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Fernando Colunga: la Reunión Secreta que le Destrozó la Vida en 40 Minutos

Se llamaba Liliana. Era hija de un compañero de oficina de su padre y llevaban 4 años juntos. Los padres ya hablaban de matrimonio. Una semana antes del casting en el centro de educación artística, Colunga la llevó a tomar un café a la cafetería La Habá, en avenida Bucarelli.  Le dijo que necesitaba tiempo para pensar.

Liliana le devolvió el anillo de plata que él le había regalado en su tercer aniversario.  Esa misma noche, Colunga tomó el anillo, se lo guardó en el bolsillo del saco gris y nunca volvió a hablar con Liliana.  El anillo de plata que está hoy en la caja fuerte del Banco Internacional HSBC, sucursal Insurgentes Sur, es en la sala de espera del primer piso del edificio, sentadas en sillas de plástico verde.

Había otras 14 personas esperando para llenar la misma hoja de inscripción que Colunga había llenado en menos de 2 minutos. Hombres y mujeres jóvenes, casi todos vestidos peor que él, casi todos con currículums fotocopiados en la mano. Ninguno levantó la vista cuando la secretaria llamó su nombre. Pero hay un detalle que un asistente del Centro de Educación Artística, hoy jubilado en Cuautla, recuerda con precisión, esa mañana los 14 que estaban esperando llevaban allí desde las 6.

Fernando Colunga llegó a las 10:22 y subió al cuarto piso 23 minutos después de haber pisado el edificio. Subió las escaleras de mármol blanco del edificio del Centro de Educación Artística. Pidió en la recepción una hoja de inscripción para el curso de actuación. Llenó los datos a mano con bolígrafo negro sin tachones. Y cuando la secretaria, una mujer de unos 40 años con falda de tubo y lentes de care leyó su nombre en voz alta, levantó la vista lentamente y dijo una sola frase: “El señor Cobo te está esperando arriba”. Fernando Colunga jamás había

mencionado el nombre de Eugenio Cobo en aquella hoja. Tampoco lo había mencionado nadie, pero Cobo desde el cuarto piso lo estaba esperando. Eugenio Cobo no era cualquier ejecutivo del melodrama mexicano. Era el productor estrella de Televisa de los siguientes 10 años, el hombre que iba a parir María Mercedes, Marimar, María la del Barrio.

La trilogía de las tres Marías que vendió derechos a 79  países y convirtió a Talía en una estrella mundial. Pero ese poder todavía estaba en construcción aquella mañana de julio. Lo que ya tenía Eugenio Cobo a los 49 años era la última palabra sobre quién entraba al centro de educación artística y quién no.

Durante toda la década de los 80, la tasa de ingreso al centro de educación artística de Televisa fue menor al 4%. Cuatro aspirantes aceptados por cada 100 que se presentaban. Fernando Colunga ni siquiera había hecho la audición. Colunga subió al cuarto piso en un elevador de espejos antiguos. Se vio la cara reflejada cuatro veces.

Se ajustó la corbata. La puerta del elevador se abrió y caminó por un pasillo largo de moqueta verde oscura con olor a tabaco frío. La puerta de la oficina de Eugenio Cobo era de madera maciza, sin placa, sin número. Tocó dos veces. Una voz desde dentro dijo pase. Colunga giró el pomo y la puerta.  Cuando él entró, se cerró detrás de él por dentro sin que la tocara.

La oficina del cuarto piso tenía cortinas de terciopelo verde corridas a pesar de la luz del mediodía. Las paredes estaban tapizadas con fotografías firmadas. Lucía Méndez en la pared del fondo, Verónica Castro sobre una repisa de ca. Adela noriega cuando todavía tenía 16 años en un retrato pequeño junto al escritorio.

Sobre la mesa principal un reloj antiguo de madera y según contó después el técnico que vino a repararlo seis semanas  más tarde, ese reloj dejó de funcionar exactamente aquella mañana. Las manecillas se habían detenido a las 11:42, como si alguien hubiera querido marcar la hora exacta.

Lo que pasó en esos 40 minutos no quedó registrado en ningún archivo público, pero hay un documento, un solo documento que dejó huella y ese documento está hoy en mis manos. El expediente que llegó a mis manos lleva fecha del 5 de julio de 1988. En la parte superior aparece el sello rojo del Centro de Educación Artística. En la mitad de la hoja, escrito a máquina dice aspirante aceptado y en la parte inferior dos firmas.

La primera y legible en tinta negra es la del director del Centro de Educación Artística, la segunda perfectamente legible en tinta azul. Eugenio Cobo, aval personal. Categoría administrativa. Caso especial. ¿Qué significaba caso especial dentro del Centro de Educación Artística de Televisa en 1988? Lo que vas a entender ahora cambia cualquier cosa que creías saber de Fernando Colunga.

Caso especial era una categoría administrativa que se aplicaba a aspirantes que no habían pasado por la audición regular, aspirantes que entraban directamente al programa por recomendación de un ejecutivo, aspirantes que no tenían que demostrar nada en cámara antes de ser aceptados. La categoría no estaba prohibida, estaba reservada.

Y durante toda la década de los 80, según los archivos administrativos del propio Centro de Educación Artística, solo se aplicó en 17 ocasiones. 11 de esas 17 fueron firmadas por Eugenio Cobo. 11 de los 17 aspirantes que entraron sin audición durante los 80 llevaban la firma de un solo hombre. De esos 11, siete eran varones de entre 20 y 26 años.

Cuatro de ellos terminaron como protagonistas de telenovelas producidas por Cobo. Fernando Colunga fue uno. Los primeros tres meses dentro del Centro de Educación Artística, Fernando Colunga se mantuvo  distante de los demás aspirantes. No socializaba en los descansos, no iba a los cafés del centro histórico con los grupos.

Volvía a la casa de sus padres cada noche en el último vagón del metro de la línea uno y mientras la mayoría de los aspirantes pagaban su matrícula con préstamos bancarios o becas familiares, la suya, según el archivo administrativo, figura como cubierta por aval institucional.  Aval otra vez y el aval otra vez llevaba el mismo apellido. Eugenio Cobo.

La tercera vez que escuchas ese nombre en este video, pero todavía no es nada comparado con lo que pasó 3 meses después,  una noche de octubre en un restaurante del Pedregal. El 21 de octubre de 1988, Fernando Colunga recibió una llamada en la casa. Lo invitaban a una cena de presentación con productores y directores de Televisa.

La cena era esa misma noche,  el lugar, un restaurante italiano del pedregal de San Ángel llamado Davinchi. Hora 9 de la noche. Le pidieron que llegara solo. Llegó solo. Lo recibió Eugenio Cobo en la entrada del restaurante. Estaban presentes seis hombres alrededor de una mesa redonda, tres productores, dos directores y un guionista.

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