popular de los 90s. Durante más de dos décadas, Paco Stanley fue figura central de Televisa, la empresa que durante esas décadas tenía el monopolio efectivo de la televisión mexicana, el espacio donde los conductores que tenían éxito construían carreras de décadas. Y entonces, en 1997 murió Emilio Azcárraga Milmo, el tigre Azcárraga, el dueño de Televisa que había manejado la empresa con la combinación de poder absoluto y relaciones personales que caracterizó esa era de la televisora. El tigre era
de la generación de Paco Stanley. Lo conocía. Tenía con él la relación que las figuras del espectáculo de larga trayectoria tienen con el dueño de la empresa, cuando el dueño es alguien con quien han trabajado durante décadas. Cuando murió Azcárraga Milmo, Televisa pasó al control de Emilio Azcarraga Jin, su hijo.
La generación cambió, los criterios cambiaron, la manera en que la empresa trataba a las figuras de la generación anterior cambió también. Paco Stanley sintió ese cambio en la piel. Lo describió en entrevistas como el trato que la empresa le daba después de la muerte del tigre. Diferente, más distante, sin el tipo de respeto que la generación anterior le había dado.
En diciembre de 1998, Paco Stanley dejó Televisa. Se fue a TV Azteca, la empresa competidora que en los 90s había nacido del proceso de privatización de la televisión estatal mexicana y que ahora competía con Televisa por el público de la televisión abierta. TV Azteca le ofreció a Paco Stanley lo que Televisa ya no le daba.
El respeto, la libertad creativa, los recursos para hacer el programa que él quería hacer. El programa fue una tras otra. el matutino de TV Azteca que Paco condujo junto con Benito Castro y con Mario Besares, su inseparableito. Y 6 meses después, el 7 de junio de 1999, las 36 ráfagas en el periférico sur. Antes de seguir quiero preguntarte algo.
Paco Stanley se cambió de Televisa a TV Azteca en diciembre de 1998. 6 meses después lo mataron. ¿Crees que esa coincidencia es solo coincidencia? ¿O crees que hay algo más que el caso oficial nunca terminó de explicar? Escríbeme en los comentarios lo que piensas. Las teorías sobre este caso llevan 26 años circulando.
El 7 de junio de 1999, era lunes. Paco Stanley estaba en su programa matutino Una tras otra en TV Azteca, como todos los días. Después del programa, Paco fue al restaurante El Charco de las Ranas en el periférico sur de la Ciudad de México. Lo acompañaban Jorge Gil, su productor, Mario Besares, su compañero y otras personas del entorno del programa.
A la 1:30 de la tarde, después de la comida, Paco salió del restaurante para subir a su camioneta. Lo acompañaba Jorge Gill. Mario Besares no estaba con ellos. Besares se había ido al baño minutos antes. Cuando Paco y Jorge llegaron a la camioneta, los sicarios que los esperaban abrieron fuego. 36 ráfagas, 29 impactos en el vehículo, cuatro balas en la cabeza de Paco Stanley.
Jorge Hill sobrevivió herido. Una bala perdida mató a un comensal que estaba cerca del lugar. Paco Stanley murió en el lugar prácticamente al instante por los impactos en la cabeza. A la 1:30 de la tarde en el periférico sur, en pleno día, en una de las avenidas más transitadas de la Ciudad de México, Mario Besares salió del baño y se encontró con lo que se encontró.
La descripción que después dio besares de ese momento es la de alguien que entra al lugar del crimen segundos después de que ocurrió y que se enfrenta con la imagen del compañero muerto. Y en las semanas siguientes las sospechas empezaron a apuntar hacia él. Las primeras versiones que circularon en los medios mexicanos en las semanas posteriores al asesinato apuntaban al narcotráfico.
La teoría era esta. Paco Stanley consumía o vendía drogas. tenía deudas con narcotraficantes. Esas deudas produjeron la decisión de matarlo. La teoría tenía evidencia que la sostenía. La principal era el video que ya mencionamos al principio, el de la bolsita de cocaína que se le cayó a Mario Besares en pleno programa en vivo en Televisa antes de la salida de Paco.
