Llamó a los jugadores, los miró y habló con ellos como alguien que los conoce de verdad, no como el nuevo jefe que llega a imponer una metodología importada, no como el enviado de la directiva con un mensaje institucional preparado por relaciones públicas. habló como alguien que sabe quien fue relegado injustamente en los meses anteriores, quien está cargando un peso emocional que no tiene nada que ver con su nivel futbolístico, quien necesita libertad creativa para rendir y quien necesita estructura para no perderse. Tenía esa información
porque había estado cerca durante años, porque la cantera y el primer equipo comparten las mismas instalaciones y los ojos que observan con atención acumulan datos que los organigramas no registran. Lo que hizo con esa información fue lo más lógico del mundo y lo más difícil al mismo tiempo.
Devolvió a los extremos el rol de extremos. En el fútbol moderno, donde la tendencia táctica convierte a los jugadores de banda en corredores que suben y bajan sacrificando el desequilibrio por el orden defensivo, recuperar a un jugador ofensivo para que haga lo que sabe hacer parece una obviedad. Pero en los vestuarios reales, donde las ideas del técnico moldean los hábitos semana a semana, esa decisión tuvo un efecto inmediato en la energía del grupo.
Ratificó a Kevin Mier bajo los tres palos, simplificó las instrucciones, priorizó el orden defensivo sin sacrificar la claridad ofensiva. Mantuvo la línea de tres centrales, pero ajustó los automatismos de presión. Reintegró a jugadores que habían quedado al margen, no reinventó el fútbol, hizo que los jugadores entendieran con precisión que se les pedía y por qué.
Y en un equipo que llevaba semana sin ganar, esa claridad fue el primer regalo que Wiki le dio al grupo. La primera victoria llegó en la jornada 17 frente a Necaxa. No fue una goleada que pusiera al mundo del fútbol a hablar. No fue un partido que quedara en la memoria por la brillantez individual o por alguna jugada que desafía la gravedad.
Fue una victoria, tres puntos. Pero en ese momento de la temporada, para ese equipo, en esa situación específica, tres puntos eran mucho más que matemáticas. Eran la señal de que algo había cambiado dentro de las paredes del complejo celeste. La racha de nueve partidos sin ganar que había sellado el destino del Arcamón estaba rota.
Y cuando la racha se rompe en el fútbol, el vestuario respira distinto, los jugadores se miran distinto. La confianza, que se acumula como deuda durante los malos momentos empieza a pagarse partido a partido. Cruz Azul aseguró el pase directo a la liguilla. La primera parte del trabajo estaba hecha, pero lo que vale es la liguilla.
Los cuartos de final pusieron a Cruz Azul frente al Atlas. El primer partido fue en el estadio Jalisco, la casa del conjunto rojinegro. Cruz Azul ganó 3 a 2. El marcador no fue de los que permiten llegar a la vuelta con la tranquilidad de quien tiene margen de error. Rotondi anotó uno, Cristian Ever metió dos.
Un doblete del nigeriano en territorio rival que confirmaba que el equipo de Wiki había llegado a la liguilla con algo que no tenía en los meses anteriores. Convicción. Ponchito González y Aldo Rocha mantuvieron viva la esperanza rojinegra hasta casi el final, pero el gol de punto penal selló el resultado y mandó a Cruz Azul a la vuelta con ventaja.
La vuelta fue diferente. Cruz Azul mostró una versión más ordenada, más sólida con los automatismos que Wiki había ido construyendo partido a partido desde que llegó. José Paradela anotó uno de esos goles que la gente recuerda no solo por el resultado que produce, sino por la manera en que llega, conduciendo desde el medio campo con la claridad de quien ya decidió dónde va a terminar la jugada antes de que la tribuna lo vea venir.
Kevin Mierry hizo lo suyo cuando el partido lo necesitó. El global de 4 a2 mandó a Cruz Azul a semifinales y entonces llegaron las Chivas. La semifinal contra el Guadalajara fue el tipo de serie que en México se convierte en conversación durante semanas. Los rojiblancas llegaban con la energía del equipo que había eliminado a Tigres de manera dramática en cuartos, con Santiago Sandoval como figura emergente y con la afición más apasionada del país empujando desde las gradas.
