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FERNANDO VALENZUELA: EL ASQUEROSO SECRETO QUE OCULTO SU FAMILIA POR 20 AÑOS

a convertirse durante los siguientes 22 meses en el pitcher más famoso del planeta entero y nadie del Valle del Mayo iba a estar preparado para lo que se le venía encima. El 27 de julio del 1979, la organización Dodgers firmó oficialmente el contrato  profesional del muchacho de 18 años, Fernando Anguamea Valenzuela.

Bolsa de fichaje $10,000. para una familia de campesinos mayo que ganaba con70avos por semana  en los campos de algodón del Valle del Mayo. Esa cifra representaba más dinero del que podían imaginar  en cinco generaciones seguidas. María Soledad Anguamea. La madre lloró toda la noche  al enterarse.

Abelino Valenzuela, el padre no entendió bien la cifra cuando se  la tradujeron del inglés al español al mayo. Pidió que se la repitieran tres veces y al confirmar la cantidad  salió en silencio al patio trasero de la chosa. Se sentó en el tronco donde habitualmente cortaba leña  y se quedó mirando el cielo durante hora y media sin pronunciar una palabra.

Fernando viajó al campo de entrenamiento de los Dodgers en Barrow Beach, Florida, el 15 de febrero del 1980. Llegó al aeropuerto de Miami con una sola maleta de cartón. Hablaba cero inglés, pesaba 112 kg, tenía 19 años recién cumplidos  y en los siguientes 14 meses, según los testimonios documentados de personas del entorno Dodgers  durante esa época, el muchacho de hecho Joaquila iba a pasar del anonimato total al fenómeno mediático más grande que el béisbol profesional había vivido desde los años

de Sandy Kofax, dos décadas antes. Lo que ocurrió entre el 15 de febrero del 80 y el 6 de abril del 81, según los reportes históricos del béisbol profesional, no se parecía a nada que ninguna organización deportiva mundial hubiera visto antes y no se ha vuelto a ver desde entonces. Es la historia exacta de cómo un muchacho mayo de un rancho polvoroso de Sonora se convirtió en menos de 14 meses en el piter más famoso del mundo entero.

Era lunes 6 de abril del 1981, Dodger Stadium de Los Ángeles, California. Día de apertura de la temporada nueva del béisbol profesional estadounidense. 50,511 personas en las gradas. Pelea de la división oeste de la Liga Nacional contra los Astros de Houston como  visitantes y un piter mexicano de 20 años recién cumplidos parado en el montículo  mirando al catcher Mike Siocia con la pelota agarrada en la mano izquierda enorme.

El primer lanzamiento del toro Valenzuela esa tarde fue un screwball que cruzó la zona de strike a  92 mill por el bateador de los astros, Terry Pool ni siquiera movió el  bate. Strike 1. El segundo lanzamiento fue otro Screwball, mismo recorrido, misma velocidad. Strike 2, el tercero, una recta exterior que el bateador siguió sin reacción. Strike  3.

A las 2:22 de la tarde del lunes 6 de abril del 1981.  En menos de 90 segundos seguidos arriba del montículo del Dodger Stadium, el muchacho mayo dejo  ponchó al primer bateador de la temporada en tres lanzamientos. El partido entero duró 2 horas y 18 minutos. Los Dodgers ganaron  dos carreras a cero.

El Toro Valenzuela lanzó los nueve innings completos, cinco ponches, cuatro hits permitidos, cero carreras anotadas. Esa noche del 6 de abril, según los reportes históricos del béisbol mexicano, más de 40 millones de personas en México escucharon o vieron el partido  completo. Fue la transmisión deportiva con más audiencia en la historia de la  televisión mexicana hasta esa fecha.

Y al día siguiente, según los archivos de la prensa estadounidense, el New York Times  publicó en primera plana un artículo titulado Un mexicano paraliza los Ángeles. La Fernandomanía había empezado durante los siguientes 8 meses, entre abril y noviembre del 1981,  el muchacho de Hechoquila iba a romper récords que ningún piter mexicano había roto antes y que ningún piter  mexicano ha roto desde entonces.

Pero también iba a sembrar sin saberlo. Las primeras semillas de la traición más brutal que la organización Dodgers de Los Ángeles le iba a hacer 10 años después dentro del vestuario del campo de entrenamiento de Verov Beach, Florida. La temporada del 1981 del Toro Valenzuela quedó documentada como una de las cinco mejores actuaciones individuales de la historia del béisbol profesional mundial.

13 victorias y siete derrotas. efectividad de 2.48, 180 ponches en 192 entradas lanzadas ocho juegos completos, 11 blanqueadas, 252 personas pagaron entrada en el Dodger Stadium cada vez que él abría el partido como pitcher titular. Récord de asistencia para un piter latinoamericano. Récord de cobertura mediática para un atleta mexicano.

Récord de juegos transmitidos en cadena nacional. desde un solo país extranjero para ver a un solo jugador. Y al terminar la temporada en noviembre del 1981, el muchacho mayo de Echohuaquila se convirtió oficialmente, según los archivos de las grandes ligas, en el primer pitcher de toda la historia del béisbol profesional mundial, en ganar el premio Sai Jong, al mejor pitcher de la Liga Nacional y el Premio novato del año en la misma temporada, único en toda la historia del béisbol profesional mundial hasta el día de hoy Y para cerrar el año

más espectacular de su carrera profesional, en octubre del mismo 1981, el toro Valenzuela ganó la Serie Mundial con los Dodgers de Los Ángeles contra los Yankees de Nueva York en seis juegos completos. Bolsa total del año 1981, 2,400,000. María Soledad Anguamea, la madre del toro, no salió de la choa de hecho durante toda la serie mundial.

Vio los seis partidos por una televisión de 14 pulgadas en blanco y negro,  que un vecino del pueblo había rentado especialmente para que la familia Valenzuela pudiera ver al hijo lanzando en Nueva York. Y al terminar el último out de la Serie Mundial el 28 de octubre del 1981, según los testimonios posteriores, María Soledad Anguamea se hincó delante de la televisión del vecino, se persignó tres veces seguidas y le pidió a Dios mayo del Valle del Mayo que cuidara al muchacho durante los siguientes años de su vida adulta en una ciudad que la

madre nunca había visto y que estaba a 3,500 km de distancia del rancho de Hecho  Joaquila. 10 años después de aquella oración pronunciada por la madre del toro Valenzuela delante de una televisión en blanco y negro de 14 pulgadas en el rancho de Hechoila. Dentro del vestuario del campo de entrenamiento de los Dodgers de Los Ángeles en Vero Beach, Florida,  iba a ocurrir lo que ningún campeón mexicano de la historia del deporte profesional había vivido antes y lo que la organización Dodgers durante los

siguientes 33 años iba a ocultar sistemáticamente del público mexicano hasta el día en que el muchacho mayo de Hechoquila murió solo en una cama del hospital Sedar Sinai. Era martes 28 de marzo del 1991,  campo de entrenamiento de primavera de los Dodgers de Los Ángeles, ubicado en Vero Beach, Florida, 7:10 de la mañana.

El toro Valenzuela llegó al vestuario del complejo deportivo en su cadilac de ville color blanco perla. bajó del coche con la maleta de cuero negro donde llevaba los uniformes profesionales y el guante de Pitcher. Saludó al portero del complejo en español, como llevaba haciendo durante 11 años seguidos, y caminó por el pasillo central del campo de entrenamiento hacia el vestuario de los pitchers titulares.

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