sus hermanos, pero no tanto como ellos esperaban. “Le pedí 100,000 € para abrir un negocio”, confesó Matías años después. Me dijo que no. Paul tenía sus razones.
Si le doy dinero para todo, nunca va a aprender a trabajar. Suena razonable, suena maduro, pero para Matías sonó como traición. Y esa herida, ese resentimiento creció y creció y creció hasta que explotó con una pistola en la cabeza. La gloria y las sombras. Manchester United. Agosto de 2016.
Paul Pogba regresa después de 4 años, 105 millones de euros. El fichaje más caro de la historia. Todas las expectativas del mundo sobre sus hombros. Primera temporada irregular, buena, pero no espectacular. Segunda temporada, mejor, más goles, más asistencias, más madurez. Tercera temporada, campeón del mundo. 2018, Mundial de Rusia.
Paul Pogba tenía 25 años. Francia era favorita. Paul era titular indiscutible. Final contra Croacia 4 a 2, Francia campeón. Paul marcó un gol, un disparo desde fuera del área que se coló por abajo. El tercer gol, el que selló el partido cuando pitó el final. Paul se tiró al suelo, lloró, abrazó a su madre en las gradas, le gritó, “¡Lo logramos, mamá, lo logramos!” Era el momento más alto de su vida.
25 años, campeón del mundo, el fichaje más caro de la historia justificado. Todo el mundo lo amaba. Francia lo celebraba como héroe. Manchester lo adoraba. Pero detrás de las cámaras algo oscuro ya estaba gestándose. Esta es la primera revelación que te prometí al principio. La noche del secuestro, marzo de 2022. 4 años después del mundial.
Paul estaba en París visitando a su familia. Una noche salió a cenar con amigos de la infancia. Gente que conocía desde los 8 9 años. gente en la que confiaba completamente. Después de la cena, uno de ellos le dijo, “Ven conmigo a mi departamento. Quiero mostrarte algo.” Paul no sospechó nada. “Okay, vamos.” Llegaron al departamento, un edificio en el norte de París. Subieron al tercer piso.
Paul entró. Había cinco hombres esperando, hombres que no conocía. y su hermano Matías. “¿Qué pasa?”, preguntó Paul. Uno de los hombres sacó una pistola, un rifle de asalto, lo apuntó directamente a la cabeza de Paul. “Siéntate y no te muevas.” Durante 13 horas, Paul Pogba estuvo secuestrado en ese apartamento.
Cinco hombres armados, su hermano Matías y sus amigos de la infancia le dijeron que le debía dinero, que durante años había sido protegido por ellos, que había sido protegido por servicios especiales que él no sabía y que ahora tenía que pagar. 13 millones de euros. le dijeron, “O te matamos a ti y a tu familia.” Paul no entendía.
Protección, ¿de qué hablan? Entonces le explicaron. Durante años, desde que era famoso, un grupo de criminales de su barrio lo había estado protegiendo. Mantenían alejados a otros criminales, evitaban secuestros, evitaban extorsiones sin que Paul supiera. O eso decían ellos. Nunca les pedí nada, respondió Paul.
¿Por qué tendría que pagarles? Uno de los hombres le puso el arma en la 100. Porque si no, tu madre muere, tu esposa muere, tus hijos mueren. Paul se quedó en silencio mirando a su hermano. Matías, ayúdame. Matías no dijo nada, solo miró al suelo. Esa fue la traición más grande. No los extraños con armas.
su propio hermano, el que le enseñó a jugar, el que lo crió, sentado ahí sin decir nada, sin defenderlo. A las 5 de la mañana, después de 13 horas, lo dejaron ir. “Tienes dos semanas”, le dijeron. “1 millones o empezamos a matar.” Paul salió del apartamento temblando, sin saber qué hacer. No llamó a la policía. Todavía no, porque los secuestradores le dijeron, “Si hablas, tu familia muere primero.
