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CHICHARITO HERNANDEZ : CONFESÓ TODO LO QUE LE HIZO JAVIER AGUIRRE

Pero lo peor no es eso, porque la razón por la que Aguirre pidió esa foto, la razón por la que esperó exactamente se meses, está conectada con algo que pasó en 1954 en una cancha de Suiza entre el abuelo Tomás Balcázar y un técnico mexicano que ya está muerto. Pero vamos por orden. Los se meses que pidió Aguirre se cumplieron exactamente.

El apertura 2009 del fútbol mexicano comenzó en agosto y aquel muchacho de 21 años, hijo del Chícharo y nieto de Tomás, empezó a meter goles con una frecuencia que nadie había visto en las Chivas desde los tiempos del campeonísimo. cinco goles en las primeras seis jornadas, ocho goles a la jornada 11, 12 goles cuando terminó el torneo regular.

La afición de Guadalajara empezó a corear su nombre en cada partido. Los comentaristas de televisión empezaron a especular sobre su valor de mercado y en Manchester, Inglaterra, un señor llamado Sir Alex Ferguson, técnico del Manchester United, pidió a sus ojeadores un informe completo sobre el joven mexicano que estaba destrozando porterías en la Liga MX.

El primero de abril de 2010, Manchester United pagó a las Chivas 6 millones de libras esterlinas por Javier Hernández Balcázar. La transferencia se anunció oficialmente 6 días después, el 7 de abril. Pero antes de viajar a Inglaterra, el joven Chicharito tenía una cita pendiente con la selección mexicana, con el Mundial de Sudáfrica que comenzaba en menos de 70 días, y con el hombre que iba a decidir si su nombre estaba o no estaba en la lista final de 23.

Esa cita fue la tarde del 14 de marzo de 2010, pero antes de aquella tarde hay tres llamadas telefónicas que casi nadie conoció. Tres llamadas que ocurrieron en menos de 48 horas. Tres llamadas que cambiaron para siempre la relación entre la familia Valcázar Hernández y el técnico del tricolor. La primera llamada ocurrió el 12 de marzo a las 9:40 de la noche, hora de Guadalajara.

Sonó el teléfono fijo de la casa de la calle Niño Obrero, donde vivía el abuelo Tomás Balcázar, contestó el viejo mundialista del 54. La voz al otro lado de la línea le habló en español pausado con un acento inconfundible del País Vasco. Era Javier Aguirre. El técnico del tricolor no llamaba para saludar. Llamaba para hacerle una sola pregunta al abuelo de Chicharito.

Le preguntó, “Don Tomás, ¿todavía tiene usted aquella servilleta que su padre le hizo firmar en mayo del 54? El viejo mundialista se quedó callado durante 12 segundos enteros. Después respondió con la voz baja una sola palabra. Sí, Aguirre colgó. La segunda llamada ocurrió el 13 de marzo a las 7 de la mañana, hora de Manchester. Sonó el celular personal de Sir Alex Ferguson en la oficina del técnico escocés del Manchester United en el centro de entrenamientos de Carrington, contestó el propio Ferguson.

La voz al otro lado era Javier Aguirre. El técnico del tricolor le habló en inglés británico con acento del País Vasco. Le pidió un favor concreto. Le pidió que no anunciara la llegada de Chicharito al United hasta después del 14 de marzo. Le pidió que no hiciera declaraciones públicas. le pidió que el muchacho llegara a Manchester en agosto sin la presión mediática de un fichaje multimillonario.

Ferguson aceptó, pero antes de colgar, el escocés le preguntó algo al Vasco. Le preguntó, “¿Por qué exactamente el 14 de marzo?” Javier Aguirre respondió con cuatro palabras, “Por una promesa antigua. La tercera llamada ocurrió el 13 de marzo a las 11 de la noche, hora de la Ciudad de México. Sonó el celular del padre Chícharo Hernández, contestó él mismo.

La voz al otro lado era el abuelo Tomás Balcázar llamando desde su casa de niño obrero. El abuelo le dijo solo una frase a su yerno antes de colgar. le dijo, “Chícharo, mañana cuando el muchacho viaje a la ciudad de México, abre el cajón del escritorio y saca la cosa que pusiste ahí en marzo de 2008.

Llévala contigo al aeropuerto. Dásela a Javier sin decirle nada. Es tiempo.” El padre Chícharo no contestó nada, solo colgó. Esa noche no durmió. Aquella primavera de 2010 fue una espiral de vértigo para el joven delantero roj y blanco. Por las mañanas entrenaba con las Chivas. Por las tardes contestaba llamadas de periodistas ingleses que querían saber si era cierto que iba a debutar en el Manchester United contra el Liverpool en agosto.

Por las noches cenaba en la casa de la colonia Las Águilas con su padre, su madre y su abuelo Tomás, quien a los 79 años ya empezaba a perder la memoria, pero todavía recordaba cada detalle de los partidos del 54. El 7 de marzo, una semana antes de la cita que cambiaría todo, Chicharito recibió una llamada del propio Javier Aguirre.

El técnico del tricolor le pidió que viajara a la Ciudad de México el 14 de marzo a las 9 de la mañana al Centro de Alto Rendimiento de la Federación Mexicana de Fútbol en avenida Constituyentes. Le dijo que la práctica iba a ser cerrada al público. Le dijo que solo iban a estar él, dos asistentes técnicos, un portero suplente y un par de juveniles.

Le dijo, “Quiero verte de cerca, muchacho. Quiero verte sin público, sin cámaras, sin nada, solo tú y la portería. Chicharito colgó el teléfono, se quedó sentado en el sillón de la sala de la casa de las águilas durante 20 minutos sin hablar. La madre Silvia entró, le puso la mano en la espalda y le preguntó si todo estaba bien.

El joven atacante rojiblanco asintió en silencio. Esa noche no durmió. A las 5 de la madrugada se levantó, agarró su bolsa, manejó hasta Tepatitlán, manejó hasta León, manejó hasta el Distrito Federal. Llegó al Centro de Alto Rendimiento a las 8:30 de la mañana del 14 de marzo de 2010, 30 minutos antes de la cita.

Lo que pasó en las siguientes 4 horas en aquel campo de entrenamiento es el primer secreto de esta historia. Imagina por un momento que ese muchacho de 21 años fuera alguien de tu propia familia. Imagina que tu hijo, tu sobrino, tu nieto estuviera parado esa mañana en el centro de aquel campo sin saber que el hombre que tenía enfrente iba a destruirle la vida 16 años después.

La práctica empezó a las 9:05 de la mañana. Javier Aguirre llegó al campo vestido con el chándal oficial del tricolor, una gorra negra de visera dura y un cronómetro digital en la mano izquierda. Masticaba chicle de menta verde. Como siempre, no saludó al muchacho. Lo miró desde la banda con los brazos cruzados durante 40 segundos exactos.

Después le hizo una señal con la cabeza al portero suplente, un juvenil de las Pumas llamado Sergio Bernal, y le dijo, “Entra a la portería. Vamos a ver qué tiene este muchacho de Guadalajara.” El primer remate de Chicharito fue al ángulo izquierdo, pegó en el palo y entró. El técnico no aplaudió. El segundo remate fue al ángulo derecho.

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