La gente que trabaja en el Vaticano lo describía con una palabra tranquilidad. Decían que con él había vuelto un cierto orden, una cierta calma, una sensación de continuidad. Pero entonces algo empezó a cambiar y nadie lo vio venir. Lo que pocos saben, lo que casi nadie se atreve a contar, es que el Papa León XIV pasó muchas noches en oración antes de soltar las palabras que lo cambiaron todo.
Quienes trabajan cerca de él cuentan que se le veía cansado en aquellos días, que pedía estar solo, que se encerraba en su capilla privada durante horas, que rezaba el rosario una y otra vez como buscando una luz, como pidiendo permiso para hablar. Y es que mira, hay algo que necesito que tú entiendas. Cuando una persona como tú o como yo enciende una veladora frente a la Virgen de Guadalupe, lo hace para sí misma, para su familia, para sus seres queridos.
Pero cuando un papa reza, está rezando por el mundo entero, por cada niño que no tiene que comer en África, por cada madre que llora a un hijo en una guerra, por cada anciano que muere solo en un hospital. El peso que carga sobre sus hombros no se compara con nada. Y a veces cuando reza, Dios le pide que hable. Y cuando Dios pide hablar, no se puede callar.
Aquella noche, dicen los que estaban cerca, el Papa León XIV terminó su oración con los ojos rojos, llamó a sus colaboradores más cercanos y les dijo que tenía algo que decir, algo que no podía guardarse más. Algunos cardenales le advirtieron que tuviera cuidado, que midiera sus palabras, que el mundo no estaba para sermones fuertes, que los poderosos podían tomarlo a mal.
Pero él respondió con una frase que se ha quedado grabada en quienes la escucharon. Dijo, “Si callamos ahora, mañana las piedras hablarán por nosotros.” Y aquí déjame que pare la historia un momento y te hable directamente a ti, porque sé que estás escuchando esto mientras quizá estás en tu cocina, lavando los trastes, doblando ropa o sentada en tu silla favorita después de comer.
Sé que tú también a tus años has tenido noches en las que has llorado en silencio, noches en las que le has preguntado a Dios por qué, por qué se fue tu esposo? ¿Por qué tu hijo no llama? ¿Por qué te dieron esa noticia del doctor? ¿Por qué se tienen que pelear las familias por dinero, por herencias, por tonterías que no valen nada al lado del amor? Tú has rezado mucho en tu vida. Yo lo sé conocerte.
Lo sé porque quien escucha estas historias es una persona que reza, una persona que conoce el dolor, pero no ha perdido la fe, una persona que ha visto morir a sus padres, que ha cuidado a sus hijos, que ahora cuida a sus nietos cuando puede. Y quiero que sepas que la frase que dijo el Papa, esa frase de “Si callamos ahora, mañana las piedras hablarán por nosotros, también es para ti, porque tal vez tú también has callado durante años.

Has callado cuando sabías que algo no estaba bien. Has callado cuando alguien te lastimó. Has callado por miedo, por respeto, por amor a tu familia. Y a veces en la vida llega un momento en que Dios te pide que hables, que digas la verdad, que ya no calles más. Esa es la lección que está empezando a darnos León XIV con su pontificado.
Y ahora vamos a ver qué fue exactamente lo que dijo. Lo que tiene tan preocupado al Vaticano. Todo empezó con una homilía. Una homilía que muchos pensaron sería de las habituales. Otra reflexión espiritual, otra exhortación a la fe, otra llamada a la paz. Pero esta vez fue distinto. El Papa León XIV se paró frente al atril.
miró a los presentes con esos ojos serenos pero firmes que tiene, y empezó a hablar de la muerte, pero no de la muerte como la entiende la gente común, no de la muerte que llega cuando uno es viejo, no de la muerte natural, esa que tarde o temprano llega a todos nosotros. Habló de otra muerte, una muerte más peligrosa, una muerte que ataca por dentro.
dijo con palabras propias y conmovedoras que el poder de la muerte nos amenaza dentro de nosotros mismos, que cuando las decepciones o la soledad agotan nuestras esperanzas, ahí está la muerte trabajando. Que cuando las preocupaciones o los resentimientos sofocan la alegría de vivir, ahí está la muerte trabajando. que cuando sentimos tristeza o cansancio, cuando nos sentimos traicionados o rechazados, cuando enfrentamos nuestra debilidad, nuestro sufrimiento, el cansancio de cada día, parece que hubiéramos caído en un túnel del que no vemos la salida. Y dijo algo
más. Dijo que el poder de la muerte también nos amenaza desde fuera, que la muerte siempre acecha, que vivimos en un tiempo donde la muerte no solo se viste de enfermedad, sino también de guerra. de injusticia, de hambre, de soledad organizada, de indiferencia que mata sin disparar un arma.
Y aquí es donde los cardenales empezaron a moverse incómodos en sus sillas, porque el Papa estaba diciendo verdades que duelen, verdades que muchos no querían escuchar, verdades que tocan a todos los poderosos del mundo. ¿Por qué este mensaje preocupó al Vaticano? Buena pregunta. Porque cuando un papa habla así, no está diciendo cosas bonitas para postales, está señalando con el dedo.
Y cuando un papa señala con el dedo, los poderosos del mundo se incomodan. León XIV empezó a decir cosas que tocaron a todos. Habló de la guerra en Tierra Santa. pidió que se respetaran las legítimas aspiraciones del pueblo israelí y del pueblo palestino, sin escoger un solo lado, sin caer en el discurso fácil de unos contra otros, pidió paz, pidió alto al fuego, pidió que dejaran de morir niños en escuelas y hospitales.
Habló de las guerras olvidadas, las que ya no salen en las noticias. Las guerras de África, donde mueren miles cada semana y a nadie le importa. habló de Cuba, de la situación de los pobres, de quienes pasan hambre y no tienen voz. Habló de los migrantes que cruzan desiertos buscando un trabajo que les permita dar de comer a sus hijos.
Esos migrantes mexicanos, centroamericanos, sudamericanos, que tú conoces porque seguramente tienes a alguien en tu familia que se fue al norte. Y aquí pasó algo que pocos esperaban. El presidente más poderoso del mundo, el presidente de los Estados Unidos, se enojó con el Papa. Sí, así como lo escuchas, Donald Trump, ese mismo hombre que aparece todos los días en las noticias, criticó al Papa León XIV por sus opiniones sobre la guerra y desde ese momento las relaciones entre Washington y el Vaticano se tensaron. Se
tensaron tanto que el secretario de Estado de Estados Unidos tuvo que viajar a Roma para hablar cara a cara con el Papa, para tratar de bajar el tono, para que esta tensión no se hiciera más grande. Pero el Papa no dio marcha atrás y eso es lo que tiene preocupado al Vaticano. Te cuento algo que pocos cuentan.