” Pero necesitaba ayuda, necesitaba protección. Y entonces alguien le ofreció exactamente eso. Tres. Esta es la segunda revelación que te prometí al principio. El brujo que lo destruyó todo. Paul Pogba fue criado en una familia tradicional guineana. Su madre practicaba creencias de África occidental, no brujería, pero sí tradiciones espirituales.
En la cultura amandinga de Guinea, los marabuts son figuras religiosas, líderes espirituales, consejeros, algunos legítimos, otros estafadores. Después del secuestro, alguien le recomendó a Paul visitar a un marabot. Él puede protegerte espiritualmente. Los criminales no podrán tocarte. Paul, asustado, desesperado, aceptó.
El marabut se llamaba Ibrahimka. No se sabe su apellido completo, solo aparece como Ibrahim en los documentos judiciales. Ibrahim le prometió protección mágica, rituales que lo harían invisible para sus enemigos, conjuros que mantendrían segura a su familia. “Solo necesito que hagas exactamente lo que te digo”, le dijo Ibrahim.
Y Paul hizo todo, todo. Los rituales que Ibrahim le pedía eran extraños, perturbadores. Una noche, Paul tuvo que ir solo a un bosque cerca de su casa en Manchester a medianoche con una gallina viva. Tenía que sacrificarla mientras recitaba palabras en mandinga. Otra vez Ibrahim le pidió que trajera tierra de la tumba de su padre.
Paul voló a Guinea, fue al cementerio, cabó con sus propias manos, le pidió que llevara objetos personales de su familia, ropa de su esposa, juguetes de sus hijos. Esto es para protegerlos, le decía Ibrahim. Confía en mí. Y Paul confiaba porque estaba aterrado. Los secuestradores seguían amenazándolo.
Mensajes cada semana. ¿Dónde está el dinero? Tu tiempo se acaba. Vamos por tu familia. Paul les dio 2 millones como adelanto, esperando que lo dejaran en paz. No lo dejaron. Querían los 13 millones completos. E Ibrahim seguía cobrando. 50,000 € por ritual, 100,000 € por protección especial, 200,000 por un conjuro de invisibilidad.
En 6 meses, Paul le dio más de 300,000 € a Ibrahim y nada mejoraba. Las amenazas seguían, los mensajes seguían, el miedo seguía. Lo que Paul no sabía es que Ibrahim era parte de la extorsión desde el principio. Los mismos criminales que lo secuestraron le habían presentado a Ibrahim. Ve con él, él puede ayudarte.
Era una trampa perfecta. Paul pagaba a los extorsionadores y pagaba al brujo. Y el brujo les daba parte del dinero a los extorsionadores. Paul estaba siendo exprimido por todos lados y no tenía idea. Hasta que su agente se dio cuenta, Rafaela Pimenta, la agente que había reemplazado a Mino Rayola después de su muerte en 2022.
Pimenta notó los movimientos de dinero extraños en las cuentas de Paul. ¿A dónde va todo este dinero?, le preguntó. Paul confesó todo. El secuestro, las amenazas, el brujo, los pagos. Pimenta casi explota. ¿Por qué no me dijiste? ¿Por qué no llamaste a la policía? Porque van a matar a mi familia, Paul.
Estas personas no van a parar. Aunque les des los 13 millones, van a pedir más. Esto nunca se acaba. Paul lloró. Por primera vez admitió que necesitaba ayuda real. No magia. Ayuda. Julio de 2022. Paul finalmente fue a la policía francesa. Presentó denuncia. Nombre de los secuestradores, no nombre del brujo, nombre de sus amigos de la infancia.
y el nombre de su hermano Matías. La policía inició una investigación. Interceptaron teléfonos, grabaron conversaciones, consiguieron pruebas. Los cinco hombres armados fueron arrestados. Los amigos de Paul fueron arrestados. Ibrahim el brujo, fue arrestado, pero Matías no. Matías estaba en el extranjero y antes de que pudieran arrestarlo hizo algo que nadie esperaba.
