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EFRAIN JUAREZ: ROMPIO el SILENCIO y CONFIRMO lo que TODOS SOSPECHABAMOS

Un equipo que presionaba alto, que recuperaba la pelota en campo rival, que atacaba con velocidad y que no especulaba. Ese efraín entrenador que Colombia conoció no era una improvisación. Era el resultado de años de preparación que nadie había visto, pero que ahora se expresaba en cada decisión táctica dentro del campo. Cuando terminó esa etapa y llegó la oferta de Pumas, ya no era el exjador mexicano que buscaba su primer trabajo grande.

Era un entrenador que había ganado fuera, que había soportado la presión y que tenía una idea clara de fútbol que podía defender con resultados en la mano. Llegada a Pumas. Pumas no era el mismo club que Efraín había conocido como jugador. Era un equipo que llevaba años sin protagonismo real en la Liga MX, que había perdido la identidad que históricamente lo distinguía, que tenía una afición fiel y una marca institucional enorme, pero un rendimiento que no correspondía a ninguno de esos dos activos.

El anuncio de su llegada al banquillo universitario generó el tipo de reacción dividida que genera cualquier nombramiento cuando el nombre del nuevo técnico no viene acompañado de un historial extenso en el fútbol mexicano. Algunos lo vieron como una apuesta interesante, otros lo descartaron antes de que dirigiera su primer entrenamiento.

Un sector de la prensa fue todavía más directo usando una etiqueta que durante meses acompañó su nombre en los titulares, técnico de papel. Alguien que había trabajado en buenas estructuras europeas, pero que no había probado nada en la Liga MX. Alguien cuyo doblete en Colombia no contaba del todo porque Colombia no es México.

Esas dudas tenían una base real en los primeros torneos. El proceso fue complicado. El equipo tardó en asimilar su idea de juego. Los resultados no llegaron con la velocidad que la afición universitaria esperaba y que la prensa pedía con cada jornada que pasaba sin ganar. Las voces que pedían su salida aparecieron antes de que el proceso tuviera tiempo de madurar.

Hubo diferencias internas que trascendieron, incluyendo roces con el director deportivo Antonio Sancho, que se convirtieron en un ruido de fondo permanente durante meses. Pero la directiva aguantó. Raúl González, presidente del club, y el resto del Consejo Directivo, tomaron una decisión que en ese momento incomodó a muchos, pero que hoy con los resultados del Clausura 2026 en la mano se lee de otra manera.

decidieron que el proyecto necesitaba tiempo, que los procesos reales no se miden en un torneo ni en dos, que el fútbol que Efraín quería construir requería paciencia y que esa paciencia tenía que venir desde arriba para que se sostuviera en todos los niveles del club. Efraín usó ese tiempo para hacer lo que hace cuando nadie lo presiona hacia afuera, pero el mismo se presiona hacia adentro.

Ajustar, tomar decisiones difíciles dentro del vestidor que un entrenador más cómodo con su posición no se hubiera animado a tomar. Jugadores que habían sido intocables perdieron su lugar. Jóvenes de la cantera que nadie veía como titulares empezaron a jugar partidos importantes. El mensaje al grupo fue claro y no necesitó ser dicho en voz alta.

Aquí nadie tiene el puesto asegurado. Aquí se compite todos los días. Y al mismo tiempo trajo refuerzos que encajaban en la idea. No nombres grandes para las portadas. Perfiles pensados para un sistema. Keor Navas bajo los tres palos con toda la jerarquía de quien ha jugado finales de Champions Leage y con la disposición de alguien que llegó a México a ser parte de algo, no a cerrar una carrera.

Álvaro Angulo por la banda con esa intensidad que el sistema de Efraín necesitaba en el costado. Jugadores que no hacían ruido al llegar, pero que hacían diferencia cuando empezaba el partido. Esa combinación fue la que detonó lo que vino después. Revolución en Pumas y la final. El Clausura 2026 no empezó como una declaración de intenciones, empezó como la continuación de un proceso que ya tenía más claridad que los torneos anteriores, pero en algún punto del camino el proceso dejó de ser proceso y se convirtió en resultado.

Y el resultado fue el más contundente que Pumas había tenido en muchos años. Superlíder de la fase regular con 36 puntos, 34 goles anotados, la ofensiva más productiva del campeonato, la mejor campaña en puntos de la historia moderna del club, un equipo que no solo ganaba, sino que proponía, que presionaba, que hacía que los rivales tuvieran que pensar en cómo jugar contra el en lugar de simplemente ejecutar su propio plan.

Jordan Carrillo por un costado desequilibrando a defensas que no sabían cómo pararlo. Robert Morales resolviendo en los momentos en que el partido lo pedía. Junino Vieira conectando jugadas desde el centro del campo y Keylor Navas atrás, siendo la diferencia en las noches en que el marcador se ponía en contra y el equipo necesitaba que alguien en el arco resolviera lo que la defensa no había podido resolver.

La liguilla llegó con Pumas como el equipo a vencer, con la presión que eso implica y con todas las variables que cambian cuando el torneo corto comienza y los resultados de 16 jornadas se borran de un partido para otro. El cruce contra el América en cuartos de final fue el clásico capitalino en la liguilla, con todo lo que eso significa.

Dos partidos que terminaron 6 a se en el global con un carácter y una intensidad que el Estadio Olímpico Universitario no había visto en años. Pumas avanzó por su mejor posición en la tabla general en una serie que se definió en los últimos minutos con un penal de Henry Martín que se fue contra el poste en el 87 y que dejó al estadio sin aire durante unos segundos interminables antes de que todos entendieran lo que había pasado.

Las semifinales contra Pachuca fueron otra historia de sufrimiento y de carácter. El partido de ida Pachuca logró imponer la Localia y ganó 1 a0. La vuelta en el Olímpico Universitario terminó 1 a0 a favor de Pumas con un gol que cerró una serie que en el último minuto todavía estaba en disputa. Salomón Rondón tuvo la pelota en el tiempo agregado con Keaylor Navas listo del otro lado y el remate del venezolano se fue por arriba del arco.

Pumas a la final. Del otro lado de la llave, Cruz Azul había llegado derribando a Atlas y a Chivas, construyendo su propio camino con una solidez que Efraín Juárez se encargó de señalar públicamente antes de que empezara la serie. La ida de la final fue en el estadio Ciudad de los Deportes de Puebla, donde Cruz Azul jugaba sus partidos de local en este torneo.

El cerrojo defensivo que Pumas planteó funcionó. 0 a0 en 90 minutos. Keylor Navas resolviendo cada vez que la máquina amenazó. Efraín mirando desde la banda con la convicción de que el partido de vuelta en el Olímpico Universitario era el de Pumas. Y en los primeros 30 minutos de la vuelta todo parecía confirmar esa convicción. Robert Morales abrió el marcador al minuto 30 con un disparo potente que no le dio chance a Kevin Mier.

El Estadio Olímpico Universitario explotó, la octava estrella estaba a 90 minutos, pero el fútbol no funciona así. Cruz Azul igualó en el minuto 54 con un autogol que cambió el rumbo emocional del partido. Un centro de Rotondi que Rubén Duarte desvió sin querer hacia su propio arco. Uriel Antuna fue expulsado al 91 y Pumas tuvo que sostener el resultado con 10 hombres mientras la máquina empujaba buscando el gol que le diera el campeonato.

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