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KEYLOR NAVAS: Finalmente REVELA lo que NADIE quería ESCUCHAR

La afición universitaria lo adoptó con la velocidad que reserva para los que de verdad merecen ser adoptados. No por el apellido, por lo que hizo dentro de la cancha semana a semana, cuando la tribuna de Ciudad Universitaria empezó a cantar su nombre no como saludo de bienvenida, sino como reconocimiento de lo que estaba viendo. Cuando el Keaylor, Keaylor empezó a sonar con esa cadencia específica que tiene el universitario cuando algo de verdad está ocurriendo.

Ahí fue cuando Pumas entendió que había encontrado algo que sus arcos no habían tenido en mucho tiempo, un líder que hablaba desde abajo, el tipo de liderazgo que en un vestuario vale más que cualquier discurso. Los medios del fútbol mexicano empezaron a decir algo que en Pumas no se escuchaba desde hacía años, que el equipo universitario volvía a tener un portero de jerarquía internacional no de nombre, sino de actuaciones, de partidos donde la diferencia entre ganar y empatar o entre empatar y perder tenía nombre y apellido y usaba la camiseta

número uno. Muchos lo pusieron como el mejor portero de la Liga MX y de toda la Concacaf, no como exageraron a medias, como observación directa de lo que estaban viendo domingo tras domingo y llego la liguilla. Pumas llegó a la liguilla como líder de la fase regular. Ese dato tiene un peso que no siempre se lee bien desde afuera.

Ser líder en la Liga MX con el formato y la paridad que existe en el torneo es el resultado de semanas de trabajo constante de equipos que en cada jornada necesitan sacar puntos frente a rivales que no se regalan nada. Pumas lo hizo, terminó primero y eso para un equipo que cuando arrancó el torneo nadie ponía entre los favoritos al título, no era un accidente, era evidencia.

El primer rival en la liguilla fue el América, el clásico capitalino en dos actos. El partido que en el fútbol mexicano tiene un peso específico que ninguna otra rivalidad tiene del todo. Dos equipos de la misma ciudad, dos historias paralelas que se han cruzado en las noches más grandes del campeonato nacional durante décadas y la liguilla los puso frente a frente desde el principio, cuando el torneo todavía tenía todo por decidirse.

La ida se jugó en el estadio Banorte, cancha que el América había adoptado como propia en ese torneo y el partido arrancó exactamente de la manera en que un clásico tiene que arrancar. con urgencia, con goles. Pumas tomó ventaja desde el minuto 4 con un gol de Yunño. América empató por medio de Isaías Violante.

Uriel Antuña puso a Pumas nuevamente al frente y al minuto 52 Jordan Carrillo dejó el marcador en 1 a tritarios. Parecía resuelto, pero el América tiene esa cosa particular que lo hace peligroso incluso cuando el marcador le dice que no hay salida. Dos penales llegaron para las Águilas en los últimos minutos.

Henry Martín convirtió el primero, Alejandro Cendejas el segundo. El partido terminó 3 a tr. La serie arrancaba empatada y todo quedaba para la vuelta en Ciudad Universitaria. El partido de vuelta en el Olímpico fue de los que se recuerdan. Puma salió desde el primer minuto con una intensidad que dejó claro que Efraín Juárez había preparado algo distinto para esa noche.

Al minuto 2, Rubén Duarte aprovechó un rechace tras un disparo de Carrasquilla al travesaño y puso el 1 a0. 11 minutos después, Nathan Silva ganó el salto en un cobro de tiro de esquina y cabeceó al fondo para el 2 a0. Y al minuto 23, Jordan Carrillo recibió el balón, encaró a dos defensas americanistas, quebró la cintura del marcador con una bicicleta y con la salida ya comprometida del portero Rodolfo Cotó con un disparo que hizo rugir el estadio. 3 a0 Global 6 a3.

El partido parecía liquidado, pero el América reaccionó, como siempre reaccionó. Patricio Salas descontó con un remate en un tiro de esquina. Alejandro Cendejas convirtió un penal señalado por mano de Pedro Vite dentro del área para el 3 a 2. El partido se metió en el corazón del estadio con esa electricidad que solo tienen los clásicos cuando el marcador se mueve y nadie sabe dónde va a parar.

En la segunda parte, el América siguió intentando, lo buscó por todos lados hasta que finalmente en el minuto 60 cayó el empate. Lo impensado ocurrió. De un 3 a0 se pasó nuevamente a un 3 a3 y todavía quedaba media hora por jugar por delante. Y en el minuto 87 el árbitro señaló otro penal para las Águilas. Henry Martín, el delantero que carga el peso del gol americanista en las noches importantes, tomó la pelota y disparó.

El balón se fue al poste. El Olímpico lo recibió con un rugido que duró varios minutos. Segundos después en Dejas anotó de cabeza el 3 a3, pero la revisión del bar detectó posición adelantada y el tanto fue anulado. Pumas avanzaba a semifinales, global 6 a se la mejor posición en la tabla general hacía el resto.

Keaylor Navas tuvo una actuación que pasó casi desapercibida en el ruido de los nueve goles del global, pero que los que entienden de porteros leyeron con claridad. En los momentos en que el América presionaba con más urgencia, cuando el estadio pedía que el marcador se moviera en la dirección contraria, Keaylor estuvo.

Salió a tiempo, despejó con contundencia y en el tramo final del partido, cuando las águilas buscaban cualquier grieta, fue el muro que impidió que la historia se escribiera diferente. El siguiente rival fue el Pachuca de Esteban Solarí. Los tuzos llegaban como cuartos de la tabla con un equipo construido desde la solidez defensiva, con el ecuatoriano N.

Valencia y el marroquío Usama Idrisi como armas ofensivas que en los partidos más importantes del torneo habían mostrado que podían marcar diferencia. La ida se jugó en el estadio Hidalgo y lo que ocurrió ahí fue exactamente el tipo de partido que pone a prueba a un portero de verdad. Pachuca salió agresivo desde el arranque, generando ocasiones desde los primeros minutos.

Y Keaylor Navas, que llegaba a ese partido como el portero con más atajadas del torneo, le fue respondiendo a cada remate con esa economía de movimientos que distingue a los que llevan décadas leyendo el fútbol desde el ángulo más difícil. Al minuto 38, un disparo de Idrisi desde fuera del área se desvió en Atan Silva y cambió de trayectoria antes de entrar.

El único gol que no pudo parar porque nadie para los que cambian de dirección en el último metro. Pachuca ganó 1 a0, pero la [carraspeo] diferencia en el marcador no decía todo lo que había pasado. Si Keaylor no hubiera estado, el resultado hubiera podido ser otro completamente. Efraín Juárez lo reconoció en la conferencia posterior, que lo que le gustaba era que su equipo había competido, que era solo un gol, que la vuelta estaba abierta.

La vuelta fue en el Estadio Olímpico Universitario. Pumas necesitaba ganar por un gol para que la serie se decidiera por posición en la tabla o por dos para avanzar directamente. 60 y tantos minutos de trabajo colectivo, de presión sobre la salida del Pachuca, de buscar el espacio que no terminaba de aparecer.

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