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Máxima Zorreguieta: El Escándalo que Prohibió a Su Padre Entrar a la Boda Real

2 de febrero de 2002, Amsterdam, Países Bajos. Son las 11:30 de la mañana. 2A. En la iglesia Newvek Kirk, en pleno centro histórico de la capital holandesa, una mujer argentina de 30 años está caminando por el pasillo principal hacia el altar, vestida con un vestido de novia diseñado por el modisto valenciano Valentino con 6 m de tul de seda blanca.

Lleva una tiara de diamantes que perteneció a la reina madre Beatriz y en sus brazos lleva un ramo de orquídeas blancas que ella misma había elegido tres semanas antes. Junto a ella no camina su padre, camina su hermano Martín Soragieta. Y en ese momento exacto, mientras la orquesta empieza a tocar la marcha nupsal holandesa, las cámaras de la televisión holandesa que retransmite el evento en vivo a 700 millones de personas en todo el mundo, capturan algo que ninguna otra novia real había mostrado en público durante el siglo XX. Máxima Sorgeta,

futura reina de los países bajos, está llorando. No llora de felicidad, llora de tristeza. Y en su mente, según se sabría décadas después, hay una sola persona que no está esa mañana en la iglesia New Verk, la persona más importante de toda su vida, su padre, Jorge Sorguieta. Su padre no está en la boda porque el Parlamento de los Países Bajos dos meses antes, en diciembre de 2001, le había prohibido formalmente la entrada al país por una razón muy específica.

Entre 1976 y 1981, Jorge Sorregeta había sido secretario de agricultura y ganadería del gobierno del dictador argentino Jorge Rafael Videla, un régimen militar que durante esos 5 años torturó, desapareció y asesinó a más de 30,000 argentinos según los organismos internacionales de derechos humanos.

El padre de la futura reina de los Países Bajos había sido cómplice civil de una de las dictaduras más sangrientas del siglo XX. Y esa mañana del 2 de febrero de 2002, mientras su hija se casaba con el príncipe heredero de un país democrático, él estaba sentado en una pequeña casa de recoleta en Buenos Aires mirando la transmisión por televisión sin poder asistir, sin poder felicitar a su hija en persona, sin poder llevarla al altar como cualquier otro padre en el mundo entero.

Su madre, María del Carmen Seruti, en solidaridad con su esposo, también había decidido no asistir a la boda por dignidad, por amor matrimonial, por solidaridad con un hombre que, según ella misma, había declarado a la prensa argentina, es un buen padre. Era inocente, no sabía nada de lo que pasaba. Máxima Sorgueta esa mañana del 2 de febrero de 2002 llegó al altar de la New Kirk de Amsterdam sin sus dos padres, la novia más mediática del nuevo siglo, la Argentina que se casaba con el futuro rey de Holanda, la mujer que iba a convertirse 11 años después en una de

las reinas más populares de la realeza europea contemporánea. llegaba al altar como una huérfana voluntaria, porque su corona iba a costar precisamente ese precio, la renuncia pública a su propio padre. Esta es la historia de Máxima Sorregieta, una historia que combina en una sola vida los elementos más oscuros y más luminosos del siglo XX.

del CO, El terrorismo de Estado argentino de los años 70, la realeza europea del siglo XXI, el silencio de una hija frente a la complicidad de su padre con un régimen criminal, el suicidio trágico de una hermana en Buenos Aires y la transformación pública de una mujer argentina en una reina europea adorada por millones de personas que, sin embargo, durante dos décadas ha tenido que cargar con un secreto familiar terrible.

Pero esta historia antes de Ámsterdam, antes de los Países Bajos, antes incluso de la dictadura argentina, empieza mucho antes, 31 años antes, en un pequeño hospital del barrio porteño de Recoleta en mayo de 1971, donde nació una niña que iba a cambiar para siempre la historia de la realeza europea. Para entender qué pasó esa mañana del 2 de febrero de 2002 en Amsterdam, tenemos que volver al principio, a Buenos Aires en 1971.

17 de mayo de 1971, Buenos Aires, Argentina. Barrio de Recoleta. En el hospital Otamendi, una mujer argentina de 27 años llamada María del Carmen Serruti está dando a luz a su primera hija. Su marido, un funcionario argentino de 43 años llamado Jorge Zorregieta, espera en la sala de espera con una preocupación particular.

Es su segundo matrimonio. Tiene tres hijas mayores de su primera esposa, la escritora Marta López Hill. Pero según los testimonios cercanos, esta nueva familia que está construyendo con María del Carmen es la familia que verdaderamente quiere. A las 5:10 de la tarde nace una niña. Le ponen el nombre de Máxima Sorregeta Serruti, pero durante toda su infancia su familia y sus amigos la llaman simplemente Máxima.

La pequeña Máxima nace en una familia argentina particular. Su padre Jorge pertenece a una familia tradicional argentina, descendiente de inmigrantes vascos y propietarios de tierras en la provincia de Buenos Aires. Su madre, María del Carmen, llamada Coca por la familia, viene de una familia más modesta, pero oculta de la ciudad de Buenos Aires.

Y durante los siguientes 5 años, entre 1971 y 1976, los Sorregieta van a tener tres hijos más, Martín, Juan e Inés. Una familia numerosa de seis hijos en total, contando las tres hijas mayores del primer matrimonio de Jorge. Hay un detalle de los primeros años de máxima que pocas biografías cuentan. Los sorregeta, a pesar de pertenecer a una familia tradicional argentina con cierto prestigio social, no eran realmente ricos.

Vivían en un departamento del barrio porteño de Recoleta, modesto comparado con las residencias de las verdaderas familias aristocráticas argentinas. Jorge Sorregeta tenía un trabajo administrativo en la Sociedad Rural Argentina, una organización tradicional de propietarios de tierras. Pero su salario no era extraordinario. Según contarían décadas después, varias compañeras del Colegio de Máxima, en una entrevista a la revista Argentina Caras, publicada en 2018, la pequeña Máxima iba al colegio inglés Maryland llevando vianda cada día, no porque le gustara la

comida casera, sino porque sus padres no podían pagar el comedor escolar para sus cuatro hijos simultáneamente. y Máxima, según las compañeras, almorzaba sola muchos días con vergüenza, escondiéndose en una mesa de la cafetería para que las niñas más ricas del colegio no vieran su vianda económica preparada por su madre.

Hay una anécdota particular del paso de máxima por el colegio Maryland que pocas biografías cuentan completamente. Cuando Máxima tenía 9 años, en 1980, una compañera de clase suya organizó una fiesta de cumpleaños en su casa de Bario Parque. Era una de las niñas más ricas del colegio.

Su padre era un importante empresario argentino. La fiesta era considerada el evento social más importante del año en el círculo de Máxima. Pero según contaría décadas después esa misma compañera, en una entrevista publicada en 2016 en la revista Argentina Gente, la pequeña Máxima Sorregeta no asistió a la fiesta. Y la razón, según la compañera, no era falta de invitación, era que la madre de Máxima, María del Carmen Serruti, no había podido pagar el regalo apropiado para la ocasión.

La fiesta exigía regalos sofisticados, importados de las tiendas exclusivas del barrio y los sorregeta no podían permitirse comprar uno. Esa noche, según la compañera, la pequeña Máxima se quedó sola en su departamento de recoleta llorando. Su madre, según contaría décadas después, había prometido a su hija que algún día tendrían dinero suficiente para que ella no tuviera que sentir esa vergüenza social nunca más.

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