Publicó un video. Agosto de 2022, Matías Pogba publicó un video en redes sociales, en francés, inglés y español para que todo el mundo lo entendiera. Voy a contar la verdad sobre mi hermano Paul. decía, “Van a descubrir cosas que los van a sorprender.” El mundo del fútbol se detuvo. ¿Qué estaba pasando? Matías acusó a Paul de haber contratado a un brujo para hacerle daño a Kilian Mbappé. Sí, Kilian Mbappé.
Paul estaba celoso de Mbappé, dijo Matas. Pagó a un marabud para lanzarle maldiciones, para que se lesionara, para que jugara mal. Mi hermano es un hipócrita. El video se volvió viral. Millones de vistas, miles de memes. Las noticias lo replicaron en todos lados. Pogba intentó hacerle brujería a Mbappé.
Sonaba ridículo, absurdo, como una película mala. Pero Matías tenía algo de razón. Paul sí había visitado a un brujo. Paul sí había pagado por rituales. Lo que Matías no dijo es por qué. No mencionó el secuestro, no mencionó las amenazas, no mencionó la pistola en la cabeza, solo destruyó la imagen de su hermano públicamente.
Esta es la cuarta revelación que te prometí al principio, la traición que lo rompió. ¿Por qué Matías hizo eso? ¿Por qué destruyó públicamente a su hermano? La respuesta es simple y oscura, porque la policía ya estaba investigando, los secuestradores ya estaban arrestados. Matías sabía que lo iban a agarrar.
Entonces decidió atacar primero, cambiar la narrativa, hacer que Paul pareciera el villano. Yo solo estaba protegiéndome de mi hermano que hace brujería. Era una mentira, una manipulación, una traición absoluta, pero funcionó parcialmente. Durante semanas los titulares no fueron. Pogba fue secuestrado y extorsionado.
Fueron. Pogba intentó hacer brujería contra Mbappé. La imagen de Paul quedó destruida. Aunque después se probó que las acusaciones de Matías eran falsas, el daño ya estaba hecho. La gente no recuerda la verdad, recuerda los titulares. Septiembre de 2022. Un mes después del video de Matías, Paul dio una entrevista, rompió el silencio, contó todo, el secuestro, las 13 horas con armas en la cabeza, los 13 millones que le exigieron, su hermano sentado ahí sin defenderlo.
“Matías es mi hermano”, dijo Paul con lágrimas en los ojos. “Lo quiero, pero me traicionó y eso no se lo voy a perdonar nunca.” La opinión pública cambió un poco. Algunos le creyeron, otros pensaron que estaba mintiendo para victimizarse, pero lo peor aún no había llegado.
Porque dos semanas después de esa entrevista, Paul Pogba dio positivo por dopaje. La caída. Esta es la tercera revelación que te prometí al principio. El dopaje que nadie esperaba. 20 de septiembre de 2022. Paul Pogba jugaba para la Juventus. Había regresado a Italia después de 6 años en Manchester. Partido contra Udinese. Pogba no jugó.
Estaba en el banquillo suplente no utilizado. Después del partido, control antidopaje, aleatorio, rutinario, le tocó a Pogba. Orinó en el frasco, firmó los papeles, se fue a casa. 30 días después recibió una llamada de la Juventus. Paul, tenemos un problema. Tu muestra dio positivo. Testosterona, Deidroepiandrosona, DHEA, una sustancia prohibida.
DHA es una hormona que el cuerpo produce naturalmente, pero también se puede tomar como suplemento y está prohibida por la Guada, la agencia mundial antidopaje. ¿Por qué está prohibida? Porque aumenta la testosterona, lo que puede mejorar la masa muscular, la resistencia, la recuperación, en otras palabras, dopaje.