Ese video existe, está disponible, cualquier persona puede verlo. La bolsita transparente que cae de la ropa de besar es cuando este se tira al piso bailando. Y la cara nerviosa de Paco cuando besar es se la entrega. Si esa bolsita era cocaína y todo indica que lo era. Eso significaba que el círculo más cercano a Paco Stanley estaba en contacto con esa droga.
Y el contexto de los narcotraficantes en deuda construye la teoría completa de por qué alguien podría haber ordenado el asesinato. A las semanas del crimen, las investigaciones empezaron a apuntar hacia Mario Besares y hacia Paola Durante, la EDECAN del programa que estaba en ese momento sentimentalmente involucrada con Besares.
La hipótesis específica fue esta. Besares había sido el que había puesto a Paco Stanley en el lugar y la hora del crimen, sabiendo lo que iba a ocurrir. Paola Durante había facilitado los contactos con los sicarios. La razón. Deudas o conflictos con el cartel de los Amescua. Los líderes del cartel de Colima conocidos como los reyes de las metanfetaminas.
Las detenciones llegaron rápido. Besares fue arraigado el 22 de junio de 1999, 15 días después del crimen, bajo el argumento de que había contradicciones en sus testimonios y que estaba intentando salir del país. Besares argumentó que su viaje era a vacaciones familiares. El 2 de septiembre de 1999 se dictó auto de formal prisión contra Besares, Paola Durante, Erasmo Pérez Garnica, alias El Cholo, José Luis Rosendo Martínez y otras personas.
cargos, ser autores intelectuales del asesinato. Y ahí empezó el proceso que duraría más de un año. Aquí quiero hacerte una pausa. Mario Besares y Paola durante pasaron un año y medio en prisión bajo la acusación de haber organizado el asesinato de Paco Stanley, su mejor amigo y su jefe.
¿Crees que un compañero de programa, alguien con quien trabajas todos los días, podría organizar tu asesinato? Y si la respuesta es sí, ¿crees que esos dos fueron los que lo hicieron? ¿O piensas que eran las cabezas de turco? Escríbeme en los comentarios. El año y medio de prisión de Mario Besares y Paola Durante es el periodo en el que el caso de Paco Stanley se convirtió en uno de los más cubiertos de la historia mediática mexicana.
Las páginas de los periódicos durante meses, los programas de televisión que dedicaron horas al análisis, las entrevistas con las familias de los acusados y de las víctimas, las teorías que se acumulaban y que cada semana traían un giro nuevo. Mario Besares hablaba desde la cárcel. Decía que era inocente, que había sido amigo de Paco durante años, que no podía haber organizado el asesinato de la persona que lo había llevado al éxito en la televisión mexicana.
Paola Durante también hablaba. La modelo yedecá de origen uruguayo argumentaba su inocencia con la insistencia de quién sabe que está pagando por algo que no hizo. y los investigadores del caso producían los argumentos que la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal había construido para sostener la acusación, las propiedades de Besares que no había declarado, las cuentas bancarias no reportadas, las contradicciones en los testimonios, las pruebas periciales que indicaban que Besares tenía adicción a
la cocaína. Todo eso estaba en el expediente y todo eso parecía sostener la teoría de que Besares y Durante eran efectivamente los autores intelectuales del crimen. Y entonces, enero de 2001, un juez penal absolvió a los acusados y ordenó la liberación inmediata de todos. La razón, no había pruebas suficientes para sostener la acusación año y medio de cárcel.
Y después la liberación con la admisión implícita. de que el expediente que los había metido a la cárcel no era suficiente para mantenerlos ahí. Esa absolución es uno de los puntos más controvertidos del caso. Para algunos, la prueba de que Besares y Durante eran inocentes desde el principio y que el sistema los había usado como chivos expiatorios, mientras los verdaderos responsables seguían libres.
Para otros, la prueba de que el sistema había fallado en construir el caso correctamente y que los responsables se habían librado por la mala investigación. Las inconsistencias del caso son la razón por la que 26 años después todavía hay documentales nuevos que producen testimonios inéditos sobre lo que realmente ocurrió.
