to de una Deuda Impuesta y Superada
Para entender el error del candidato, es preciso recordar cómo llegamos a este punto. En 2020, bajo la excusa de atender la emergencia sanitaria por el COVID-19, el gobierno de Iván Duque solicitó y recibió una línea de crédito flexible del FMI por 10.800 millones de dólares. Sin embargo, el destino de esos recursos despertó críticas feroces desde diversos sectores.
Lo que se vendió como un salvavidas para la pandemia fue, en realidad, un esquema de subsidios masivos dirigido principalmente a las grandes élites económicas del país. Cerca del 80% de los recursos fueron destinados a la nómina de los conglomerados más poderosos de Colombia, incluidos Sarmiento Angulo, los Santo Domingo, los Gilinski y los Ardila Lülle. Mientras tanto, las pequeñas y medianas empresas —la verdadera columna vertebral de la economía nacional— apenas recibieron un 9% de las ayudas.
Fue una deuda cara, con plazos de pago ajustados y tasas de interés que pusieron en riesgo la estabilidad fiscal del país a largo plazo. No obstante, el gobierno actual asumió la responsabilidad de pagar esta carga pesada. En abril de 2026, el presidente de la República confirmó la noticia que fue recibida con optimismo por expertos financieros pero ignorada o minimizada por los medios tradicionales: Colombia había cancelado la totalidad de la deuda con el FMI, liberándose de las condiciones onerosas y el monitoreo constante del organismo multilateral.
El Ridículo en Vivo: Una Promesa de Campaña Fantasma
Es en este escenario donde surge la figura de Abelardo de la Espriella. En una reciente entrevista radial, el candidato, desconociendo por completo la realidad fiscal del país, se aventuró a proponer una solución para un problema que, en la práctica, ya estaba resuelto.
“Hay que renegociar la deuda al día siguiente de la posesión. Nos ponemos en eso y el enviado especial para eso será el Dr. José Manuel Restrepo, próximo vicepresidente de la República.”
Con una seguridad pasmosa, el abogado insistió en que “la banca internacional” le había enviado mensajes para apoyar esa supuesta renegociación. El momento fue tan incoherente que cualquier periodista con un mínimo conocimiento de la coyuntura nacional debería haber intervenido para corregir la falsedad. Sin embargo, en un acto que muchos califican como periodismo basura o complicidad descarada, los entrevistadores de Blu Radio se limitaron a asentir, permitiendo que el candidato continuara hundiendo su credibilidad ante los oyentes.
La escena demostró una falta de rigor alarmante. Un candidato presidencial que no sabe que la deuda más importante del país ya fue cancelada, es un candidato que, claramente, no entiende el tablero que aspira a gobernar. La pregunta que surge es obligatoria: ¿quién asesora a De la Espriella y cómo es posible que su equipo de campaña no le haya informado sobre este hecho notorio?
La Complicidad de los Medios: Cuando el Silencio es Desinformación
El papel de la radio en este incidente merece un análisis aparte. En una democracia sana, el papel del periodista es contrastar las propuestas con la realidad. Cuando un invitado asegura que hará algo sobre una situación que ya ha sido solucionada, la función del entrevistador no es guardar silencio, sino cuestionar el desconocimiento del interlocutor.
Al no desmentir al candidato, los medios involucrados no solo permitieron la desinformación de la audiencia, sino que evidenciaron una agenda marcada por la afinidad política. Es el mismo ecosistema mediático que hace un año guardaba silencio sobre el endeudamiento de Duque y que hoy, ante la buena noticia del pago total de la deuda, prefiere mirar hacia otro lado.

Los ciudadanos no son ajenos a estas dinámicas. La reacción en redes sociales ha sido contundente: el ridículo de De la Espriella se ha viralizado como símbolo de una oposición que, ante la falta de argumentos reales, recurre a la invención y al discurso vacío para capturar la atención de un electorado que, cada vez más, exige datos y resultados.
Hacia una Elección Informada
El incidente con el FMI no es un error menor; es el reflejo de un estilo de hacer política basado en la improvisación y el espejismo. Mientras Colombia avanza hacia la estabilización de sus finanzas públicas tras años de deuda inducida para beneficiar a las élites, figuras como De la Espriella intentan construir una narrativa de crisis para justificar propuestas que ya no tienen lugar en la realidad económica del país.
El país ya no le debe un solo dólar al FMI, y no existen expectativas de crear nuevas deudas con dicho organismo. Esta es una victoria que pertenece a la gestión fiscal actual y que, por derecho propio, los ciudadanos deben conocer.
La lección de este episodio es clara: la ciudadanía debe estar alerta frente a los candidatos que prometen soluciones a problemas inexistentes y ante los medios de comunicación que, en lugar de informar, se convierten en cajas de resonancia de la ignorancia. Colombia merece un debate de altura, con cifras claras y propuestas basadas en la realidad, no en las fantasías electorales de quienes, al intentar quedar bien, terminan quedando en ridículo ante una nación que ya no se deja engañar.