Paul no lo podía creer. Eso es imposible. Yo no tomé nada. Bueno, le dijeron, está en tu cuerpo y eso significa suspensión automática. 11 de octubre de 2022. Paul Pogba fue suspendido preventivamente. No podía jugar. No podía entrenar con el equipo. Nada. Mientras se investigaba, mientras se procesaban las contramuestras, mientras se abría el caso, Paul estaba fuera.
Y el mundo del fútbol explotó otra vez. Pogba dopado. La carrera de Pogba termina. Otro caso de trampa en el fútbol. Pero aquí está lo raro, lo que no cuadra. Paul Pogba ganaba 8 millones de euros al año. Era una estrella mundial. Había ganado un mundial. Había jugado en los mejores clubes del mundo. ¿Por qué demonios se doparía con una sustancia tan básica, tan detectable, tan estúpida? No tenía sentido.
Paul contrató a los mejores abogados del deporte, expertos en dopaje, científicos, nutriólogos. Necesitamos encontrar de dónde salió eso. La defensa de Paul fue directa. Yo tomé un suplemento que un médico me recomendó. Me dijo que era natural, legal, seguro. ¿Qué médico? Ibrahim K. El mismo brujo que le había estado cobrando 300,000 € por protección mágica.
Resulta que Ibrahim no solo hacía rituales espirituales, también se hacía pasar por especialista en medicina tradicional africana. le había dado a Paul serie de suplementos. Esto es para fortalecerte, para proteger tu cuerpo. Ingredientes naturales de Guinea. Paul, ingenuo, confiado, aterrado por las amenazas que todavía recibía, los tomó sin preguntar.
Uno de esos suplementos contenía DHA sin que Paul supiera. Ibrahim lo hizo a propósito. Los investigadores dicen que sí. que era parte del plan, hacer que Paul dependiera cada vez más de él, hacer que su carrera se arruinara si dejaba de pagar. Era control, manipulación, destrucción psicológica. Pero la Guada y la Federación Italiana no les importaban las excusas.
Usted es responsable de lo que entra en su cuerpo. No importa a quién se lo dio, no importa si no sabía, la responsabilidad es suya. Es la regla del deporte, estricta, absoluta, sin excepciones. Febrero de 2023. Paul Pogba fue suspendido 4 años. Cuatro. De los Tensas 29 a los 33.
Los años más productivos de su carrera. Desaparecidos. “Mi vida se acabó”, dijo Paul en una entrevista. “Mi carrera se acabó. Todo por confiar en la persona equivocada. La Juventus rescindió su contrato sin pagar un euro. Cláusula por dopaje. Francia lo borró de la selección sin discusión. Marcas que lo patrocinaban cancelaron contratos.

Adidas, Pepsi, EA Sports, todos. En 6 meses, Paul Pogba pasó de estrella mundial a paria del fútbol. Mientras tanto, el caso judicial seguía. Los cinco secuestradores fueron condenados entre tres y 8 años de cárcel cada uno. Los amigos de la infancia de Paul fueron condenados entre dos y 6 años. Ibrahim el brujo fue condenado a 5 años por extorsión, fraude y suministro de sustancias ilegales.
Y Matías, Matías fue arrestado en septiembre de 2022, extraditado a Francia, acusado de extorsión y participación en secuestro. El juicio comenzó en noviembre de 2023. Matías se declaró inocente. Yo solo estaba ahí. No hice nada. No toqué a mi hermano. No lo amenacé. Técnicamente tenía razón. Matías no había puesto el arma.
No había pedido dinero directamente, solo había estado sentado ahí en silencio, mientras otros lo hacían. Pero su silencio era culpabilidad, su presencia era complicidad. ¿Por qué no defendiste a tu hermano?”, le preguntó el juez. Matías no respondió, solo miraba al suelo. Durante el juicio salieron detalles que nunca se habían hecho públicos.