La primera inconsistencia, la rapidez con que se construyó la teoría de la responsabilidad de Besares y Durante. En el espacio de semanas, sin investigación profunda, el sistema decidió que ellos eran los autores intelectuales. Esa rapidez es sospechosa en sí misma. Las investigaciones serias de homicidios complejos requieren tiempo.
Los expedientes construidos rápido son frecuentemente los expedientes construidos para señalar a culpables convenientes y no a los responsables reales. La segunda inconsistencia, las alteraciones en los registros de llamadas que el caso documentó. Algunas comunicaciones que se presentaron como evidencia tenían inconsistencias técnicas que sugieren que habían sido alteradas para construir la narrativa que el expediente requería.
La tercera inconsistencia, las declaraciones falsas que algunos testigos hicieron y que después retractaron. Luis Valencia, uno de los testigos cuyas declaraciones habían sido fundamentales para la acusación contra Besares y Durante, después cuestionó lo que había dicho en condiciones que no eran claramente legítimas.
La cuarta inconsistencia, la teoría que en años recientes ha cobrado fuerza, apunta hacia un autor intelectual que el expediente original no contemplaba. Juan José Esparragosa Moreno, el azul, uno de los líderes históricos del cartel de Sinaloa, según testimonios recientes de exagentes, habría sido el verdadero autor intelectual del crimen.
La razón, los conflictos comerciales entre cárteles que en 1999 definían el panorama del narcotráfico mexicano, el nuevo documental testigos, la verdad tiene voz. Caso Paco Stanley, que se produjo en años recientes, contiene los testimonios inéditos de exagentes que sostienen esa hipótesis. Si esa hipótesis es correcta, besar es y durante fueron efectivamente los chivos expiatorios de un crimen que el sistema sabía o sospechaba, que había sido ordenado por el narcotráfico al más alto nivel y que prefirió procesar como un asunto de personas cercanas a la
víctima. Mario Besares, después de salir de la cárcel en enero de 2001, reconstruyó su vida. Se casó con Brenda Jiménez, la mujer que lo había apoyado durante el proceso. Encontró trabajo en la radio y eventualmente regresó a la televisión, no al nivel de su época con Paco Stanley, pero con la presencia suficiente para seguir siendo una figura conocida del espectáculo mexicano.
La religión se convirtió en parte central de su vida. Las publicaciones que hace en redes sociales con frecuencia incluyen frases bíblicas y referencias a su fe. La forma en que las personas que pasaron por experiencias extremas en algún momento encuentran en la fe un sistema de comprensión para lo que vivieron.
En 2024, 25 años después del asesinato, el caso volvió al centro de la conversación pública con la serie de Prime Video que dramatizó los eventos. Roberto Duarte interpretó a Paco Stanley. Luis Gerardo Méndez interpretó a Mario Besares. Diego Boneta a Jorge Gil, Belinda a Paola Durante. La serie reavivó el debate público sobre quién había sido responsable del crimen.
Las personas que vivieron los eventos en 1999 los procesaban con la distancia de 25 años. Las generaciones más jóvenes los descubrían por primera vez con la dramatización que el formato de Prime Video producía y el documental testigos llegó después con los nuevos testimonios. Paola Durante, al conocer el contenido del documental declaró públicamente, “Estoy feliz.
Me siento por fin libre, liberada gracias a los testigos que por fin hablaron. De verdad se los agradezco con el alma liberada. 25 años después de la cárcel, la sensación de quien sintió que la versión oficial cargaba con un peso que no le correspondía y que finalmente alguien estaba diciendo lo que ella había estado afirmando desde el principio.
El caso de Paco Stanley en el contexto de los 90 en México tiene una dimensión que dice algo sobre el momento específico que el país estaba viviendo. Los 90 mexicanos fueron la década de la transición política, del crecimiento del narcotráfico como actor económico y político de primer orden y del desgaste del sistema del PRI que durante 70 años había gobernado el país.