Cruz Azul llegaba con la solidez recién construida de un equipo que había encontrado su identidad tarde en el torneo, pero que la había encontrado de verdad. La ida se jugó en el estadio Azteca, ese Azteca al que la FIFA iba a entrar en días para prepararlo como sede del Mundial 2026, como si el fútbol mexicano quisiera despedirse de su casa grande con el tipo de partido que esa cancha merece.
El partido respondió a la altura desde el primer silvatazo. Santiago Sandoval, el canterano rojiblanco, que semanas antes había metido dos goles para eliminar a Tigres, le dio ventaja al rebaño con un tanto que silenció a la parcialidad celeste. Charlie Rodríguez respondió para Cruz Azul con un disparo bombeado que el portero no pudo calcular.
En el segundo tiempo, Ángel Sepúlveda volvió a poner adelante a Chivas y Cruz Azul empató de nuevo desde el punto penal con Cristian Ever 2 a dos. Un partido de esos que la afición recuerda no solo por los goles, sino por el ritmo, por la sensación permanente de que cualquier cosa podía ocurrir en cualquier momento, pero el empate dejaba la serie en una situación muy complicada para la máquina.
Chivas tenía mejor posición en la tabla al terminar la fase regular, lo que significaba que cualquier empate en el global en la vuelta clasificaba al rebaño. Cruz Azul necesitaba ganar en el Jalisco, no empatar, ganar y salió al Jalisco a ganar. El primer gol llegó en el minuto 5. Jeremy Márquez recibió el balón en la frontal del área en una situación que no parecía de peligro real y no lo pensó.
El riflazo entró limpio. Cruz Azul arriba. El Jalisco todavía procesando lo que había visto. Chivas respondió con urgencia y Omar Govea empató rápidamente. El global quedaba 3 a tr con el Guadalajara clasificando por tabla. El partido hervía, la afición rojiblanca empujaba con todo. Y el Jalisco, que en sus noches de liguilla tiene una atmósfera que los equipos visitantes conocen y respetan, intentaba hacer sentir su peso hasta que en el minuto 68 llegó lo que el partido necesitaba. Agustín Palavescino disparó
desde fuera del área. El balón se desvió en Diego Campillo, defensor del Guadalajara, y cambió completamente de trayectoria. Keor Navas no llegó. Cruz Azul 2, Chivas 1 en la noche, 4 a TR en el global. Cruz Azul a la gran final. En la zona técnica, Joel Wiki miraba la celebración de sus jugadores con la serenidad que tiene un hombre cuando el trabajo que construyó en silencio durante años finalmente ocurre en el lugar más visible del fútbol mexicano.
La final era contra Pumas y el fútbol, que tiene memoria propia y que guarda sus protagonistas para los momentos exactos, había organizado las cosas de manera que dos técnicos mexicanos se enfrentaran en la serie más importante del torneo, algo que no ocurría desde hacía más de una década en el fútbol nacional. Joel Wiki de un lado, Efraín Juárez del otro.
Dos nombres del fútbol mexicano en los banquillos donde durante años habían estado casi exclusivamente los apellidos extranjeros. La ida se disputó como local de Cruz Azul. El partido tuvo la tensión que tienen todas las idas de final cuando los dos equipos saben que el error cuesta más que el riesgo y ninguno quiere ser el primero en cometerlo.
Keaylor Navas, que en esta historia juega el papel del portero que hace todo lo posible pero no alcanza, ya empezaba a mostrar su nivel deteniendo llegadas claras de la máquina. El partido terminó 0 a0. La vuelta era en el estadio olímpico Universitario, la casa de Pumas, el estadio donde Cruz Azul llevaba 30 partidos seguidos sin perder.
Una racha que nadie mencionaba en los análisis previos, pero que existía y que los celestes llevaban como bandera silenciosa. La vuelta comenzó con Cruz Azul buscando el partido desde el primer minuto. Pumas aguantó. Juárez había preparado al equipo universitario para resistir la presión inicial y salir de contragolpe.
Y Nava seguía haciendo la diferencia, deteniéndole a Cruz Azul llegada tras llegada con esa lectura anticipada del remate que tienen los porteros que han visto todo, que han jugado finales de Champions, que ya no se sorprenden de nada dentro de un área. Pero en el minuto 34, una pelota filtrada encontró a Robert Morales en posición de remate y el paraguayo no falló. Pumas 1, Cruz Azul 0.