Dentro del Vaticano hay grupos, no es un secreto. Cualquier institución grande tiene grupos. Hay quienes son más conservadores y quieren que la iglesia se aferre a las tradiciones. Hay quienes son más abiertos y quieren caminar con los tiempos. Hay quienes son cercanos a los poderosos del mundo. Hay quienes son cercanos a los pobres.
Y la pregunta que se están haciendo todos en estos meses es, ¿qué clase de papa es León 14? Algunos pensaban que era un papa de orden, un canonista, conocedor del derecho de la Iglesia, alguien que pondría freno a las novedades. Otros pensaban que sería continuidad pura del Papa Francisco, que descansa en paz, que su pontificado sería una versión suavizada del anterior.
Pero León XIV los ha sorprendido a todos. Es un papa que une lo que parecía imposible unir, que defiende la doctrina con firmeza, pero que también levanta la voz por los pobres, que respeta las tradiciones, pero que no se calla frente a las injusticias del mundo, que habla con prudencia, pero que cuando habla sus palabras pegan donde tienen que pegar.
Y eso ha hecho que tanto los conservadores como los progresistas se sientan, como dijo un periodista, fuera de juego, porque no pueden encasillarlo, no pueden ponerle una etiqueta. Y eso en el mundo de hoy, donde todos quieren etiquetar todo, donde todos quieren que los demás escojan un bando, es algo que asusta.
Asusta porque un hombre así, un papa así, es un hombre libre. Y los hombres libres, los que solo le rinden cuentas a Dios, son los que pueden cambiar la historia. Y ahora deja que te hable a ti otra vez, porque tal vez tú también has sido encasillada en tu vida. Tal vez tu familia te ha puesto etiquetas.
La que cocina, la que cuida, la que se calla, la que aguanta, la que perdona todo, la que nunca pide nada. Y a lo mejor en estos años de tu vida has aprendido algo importante, que ser libre frente a Dios es lo único que verdaderamente importa, que las opiniones de los demás se las lleva el viento.
Que las etiquetas que los hijos, los nietos, los vecinos te ponen no son quien tú eres realmente. Que tú frente al sagrario, frente a la imagen de la Virgen de Guadalupe en tu casa, eres una hija amada de Dios. Y eso no lo cambia nadie. León 14 nos está enseñando algo que tú ya sabes en lo profundo del corazón, que cuando uno reza de verdad, cuando uno se pone de rodillas y le entrega todo a Dios, deja de tener miedo porque ya no le rinde cuentas a nadie más que al Padre del cielo.
Y por eso ahora vamos a entrar en la parte más fuerte de esta historia, la parte donde el Papa empezó a decir cosas que muy pocos se atreven a decir. La parte que tiene a los más altos cardenales hablando en voz baja por los pasillos, la parte que tú necesitas escuchar porque tiene que ver con tu propia vida. Pero antes de seguir, si esta historia te está tocando el corazón, si sientes que hay un mensaje aquí que Dios te quiere dar, te pido que te suscribas a este canal.
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Hay algo que el Papa León XIV ha dicho en privado en reuniones cerradas que ha trascendido a algunos pocos. Y es que él siente en lo profundo de su alma que estamos viviendo un tiempo bisagra, un tiempo donde la humanidad va a tener que escoger entre dos caminos. Y eso no es invento mío, eso es lo que se siente cuando uno escucha sus discursos completos, cuando uno lee sus mensajes con atención, cuando uno entiende lo que está diciendo entre líneas.
Mira, el Papa habla muchísimo de esperanza. El jubileo del año 2025 fue precisamente un jubileo de la esperanza, pero también habla de algo más. habla de que el mundo está cansado. Habla de que la gente ha perdido la fe en muchas instituciones, en muchos líderes, en muchos sistemas. Habla de que las familias se desmoronan.
Habla de que los jóvenes ya no saben quién es Cristo. Habla de que los ancianos viven en una soledad que mata más que muchas enfermedades. Y dice algo que pocos quieren escuchar, que esto no se arregla con dinero, no se arregla con leyes nuevas, no se arregla con discursos políticos, esto solo se arregla volviendo a Dios.
Y aquí está la palabra que tiene algunos preocupados. Volver. Volver a Dios, volver a los sacramentos, volver al rosario, volver a la misa, volver a la oración familiar, volver a las cosas sencillas que tu mamá y tu abuela hacían sin darle muchas vueltas. ¿Y qué tiene de incómodo eso? Te preguntarás. Pues mira, en un mundo donde todo se mide por lo nuevo, por lo moderno, por lo último, decir que hay que volver es revolucionario.
Es decir, que el camino del progreso sin Dios no nos ha llevado a ningún lado bueno. Es decir, que las modas espirituales que se inventan cada 5 años son humo. Es decir, que hay una verdad eterna que no cambia y que esa verdad es Cristo. Y eso en el mundo de hoy, donde todo se relativiza, donde todo es discutible, donde nadie se atreve a decir que hay una verdad clara, es como tirar una piedra en un estanque tranquilo.
Te voy a contar algo de tu propia tierra. En México, en los pueblos pequeños, en los ranchos, en las colonias humildes de las grandes ciudadan ciudades, hay millones de personas que han hecho exactamente lo que el Papa pide, que han vuelto, que nunca se fueron, personas como tu mamá, personas como tu abuela, personas que enseñaron a sus hijos a persignarse antes de comer, personas que pusieron la imagen del Sagrado Corazón en la sala, personas que rezaban el rosario en familia los sábados por la tarde.
personas que cumplieron sus mandas, personas que enterraron a sus muertos con misa de cuerpo presente. Esas personas, esas mujeres como tú, son las que sostienen la fe en este país. No los teólogos, no los políticos católicos que solo van a misa para la foto. No los famosos que dicen que rezan, pero viven como si Dios no existiera.
Las que sostienen la fe son las mujeres mayores que rezan en silencio, las que ofrecen sus dolores, las que perdonan a los hijos que las hirieron, las que siguen poniendo el plato del nieto en la mesa por si llega, las que encienden la veladora cuando alguien está enfermo, las que peregrinan al Tepellac, aunque les duelan las rodillas.
