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BLUE DEMON: LA ASQUEROSA VERDAD QUE OCULTARON 20 AÑOS

Lo que Alejandro Muñoz Moreno le entregó a Concepción esa tarde en la estación de ferrocarril del centro de Monterrey,  frente a la fila de pasajeros que estaban subiendo al tren. Fueron dos cosas. La primera, un sobre  con 200 pesos en efectivo, equivalente a 3 meses del sueldo que él ganaba como peón de los ferrocarriles.

La segunda cosa, una hoja de papel con una sola dirección escrita a lápiz, una dirección de la colonia Doctores de la Ciudad de México, la dirección  de una pensión obrera donde Alejandro iba a vivir durante los siguientes 4 años de su carrera como Blue  Demon. Número seto. Número seto.

Concepción le dio las gracias por el dinero. Le pidió otra cosa. Le pidió que se quedara, que se casaran,  que reconociera al hijo que llevaba en el vientre. Alejandro Muñoz Moreno le contestó  con cuatro palabras concretas que Concepción iba a repetir 40 años después. en una conversación grabada con un periodista de Monterrey  en 1988 mientras lavaba ropa ajena en el patio trasero de una casa modesta de la colonia Mirador.

“Búscame cuando él nazca.” Alejandro Muñoz Moreno se subió al tren. Concepción se quedó parada en el andén con el sobre de 200 pesos apretado  contra el vientre. Durante los siguientes 11 minutos vio el tren alejarse hacia el sur y supo,  sin que nadie se lo dijera, sin tener pruebas de ninguna clase, que el hombre que se iba en ese tren no iba a volver a buscarla nunca y que tampoco iba a buscar al hijo que ella estaba esperando.

El hijo nació 5co meses después. Un varón. Lo bautizaron Alejandro Muñoz Lomeli,  llevando el apellido paterno por decisión de Concepción y el segundo apellido de la madre. Concepción lo crió sola en la colonia Mirador de Monterrey durante los siguientes 32 años, trabajando como lavandera y cocinera, sin volver a casarse, sin volver a tener más hijos,  esperando una visita del padre del niño que nunca ocurrió.

Pero esa visita y ese reencuentro están a varios capítulos de aparecer en  este guion. Lo que pasó primero fue otra cosa. Alejandro Muñoz Moreno se convirtió en Blue Demon y Blue Demon se convirtió en uno de los dos ídolos más grandes del pancracio  mexicano. 41 años de carrera, más de 2000 combates profesionales.

Campeón mundial welter de la NWA en dos ocasiones distintas en 1953.  y campeón nacional welter en tres ocasiones, ganador de las máscaras de espectro segundo, matemático y rayo de Jalisco, ganador de la cabellera de Cavernario Galindo, rivalidad histórica con el Santo, El Enmascarado de Plata. Durante tres décadas continuas, 26 películas como protagonista del cine  mexicano de luchadores.

Un programa de televisión propio en la cadena Telesistema mexicano.  11 presentaciones internacionales en países como Japón, España, Cuba,  Estados Unidos y Venezuela. Y aquí entra la rivalidad que cambió la lucha libre mexicana  para siempre. 25 de septiembre de 1953,  Arena México, lleno absoluto, 21,000 espectadores.

Pelea por el campeonato mundial welter de la NVUA entre el campeón vigente, el Santo, el Enmascarado de Plata, y el retador, Blue Demon, el demonio azul. Tres caídas a definitiva, apuestas familiares en  cada cantina del centro de la Ciudad de México. El público mexicano dividido entre los dos enmascarados más grandes del momento.

Blue Demon le aplicó esa noche al santo una llave de su propia invención. La llamó la estaca india. Lo dobló en el lazo del ring. Lo mantuvo inmovilizado durante 47  segundos. El árbitro contó tres palmadas en la lona. Blue Demon ganó la pelea, ganó el campeonato mundial welter y desde esa noche el público mexicano supo que en el pancracio nacional  había dos ídolos absolutos y que esos dos ídolos iban a vivir el resto de sus carreras  pendientes el uno del otro.

Pero la rivalidad pública con El Santo,  la que las cámaras de televisión registraron durante tres décadas, era apenas una parte de lo que  estaba pasando. Porque a partir de 1954, Blue Demon empezó a recibir cartas anónimas en su domicilio  personal de la colonia Doctores de la Ciudad de México. Cartas con una sola fotografía adentro.

Una foto de un niño de cinco o 6 años jugando en un patio de tierra de la colonia Mirador de Monterrey. Sin más texto, sin remitente, sin nada. Las cartas llegaron durante 12 años seguidos, una al mes, la misma fotografía. El niño crecía un año en cada serie nueva de fotos. Cumplió 10 años en 1958, 15 años en 1963, 22 años en 1970  y en ningún momento de esos 12 años, Blue Demon respondió.

En ningún momento intentó averiguar quién mandaba las fotos. En ningún momento viajó a Monterrey a buscar a Concepción ni al niño. Las cartas se acumularon en una caja de zapatos guardada dentro de un armario del departamento de la colonia. Doctores, una caja que su personal de servicio iba a encontrar 26 años después, en diciembre del 2000, cuando entraron a recoger las pertenencias del difunto.

Pero hubo algo peor que las cartas. En septiembre de 1964, en plena cima de su carrera como protagonista del cine mexicano de luchadores durante la promoción de la película Blue Demon, contra el poder satánico, el ídolo enmascarado recibió una acusación pública que casi le costó la carrera. Una nota apareció en el diario El Universal,  firmada por un periodista de espectáculos llamado Roberto Carrasco, donde se afirmaba que Blue Demon había colaborado durante los años 50 con agentes del gobierno de los Estados Unidos en la identificación de

luchadores mexicanos de tendencia política izquierdista que iban a participar en torneos internacionales en Cuba. La acusación venía con una sola fuente anónima. un compañero del vestuario de la Arena México, alguien que aseguraba haber visto al ídolo enmascarado entregar listas de nombres a un agente estadounidense en un hotel de la colonia Juárez  en 1958.

Alguien que tenía pruebas concretas, según el periodista Carrasco, pero que pedía mantener su identidad en secreto para proteger a su propia familia. Blue Demon negó todo públicamente. Demandó al diario El Universal por difamación. Ganó el juicio civil dos años después. Roberto Carrasco se retractó por escrito en una nota publicada en la última página de la edición dominical del diciembre de 1966, pero el daño ya estaba hecho.

Tres asociaciones de luchadores mexicanos, simpatizantes del gobierno cubano de Fidel Castro, lo expulsaron de sus eventos privados durante los siguientes 9 años. Dos productores de cine mexicano dejaron de contratarlo para sus películas durante el periodo de 1965 a 1967. Y el público mexicano más politizado de aquellos años, según iba a contar el propio hijo adoptivo  Blue Demon Jr.

décadas después en una entrevista para la televisión mexicana,  dejó de aplaudirlo en las arenas durante tres temporadas seguidas. Blue Demon nunca supo quién era el compañero del vestuario que lo había acusado, pero ese nombre, ese rostro, esa identidad concreta iba a aparecer 41 años después dentro de una caja fuerte del Instituto Atlético Blue Demon de la colonia Doctores de la Ciudad de México.

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