El Olímpico universitario rugió con la euforia de quien ve cumplirse lo que estaba esperando. Y entonces, al descanso, Joel Wiki entró a la sala de análisis. Antes de volver al vestidor revisó el primer tiempo junto a Iván Alonso. Los dos hablaron no con la urgencia del técnico que solo reacciona al marcador, sino con la claridad del que ya sabía que había salido mal y como podía corregirse.
El mensaje táctico para el segundo tiempo fue concreto. Atacar con orden, defender mucho mejor. Pero lo más importante de ese medio tiempo no ocurrió entre el cuerpo técnico, ocurrió en el vestidor. Los propios jugadores comenzaron a corregirse entre ellos. Había exigencias y la confianza que el técnico había ido construyendo partido a partido durante semanas de trabajo silencioso tenía raíces lo suficientemente profundas como para que el 1 a0 de Morales no las arrancara.
El empate llegó en el minuto 55. Un centro cruzado impactó en Rubén Duarte y terminó en el fondo de la red. Autogol 1 a un. El Olímpico Universitario quedó en silencio y el partido cambió de cara. Pumas empezó a resentir el desgaste físico. Adalberto Carrasquilla salió lesionado. El equipo universitario fue perdiendo fluidez. Cruz Azul encontró más espacios, más llegadas al área donde Keaylor Navas seguía haciendo la diferencia.

Y en los minutos finales, el partido se puso los nervios que tienen las grandes finales cuando ningún equipo puede cerrar lo que tiene abierto. En el tiempo agregado, Uriel Antuña fue expulsado tras una dura entrada sobre Jeremy Márquez. El árbitro revisó la jugada en el bar y cambió la amarilla por roja.
Cruz Azul con un hombre más. Poco después, Ángel Rico también vio la roja, Pumas con nueve. Y en el minuto 90+ 4, cuando el Olímpico ya no sabía si rezar o prepararse para la prórroga, Carlos Rotondi recibió el balón dentro del área, giró sobre su eje y ejecutó el zurdazo de media vuelta que nadie en ese estadio pudo detener. 1 a dos.
Cruz Azul, campeón del Clausura 2026, décima estrella. En siete partidos como técnico de primera división, con cinco victorias y dos empates y sin conocer la derrota, Joel Wiki había llevado a Cruz Azul al título que la institución llevaba años esperando. El mismo hombre del que todos se habían reído al momento de su nombramiento.
El mismo hombre que las redes habían convertido nuevamente en protagonista de memes al anunciarse su interinato. Ese hombre estaba parado en el Olímpico Universitario rodeado de sus jugadores, celebrando la décima estrella de la máquina. La máquina no había cruzazuleado. Esta vez la máquina había ganado. Víctor Velázquez, la verdad detrás de la decisión de Wiki.
Pero lo que muchos aficionados aún no saben con claridad es lo que estaba pasando dentro del club durante todas esas semanas. La conversación que Velázquez no tuvo en público hasta después del título, pero que existía con toda su concreción desde antes de la final. El presidente de Cruz Azul había sido claro, directísimo, con una frase que dentro de la institución se manejó como una condición sin grises.
Si quedas campeón, te quedas al frente del equipo. No había ambigüedad, no había el lenguaje de los directivos que dejan las puertas abiertas para poder cambiar de posición según el viento. Era un trato limpio, un objetivo, una consecuencia. Y Wiki lo sabía cuando entró al Olímpico Universitario esa noche.
Sabía que ese partido no era solo una final de Liga MX, era el examen del que dependía todo lo que venía después. Según revelaron fuentes cercanas al club, la directiva ya tenía decidido con anticipación que pasaría en cada escenario. Había reuniones internas horas antes de la final sobre el futuro del equipo. Si Cruz Azul perdía, la búsqueda de entrenador comenzaba esa misma noche.
La directiva todavía analizaba candidatos extranjeros como opción paralela. El proyecto Wiki existía internamente antes de que terminara la liguilla, pero era un proyecto condicional, un proyecto que dependía de una sola noche. Cruz Azul convirtió la final en una decisión de ganar o irse y Wiki jugó esa final sabiéndolo.