Y por eso, cuando el Papa León XIV mira a Latinoamérica, cuando él que vivió tantos años en Perú mira a México, le brillan los ojos porque sabe que aquí, en estos pueblos, en estas colonias, en estas casas humildes, hay un tesoro que el mundo entero ha perdido. Hay fe. Fe sencilla, fe verdadera. fe que no se compra ni se vende y él quiere que esa fe vuelva a ser la luz del mundo.
Pero entonces, si el mensaje del Papa es tan bueno, si lo que pide es algo tan necesario, ¿por qué preocupa al Vaticano? Esa es la pregunta clave y la respuesta es dura. preocupa porque dentro del Vaticano hay muchos hombres que han hecho carrera, que han subido escalones, que tienen redes de poder, de influencia, de relaciones con gobiernos, con bancos, con instituciones internacionales.
Y a esos hombres no les conviene un papa que diga la verdad sin filtros. No les conviene un papa que llame a los poderosos a rendir cuentas. No les conviene un papa que diga que el dinero no es lo más importante. No les conviene un papa que defienda la vida desde la concepción hasta la muerte natural. ¿No les conviene un papa que recuerde que el matrimonio es entre un hombre y una mujer? No les conviene un papa que diga que hay que volver a las raíces de la fe.
A esos hombres les convenía un papa cómodo, un papa que les sonriera, un papa que les firmara documentos, un papa que no se metiera en problemas con los gobiernos. Y León XIV no es ese papa. León XIV es un papa que sabe rezar. Y un hombre que sabe rezar es un hombre peligroso para los que no quieren rezar.
Pero también preocupa por algo más profundo, algo que tiene que ver con el momento histórico. Hay quienes piensan que estamos cerca de un cambio enorme en la historia, que estamos en uno de esos momentos donde Dios sacude al mundo para que despierte. Las guerras se multiplican, los desastres naturales son cada vez más fuertes, las familias se rompen.
Los niños no saben quiénes son. Los ancianos mueren solos. La fe se enfría en muchos países que antes eran cristianos y el Papa León XIV ha empezado a usar palabras que nos recuerdan al evangelio, palabras de aviso, palabras de llamada al regreso, palabras de conversión urgente. Y eso, querida amiga que me escuchas, eso no se ve todos los días.
Déjame contarte una cosa más, una cosa que tal vez no sepas. El nombre que el Papa eligió para sí mismo no fue por casualidad. Cuando un cardenal es elegido Papa, le preguntan, “¿Qué nombre quieres tomar?” Y él escogió león. Hubo otros papas con ese nombre, 13 antes que él.
Pero el más famoso, el que más marca en la historia de la Iglesia fue León XI. León XI fue el Papa que escribió hace más de 100 años una carta que cambió el mundo. Una carta que se llamó Rerum Novarum. Una carta que habló por primera vez con fuerza de los derechos de los trabajadores, de la dignidad del pobre, de que el dinero no puede comerse al ser humano, de que el patrón tiene obligaciones con quien le sirve.
Esa carta sacudió a los poderosos del siglo XIX y cambió la forma en que la iglesia mira a los pobres para siempre. Cuando León XIV escogió ese nombre, escogió esa misión. Escogió ser un papa que hablara por los olvidados, por los que no tienen voz, por los abuelos que viven con 600 pesos al mes en México, por las mujeres que crían solas a sus hijos, por los hombres que se rompen la espalda trabajando y no les alcanza.
por los enfermos que no pueden pagar un doctor, por los migrantes, por los presos, por los marginados. Y por eso cuando él habla, los poderosos del mundo escuchan con miedo, porque saben que ese hombre vestido de blanco no se va a callar. Y aquí pasamos al momento más fuerte de esta historia, el momento que tiene a los cardenales más cercanos al poder mundial sumamente preocupados.
Porque León XIV ha empezado a decir en distintos foros, en distintas audiencias, en distintos mensajes una verdad que muy pocos se atreven a decir. Ha empezado a hablar de la responsabilidad de los líderes mundiales en las guerras, no con nombres, no señalando con el dedo a uno solo, pero con mucha claridad.
ha dicho que la guerra siempre es una derrota, que no hay guerra justa cuando los que mueren son niños, que detrás de cada bomba que se vende hay un fabricante que se enriquece, que detrás de cada misil que cae sobre una casa hay políticos que firmaron permisos. Que detrás de cada migrante que se ahoga en el mar hay leyes que cierran las puertas y ha llamado a los líderes del mundo a algo que parece simple, pero que pocos están dispuestos a hacer.
a tener temor de Dios. Esa expresión temor de Dios suena fuerte, suena antigua, pero es exactamente la expresión que el Papa ha usado. Porque tener temor de Dios no es tenerle miedo, es respetar que hay un juez que nos va a pedir cuentas a todos, que hay un padre del cielo que ve todo lo que hacemos, que cada decisión que tomamos en esta vida tendrá una consecuencia eterna.
Y cuando un líder mundial pierde el temor de Dios, hace lo que quiere, manda matar, cierra fronteras, mete a familias en jaulas, vende armas, envenena la tierra y duerme tranquilo porque cree que no le van a pedir cuentas. Pero el Papa ha recordado que sí van a pedirles cuentas y eso en estos tiempos es revolucionario.
Mira, déjame que te explique esto bien porque es importante. En la Biblia, en el libro del Apocalipsis, en los Salmos, en los profetas, hay una idea que se repite muchas veces y es que Dios no se olvida del pobre. Dios escucha el llanto del que sufre. Dios cuenta cada lágrima que cae.
Dios sabe el nombre de cada niño que muere de hambre. Dios oye el grito de cada madre que pierde un hijo y un día le va a pedir cuentas a quienes pudieron ayudar y no ayudaron, a quienes tenían poder y lo usaron mal, a quienes tenían dinero y lo escondieron mientras otros morían. Esto no lo digo yo, esto lo dice Jesús en el Evangelio según San Mateo, capítulo 25.
cuando habla del juicio final, cuando dice que va a separar a las ovejas de los cabritos y que va a juzgar a cada uno por una sola pregunta. Tuve hambre, ¿me diste comer? ¿Tuve sed? ¿Me diste de beber? ¿Estuve enfermo? ¿Me visitaste? ¿Estuve preso? ¿fuiste a verme? ¿Era extranjero, me hospedaste? Y cuando los del lado bueno le pregunten, “Señor, ¿cuándo te vimos así?” Él va a responder, “Cada vez que lo hicieron con uno de estos mis hermanos más pequeños, lo hicieron conmigo.