El asesinato de Paco Stanley llegó en uno de los puntos más tensos de esa transición. Un año antes había sido asesinado el cardenal Posadas Ocampo en el aeropuerto de Guadalajara. 5 años antes había sido asesinado Luis Donaldo Colosio, el candidato presidencial del PRI. Los crímenes de alto perfil que el sistema procesó con investigaciones que muchos consideraron incompletas eran parte del paisaje de la época.
En ese contexto, el asesinato de Paco Stanley fue otro de los crímenes que la sociedad mexicana procesó con la sospecha de que la versión oficial no era completa. La diferencia con los otros casos fue que las víctimas en este caso no eran figuras políticas, sino una figura del entretenimiento. Pero el patrón de las versiones que no terminaban de coincidir con la evidencia y de los expedientes que se cerraban con personas que muchos consideraban chivos expiatorios, era el mismo.
Las teorías que 25 años después siguen circulando sobre quién mató a Paco Stanley, incluyen versiones que van desde la pelea con narcotraficantes específicos hasta venganzas comerciales por el cambio de Televisa a TV Azteca pasando por hipótesis más elaboradas sobre conflictos personales que escalaron a niveles que produjeron el crimen.
La teoría que más fuerza ha cobrado en los años recientes es la que apunta a un conflicto con el cartel de Sinaloa. Específicamente con Juan José Esparragosa Moreno, el azul, la razón, deudas relacionadas con drogas que Paco Stanley consumía y posiblemente vendía. La sofisticación del operativo, 36 ráfagas a plena luz del día en el periférico sur requería el tipo de organización que solo un cartel de la escala del Sinaloa podía proveer en ese momento.
Si esa hipótesis es correcta, el asesinato de Paco Stanley fue parte del proceso de consolidación del cartel de Sinaloa en la Ciudad de México, en los años finales del PRI y en los primeros años de la transición política. Un crimen que el sistema procesó con la teoría de los compañeros de programa para no tener que confrontar quiénes realmente lo habían ordenado.
Pero la teoría no tiene confirmación oficial. El expediente del caso de Paco Stanley sigue formalmente abierto. Nadie ha sido condenado definitivamente como autor intelectual del crimen. 26 años después del 7 de junio de 1999, el expediente sigue abierto. El restaurante El charco de las ranas donde mataron a Paco Stanley sigue existiendo en el periférico sur de la Ciudad de México.

Las personas que comen ahí los lunes a la 1:30 de la tarde no tienen necesariamente la asociación con el crimen que las personas de 1999 tenían con ese lugar. Pero el lugar es el lugar, la acera donde estacionaron la camioneta, el espacio donde los sicarios esperaron, el punto exacto donde Paco Stanley dejó de existir el lunes 7 de junio de 1999.
La Ciudad de México siguió. Las generaciones que conocieron a Paco Stanley en la televisión envejecieron. Las nuevas generaciones lo descubrieron a través de la serie de Prime Video y del documental. Y la pregunta que el caso dejó abierta sigue sin responderse. ¿Quién mandó matar a Paco Stanley? ¿Y por qué? Hay teorías, hay testimonios, hay documentales recientes con información inédita.
Hay personas que dicen que finalmente saben quién fue, pero no hay sentencia definitiva, no hay autor intelectual condenado. El expediente sigue abierto y probablemente seguirá abierto. Para terminar la historia de Paco Stanley, hay que regresar al video que mencionamos al principio. La bolsita de cocaína que se le cayó a Mario Besares en pleno programa de Televisa.
Ese video, que en su momento pasó como un descuido vergonzoso del compañero del conductor, después de 1999, adquirió un peso completamente diferente. Se convirtió en la evidencia visual de que el círculo más cercano a Paco Stanley tenía contacto con la droga que la teoría de la deuda con narcos requería que tuviera.
Mario Besares lo explicó después como una broma. Una situación que se interpretó mal, que no era lo que parecía. El video sigue ahí. Cualquier persona puede verlo. La bolsita cae, Besares la recoge, Paco la recibe con la cara nerviosa. El programa sigue y en algún momento de ese programa Besares, estaba bailando lo que Paco Stanley llamaba el gallinazo.