Los mensajes de texto que Matías le mandaba a Paul antes del secuestro. “Necesitamos hablar. Es urgente. Es sobre mamá. Tienes que venir. Paul vino porque pensaba que algo le había pasado a su madre. Esa fue la trampa. Los audios donde Matías hablaba con los secuestradores días antes, planeando, coordinando.
Yo lo llevo decía Matías en uno de los audios. Ustedes hagan lo suyo, pero no lo lastimen. Es mi hermano. No lo lastimen, pero sí lo aterroricen. Si le pongan un arma en la cabeza, sí amenacen a su familia. Es mi hermano. Esa frase en ese audio. Paul la escuchó en el juicio y se quebró.
Matías me crió, dijo Paul en su testimonio. La voz temblando, las manos apretadas. Cuando papá no estaba, Matías era papá. Cuando no teníamos comida, Matías compartía la suya conmigo. Cuando otros niños se burlaban de mí, Matías los enfrentaba. Yo lo amaba, lo amo, siempre lo voy a amar. Pero me traicionó, me puso en esa situación y cuando tuve miedo, cuando les pedí ayuda, se quedó callado.
Y después, cuando fui a la policía, cuando intenté salvarme, él hizo ese video, me destruyó públicamente, le dijo al mundo que yo era un brujo, un mal hermano, un monstruo. ¿Por qué? Por dinero, por envidia. Paul miraba a Matías. Matías no levantaba la vista. No te reconozco dijo Paul.
El Matías que yo conocía murió o nunca existió. Marzo de 2024. El veredicto. Matías Pogba fue declarado culpable. Participación en extorsión. Complicidad en secuestro. 3 años de prisión con posibilidad de libertad condicional después de 18 meses. Madías no reaccionó, no lloró, no gritó, solo se lo llevaron.
Paul estaba en la sala, vio como se llevaban a su hermano esposado, caminando entre policías. Matías volteó una vez, miró a Paul por un segundo, solo un segundo. Paul no sabe que vio en esos ojos. Arrepentimiento, odio, nada. No lo sé, confesó después. Y creo que nunca lo voy a saber. Mientras Matías entraba a prisión, Paul seguía suspendido.
Su apelación contra la suspensión de 4 años había sido rechazada. El tribunal de arbitraje deportivo confirmó la sanción. La ignorancia no es defensa. Usted es responsable. Las mismas palabras que le dijeron a Ronaldinho en Paraguay, las mismas palabras que le han dicho a cientos de atletas, el sistema es implacable.
No le importan las excusas, no le importan las circunstancias. Dopaje es dopaje. 4 años. Fin. Pero en octubre de 2024 algo cambió. Nuevas pruebas salieron a la luz. Análisis más profundos del suplemento que Ibrahim le había dado a Paul. Testimonios de otros clientes de Ibrahim que también habían consumido ese suplemento sin saber lo que contía.
Los abogados de Paul presentaron una nueva apelación. Mi cliente fue envenenado intencionalmente. No fue negligencia, fue sabotaje. El tribunal aceptó revisar el caso nuevamente y en marzo de 2025 redujeron la suspensión de 4 años a 18 meses. No era libertad, pero era esperanza. Paul podría volver a jugar en septiembre de 2025 a los 32 años.
No en su mejor momento, pero todavía con tiempo. No sé si voy a volver, confesó Paul en una entrevista en abril de 2025. Parte de mí quiere hacerlo. Demostrar que no soy lo que dicen, que no soy un tramposo, que no soy un brujo, que no soy un monstruo. Pero otra parte de mí solo quiere paz.
estar con mi familia, olvidarme del fútbol, olvidarme de todo. He perdido 3 años, tres años de mi vida por confiar en las personas equivocadas, por firmar cosas sin leer, por aceptar cosas sin preguntar, por creer que la gente me quería por mí, no por mi dinero. frase, la misma que dijo Ronaldinho diferentes personas, diferentes países, diferentes situaciones, pero la misma lección aprendida de la peor manera posible.