” León 14 está recordándole al mundo este evangelio y por eso los hombres que tienen mucho poder, mucho dinero, mucha influencia, no pueden dormir tranquilos cuando el Papa habla porque saben en lo profundo que están siendo juzgados, no por un tribunal humano, sino por la voz de un vicario de Cristo que les recuerda que hay otro tribunal, el verdadero, el eterno.
Y ahora, querida amiga, deja que te hable directamente otra vez, porque sé que en este momento del video tal vez estás sintiendo algo en el pecho, tal vez se te llenaron los ojos de lágrimas, tal vez recordaste a alguien, tal vez pensaste en tu hijo, en tu esposo, en tus padres que ya descansan en paz. Tal vez te diste cuenta de que tú también en tu pequeña vida has visto cosas que duelen.
Has visto a vecinos pasar hambre. Has visto a niños sin zapatos. Has visto a familias deshacerse? ¿Has visto a este país sufrir tanto? Y tal vez te has preguntado mil veces, ¿hasta cuándo, Señor? ¿Hasta cuándo va a permitir Dios tanto dolor? ¿Hasta cuándo? Y la respuesta que el Papa León XIV nos está dando es esta: hasta que despertemos, hasta que volvamos a Dios, hasta que recordemos que somos hermanos, hasta que el rico recuerde al pobre, hasta que el sano recuerde al enfermo, hasta que el joven recuerde al anciano, hasta que el fuerte recuerde al débil. Y
esto es a cuenta de un solo día. Empieza contigo, empieza conmigo, empieza en cada casa. Empieza cuando tú perdonas a quien te lastimó, cuando tú llamas al hijo que se alejó, cuando tú visitas a la vecina enferma, cuando tú das aunque tengas poco, cuando tú rezas por los que no te quieren, cuando tú enciendes una veladora por los desconocidos, eso es lo que el Papa nos está pidiendo.
Y eso eso es lo que tiene preocupado al Vaticano. Porque si tú y yo y otros como nosotros empezamos a vivir así, el mundo va a cambiar. Y los que tenían el control van a perder ese control. Déjame contarte ahora algo que pasó hace pocos días, algo que confirma lo que te estoy diciendo. El secretario de Estado de los Estados Unidos, un hombre poderoso, viajó hasta Roma para reunirse con el Papa.
No fue una visita normal, no fue un encuentro protocolario, fue una reunión en medio de una atención histórica, una tensión que el propio Vaticano describió en privado como sin precedentes. Imagínate la escena. Por un lado, el secretario de Estado del país más poderoso del mundo, un hombre acostumbrado a que lo escuchen, un hombre con presupuestos millonarios, con ejércitos, con poder de decisión sobre la vida de millones.
Por el otro, un papa vestido de blanco, sin ejército, sin armas, sin presupuesto militar, solo con su fe, su evangelio y el peso moral de dos 1000 años de iglesia. Y se sentaron a hablar. Hablaron de Medio Oriente, hablaron de Cuba, hablaron de los pueblos que sufren, hablaron de la paz. Pero detrás de esas palabras formales había algo más.
Había un mensaje que el Papa quiso dejar muy claro, que la Iglesia no se va a callar, que mientras él sea papa, los olvidados van a tener voz, que los muertos de las guerras van a ser nombrados, que los migrantes no van a ser tratados como animales, que la iglesia no va a bendecir lo que es injusto, ni siquiera para quedar bien con los poderosos.
Y al salir de esa reunión se notaba que el clima entre Washington y el Vaticano había bajado un poco la tensión, pero el Papa no había cedido. Él sigue diciendo lo que tiene que decir y eso en el mundo de hoy es un milagro pequeño pero real. Ahora vamos a entrar a la parte más importante de toda esta historia, la parte que tú necesitas escuchar para tu propia vida, porque hasta aquí te he contado lo que pasa allá lejos en Roma, entre los grandes del mundo.
Pero todo esto tiene que ver con tu vida diaria, tiene que ver contigo sentada en tu silla, con tu rosario en la mano, escuchando este video. ¿Qué nos está enseñando León 14 con todo esto? Tres cosas, tres lecciones que vale la pena que te grabes en el corazón. Tres lecciones que pueden cambiar la forma en que vives los años que Dios te tiene aún reservados. La primera lección es esta.
No tengas miedo de decir la verdad. Toda tu vida tal vez has callado muchas cosas. Has callado por no incomodar. Has callado por miedo a perder a un hijo, a un esposo, a una amistad. has callado porque te enseñaron que la mujer buena se queda calladita. Pero llegó tu tiempo. Si tienes una hija que está tomando malas decisiones, díselo con amor, pero díselo.
Si tienes un nieto que se está alejando de Dios, abrázalo y háblale del cielo. Si tienes un hijo que te está faltando al respeto, ponle un alto con ternura, pero con firmeza. Si en tu colonia hay injusticias, levanta tu voz, aunque sea con una oración. Si en tu familia hay un pecado oculto que está haciendo daño, no participes del silencio cómplice.
El Papa nos está enseñando que callar cuando hay que hablar es una traición. una traición a Dios, una traición a los demás, una traición a uno mismo. Y tú, mujer de fe, mujer de tantos años, tienes la autoridad de hablar con verdad y amor. La segunda lección es, vuelve a las cosas sencillas de la fe. El Papa lo dijo así muchas veces.
Vuelve al rosario diario. Vuelve a la misa dominical, aunque te cueste levantarte. Vuelve a la confesión aunque te dé pena. Vuelve a la lectura de la Biblia, aunque sea 10 minutos al día. Vuelve a darle de comer al pobre que toca tu puerta. Vuelve a hablar con Dios todos los días como hablabas con tu mamá cuando vivía. Estas cosas que parecen tan pequeñas son las que sostienen el mundo.
Mira, en este momento, mientras tú escuchas este video, hay miles de monjas en monasterios de clausura rezando por personas que ni conocen. Hay sacerdotes ancianos celebrando misa en pueblos olvidados. Hay madres orando por hijos que tienen años sin verlas. Hay abuelas como tú encendiendo veladoras antes de dormir.
Esa cadena de oración silenciosa es la que sostiene el mundo. Es la que hace que el sol vuelva a salir cada mañana. Es la que evita que el mal se desborde por completo. El Papa León 14 lo sabe. Por eso nos pide que volvamos. Por eso nos pide que recemos como antes rezábamos. Y tú hoy después de escuchar este video, puedes encender una veladora.
