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Ana Gabriel: la noche que la humillaron en su concierto y la mujer, 30 años menor, que la salvó.

Ventaneando dedicó tres programas consecutivos al análisis del incidente. Los portales de noticias de espectáculos en México, Colombia, Argentina y Estados Unidos publicaron decenas de artículos. Algunos la defendían. Una artista con el derecho a expresar sus opiniones políticas. Otros la atacaban. Una mujer que había traicionado el pacto con su público usando el escenario como tribuna.

Los fans más antiguos se dividieron en redes con una intensidad que revelaba cuánto les importaba, que es la única manera en que las personas reaccionan así ante alguien. Lo que ningún artículo escribió, lo que ningún panel de televisión debatió, es lo que estaba pasando dentro de la mujer que había salido del escenario esa noche sin saludar. Eso no cabía en un titular.

Pero hay algo que los 2000 artículos escritos sobre esa noche y los nueve videos de YouTube que la han analizado no se preguntaron por qué. ¿Por qué esa mujer concreta con esa carrera concreta se desmoronó en 20 minutos de discurso político? ¿Por qué 50 años de saber exactamente lo que se dice frente a un micrófono se fueron al suelo en ese escenario de Inglewood? Para entender eso hay que retroceder casi 70 años.

a un pueblo polvoriento de Sinaloa, donde en 1955 una niña con apellido chino aprendió a cantar de un viejo que nunca habló bien español. La nieta del chino, María Guadalupe Araujo Jong, ese es un hombre real. Cuatro palabras que la prensa lleva 40 años sin pronunciar juntas. Guamuchil es un municipio del norte de Sinaloa.

En 1955 tenía 15,000 habitantes, calles de tierra, casas bajas y cultivos de tomate y maíz que llegaban hasta el horizonte, el tipo de pueblo del que la gente se iba en cuanto podía. El 10 de diciembre de ese año, en la casa de don Ramón Araujo Valenzuela y doña Isabel Jong, nació la séptima de nueve hermanos. La bautizaron María Guadalupe.

El primer apellido era de su padre, mexicano, agricultor, hombre de campo. El segundo era de su madre y ahí empieza la parte de la historia que casi nadie ha contado. Jong es un apellido chino. El padre de Isabel, Roberto Jong, había llegado a Sinaloa en las primeras décadas del siglo XX.

formaba parte de una migración que muy poca gente conoce. Entre 1880 y 1930, miles de chinos, en su mayoría de la región de Cantón, emigraron al norte de México buscando trabajo. Algunos llegaban rebotados de Estados Unidos, donde las leyes de exclusión les habían cerrado la puerta. Otros venían directos desde Asia.

En Sinaloa montaron tiendas, restaurantes, lavanderías. Algunos se casaron con mujeres mexicanas y tuvieron hijos, pero la historia de esa comunidad terminó de manera brutal. En los años 30, el gobernador de Sinaloa, Rodolfo Elías Calles, ordenó la expulsión forzosa de todos los chinos del estado. Algunos fueron asesinados, otros huyeron.

Los que tenían familia mixta vivieron en una zona gris muy incómoda, con un apellido que en el México de los años 40 sonaba a problema. Roberto Jong sobrevivió y le dejó a su nieta una cosa que ningún otro miembro de la familia tenía. Una voz. Ana Gabriel nunca recibió formación musical formal. Su único maestro fue su abuelo materno.

Ella misma lo ha dicho en entrevistas que están grabadas, que Roberto Jong se sentaba con ella en el porche de la casa de Guamuchil y le enseñaba a respirar, a colocar la voz, a sostener una nota. Un viejo inmigrante chino que le dio la voz más reconocible de la música latina del siglo XX. Tenía 6 años la primera vez que cantó delante de gente fue una canción de José Alfredo Jiménez llamada Regalo a Dios.

Una canción sobre la muerte, sobre saber que uno se va a morir y pedirle al destino una sola cosa antes de irse. La canta una niña de 6 años en una fiesta de pueblo y nadie pestañea. La aplauden, la piden otra vez y la madre, doña Isabel, que era hija de chino, mira a su padre y entiende que esa nieta no se va a parecer a ninguno de los nueve hermanos, que esa nieta va a salir del pueblo.

Pero el camino de Guamuchil al Auditorio Nacional no se hizo cantando, se hizo estudiando contabilidad. Sí, contabilidad. Cuando terminó la primaria, sus padres la mandaron a estudiar a Tijuana. Querían que aprendiera un oficio útil. Cantar estaba bien, pero el dinero estaba en otra parte. La séptima hija del agricultor sinaloense pasó 3 años en una academia de contabilidad llevando libros y cuentas, mientras por las noches subía a cantar en los bares de los hoteles de la frontera por unas monedas y la cena. Una mujer de 20 años,

hija de un chino y un sinaloense, con un diploma de contabilidad debajo del brazo, cantando rancheras a las 2 de la mañana en bares llenos de hombres de paso, de turistas norteamericanos, de tipos buscando lo que sea. Esa era la vida de la futura diva de América en 1974, pero alguien la oyó. Le pidió que cantara una noche en el casino de Tijuana.

Y desde la última mesa, una mujer llamada Berta Altamirano la escuchó de principio a fin. Berta llevaba 20 años en el negocio de la música mexicana. Conocía a Vicente Fernández, a toda la generación dorada de la ranchera. Y cuando salió esa noche del casino, le dijo a un amigo que esa chamaca cantaba como un hombre y se veía como una santa y que le iba a buscar nombre artístico.

El nombre se eligió en una conversación de café. Ana por la abuela paterna de Berta. Gabriel porque un cantante llamado Juan Gabriel estaba vendiendo muy bien en ese momento y Berta pensó que llevar ese apellido la asociaría con un éxito ya probado. Una hermana imaginaria del autor de Querida. María Guadalupe Araujo se convirtió en Ana Gabriel en una tarde de 1979 en una conversación de café sin firmar nada ni levantar acta de nada.

El primer compromiso oficial con el nombre nuevo fue el festival Valores Juveniles de 1980, organizado por Televisa. Concurso de cantantes jóvenes. Llevó una canción que había compuesto ella misma. No me lastimes más. ganó el segundo lugar y dentro del jurado había un ejecutivo de CBS Records que esa misma noche en los pasillos del estudio le ofreció un contrato.

Lo firmó al día siguiente. En ese contrato el nombre artístico era Ana Gabriel, pero en el documento legal tuvo que poner su nombre real, María Guadalupe Araujo Jong. La persona que firmaba el papel y la persona que iba a aparecer en los discos eran en términos legales, distintas. La marca era una, la mujer era otra.

Y esa separación entre la persona pública y la persona privada se mantuvo durante los siguientes 45 años. La separación entre la persona pública y la persona privada no fue un accidente de carrera, fue una decisión activa tomada desde el primer día. CBS Records no compró a María Guadalupe Araujo Jong, compró a Ana Gabriel y Ana Gabriel era una construcción.

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