Y la bolsita se cayó. Y todo lo que vendría después tuvo en ese video uno de sus puntos de origen. Cuatro balas en la cabeza de Paco Stanley, 36 ráfagas en el periférico sur, año y medio en prisión para Mario Besares y Paola Durante. La absolución por falta de pruebas, el caso abierto durante 25 años.
Los documentales recientes que apuntan a El azul y la pregunta que sigue sin respuesta definitiva. Paco Stanley, la frase hay o no hay. El conductor que recitaba poesía en medio de los programas de variedades, el que decidió cambiarse de Televisa a TV Azteca después de la muerte de Emilio Azcárraga Milmo, el que el 7 de junio de 1999 fue al charco de las ranas como cualquier otro lunes y los sicarios que lo esperaban.
¿Hay o no hay? La pregunta que en el contexto de su muerte adquirió un peso que ninguna interpretación del show de variedades podía anticipar. 26 años. El expediente sigue abierto. Gracias por quedarte hasta aquí. Si esta historia te llegó, suscríbete al canal y dale like. me ayuda mucho y cuéntame en los comentarios cuál es la teoría que tú crees que es la correcta sobre quién mandó matar a Paco Stanley.
Nos vemos en el próximo video para entender por qué el caso de Paco Stanley se convirtió en uno de los más cubiertos de la historia mediática mexicana, hay que entender quién era Paco Stanley en la cultura popular de México en 1999. No era un conductor más de televisión, era el conductor que durante décadas había acompañado las mañanas y las tardes de millones de hogares mexicanos.
La persona cuya cara y voz formaban parte de la cotidianidad de generaciones de familias que tenían el televisor encendido cuando Paco Stanley estaba en pantalla. Los conductores de televisión en el México del PRI tenían una posición específica en la cultura del país. No eran solo entretenimiento, eran también la figura que servía como referencia cultural compartida, la persona cuyas frases se convertían en parte del habla cotidiana, cuyas expresiones faciales y gestos se reproducían en las conversaciones de la sobremesa. Paco
Stanley tenía esa posición. ¿Hay o no hay? Era una frase que millones de mexicanos repetían sin necesariamente pensar en quién la había hecho famosa. El gallinazo era el baile que el público asociaba inmediatamente con sus programas. La poesía recitada en medio del show de variedades era el sello que lo distinguía.
Cuando lo mataron, el luto que México vivió no fue el luto de la figura distante del famoso, fue el luto del conductor familiar. el de la persona que la familia veía juntos en la sobremesa o en el desayuno y que de repente en un lunes ordinario de junio de 1999 ya no podía ser vista en pantalla. Esa cercanía cultural produjo la intensidad de la cobertura.
Los medios sabían que el público quería saber y el público quería saber porque sentía que había perdido a alguien que era parte de su rutina, no solo a alguien que aparecía en las noticias. El cambio de Paco Stanley de Televisa a TV Azteca en diciembre de 1998 merece un análisis adicional porque dice algo sobre el momento específico que la televisión mexicana estaba viviendo y sobre los conflictos personales y empresariales que ese momento generaba.
Televisa en 1998 era todavía la televisora dominante de México, la que durante décadas había tenido el monopolio efectivo y que con la aparición de TV Azteca en los 90 había empezado a enfrentar una competencia que no había tenido antes. El cambio en la cúpula de Televisa con la muerte de Azcárraga Milmo y la sucesión de su hijo era también el cambio de generación que produjo redefiniciones en cómo la empresa trataba a sus figuras de larga trayectoria.
Paco Stanley sintió ese cambio. Las personas que conocían de cerca su situación en Televisa en el último año, antes de su salida, describieron un proceso de progresivo distanciamiento. Programas que no se renovaban con los términos anteriores, decisiones de programación que no consultaban a las figuras como antes, tratos económicos que se ajustaban hacia abajo.