Puedes rezar un rosario, puedes ofrecer ese dolor de espalda, ese cansancio, esa noche en vela como una oración. Y créeme cuando te digo que tu oración silenciosa, tu oración aparentemente pequeña llega al cielo con la misma fuerza con la que llegan las palabras del Papa. La tercera lección es la más poderosa y es esta: confía. Confía profundamente.
Confía aunque todo parezca derrumbarse. Confía aunque no entiendas lo que está pasando en el mundo. Confía aunque a tu alrededor las noticias sean malas, las familias se separen, los nietos se alejen, los doctores te den noticias difíciles. Porque el Papa, en medio de todas sus advertencias, en medio de todos sus mensajes incómodos, no se cansa de repetir una palabra, esperanza.
Y la esperanza cristiana no es ilusión. No es pensar que todo va a estar bien porque sí. No es cerrar los ojos al sufrimiento. La esperanza cristiana es saber con certeza que Cristo venció a la muerte, que la última palabra siempre es de Dios, que aunque el mundo se ponga oscuro, la luz va a brillar al final, que aunque tú sufras, tu sufrimiento no se pierde, sino que se une al sufrimiento de Jesús en la cruz.
Y eso vale para la salvación de muchas almas. El Papa lo dijo en una de sus homilías. donde parece que todo ha muerto. Por todas partes vuelven a aparecer los brotes de la resurrección. Es una fuerza imparable. Esta frase es una fuerza imparable. Tienes que escucharla otra vez. Es una fuerza imparable.
El amor de Dios es una fuerza imparable. La resurrección de Cristo es una fuerza imparable. La fe que tu mamá te enseñó es una fuerza imparable. El rosario de tu abuela es una fuerza imparable. Las potencias del mundo se ven enormes, los ejércitos parecen invencibles. Los líderes mundiales se sienten dueños del destino humano.
Pero todos ellos, todos son polvo. El faraón de Egipto se sentía dueño del mundo y hoy es polvo. El emperador romano que mandó crucificar a Cristo se creía Dios y hoy es polvo. Los reyes que persiguieron a la Iglesia son polvo. Las dictaduras del siglo pasado que parecían eternas son polvo. Pero la iglesia sigue, la fe sigue, el rosario sigue, la misa sigue, Cristo sigue.
Y eso, querida amiga, es lo que el Papa León XIV nos quiere recordar a todos en este momento del mundo, que detrás del ruido, detrás del miedo, detrás de las guerras, detrás de los gritos en las redes sociales, hay una fuerza silenciosa que nadie puede vencer. Es la fuerza de la resurrección. Es la fuerza de Cristo vivo.
Es la fuerza de María que aplastó la cabeza del enemigo. Es la fuerza de la Virgen de Guadalupe que se quedó con nosotros para no dejarnos jamás. Y aquí déjame que te recuerde algo que es nuestro, algo que es de México, algo que es tuyo. Cuando León XIV mira a México, ve a la Virgen de Guadalupe y la Guadalupana es, en cierta forma, la respuesta a lo que el Papa está pidiendo.
Porque en 1531, cuando los pueblos indígenas estaban siendo aplastados, cuando los conquistadores no entendían a los antiguos mexicanos, cuando el dolor era tan grande que parecía que la fe nunca iba a echar raíces aquí, ¿qué hizo Dios? Mandó a su madre. La Virgen se le apareció a un indio pobre, Juan Diego, un hombre humilde, sin estudios, sin poder, sin nada, y a través de él le dio a México la tilma, la imagen impresa milagrosamente, la señal, la promesa, y le dijo aquellas palabras eternas, “¿No estoy yo aquí que soy tu madre?” Esas

palabras son la respuesta a todo. ¿Estás cansada? Ella está ahí. ¿Estás sola? Ella está ahí. Te traicionaron. Ella está ahí. Tu hijo no llama, ella está ahí. El mundo se ve oscuro, ella está ahí. La iglesia sufre, ella está ahí. Hay guerras, ella está ahí. ¿Tienes miedo del futuro? Ella está ahí. Y por eso cuando el Papa habla, cuando el mundo se sacude, tú, mujer mexicana, tienes una ventaja que no tiene casi nadie en el mundo.
Tú tienes a la Virgen de Guadalupe, la madre del cielo plantada en suelo mexicano para siempre. Y mientras tú reces a ella, mientras tú vayas al Tepellac, aunque sea de lejos, aunque sea con la imaginación, mientras tú ves es esa estampita que cargas en la cartera, tú estás conectada al cielo de una forma que ningún poderoso puede tener.
Permíteme un descanso en esta historia. Si lo que estás escuchando te toca el alma, si sientes que este video llegó a tu vida por algo, te pido que me ayudes con algo muy sencillo. Suscríbete al canal, dale al botón rojo, activa la campanita y comparte este video con alguna amistad, con alguna comadre, con alguna prima a la que también le pueda hacer bien escuchar este mensaje.
Porque hay personas en tu familia o en tu colonia que están sufriendo en silencio. Personas que no se atreven a hablar de fe. Personas que están solas frente a una pantalla buscando una palabra de Dios y todavía no la encuentran. Cuando tú compartes este video, te conviertes en un puente, te conviertes en una mensajera de esperanza, te conviertes en alguien que lleva la luz a otros.
Y cada vez que alguien escuche este mensaje gracias a ti, hay una bendición que te regresa. Así funciona el reino de Dios. Lo que tú das te vuelve multiplicado. Volvamos a la historia del Papa porque hay una parte que no te he contado todavía, una parte que es la más conmovedora, una parte que ningún periódico te va a contar y es la parte de su corazón.
Quienes conocen al Papa León 14 de cerca dicen que es un hombre de mucha ternura, que cuando bendice a una madre con un bebé en brazos le tiembla la voz, que cuando recibe a una persona enferma se queda mirándola a los ojos por mucho tiempo, que cuando le hablan de los presos se le humedecen los ojos, que cuando le cuentan de un sacerdote que se siente solo, lo llama por teléfono personalmente.
Es decir, es un papa que se conmueve. Y eso en el mundo de hoy, donde los líderes parecen máquinas, donde nadie llora frente a una cámara, donde todos miden las palabras como si fueran abogados, es algo refrescante, es algo evangélico, porque Jesús lloró. Lloró frente a la tumba de Lázaro, lloró sobre Jerusalén, lloró en el huerto de Getsemaní.
