Una retórica peligrosa: el fantasma del “incendio” en la campañaEl ambiente electoral en Colombia ha alcanzado niveles de tensión preocupantes, transformando el debate de ideas en un campo de batalla de acusaciones mutuas y advertencias de violencia. Recientemente, una serie de declaraciones del exsenador Gustavo Bolívar, figura clave en la campaña del candidato oficialista Iván Cepeda, ha generado una tormenta política que obligó a una confrontación directa con el presidente de la Asociación Nacional de Empresarios de Colombia (ANDI), Bruce Mac Master.
El núcleo de la discordia es una afirmación de Bolívar en redes sociales, en la cual sugería que, si la oposición —representada por el candidato Abelardo de la Espriella— llegara a ganar la presidencia, el país se enfrentaría a un “incendio”. Esta frase fue interpretada por amplios sectores económicos y pol
íticos como una amenaza de desestabilización social en caso de que los resultados electorales no fueran favorables al Pacto Histórico.

El choque: ¿Advertencia o amenaza?
Durante una entrevista en los micrófonos de 6 AM de Caracol, Bruce Mac Master expresó su profunda preocupación. “No creo que le haga ningún bien al país tener amenazas de esa naturaleza”, señaló el dirigente gremial, instando a Bolívar a realizar una aclaración urgente. Mac Master enfatizó que el acto más democrático es aceptar los resultados en las urnas, incluso cuando no son los deseados, y criticó el uso de un lenguaje que, a su juicio, resulta “peligroso” para la estabilidad nacional.
Por su parte, Gustavo Bolívar se defendió argumentando que sus palabras fueron sacadas de contexto. En su versión de los hechos, el exsenador sostiene que su advertencia es una reacción directa al lenguaje violento del candidato De la Espriella. Según Bolívar, el candidato opositor ha prometido “acabar” con la izquierda “de todas las formas y desde todos los frentes”, lo cual, para el exsenador, constituye una incitación a la violencia física y política. “No soy yo el que va a incendiar el país; es la reacción de una población que no está dispuesta a dejarse destripar”, afirmó Bolívar, insistiendo en que sus declaraciones son una advertencia sobre el sentimiento de miedo y resistencia que, según él, existe en la base electoral de su movimiento.
La brecha entre empresarios y gobierno
El enfrentamiento también dejó en evidencia la profunda ruptura entre el sector empresarial y el actual gobierno. Mac Master señaló que, pese a los intentos iniciales de diálogo por parte de la ANDI, la relación con el gobierno de Gustavo Petro se tornó “absolutamente imposible”. El líder gremial destacó la falta de espacios de debate y la ausencia de voluntad por parte de los candidatos oficialistas para sentarse a conversar durante gran parte de la campaña, lo que ha generado una desconfianza mutua que hoy parece insalvable.
Bolívar, en cambio, arremetió contra lo que considera intereses oscuros en la campaña de la oposición, citando denuncias sobre presuntas irregularidades financieras relacionadas con el sistema de salud. El exsenador insistió en que su campaña está lista para aceptar los resultados, siempre y cuando el proceso sea transparente, poniendo el foco de la desconfianza en el sistema de escrutinios de la Registraduría, al cual calificó como un mecanismo propenso a errores o manipulaciones.
Un llamado a la calma en medio de la tormenta
Más allá del cruce de acusaciones, el episodio subraya la fragilidad del momento democrático en Colombia. Tanto la oposición como el oficialismo se han acusado mutuamente de compra de votos y de utilizar el miedo como herramienta electoral. Los analistas advierten que este tipo de retórica, cargada de términos como “incendio”, “destripar” o “aniquilar”, es una irresponsabilidad que pone en riesgo la convivencia ciudadana.

Mientras la campaña entra en su recta final, el llamado de diversos sectores es al cese de las hostilidades verbales y a un compromiso público con la legitimidad de las instituciones electorales. Sin embargo, la brecha entre las dos visiones de país parece ser cada vez más amplia. En un contexto donde la desconfianza hacia las autoridades electorales crece y el discurso del “enemigo interno” se normaliza, la pregunta que queda flotando en el aire es si los actores políticos serán capaces de aceptar el veredicto de las urnas sin recurrir a la movilización violenta.
Colombia se encuentra ante un espejo: el de una democracia que debe decidir si el debate político puede reconciliarse con la paz o si, por el contrario, está condenada a seguir avivando el fuego de una polarización que, al final, termina por quemar a todos los ciudadanos por igual.