El desenlace mayo de 2025, Paul Pogba tiene 32 años. Vive en Miami, lejos de Europa, lejos de Francia, lejos de todo. Su esposa Sulay y sus dos hijos están con él. Rodeados de seguridad privada, 24 horas, 7 días a la semana. Todavía tengo miedo, admitió Paul.
Todavía reviso por encima del hombro. Todavía pienso que alguien me está siguiendo. El trauma del secuestro no se va. Aunque los criminales estén en prisión, aunque el brujo esté encerrado, aunque Matías esté cumpliendo condena, el miedo se queda. En junio de 2025, Paul anunció que volvería a jugar. No, en Europa, en Estados Unidos, la MLS, un club todavía sin confirmar, pero llegaría.
No vuelvo por la gloria”, dijo. No vuelvo por el dinero. Vuelvo porque el fútbol es lo único que me hace sentir yo mismo. Cuando estoy en la cancha no pienso en Matías, no pienso en el secuestro, no pienso en el dopaje, solo juego. Y eso es lo único que sé hacer. Pero hay algo que Paul hizo antes de volver, algo que nadie esperaba.
visitó a su madre. Jeo Moriva vive en una casa que Paol le compró en las afueras de París. Sola. Sus otros hijos la visitan. Pero ya no es lo mismo. Paul había visto desde el juicio, casi dos años, porque no podía, porque cada vez que la veía recordaba. Recordaba a Matías de niño, cargando a Paul en sus hombros.
Recordaba las Navidades sin regalos, pero con la familia junta. Recordaba cuando eran pobres, pero felices, antes de que el dinero lo arruinara todo. Paul se sentó con su madre en la cocina, la misma mesa donde comían arroz y frijoles cuando no había otra cosa. ¿Cómo está Matías?, preguntó Paul.
Su madre empezó a llorar. No lo sé. No me deja visitarlo. Matías había cortado contacto con toda la familia desde la prisión. No respondía cartas, no aceptaba llamadas. Nada. Sigue enojado dijo Jeo. Enojado contigo, enojado con el mundo, enojado con su vida. Y yo tengo que sentir lástima, respondió Paul.
La voz dura después de lo que me hizo. No, dijo su madre. No tienes que sentir nada, pero él sigue siendo tu hermano. Paul negó con la cabeza. No, mi hermano murió la noche que se quedó callado mientras me ponían un arma en la cabeza. El que está en prisión es un extraño. Su madre le contó algo esa tarde, algo que Paul no sabía.
Dos semanas antes del secuestro, Matías había ido a verla. Le pidió dinero, 50,000 € ¿Para qué?, le preguntó Jeo. Tengo deudas, gente mala. Si no pago, me van a matar. Jeo llamó a Paul. Tu hermano necesita ayuda. Paul dijo que no. Matías siempre necesita ayuda. Siempre tiene deudas. Siempre tiene problemas.
Ya le di dinero 1000 veces, no más. Matías se enojó. Él tiene millones y no me puede dar 50,000. No es que no pueda, le dijo su madre. Es que no quiere porque piensa que nunca vas a aprender. Matías salió de la casa sin despedirse, enojado. Dos semanas después, Paul estaba secuestrado. Entonces, el secuestro fue por eso, preguntó Paul.
¿Por qué no le di 50,000 €? No lo sé, respondió su madre. Pero Matías estaba desesperado y gente desesperada hace cosas horribles. Paul se quedó en silencio procesando. ¿Cambiaría algo si hubiera dado ese dinero? ¿O Matías hubiera vuelto a pedir más? No lo sabe. Nunca lo va a saber. Matías me culpa a mí, dijo Paul. Pero yo también lo culpo a él.
Yo le enseñé a confiar en mí y me traicionó. Él me enseñó a jugar fútbol y yo me olvidé de él. Los dos nos fallamos. Julio de 2025, un mes antes de que termine su suspensión, Paul publicó un comunicado en Instagram en francés, inglés y español. Quiero hablarles de algo que me cuesta mucho admitir. Durante años fui ingenuo.