Y un papa que se parece a Jesús también llora. León XIV ha llorado en privado por las víctimas de las guerras, por los niños abusados, por los sacerdotes que han fallado, por la iglesia herida, por el mundo cansado. Y eso, querida amiga, es una bendición que tenemos. Tener un Papa que llora es tener un Papa que ama.
Y un Papa que ama es lo que el mundo necesita. Déjame que te lleve a un momento concreto que pasó hace pocos meses. Un momento que casi no salió en las noticias, pero que dice mucho de quién es este papa. León XIV visitó un hospital de niños con cáncer en Roma. No fue una visita protocolar de 5 minutos para la foto. Se quedó horas.
habló con cada padre, bendijo a cada niño y cuando salió los acompañantes dicen que no podía hablar, que se subió al coche y se quedó en silencio durante todo el camino al Vaticano. Esa noche dicen, oró durante horas y al día siguiente escribió uno de sus mensajes más fuertes sobre la dignidad de la vida humana.
Ese es el Papa que tenemos, un papa que se deja partir el corazón, un papa que no usa el dolor de los demás como discurso, sino que lo carga consigo. Un papa que reza con lágrimas. Y cuando un papa reza con lágrimas, sus oraciones llegan al cielo con una fuerza distinta. Y ahora viene la parte más importante de todo este mensaje, la parte donde te voy a hablar de ti, de ti y solo de ti.
Tú llegaste a este video por una razón. Yo no creo en las casualidades. Yo creo que cuando algo llega a tus oídos en un momento exacto de tu vida, es porque Dios lo permitió. Y Dios no permite cosas sin propósito. Tú estás escuchando esto hoy porque hay algo en tu vida que necesita cambiar. Tal vez es una herida vieja que sigue abierta.
Tal vez es un rencor que cargas. Tal vez es una manda que prometiste y nunca cumpliste. Tal vez es un perdón que no has dado. Tal vez es un hijo o nieto al que no has llamado en años. Tal vez es una confesión pendiente. Tal vez es una misa de difuntos que no se ha mandado. Tal vez es solo la sensación de que estás cansada y necesitas que Dios te abrace.
Lo que sea que estés cargando, escucha esto bien. El Papa León 14 está rezando por ti. Sí, lo digo en serio. Cuando él se arrodilla cada noche en su capilla privada, ofrece sus oraciones por todos los fieles del mundo. Por los que sufren, por los que dudan, por los que están solos frente a una pantalla buscando consuelo.
Por las mujeres mayores que sostienen la fe en sus casas. Por los abuelos que ya no pueden ir a misa, pero ofrecen su dolor. Por todos los que han llorado en silencio. Y entre esos millones de almas por las que él reza está la tuya. Eso es algo grandioso. Eso es algo que no se puede comprar con dinero. Que el sucesor de San Pedro en este mismo momento ofrezca una oración por ti.
Tú formas parte de la iglesia más grande del mundo. Tú no estás sola. Tú nunca has estado sola y ahora quiero que hagas algo conmigo. Quiero que cierres los ojos un momento si puedes. Si estás manejando o cocinando, no los cierres, pero si estás sentada, ciérralos y siente que estás en presencia de Dios. Imagínate que estás en la iglesia de tu pueblo o de tu colonia, esa que conoces también, la que huele a flores y a velas, donde están las imágenes de los santos que tu mamá te enseñó a saludar.
Imagínate que estás de rodillas frente al sagrario y que Jesús te está mirando sin reproches, sin enojo, sin preguntas duras, solo te está mirando con amor. Ese amor que no se merece, pero que él regala. ese amor que tu mamá te dio cuando eras niña, ese amor que tú das a tus hijos y a tus nietos, ese amor pero infinito, pero perfecto, pero eterno.
Eso es lo que Jesús siente por ti en este momento. Y mientras él te mira, te dice algo que necesitas escuchar. Te dice, “Yo te conozco. Yo conté cada una de tus lágrimas. Yo sé los nombres de todos los hijos por los que has rezado. Yo recuerdo cada vez que encendiste una veladora pidiendo por alguien. Yo vi cada vez que callaste por amor.
Yo escuché cada oración que hiciste cuando nadie te miraba. Yo estoy contigo. Eso es lo que el Papa quiere que recordemos, que detrás del ruido del mundo, detrás de las preocupaciones, detrás del miedo, hay un Dios que te conoce por tu nombre y mientras tú estés con él, nadie te puede vencer. Pero también, y esto es importante, el Papa nos está pidiendo algo, algo concreto, algo que tú puedes hacer hoy mismo.
Te lo voy a decir en pasos sencillos para que lo hagas en tu vida diaria. Primer paso, reza una oración por el Papa todos los días. No hace falta una oración larga. Basta con un Padre Nuestro. Basta con un Dios te salve, María, pero todos los días ofrécela por él. para que Dios lo proteja, para que el Espíritu Santo lo guíe, para que pueda seguir hablando con la verdad sin doblarse ante los poderosos del mundo.
Tu oración pequeña sumada a las oraciones de millones de personas es lo que sostiene su pontificado. Es lo que le da fuerza para seguir cuando todo le quiere quitar las ganas. Segundo paso, vuelve a la confesión. Sé que tal vez tienes mucho tiempo sin confesarte. Sé que da pena. Sé que uno se siente como si tuviera que enseñar todo lo malo, pero el sacerdote no está ahí para juzgarte, está ahí para darte el perdón de Dios.
Y ese perdón limpia el alma como nada en el mundo lo puede hacer. Después de una buena confesión, tú vas a sentir un peso menos, vas a dormir mejor, vas a poder mirar a tus seres queridos a los ojos sin esa carga vieja. Hazlo esta semana. No esperes a la cuaresma. No esperes al fin de año, hazlo ahora. Tercer paso, perdona a alguien, tú sabes a quién.
No tienes que pretender que nada pasó. No tienes que decirle, “Ya todo está bien.” Pero en tu corazón, frente a Dios, suelta. Suelta a esa persona que te lastimó. Suelta a ese familiar con el que tienes años sin hablarte. Suelta a ese hijo o hija que te falló. Suelta a esa nuera que no te quiere. Suelta a ese yerno que te decepcionó.
Suelta a ti misma por las cosas que hiciste mal y te has cargado durante años. Y mientras sueltas, di esta oración. Señor, yo te entrego a esta persona. Yo no puedo perdonarla por mí misma, pero contigo sí. Tómala en tus manos y dame a mí la paz que necesito. Y te digo con todo el conocimiento que tengo de la fe que cuando rezas así, Dios actúa y poco a poco esa carga vieja se va deshaciendo.
