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Fawzia de Egipto: La Mujer Más Bella del Mundo… y la Devolvieron

Esos ojos azules en un rostro árabe, una rareza genética que los médicos de la corte no saben explicar y que los poetas de El Cairo convierten inmediatamente en leyenda. Crece en un universo de opulencia que es al mismo tiempo una prisión dorada. Palacio Abdeen en el Cairo, 245 habitaciones. Palacio Russel Tein en Alejandría, donde el Mediterráneo llega casi hasta las ventanas.

Palacio Montasá, con sus jardines de palmeras y playas privadas. Viajes a Europa en los veranos París, Ginebra, la costa azul. Pero una princesa egipcia en los años 20 no elige nada. No elige a qué escuela ir, no elige a sus amigos, no elige si salir o quedarse y sobre todo no elige con quién casarse. Fauzia lo entiende muy pronto.

Aprende a callar, aprende a sonreír en el momento correcto. aprende a hacer exactamente lo que se espera de ella, tan perfectamente que nadie pueda quejarse y aguardar sus propias emociones en un lugar tan profundo que ella misma a veces olvida que las tiene. Era una estrategia de supervivencia disfrazada de obediencia perfecta y funcionó durante años. Funcionó.

Los veranos en París le abren un mundo que el palacio no puede darle. Las galerías de arte, los cafés donde la gente debate sin bajar la voz, las tiendas donde los vestidos son obras de arquitectura en tela. Las películas de Hollywood que llenan los cines del boulevard. Facia absorbe todo con la avidez de alguien que siente que el mundo es mucho más grande de lo que le habían dicho.

En París por primera vez ve mujeres que trabajan, mujeres que opinan en público, mujeres que caminan solas por la calle sin que nadie las mire como si estuvieran cometiendo un delito. Es un mundo que no se parece en nada al palacio Abdén, donde las mujeres de la familia real existen para ser bellas, obedientes y silenciosas.

Fautia no dice nada, nunca dice nada, pero observa y lo que observa se queda dentro de ella como una semilla que tardará décadas en germinar. Tiene amistades otras jóvenes de familias aristocráticas europeas en su mayoría, que la tratan con la mezcla de fascinación y respeto que se reserva para quien es claramente diferente.

Es la princesa egipcia de los ojos azules. Un misterio presentable. alguien con quien se puede hablar de libros y de moda. Mientras todos saben que esa amistad tiene fecha de caducidad, que en algún momento la princesa volverá a su palacio y las cartas se reducirán y el verano quedará como un recuerdo agradable.

Fausia lo sabe también y eso le enseña algo sobre lo temporal de las cosas que la mayoría de las personas de su edad todavía no han necesitado aprender. Y entonces, cuando tiene 15 años, su padre muere. Fuad iero fallece en abril de 1936. Su hermano Faruk, de 16 años, se convierte en rey de Egipto y el mundo de Fauzia cambia de formas que no son visibles desde fuera, pero que ella siente de inmediato.

Las expectativas matrimoniales se aceleran y enterán alguien ya la está buscando. ¿Desde dónde nos estás viendo? Cuéntanos en los comentarios. Nos encanta saber desde qué país nos siguen. Reza Shaw Palavy, el fundador de la dinastía Palavi, es un hombre que llegó al poder desde la nada, hijo de un soldado, analfabeto en su juventud.

Había construido un imperio con su voluntad antes de cumplir 50 años. modernizó Irán a la fuerza ferrocarriles, universidades, prohibición del velo, ejército moderno. Era el tipo de hombre que construye un país con la misma brutalidad con que se construye un edificio, sin preguntar a nadie si quiere vivir en él. y entendía perfectamente el valor político de los matrimonios reales.

Una alianza con la familia real egipcia, la más prestigiosa del mundo árabe, era exactamente lo que necesitaba para su hijo y heredero. Los Pahlavi eran una dinastía nueva, sin la legitimidad de siglos que tenían los Fuad de Egipto. Cazar a Mohamad rea con una princesa egipcia era comprar credibilidad con sangre azul. Las negociaciones empiezan en 1938.

Meses de cartas entre el Cairo y Teerán. Intermediarios que viajan de un palacio a otro con propuestas, contrapropuestas, discusiones sobre la dote, sobre los títulos que Fausia recibirá, sobre el protocolo de la ceremonia, sobre quién paga qué y quién cede dónde. Es una transacción comercial disfrazada de romance.

Dos familias reales negocian un intercambio de activos. Egipto entrega una princesa. Irán entrega una alianza. En ningún momento de ese proceso, nadie le pregunta a Fausia qué piensa. Tiene 15 años cuando empiezan, 16 cuando terminan. Eso es suficiente. Eso es todo lo que se necesita. Su madre, Nasle, intenta hablar con ella, intenta prepararla para lo que viene, para la vida en un país extranjero, para la soledad que la espera.

Pero, ¿cómo se prepara a una niña de 16 años para ser la esposa de un futuro rey en un país donde no conoce a nadie? No se puede. Se la envía y se espera lo mejor. Y Fauzia, que ha aprendido a callar, calla. El viaje a Irán es como cruzar un espejo hacia otro mundo. Egipto es el suyo, el Nilo, los minaretes, el francés en los salones, el café turco por las mañanas, el Mediterráneo siempre ahí azul y familiar. Irán es otro universo.

Teerán en 1939 es una ciudad en transformación violenta. Resasha está modernizando el país a la fuerza, construyendo avenidas donde antes había callejones, derribando mezquitas para construir ministerios, un país que duele mientras se transforma. La segunda ceremonia de bodas se celebra en Teerán, el palacio de Golestán, con sus mosaicos de espejos y sus salones de mármol acoge a los invitados iraníes.

Pero esta boda no es como la del Cairo, no es su boda, es la boda del shaus la pieza importada que completa el escenario. Los rituales son en fars y un idioma que no entiende, las caras son desconocidas. Los protocolos son diferentes y por primera vez Fauusia siente algo que va a acompañarla durante 9 años.

La sensación de ser una extranjera permanente en el único lugar donde se supone que debe pertenecer. Fausia llega a un palacio enorme, geométrico, frío en todos los sentidos. El palacio de mármol de Teerán no tiene nada que ver con los palacios egipcios donde creció. En Egipto los palacios respiran, tienen patios abiertos, fuentes, jardines que se mezclan con los salones.

En Teerán los palacios son fortalezas, muros altos, ventanas pequeñas, pasillos largos donde el eco de los pasos es el único sonido. El idioma es un muro. El farsi no tiene ninguna semejanza con el árabe, ni las palabras, ni la gramática, ni el ritmo. Fausia podría comunicarse en francés con la élite de la corte, pero el francés crea distancia, no es la lengua de la intimidad.

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