Confié en las personas equivocadas. Firmé cosas sin leer, acepté consejos sin investigar y pagué el precio. Me secuestraron, me extorsionaron, me doparon sin saberlo y mi propia familia participó en destruirme. Pero también soy responsable porque pude haber dicho o no, pude haber preguntado, pude haber sido más cuidadoso.
No soy una víctima. Soy un hombre que cometió errores, grandes errores, y estoy pagando por ellos, pero no voy a dejar que esos errores me definan. El mensaje terminaba con una foto. Paul de niño con Matías, los dos con camisetas rotas y una pelota vieja, los dos sonriendo. Septiembre de 2025.
Paul Pogba vuelve al fútbol. Firma con Inter Miami, el mismo equipo donde jugó Messi, donde juega Busquets, donde juega Suárez. No es el mejor club del mundo, no es la Champions League, no es el Manchester United, pero es fútbol y eso es suficiente. Su primer partido es contra New York Red Bulls. Entra en el segundo tiempo.
Minuto 63, el estadio explota. 25,000 personas gritando su nombre. Pogba. Pogba, Pogba. Primera jugada. Un pase largo de 50 m que encuentra a un delantero en carrera. Segunda jugada, un robo en mitad de cancha que inicia un contraataque. Tercera jugada, un disparo desde fuera del área que se va por centímetros. La magia sigue ahí, oxidada, lenta, pero ahí cuando sale del partido, minuto 85, las 25,000 personas se levantan.
Aplausos, ovación. Paul levanta la mano, agradece y sale en el túnel solo se queda parado. Respira profundo y llora, no de tristeza, de alivio. Volví, piensa. Después de todo, volví. Pero Paul sabe algo que el público no sabe. Nunca va a ser el mismo. 3 años fuera del fútbol, 3 años de trauma, 3 años de pesadillas, eso no se recupera.
No completamente. Sus piernas son más lentas, su mente está más pesada. Su corazón tiene cicatrices que no se ven. No voy a ganar otro mundial, admitió en una entrevista después de su regreso. No voy a volver a ser el jugador más caro del mundo. No voy a estar en las portadas.

Pero eso está bien, porque ahora sé lo que importa. Importa estar vivo, importa estar libre, importa estar con mi familia. El fútbol es solo fútbol, la vida es más grande. Diciembre de 2025, tr meses después de su regreso, Paul recibe una carta desde Francia, de la prisión. Es de Matías. Paul no la abre durante una semana, la tiene en su escritorio, la mira todos los días, pero no la toca hasta que finalmente lo hace.
La carta dice, “Paul, sé que no tengo derecho a escribirte. Sé que no merezco tu perdón, pero necesito que sepas algo. Lo que hice fue imperdonable. Sé que te lastimé, sé que te traicioné y voy a cargar con eso el resto de mi vida. Pero quiero que entiendas por qué lo hice. Tenía envidia, tanta envidia que me estaba comiendo por dentro.
Te veía en la tele, te veía en los comerciales, te veía viviendo la vida que yo quería y yo estaba en Escocia jugando en canchas de tercera división. ganando nada, siendo nadie. Te culpaba. Pensaba que te habías olvidado de mí. Pensaba que ya no te importaba, pero la verdad es que tenía miedo. Miedo de pedirte ayuda.
Miedo de admitir que había fallado. Miedo de ser siempre el hermano de Paul Pogba. Cuando esos hombres me ofrecieron dinero para llevarte a ese apartamento, dije que sí. No porque te odiara. porque me odiaba a mí. Pensé que si te quitaba dinero, finalmente seríamos iguales. Finalmente serías tú el que necesitaba algo de mí.