Cuarto paso, cuida a alguien que esté solo. En tu colonia, en tu familia, en tu calle, hay alguien que está solo. una vecina viuda, un anciano abandonado, un enfermo que nadie visita, un niño cuya mamá trabaja todo el día. Tú con todo lo que has aprendido en la vida, con esa ternura que tienes guardada, eres una bendición esperando suceder en la vida de alguien.
No tienes que cambiar el mundo, solo tienes que cambiar el día de una persona. Lleva un caldo, manda un mensaje, toca una puerta, reza por alguien específico. Eso es lo que el Papa nos pide, que cada uno haga lo poco que puede hacer y juntos cambiamos el mundo. Quinto paso, defiende lo que es de Dios en tu casa, sin pelearte, sin sermones, pero con presencia.
Si tu nieto se burla de la fe, no te calles. Háblale con cariño, pero háblale. Si en una reunión familiar dicen cosas feas de la iglesia, tú no participes. Si tus hijos no quieren bautizar a sus hijos, ofrécelo en oración y reza por ellos. Si en la televisión sale algo que es contra la fe, apágala.
Si te toca votar, vota con tu conciencia formada en el evangelio. Tú eres testigo. Tú en tu pequeño mundo eres testigo de Cristo y eso vale más que 1000 discursos. Y mira, déjame contarte algo más sobre este punto. Hay una historia hermosa de los primeros cristianos que vale la pena recordar. En los primeros tres siglos de la iglesia, los cristianos eran una minoría perseguida.
Los emperadores romanos los mandaban matar, los echaban a los leones, los quemaban vivos, los enterraban hasta el cuello en arena ardiente. Y sin embargo, en pocas generaciones, el imperio [carraspeo] romano se convirtió. ¿Cómo pasó? No fue por sermones grandes, no fue porque los cristianos tomaran el poder, fue porque vivían distinto.
Cuando había una peste, los paganos huían y los cristianos se quedaban a cuidar a los enfermos. Cuando alguien moría sin familia, los cristianos lo enterraban con dignidad. Cuando una mujer tenía un hijo no deseado y lo dejaba en la calle para que muriera, los cristianos lo recogían y lo criaban como propio. Cuando había hambre, los cristianos compartían su pan.
Eso, querida amiga, fue lo que ganó al mundo, no las palabras, los hechos. Y ese mismo testimonio, esa misma forma de vivir es lo que el Papa León XIV nos pide a los cristianos de hoy, que en medio de un mundo cada vez más frío, cada vez más violento, cada vez más egoísta, nosotros seamos diferentes. Que cuando todos chismean, nosotros callemos.
Que cuando todos se vengan nosotros perdonemos. Que cuando todos abandonan al débil, nosotros lo abracemos. que cuando todos guardan para sí, nosotros compartamos. Y eso en tu vida diaria, en tu casa, en tu colonia es revolucionario. Es cambiar el mundo desde la cocina. Es vencer al mal con un caldo caliente. Es derrotar al con una sonrisa para la nuera difícil.
es ganar la batalla con un perdón ofrecido en silencio. Y déjame decirte algo más, algo que pocos saben. El Papa León XIV, en una de sus audiencias de los abuelos y los mayores dijo una frase que se me quedó grabada. Dijo que los abuelos son la memoria de la fe, que sin los abuelos rezando la fe se pierde. Que sin las abuelas contándoles a los nietos las historias de la Biblia, los nietos crecen sin saber quién es Dios.
que sin los abuelos llevando a los niños a misa, la nueva generación se queda huérfana del cielo. Tú, mujer que escuchas esto, tú eres más importante de lo que te imaginas. Tú eres la que sostiene la cadena. Tú eres la que enlaza a tus padres difuntos con tus nietos pequeños. Tú eres la que pasa la antorcha. No te sientas inútil.
No te sientas vieja para nada. No pienses que ya no sirves. Sí sirves y sirves más que nunca. Porque en este momento del mundo donde todo se está perdiendo, los abuelos como tú son los guardianes del tesoro. Y por eso, mi querida amiga, todo este mensaje del Papa que tiene preocupado al Vaticano, en realidad es una buena noticia para ti, porque te confirma lo que tú ya sabías, que la fe sencilla vale más que la fe complicada, que rezar todos los días vale más que predicar cada domingo, que ser fiel en lo poco vale más que ser ruidoso en lo
mucho, que perdonar vale más que tener razón, que amar vale más que ganar. El Papa León XI está poniendo en el centro de la iglesia esos valores y eso incomoda a mucha gente. Pero a ti, a ti te debería llenar de paz porque tú llevas toda tu vida viviendo así. Tú no necesitabas un papa para saberlo. Lo sabías por tu mamá, lo sabías por tu abuela, lo sabías por la Virgen de Guadalupe que se te ha aparecido en sueños tantas veces sin que tú la hayas visto, pero te ha cuidado siempre.
Antes de terminar este video, déjame hacerte una pregunta, una pregunta seria, una pregunta para que tú la pienses esta noche antes de dormir. ¿Estás preparada? Estoy preguntándote si estás preparada para lo que sea que Dios tenga preparado para ti en estos años que tienes por delante. No te lo digo para asustarte, te lo digo porque cualquier cristiano serio se hace esta pregunta cada cierto tiempo.
Si Dios decidiera llevarte hoy en la noche, ¿estarías lista? Si Dios decidiera dejarte aquí 20 años más, ¿qué quieres hacer con esos años? Si tu propósito en esta vida fuera salvar a una sola persona, ¿quién sería esa persona y qué estás haciendo por ella? El Papa León 14 nos está recordando que el tiempo es corto, que la vida pasa volando, que lo que no hagamos hoy tal vez no podamos hacerlo mañana.
Y por eso todo lo que tienes pendiente hazlo ahora. La llamada al hijo, la visita a la tumba de tus padres, la confesión, la misa pendiente, la manda no cumplida, la carta de perdón, el abrazo, hazlo porque la vida es un regalo y los regalos se abren mientras hay tiempo. Hay otra cosa que el Papa ha dicho y que pocos han subrayado y es que él ve en este momento del mundo una oportunidad enorme.