Velázquez confirmó después del título todo lo que dentro del club se había manejado en silencio. Habló de Wiki con la satisfacción y la reivindicación de quien tomó una decisión difícil que resultó correcta. Joel se queda porque es de la institución”, dijo y luego añadió lo que en el fútbol mexicano suena declaración de principios más que a comentario de prensa.
Nació en Cruz Azul, se hizo en Cruz Azul. Esas dos frases juntas resumen algo que en el mundo del fútbol profesional se dice con frecuencia y se practica con mucha menos consistencia. La confianza en el proceso interno, la lealtad a lo propio en lugar de la búsqueda permanente de soluciones importadas. El presidente también fue honesto sobre lo que había costado llegar hasta ahí.
reconoció que despedir al Arcamón antes de la liguilla había sido una de las decisiones más difíciles de toda su gestión al frente del club, que la apuesta por Wiki como interino era extremadamente arriesgada en el papel y que lo que resultó no fue casualidad, sino la consecuencia de un plan construido día a día, pensando siempre en una afición que merecía ver a su club coronarse.
mucha felicidad, sobre todo por la gente, por la afición, dijo. Y después habló de algo que pocos presidentes de club dicen con tanta claridad cuando van ganando, que en Cruz Azul la continuidad no es un regalo permanente. Joel Wiki, el director deportivo y hasta el mismo presidente es para el tiempo que sigamos dando resultados.
Se incluyó a sí mismo dentro de la ecuación de la exigencia. Eso en una institución que durante décadas sufrió de directivas que exigían hacia fuera sin rendirse cuentas hacia dentro. Es un detalle que los aficionados celestes que siguen al club de cerca saben leer bien. Wiki rompe el silencio frente a los micrófonos, con la camiseta todavía empapada y el Olímpico Universitario todavía procesando lo que había visto, el técnico sinaloense dijo lo que siente alguien que acaba de ver cumplirse algo que construyó durante
décadas sin ninguna garantía de que iba a llegar. reconoció que el partido se había complicado más de lo esperado, que el plan inicial no estaba funcionando en el primer tiempo. “La liguilla es así”, dijo. “A veces planeas algo y no funciona. No hubo excusas, no hubo reclamos, no hubo el discurso de protección que los entrenadores usan cuando el resultado les da para escudarse.
Hubo la descripción honesta de alguien que entiende que el fútbol es impredecible y que la diferencia entre ganar y perder a veces está en lo que ocurre en el vestidor al descanso y no en lo que el técnico diseñó en el pizarrón el martes por la mañana. Sobre ese medio tiempo fue específico, como pocas veces un entrenador lo es en una conferencia de prensa.
Reveló que la energía dentro del vestidor fue completamente distinta cuando terminó el primer tiempo, que los propios jugadores comenzaron a corregirse entre ellos antes de que él dijera una sola palabra. Había exigencias, había correcciones, dijo. Ellos mismos sintieron que podíamos ganarlo. Esa frase tan corta es la descripción más precisa de lo que Wiki había construido en esas semanas.
Un equipo que cree en sí mismo cuando el marcador dice que no debería. Un grupo que internalizó la mentalidad del entrenador hasta el punto de reproducirla solo sin instrucción externa en el momento más importante de la temporada. Cuando le preguntaron por su futuro, la respuesta fue la de alguien que ya sabe lo que quiere, pero que entiende que las decisiones no las toma solo.
“Me encantaría quedarme”, dijo. Y luego añadió algo que en cualquier otro contexto podría sonar a presión pública, pero que en su boca sonó a honestidad sin cálculo. Solamente falta que lo hagan oficial. No estaba negociando frente a las cámaras. estaba diciendo lo que quería con la misma claridad, con que todo lo demás en su vida había sido claro.
Habló de algo que va mucho más allá del fútbol. Dijo que la décima no era lo más importante de su vida, que el verdadero propósito está en el mensaje que deja como persona y como entrenador. Todos tenemos un propósito en la vida, no solamente importa la parte laboral. Y luego con esa manera que tiene de decir las cosas grandes de forma sencilla, quiero que inspiremos a la demás gente.
Quiero que crean en sus sueños. Los sueños son difíciles, pero se pueden conseguir con trabajo y proceso. Pocas veces se aplaude el proceso. Lo dijo el mismo, y tenía toda la razón. El proceso de wiki dentro de Cruz Azul duró décadas. Sub13, sub18, sub20 y sub21. Auxiliar del primer equipo, margen en los proyectos ajenos, regreso como interino, título en siete partidos.
