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Doctora Polo: El Asqueroso Secreto del Bebé que Perdió a los 19 Años

Cuando le preguntó qué le había pasado, Ana María cambió de tema en menos de 5 segundos y nunca volvió a sentarse al lado de esa compañera en ninguna clase. Su familia, mientras tanto, estaba siendo apartada sistemáticamente del contacto con ella. Joaquín Polo intentó visitarla cuatro veces entre el otoño y el invierno de 1978.

Las tres primeras visitas no se materializaron por excusas que el marido improvisaba por teléfono. La cuarta, en diciembre, Joaquín se presentó sin avisar. Su hija lo recibió en la puerta. La conversación duró menos de 6 minutos. Ana María no dejó de mirar hacia el interior de la casa en ninguno de esos minutos, como si estuviera comprobando algo que ocurría dentro o como si esperara una señal de alguien que estaba al fondo del pasillo y no se dejaba ver.

Joaquín Polo se fue de aquella casa con la sensación, según contó años después en privado, de que la persona que estaba al fondo del pasillo era quien decidía cuánto duraba la conversación con el padre y no era Ana María. era el marido vigilando desde una habitación lateral. En enero de 1979, Ana María Polo descubrió que estaba embarazada.

Las visitas de la familia, que ya eran escasas, se cortaron por completo. Ana María dejó de responder al teléfono familiar durante semanas enteras y Delia, su madre, le escribió en febrero una carta breve. Le pedía a su hija que volviera a casa,  aunque fuera una sola tarde, que dijera dónde estaba el marido si no estaba con ella, que si necesitaba ayuda lo dijera de cualquier manera.

La carta llegó a la casa del matrimonio. Ana María nunca la contestó, ni una sola línea, pero sí la guardó y la conservó durante toda su vida. Esa carta de febrero de 1979 es uno de los pocos objetos físicos que sobreviven de aquellos meses. Vas a entender antes de que termine este video por qué Ana María Polo decidió conservarla durante las cuatro décadas siguientes.

Entre febrero y mayo de 1979,  según contaron los vecinos de la casa a periodistas cubanos del exilio, años después se escuchaban gritos provenientes del interior con cierta regularidad. Nadie llamó a la policía. En aquel barrio, en aquella época, los gritos dentro de una casa entre marido y mujer se consideraban asuntos estrictamente domésticos en los que ningún vecino tenía autoridad  para entrar.

Lo único que se sabe con seguridad es que una noche de mayo hacia las 11, los vecinos llamaron por fin a la familia Apolo. Habían escuchado un grito de mujer distinto al de las semanas anteriores, un grito que no parecía de pelea, sino de dolor físico agudo. Y unos minutos después vieron a Ana María Polo salir tambaleándose de la casa sola, agarrándose el vientre mientras se subía a un taxi que ya tenía detenido en la calle.

Joaquín y Del Apolo llegaron al hospital 40 minutos después. El marido tardó más de 3 horas en llegar. Lo que ocurrió en esas 3 horas es lo que la familia Polo ha protegido durante cuatro décadas. Pero las enfermeras de turno de aquella noche contaron en años posteriores una versión coherente entre sí. El marido no respondió a las llamadas que la enfermera le hizo desde el teléfono del hospital.

Cuando finalmente llegó a la sala de espera, no entró a la habitación de Ana María. Se quedó afuera y según el testimonio que dio años después, una de las enfermeras encargadas del turno esa noche no preguntó ni una sola vez por el estado del bebé. Ana María Apolo perdió al bebé esa madrugada. Tenía 20 años recién cumplidos.

Y según los pocos testimonios que han llegado de aquella noche, cuando los médicos entraron a darle la noticia, Ana María no lloró. Hizo una sola pregunta a la enfermera que estaba a su lado. Preguntó si su madre Delia estaba afuera. Le dijeron que sí. Le dijo a la enfermera que avisara a su madre que ella no iba a regresar a la casa del matrimonio, que iba a salir del hospital directamente a casa de los padres y que si su marido estaba en la sala de espera, le dijeran que no la buscara nunca más en su vida.

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Lo que ocurrió en el pasillo del hospital entre Joaquín Polo y el marido de su hija a la mañana siguiente, cuando ambos coincidieron afuera de la habitación. Es lo que la familia Polo guardó como secreto durante el resto de sus vidas. Hubo una conversación breve, sin testigos directos. Y al terminar esa conversación, el primer marido de Ana María Apolo se levantó de la silla de la sala de espera, recogió su chaqueta y salió del hospital sin volver a aparecer en una sola fotografía pública.

Durante los siguientes 47 años. Desapareció del entorno cubanoamericano de Miami, como si la familia Polo hubiera levantado alrededor de su hija una pared de silencio que ese hombre no podía cruzar. Su nombre fue eliminado de los álbumes familiares. Las pocas fotos de la boda que existían fueron destruidas durante los meses siguientes y en cada entrevista que Ana María Polo ha concedido durante las cuatro décadas posteriores, las pocas veces que se le ha preguntado por aquel primer matrimonio, ella ha respondido sin

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pronunciar el nombre del marido ni una sola vez. Pocas semanas después de la madrugada del aborto, el divorcio quedó firmado y archivado en los tribunales del condado de Miami de Date. Ana María Apolo tenía 20 años. Volvió a vivir con sus padres y según contó décadas después en círculos muy reducidos.

Una semana después de firmar el divorcio, le hizo a su madre Delia una promesa que iba a definir el resto de su vida adulta. iba a estudiar derecho, iba a especializarse en divorcios y se iba a asegurar hasta el último día de su vida, de que ninguna mujer cubanoamericana  del sur de Florida volviera a vivir lo que ella había vivido en aquella clínica.

Esa promesa, aparentemente lineal, contenía una intención más oscura que ninguna persona de la familia entendió en su totalidad hasta dos décadas después, porque la decisión de Ana María Polo de dedicarse a los divorcios respondía a un cálculo personal específico. Y 18 años después, ese mismo cálculo la iba a llevar a sentarse por primera vez frente a una cámara de Telemundo para convertirse en la mujer que decidiría.

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Durante las dos décadas siguientes, ¿cuál marido latinoamericano merecía perder a su esposa y cuál merecía conservarla? Entre la promesa que le hizo Adelia en 1979  y la primera grabación de caso cerrado en el año 2001, hay un periodo de 22 años, Nemaspun, en la vida de Ana María Polo del que casi nadie ha hablado y contiene una decisión que ella misma confesó tres décadas después en una entrevista que pocos medios volvieron a citar.

La entrevista que pocos medios volvieron a citar la concedió a Ana María Polo en 1997 a una revista cubano  de Miami con tirada de menos de 15,000 ejemplares. El periodista que la entrevistó era un hombre de unos 60 años. Exiliado de La Habana en 1963. Conocido por su capacidad para hacer preguntas incómodas sin sonar agresivo, le preguntó hacia la mitad de la conversación por qué se había dedicado a los divorcios.

Su respuesta transcrita literal en el cuaderno del periodista fue una sola frase: “Porque hay un tipo de hombre que se casa con mujeres como yo cuando teníamos 19 años. Mi trabajo es asegurarme de que esas mujeres no terminen como yo terminé.” El periodista no le pidió que ampliara. Ana María  Polo cambió de tema y aquella entrevista quedó archivada en la hemeroteca local durante 20 años sin que ningún medio internacional la recogiera.

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Disclaimer : This content may be created by AI for entertainment purposes. Any resemblance to real persons, events, or places is coincidental.