Bé Azteca, que necesitaba figuras conocidas para competir con Televisa, le ofreció lo que Televisa ya no le daba. El programa, el horario, el equipo de trabajo, el espacio para hacer lo que él quería hacer. Stanley aceptó la oferta y ese paso, que comercialmente fue completamente legítimo, fue también el paso que algunos analistas del caso después interpretaron como el comienzo de la cadena de eventos que terminaría con los sicarios afuera del charco de las ranas.
Pudo el cambio de televisora haber producido enemistades que llegaron al extremo del asesinato? La hipótesis ha sido planteada por algunos analistas. La evidencia para sostenerla con certeza no es concluyente, pero el contexto temporal entre los dos eventos, seis meses entre el cambio y el asesinato, mantiene la pregunta abierta.
La figura de Jorge Hill, el productor de Paco Stanley, que estaba con él en el momento del asesinato y que resultó herido. Es uno de los personajes secundarios de esta historia, cuya presencia raramente se desarrolla con el detalle que merece. Jill iba en la camioneta junto a Stanley. Cuando los sicarios abrieron fuego, las 36 ráfagas que impactaron el vehículo también lo alcanzaron a él.
Recibió varios disparos. sobrevivió por una combinación de la rapidez de los servicios médicos y de la suerte de no haber recibido impactos en zonas inmediatamente letales. Después del crimen, Hill fue uno de los testigos clave del caso. Su testimonio sobre lo que ocurrió en los momentos previos al ataque, sobre quién había estado en el restaurante, sobre quién había salido y quién había vuelto, fue parte de la información que la investigación necesitaba.
Lo que Hill dijo y lo que no dijo es parte del expediente que en su momento se construyó y es también parte de las preguntas que las investigaciones posteriores han producido. Algunos analistas del caso han sugerido que el testimonio de Hill tenía omisiones que dejaban espacios en la narrativa, que después fueron llenados con las teorías sobre la responsabilidad de Besares y Durante.
Hill siguió trabajando en la televisión mexicana después del incidente, con la sombra del haber sido sobreviviente del crimen que mató a su jefe. La vida después de haber estado en el vehículo donde Paco Stanley fue acribillado, tiene también su propia particularidad, la del que estuvo cerca de la muerte y que sigue viviendo con el peso de eso.
El cartel de los Amescua, conocidos como los reyes de las metanfetaminas, eran en 1999. Uno de los grupos del narcotráfico mexicano con mayor presencia en la producción y exportación de metanfetaminas. La hipótesis original que vinculaba a Paola durante con ese cartel apuntaba a Luis Ignacio Amescua como el contacto a través del cual ella supuestamente había organizado el crimen.
Los Amescua tenían una historia específica en el panorama del narcotráfico mexicano de los 90s. Originarios de Colima habían desarrollado las rutas de exportación de metanfetaminas hacia Estados Unidos en una época en que la cocaína era todavía el producto dominante de los carteles mexicanos. La diversificación hacia las metanfetaminas era la apuesta que los distinguía de los grupos más establecidos.
La conexión entre Paola Durante y los amescua que la fiscalía intentó establecer en el caso de Paco Stanley nunca fue probada con la solidez que una condena hubiera requerido. La absolución de 2001 fue también el reconocimiento de que esa conexión no tenía la evidencia que la sostuviera. Pero la teoría general de que el asesinato de Paco Stanley había sido ordenado por algún sector del narcotráfico mexicano mantuvo su vigencia incluso después de la absolución, solo que el cartel específicamente responsable empezó a ser
objeto de revisión. Las investigaciones más recientes apuntan hacia el cartel de Sinaloa, no hacia los Mescua. El azul, Juan José Esparragosa Moreno. Según los testimonios de exagentes que el documental testigos recogió, sería el verdadero autor intelectual del crimen. Si esa hipótesis más reciente es correcta, la teoría original de los Amescua fue también parte del error o de la desviación intencional de la investigación.
El sistema procesó el caso con Travesares y Durante con la teoría del cartel equivocado y los acusó de relaciones con un cartel que no era el que realmente había ordenado el crimen. Esa posibilidad agrega una capa adicional de complejidad a la historia. No solo los acusados pudieron haber sido chivos expiatorios.
