Esta es la historia de una investigación que tardó 61 años en encontrar respuestas y de un hombre que vivió toda su vida sin que nadie le hiciera una sola pregunta. Ocultó el cuerpo en una colina boscosa a las afueras de la ciudad. Después volvió a su casa, se sentó a cenar con su familia. Siguió viviendo en la misma ciudad, manejando los mismos caminos durante 40 años.
Y cuando murió en 2004, lo enterraron a menos de 8 km de donde había dejado a su víctima. Nadie lo supo, nadie lo sospechó. Su nombre jamás apareció en ningún archivo policial, pero cometió un error que no sabía que había cometido. Dejó su ADN y había algo que permanecería allí durante décadas esperando. El Mira era una ciudad pequeña en el estado de New York, 40,000 habitantes, casas de madera sobre el río Shemon, el tipo de lugar donde todo el mundo conoce a todo el mundo, o al menos eso creían.
Mary Teresa Simpson tenía 12 años. Sus padres Edward y Rose se habían separado el año anterior y ella había estado viviendo con su padre en Hamonsport. Hacía apenas dos semanas que habían regresado al Mira. Dos semanas. Eso fue todo el tiempo que tuvo para reencontrarse con su ciudad. El domingo 15 de marzo de 1964, a las 3 de la tarde, Mary Teresa salió del apartamento de su padre.
Le dijo que iba a ir a visitar a una prima. En realidad fue a ver a su madre. Rose no esperaba verla, pero se alegró de tenerla. Pasaron la tarde juntas poniéndose al día. Meses de distancia condensados en unas pocas horas. A las 6:30 de la tarde, Mary Teresa se despidió. Tenía que volver al apartamento de su padre.
La caminata era corta, unas pocas cuadras por las calles residenciales del este del Mira, calles que ella había conocido toda su vida. Marzo en el norte del estado de New York significa días cortos. A las 6:30 la luz ya se iba apagando. Las veredas estaban casi vacías. La mayoría de las familias ya estaban adentro cenando.
Mary Teresa caminaba sola, nunca llegó. Elsworth esperó. Cuando se hizo tarde y ella no aparecía, empezó a llamar por teléfono a Rose, a familiares, a amigos, a cualquiera que pudiera saber algo. Nadie la había visto. Nadie recordaba haberla visto caminar por la calle esa tarde. Esa noche Elw llamó a la policía del Mira.
Mary Teresa fue declarada desaparecida oficialmente. Durante 4 días, policías y voluntarios rastrearon la ciudad. Casa por casa, sótano por sótano, ambas orillas del río, los parques, los terrenos valdíos, los caminos de monte que rodeaban, el mira de sur a oeste. El terreno era abrupto y estaba densamente albolado. Todavía había parches de nieve y el helo del invierno.
El cuarto día, un hombre que caminaba por los bosques con sus dos hijos pequeños encontró algo en una colina boscosa en Coms Hill Road, a unos 8 km del centro de Almira. Allí había un cuerpo. Estaba cubierto de piedras pesadas, ramas y capas de tierra y hojas. Era Mary Teresa Simpson. La autobúsada confirmó que la línea había sido víctima de un ataque sexual antes de morir.

La causa de la muerte fue asfixia por estrangulamiento. Alguien la había sacado de la calle, la había llevado en un vehículo fuera de la ciudad y había pasado tiempo suficiente en esa colina para cubrirla cuidadosamente con piedras y ramas. No fue un crimen impulsivo, fue deliberado. La investigación fue masiva para los estándares de la época.
En los 7 meses que siguieron el crimen, los detectives del Mira interrogaron a más de 300 personas. Hablaron con hombres que vivían cerca de los caminos e llevaban a la colina, con hombres que habían sido vistos conduciendo en la zona ese domingo, con hombres que tenían antecedentes vinculados a menores. Revisaron archivos, criminales locales, estatales y federales.
El caso llenó archiveros enteros, miles de páginas de informes, testimonios, pistas. La radio local y el periódico Star Gasette juntaron dinero para una recompensa. $1,000 al principio. Para 1972 ya eran 5,000. Durante las seis décadas que siguieron, nadie la cobró. Cada detective que pasó por el departamento conocía el caso.
Era el expediente que nunca se cerraba, la herencia institucional que se transmitía de generación en generación. Y en todo ese tiempo, el nombre del responsable no aparecía en ninguna página. Había una persona que no dejó de buscar, no era detective, era la hermana mayor de Mary Teresa, Linda Simpson. Tenía 16 años cuando su hermana fue asesinada.
Mary Teresa llevaba apenas dos semanas de vuelta en el Mira. Habían pasado casi un año separadas. Linda vio como la investigación comenzó, creció y se fue apagando. Vio a sus padres envejecer y morir sin saber quién le había quitado la vida a su hija. Edward murió primero. Rose murió después. Ninguno de los dos vivió lo suficiente para escuchar un nombre. Me afectó muy profundamente.
Lo viví durante años llorando y sufriendo todo ese tiempo. Como le dije a todos, hice esto por mi mamá. Década tras década, Linda llamaba a la policía Talmira. A veces, una vez al año, a veces más seguido. La pregunta siempre era la misma. ¿Hay algo nuevo? La respuesta también siempre era la misma, pero Linda siguió llamando.
En el año 2036 años después del crimen, la ropa de Mary Teresa fue enviada al Centro de Investigaciones Forenses de la Policía del Estado de New York. La tecnología para analizar ese tipo de material biológico no existía en 1964, pero ahora sí. Los analistas examinaron la blusa, encontraron material biológico y lograron construir un perfil de ADN masculino completo.
Ese perfil fue cargado en Codis, la base de datos nacional del FBI que almacena perfiles genéticos de condenados y los compara con evidencia de casos sin resolver. Si el responsable había sido condenado por algún delito en cualquier parte del país y tenía su ADN registrado, el sistema lo iba a detectar automáticamente.
No hubo coincidencia. El hombre era un desconocido en el sistema. En 2003, las prendas fueron analizadas. La pollera y la ropa interior confirmaron y reforzaron el perfil original. Pero sin una coincidencia en Codis, la identidad del hombre seguía siendo un misterio. El hombre que dejó ese material genético en 1964 murió en 2004, un año después de que se realizara el segundo análisis.
fue enterrado en un cementerio de Olmira a menos de 8 kómetros de la colina donde había dejado el cuerpo de Mary Teresa 40 años antes. Su ADN nunca fue recolectado, nunca fue sospechoso, nadie tuvo ninguna razón para pedírselo. En 2022, el Departamento de Policía del Mira obtuvo financiamiento del programa Season of Justice, una organización sin fines de lucro que otorga fondos a agencias policiales para pruebas forenses avanzadas en casos fríos.