Ese proceso no generó titulares hasta la liguilla. No generó cobertura hasta que las burlas del nombramiento dieron paso a la sorpresa de los cuartos de final. no generó el reconocimiento que merecía hasta que el gol de Rotondi entró al minuto 90 más 5 en el Olímpico Universitario. Y aún así, antes de que nadie lo aplaudiera, Wiki siguió trabajando.
Eso es lo que muy poca gente hace, seguir construyendo cuando nadie está mirando. Cerró su primera conferencia de prensa como campeón con una frase que ya es parte del éxico celeste y que resume en cinco palabras todo lo que ese hombre es. Esperemos ir por la onceava. La historia de Joel Wiki no empezó el día que despidieron al Arcamón.
Empezó décadas antes en Elegido Wira, en los Potreros de Sinaloa, en la casa club, donde un niño de 10 años aprendió que el sueño tiene un costo y que ese costo se paga en paciencia antes que en talento. En Pachuca, donde fue campeón en su primera temporada profesional, en Cruz Azul, donde vivió desde adentro lo que significa cargar el peso de ese escudo en los momentos en que el escudo más pesa en Morelia, donde llegó a una final.
en los años de cantera, donde formó a jugadores que hoy el mundo del fútbol pronuncia en europeo y que en algún rincón de su historia llevan la huella del técnico sinaloense que los vio crecer. La Muertiña de 2009 fue el momento que el fútbol mexicano usó durante 15 años para definir a Joel Wiki, para reducirlo, para convertir una jugada en una identidad.

Pero lo que esa jugada decía en realidad, lo que nadie quiso leer con atención cuando era fácil reírse, es que ese hombre ponía el cuerpo cuando el equipo lo necesitaba. sin calcular el costo, sin preocuparse por la imagen, eligiendo el sacrificio antes que la elegancia. Y eso fue exactamente lo que siguió haciendo durante todo lo que vino después.
En la cantera, en el anonimato, en los años donde el proyecto externó, lo dejó al margen y él siguió construyendo desde donde podía porque entendía que el trabajo bien hecho tiene su propio tiempo. Cuando Cruz Azul lo necesitó, cuando no quedaba más opción que mirarlo a él, tomó el trabajo sin pedir garantías.
Dirigió siete partidos, ganó cinco, empató dos, no perdió ninguno. Y en el último, el que Velázquez había convertido en el examen definitivo de su continuidad, consiguió la décima estrella de la institución celeste de una manera que el fútbol reserva para los que supieron esperar. Lo que el presidente dijo después del título lo resume con una economía de palabras que el fútbol raramente produce.
Nació en Cruz Azul, se hizo en Cruz Azul. Y lo que Wiki dijo sobre los sueños difíciles que se consiguen con trabajo y proceso no es la declaración de un hombre que tuvo suerte, es el balance de alguien que conoció el camino largo antes de que el camino largo tuviera nombre. La décima cambió el destino de Joel Wiki dentro de Cruz Azul.
Pasó de técnico interino a proyecto oficial de la institución más exigente del fútbol mexicano. Pero la historia de cómo llegó a esa décima, la cadena de eventos que empezó con una declaración del Arcamón que no debió hacer, siguió con un nombramiento que todos descartaron y terminó con un zurdazo de rotondde al 90+ 5.
Esa historia es la que el fútbol mexicano va a recordar mucho tiempo, porque no es solo la historia de un campeonato, es la historia de lo que ocurre cuando le das una oportunidad real a alguien que lleva años preparado para ella y de lo que pasa cuando ese alguien sabe exactamente qué hacer con esa oportunidad cuando finalmente llega. Podemos decir que la vida de un futbolista de élite está llena de triunfos, pero también de caídas.
Lo verdaderamente importante es ser perseverante y tener metas claras, tal como es el caso de Cristian Ever, quien tuvo que superar innumerables obstáculos para llegar a su nivel actual. Si te interesa conocer esa historia inspiradora, te la dejo por aquí, No te la puedes perder, en la cual repasamos tanto su carrera futbolística como su vida privada muy entretenida. Yeah.