La teoría completa del caso que los acusaba pudo haber sido construida para apuntar en una dirección que no era la dirección correcta. El restaurante El Charco de las ranas en el periférico sur es uno de los lugares que en la geografía emocional de la Ciudad de México de los últimos 25 años está marcado por lo que ocurrió ahí, no por la calidad de su comida ni por su importancia gastronómica.

Por el día que Paco Stanley salió de ahí para subir a su camioneta, el restaurante sigue operando. Las personas que comen ahí los lunes a la 1:30 de la tarde no necesariamente piensan en el 7 de junio de 1999. La memoria de los lugares se desgasta con el tiempo. Las generaciones que llegaron después no cargan el peso específico que las generaciones que vivieron el evento sí cargan, pero el lugar es el lugar.
La acera donde estaba la camioneta, el espacio donde los icarios esperaron, el restaurante donde Mario Besares estaba en el baño cuando empezaron los disparos. Esa coincidencia, la del baño donde Besares estaba en el momento exacto del ataque, es uno de los elementos del caso que más alimentó las sospechas en su contra.
La pregunta de cómo Besares estaba justamente en el baño en el momento exacto en que los sicarios actuaron sobre Paco Stanley fue una de las preguntas que la investigación trató de responder con la teoría de la responsabilidad intelectual. Besares explicó después que su salida al baño no tenía nada de especial, que las personas van al baño en los restaurantes, que la coincidencia era exactamente eso, una coincidencia.
Las personas que creyeron esa explicación fueron las que finalmente lo absolvieron en enero de 2001. Las que no la creyeron mantuvieron durante años la sospecha de que Besares sabía lo que iba a ocurrir y que su estancia en el baño no fue accidental 25 años después. Esa sigue siendo una de las preguntas que el caso no responde de manera definitiva para todos los que lo siguieron.
La adicción a la cocaína que las pruebas periciales atribuyeron a Mario Besares es también parte del expediente del caso y de la imagen pública que después se construyó alrededor de él. La adicción no era ilegal en sí misma, pero en el contexto del caso era la prueba que sostenía la conexión entre el círculo cercano de Paco Stanley y el narcotráfico.
Si Besares era adicto, había contacto con la droga. Si había contacto con la droga, había contacto con quienes la suministraban. Y si había contacto con quienes la suministraban, la teoría de las deudas y los conflictos que llevaron al crimen tenía un soporte estructural. Besares ha hablado en años posteriores sobre el proceso de salir de la adicción y sobre cómo la religión fue parte del soporte que le permitió hacerlo.
La transformación de la persona que cayó al fondo en una experiencia traumática y que después construye otra vida es un arco que muchas personas reconocen en historias similares, pero la adicción documentada en el expediente del caso original sigue estando en el expediente y sigue siendo parte de la evidencia que en su momento sostuvo la teoría que después fue desestimada por falta de pruebas suficientes.
Para terminar de cubrir completamente la historia de Paco Stanley, hay que hablar de lo que significa que el caso siga abierto. 26 años después, en el sistema judicial mexicano, los expedientes que no se cierran con sentencia definitiva permanecen formalmente abiertos hasta que las autoridades los archivan por agotamiento de las líneas de investigación o por la imposibilidad práctica de continuar con la búsqueda de los responsables.
El expediente de Paco Stanley está en ese limbo no archivado oficialmente, no cerrado con sentencia en el estado que el derecho mexicano contempla, pero que en la práctica significa que el caso no va a producir más resultados, a menos que aparezca nueva evidencia que active nuevas líneas de investigación. Los nuevos testimonios que el documental testigos recogió de exagentes son potencialmente esa nueva evidencia.
Si la información que esos testimonios contienen es suficientemente sólida y si la fiscalía decide actuar sobre ella, el caso podría reabrirse formalmente. Eso requeriría voluntad política para procesar a alguien tan poderoso como el Azul o cualquier otro miembro del cartel de Sinaloa al más alto nivel. y requeriría también que el sistema acepte que la investigación original estuvo equivocada en su dirección y que los chivos expiatorios procesados en 1999 no eran los verdaderos responsables.