Sí, así como lo escuchas, una oportunidad. Porque cuando el mundo está cansado, cuando los corazones están vacíos, cuando los sistemas humanos fallan, las personas vuelven a buscar a Dios. Y eso ya está pasando en todo el mundo. En este momento, hay jóvenes que están regresando a la iglesia, que están redescubriendo la misa tradicional, que están aprendiendo a rezar el rosario, que están leyendo las vidas de los santos, que están bautizando a sus hijos.
El mundo va a peor en muchas cosas, pero también va a mejor en otras. Y la fe, esa fecilla que tú conoces, está renaciendo en lugares insospechados. El Papa lo sabe y por eso él habla con tanta fuerza, porque sabe que es momento de sembrar, que no se puede dejar pasar este tiempo, que cada palabra suya puede tocar a alguien que estaba a punto de regresar a Dios y solo necesitaba ese empujón.
Y tú, querida amiga, sin saberlo, eres parte de ese sembrado. Cada vez que tú rezas, estás regando una semilla en algún lugar del mundo. Cada vez que tú perdonas, hay un alma en algún lado que también se libera. Cada vez que tú vas a misa, tu presencia silenciosa fortalece la oración del mundo entero. No subestimes lo que tú haces en tu casa, sentada en tu silla con tu rosario en la mano.
Eso vale infinitamente. Hay un dicho antiguo de los santos que dice que el mundo se sostiene por la oración de unos pocos justos. Tú eres una de esas pocas justas. Y junto con millones de mujeres como tú, repartidas por todo México, por toda Latinoamérica, por todo el mundo cristiano, ustedes son las que mantienen la cuerda firme.
La cuerda que no deja que el mundo se caiga al abismo. Por eso, cuando el Papa habla, recuerda, lo dice también por ti. Lo dice también para que tú no te canses, para que tú no bajes los brazos, para que tú sepas que tu oración importa. Y voy a cerrar esta historia con la imagen que mejor resume todo lo que el Papa nos quiere decir.
Una sola vela encendida en la oscuridad. En tu casa esta misma noche, antes de dormir enciende una vela. Ponla frente a tu imagen favorita, frente a la Virgen de Guadalupe, frente al Sagrado Corazón, frente a tu santo favorito. Y mientras la mires, di esta oración sencilla. Señor, yo soy esta llama pequeña.
Sé que el mundo está oscuro. Sé que las guerras no se detienen. Sé que las familias se rompen. Sé que muchos no creen. Pero yo, Señor, voy a seguir encendida. Voy a seguir creyendo, voy a seguir rezando, voy a seguir perdonando, voy a seguir esperando en ti, porque sé que mientras una sola vela esté encendida, la oscuridad no ha vencido.
Y mientras tú estés conmigo, yo no tengo miedo. Bendice a mis hijos, bendice a mis nietos, bendice a mis difuntos, bendice al Santo Padre, el Papa León 14. Bendice a todos los que sufren en el mundo. Bendice a los que me hicieron daño. Bendice a los que necesitan tu luz esta noche y bendíceme a mí, Señor, que cuando llegue mi hora me encuentres con la lámpara encendida. Amén.
Querida amiga que has llegado hasta aquí, si pudiste escuchar todo este video es porque algo dentro de ti necesitaba esto y Dios usa las herramientas que tiene a la mano para llegar a ti. A veces te llega un mensaje por una vecina, a veces por un sacerdote, a veces por un hijo y a veces por un video como este que apareció en tu celular o en tu pantalla cuando menos lo esperabas.
No fue casualidad. Y si este mensaje del Papa León 14, este mensaje que tiene preocupado al Vaticano, te ayudó a entender mejor el momento que estamos viviendo, entonces este video cumplió su misión. Mi misión era simplemente acompañarte en esta media hora larga, sentarme contigo en la banca de tu iglesia interior y contarte una historia sagrada al oído.
Si esta historia te impactó, te recomiendo que veas otro video que ya tengo subido al canal. es sobre un tema que conecta directamente con todo lo que escuchaste hoy. Es sobre el último mensaje secreto de Fátima y por qué ahora más que nunca cobra sentido. Te dejo el enlace aquí arriba en la pantalla y también en la descripción del video.
Es un mensaje que va a complementar perfectamente lo que acabas de escuchar. Y si todavía no te has suscrito, hazlo ahora. Dale al botón rojo, activa la campanita, comparte este video con alguien que necesite escucharlo, una hija, una amiga, una vecina, una comadre. Cada semana traemos historias como esta. Historias que muchos no se atreven a contar.
Historias que alimentan el alma. Historias que sostienen la fe en estos tiempos difíciles. Gracias por quedarte hasta el final. Sé que tu tiempo es valioso, que tienes 1000 cosas que hacer, que pudiste haber visto cualquier otra cosa, pero te quedaste aquí y eso para mí vale más que 1000 suscriptores nuevos.
Que Dios te bendiga hoy y siempre. Que la Virgen de Guadalupe te cubra con su manto. Que tus seres queridos, los vivos y los difuntos, sean siempre tu fuerza. Y recuerda lo que el Papa León XIV nos enseñó. Cuando una sola vela está encendida, la oscuridad no ha vencido. Tú eres esa vela. Sigue encendida, sigue rezando, sigue creyendo, sigue siendo la mujer fuerte y dulce que ha sido toda la vida. Y nos vemos en el próximo video.
Una última cosa antes de despedirnos, una imagen que quiero que te lleves. Imagínate que mañana cuando despiertes abres la ventana de tu casa y entra el aire fresco de la mañana. y escuchas las campanas de tu [carraspeo] iglesia llamando a misa y por un momento, antes de que empiece toda la actividad del día, te detienes y dices en voz baja, “Gracias, Señor, por un día más.
” Solo eso, sin grandes oraciones, sin nada complicado, solo gracias. Y ese sencillo gracias cambia todo, cambia tu día, cambia tu actitud, cambia la forma en que vas a tratar a los demás. Eso es lo que el Papa quiere que recordemos, que la vida es un regalo, que cada día es una oportunidad, que mientras hay tiempo hay esperanza.
Que Dios te bendiga, que la Virgen Santísima te cuide, que el Espíritu Santo te llene de paz hoy y siempre, todos los días de tu vida que vienen por delante. Y que el Papa León 14 allá en Roma sienta nuestra oración esta noche, la tuya y la mía. La oración silenciosa de millones de personas que sostenemos su pontificado con la fe sencilla del pueblo de Dios.
Hasta el próximo encuentro. Vaya en paz, mujer de fe. Vaya con Dios. Yeah.
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