Pero no funcionó así. Solo te lastimé y me lastimé a mí. No te pido perdón porque no lo merezco. Solo quiero que sepas que el hermano que conocías cuando éramos niños todavía existe. Está enterrado bajo años de resentimiento y mala decisiones, pero existe. Y si algún día puedes verlo otra vez, aunque sea por un segundo, yo voy a estar bien. Te amo, hermano.
Siempre te voy a amar. Matías. Paul leyó la carta tres veces, lloró las tres veces. No porque perdonara a Matías, todavía no puede, tal vez nunca pueda, pero porque entendió algo. Matías también era una víctima. No de criminales, no de brujos, de sí mismo, de su envidia, de su orgullo, de su incapacidad de pedir ayuda sin sentirse menos.
Todos somos víctimas de algo, dijo Paul después. La diferencia es que hacemos con eso. Matías eligió destruirme. Yo elegí sobrevivir. Enero de 2026. Paul tiene 33 años. Juega en Miami. Vive tranquilo. Está reconstruyendo su vida. Su suspensión terminó. Su nombre se está limpiando lentamente. Los clubes europeos empiezan a llamar otra vez.
¿Querés volver? Paul no sabe. Todavía no. Un día a la vez dice, “Eso es todo lo que puedo hacer.” Su madre le preguntó, “¿Vas a visitar a Matías cuando salga?” Matías saldrá en libertad condicional en 6 meses, 18 meses cumplidos. Buen comportamiento. No lo sé, respondió Paul. Pregúntame en 6 meses, pero hay algo que sí sabe, algo que aprendió de la peor manera posible.
No puedes salvar a la gente que no quiere ser salvada y no puedes confiar en gente solo porque comparten tu sangre. La familia no es solo sangre, es lealtad, es confianza, es estar ahí cuando todo se derrumba. Y en eso Matías dejó de ser mi familia. Paul Pogba, campeón del mundo, el fichaje más caro de la historia, la víctima de la traición más oscura.
A los 33 años está reconstruyendo, no su carrera. Eso ya pasó. Su vida. Aprendió lo que Ronaldinho aprendió, lo que tantos otros aprendieron tarde. El dinero va y viene, la fama va y viene, los trofeos quedan en vitrinas, pero la gente que pones a tu alrededor, la gente en la que confías, esa gente define tu vida y si eliges mal, puedes tenerlo todo y perderlo todo en una noche.
Una noche en un apartamento de París con cinco hombres armados, un brujo manipulador, unos amigos traidores y tu hermano sentado en silencio mientras te apuntan con un arma en la cabeza. Hoy Paul Pogba sonríe menos que antes, habla menos que antes. Tú confía menos que antes. Perdí mi inocencia, dijo.
Perdí esa parte de mí que creía que todo el mundo era bueno. Pero gané algo más. Gané claridad, gané fuerza, gané la capacidad de decir no y gané la libertad de saber quién soy sin el fútbol. Porque Paul Pogba ya no es solo el futbolista. es el sobreviviente, el hombre que fue secuestrado por su propia familia y decidió seguir adelante.
El hombre que fue envenenado por un brujo y decidió limpiar su nombre. El hombre que fue traicionado por su hermano y decidió no convertirse en él. Esa es la verdadera historia de Paul Pogba. No los goles, no las transferencias, no los títulos, la historia de cómo un campeón del mundo cayó al infierno y decidió salir caminando.
Si la historia de Paul Pogba te enseñó algo que no sabías, si ahora entiendes por qué su hermano lo traicionó, si ahora ves al hombre detrás del jugador, entonces haz algo por mí. Dale like a este video, suscríbete al canal, no por mí, por Paul, para que su historia completa, no solo los titulares, llegue a más personas.
Para que la próxima vez que alguien diga Pogba el dopado, alguien más pueda decir, “No, Pogba, el sobreviviente, porque todos podemos caer.” La pregunta es, ¿te levantas o dejas que la caída te defina? Paul se levantó. con cicatrices, con miedo, con dolor, pero se levantó y sigue jugando.