Esa combinación de voluntad política y reconocimiento de errores institucionales no es fácil de producir. Por eso el caso, aunque tenga ahora información que apunta hacia los verdaderos responsables, probablemente seguirá abierto sin sentencia definitiva. Paco Stanley sigue muerto desde hace 26 años.
Los autores intelectuales siguen sin ser condenados. Mario Besares y Paola Durante reconstruyeron sus vidas después de la cárcel, pero cargan todavía con la sombra de la acusación que no llegó a sentencia. Y el restaurante El Charco de las Ranas en el periférico sur sigue operando como restaurante, sin placa conmemorativa, sin mención de lo que ocurrió ahí, como cualquier otro restaurante.
Esa es la geografía de la impunidad mexicana. Los lugares donde ocurrieron las cosas no se marcan, las personas que las vivieron las recuerdan y los responsables siguen libres. Hay una dimensión del caso de Paco Stanley que las nuevas generaciones que lo descubren a través de la serie de Prime Video o del documental no terminan de captar completamente sin el contexto del México de 1999.
1999 fue uno de los últimos años del PRI en el poder. Las elecciones de 2000 que llevaron a Vicente Fox a la presidencia y que terminaron con 70 años de gobierno priista estaban a un año de distancia. El sistema político mexicano estaba en sus últimos meses de operación bajo las reglas que durante décadas habían determinado cómo se procesaban este tipo de crímenes.
En ese sistema, los casos que tenían implicaciones para el poder político o para los actores económicos cercanos al poder se procesaban con una lógica que no siempre era la lógica del derecho. la construcción de teorías convenientes, los chivos expiatorios, las absoluciones por falta de pruebas que llegaban después de años de prisión preventiva.
Todo eso era parte de cómo funcionaba el sistema en esa época. El caso de Paco Stanley llegó en ese contexto y fue procesado con esas reglas. Lo que ocurrió en el expediente original no fue accidental, fue la manera en que ese sistema procesaba un caso que probablemente tenía implicaciones que el sistema no quería investigar a fondo.
Después de 2000, con el cambio de partido en el poder y con las transformaciones que el siglo XXI trajo al sistema mexicano, algunas de esas reglas cambiaron, pero los casos procesados bajo el sistema anterior no se reabrieron automáticamente. La inercia institucional mantuvo cerrados los expedientes que habían sido cerrados y dejó abiertos sin avance los que habían quedado abiertos.
El caso de Paco Stanley es uno de esos. Un caso del México del PRI procesado con las reglas del PRI, que en el México del siglo XXI sigue siendo el mismo caso sin resolver. Para cerrar la historia de Paco Stanley, hay que volver a esa frase que la combinación del show de variedades y del crimen brutal dejó como una de las muletillas más recordadas de la televisión mexicana de los 90s.
¿Hay o no hay? La pregunta que Paco Stanley hacía con el tono específico que era su sello distintivo. La pregunta retórica que el público mexicano repetía. La frase que en el contexto del programa de variedades era simplemente la muletilla del conductor y que en el contexto de su muerte adquiere un peso completamente diferente.
¿Hay o no hay autor intelectual condenado? No lo hay. ¿Hay o no hay justicia para Paco Stanley? 26 años después, no la hay. ¿Hay o no hay verdad oficial sobre quién ordenó el crimen del 7 de junio de 1999? Tampoco la hay. Esa pregunta que él hizo durante años para abrir o cerrar segmentos de su programa terminó siendo la pregunta que su propia muerte dejó como herencia para las generaciones que vinieron después y que siguen sin tener la respuesta.
36 ráfagas, 29 impactos en la camioneta, cuatro balas en la cabeza. El conductor que recitaba poesía en medio de los programas de variedades, la bolsita de cocaína que se le cayó a Besares en pleno programa. El año y medio en prisión de besares y durante la absolución por falta de pruebas. El documental reciente que apunta a El azul, el expediente que sigue abierto, ¿hay o no hay? La pregunta de Paco Stanley sigue sin respuesta. M.