Desde Washington lanzaron una advertencia que muchos quisieron leer como una amenaza directa contra México. La llamada sarina antidrogas de los Estados Unidos, Sara Carter, dijo frente a las cámaras que su gobierno va por los políticos mexicanos señalados de proteger a los cárteles y agregó una frase pensada para intimidar.
Quien no coopere sea puesto en la mira. Sonó a presión, sonó a línea dura, pero en esa misma entrevista, esa misma funcionaria soltó un reconocimiento que desmonta por completo el guion del miedo. Y la respuesta de la presidenta Claudia Shainba al día siguiente fue una lección de cómo se defiende la soberanía sin levantar la voz.
Quédense conmigo porque aquí está lo que casi nadie está conectando. Vamos a los hechos sin adornos. El sábado 14 de junio, Sara Carter, directora de la Oficina de Política Nacional de Control de Drogas de los Estados Unidos, concedió una entrevista al programa American That Leaders. Ahí afirmó que la estrategia de la Casa Blanca contra el narcotráfico no se limita a perseguir a los grupos armados, sino que apunta también a desmantelar las estructuras políticas y financieras que, según ella les dan protección. Habló de obtener órdenes de
aprensión contra funcionarios señalados y de trabajar de cerca con sus contrapartes mexicanas. mencionó investigaciones contra personas vinculadas a las facciones que ella llama los chapitos y los mallitos dentro del cártel de Sinaloa y remató con la frase que recorrió los titulares: “Si no cooperan, los ponemos en la mira”.
Hasta ahí la versión que conviene a quienes en México aplauden cada presión que llega del norte. Pero la entrevista no terminó en la amenaza y aquí empieza lo que cambia todo. En ese mismo espacio, la propia Carter reconoció algo que el discurso intervencionista preferiría esconder. Elogió la colaboración del gobierno de la presidenta Shane Baum y dijo con todas sus letras que nunca habían visto un nivel de cooperación como este.
Explicó el esquema sin rodeos. Los Estados Unidos aportan inteligencia y son las fuerzas mexicanas las que ejecutan las acciones en su propio territorio. Como ejemplo, puso la operación contra el líder del cártel Jalisco Nueva Generación, Rubén Oscegueguera Cervantes, conocido como el Mencho, abatido en febrero pasado. Es decir, la misma funcionaria que lanzó la advertencia certificó que México coopera, que México actúa y que lo hace desde su propio mando.

Y no es la única voz desde Washington que admite lo mismo. El 3 de junio, el secretario de seguridad nacional de los Estados Unidos, Markin Mullin, lo dijo ante representantes de su país con una claridad que vale oro. Reconoció que el gobierno mexicano ha sido muy cooperativo, mucho más que la administración anterior, pero subrayó algo decisivo.
Siguen creyendo en su soberanía y tenemos que respetar eso. Esa frase en boca de un alto funcionario estadounidense es el reconocimiento de que la línea que ha trazado México funciona y se respeta. Si te interesa seguir este tipo de análisis con datos y sin gritos, suscríbete al canal. Vamos con la parte más importante.
Llegamos al 15 de junio a la conferencia matutina desde Palacio Nacional. Le preguntan a la presidenta por las palabras de Sara Carter y en lugar de entrar al choque, en lugar de regalar el titular de la pelea, Shane Bound respondió con una serenidad que dice mucho más que cualquier grito. Sus palabras fueron directas.
No quiero entrar en discusión con ella. De esa funcionaria dijo, retoma una sola cosa, la parte de la prevención, ese énfasis en evitar la adicción a las drogas que aparece en los documentos publicados por el propio gobierno estadounidense y dejó la posición de México en una frase que resume la doctrina de este gobierno. Nuestra posición es muy firme en la defensa de la soberanía, en la colaboración sin subordinación y siempre va a ser así. Ahí está la clave.
No es rechazo a cooperar, es cooperación entre iguales. La presidenta lo explicó cuando se le insistió sobre la otra declaración de Carter. Es a donde la funcionaria habló de ir también contra gobiernos que encubran a los cárteles. Shane Baum no se enganchó. Dijo que sería muy difícil contestar cada declaración de cada funcionario de los Estados Unidos, que hay temas en los que México no está de acuerdo, pero que no va a convertir cada frase en un debate.
Pensamos distinto, dijo, y lo dejó ahí. Madurez política, no sumisión. Lo más interesante es que la propia presidenta usó el caso del Mencho para demostrar su punto. Recordó que esa operación es justamente la prueba de que la colaboración da resultados cuando se respeta el orden correcto. Los Estados Unidos proporcionaron información de inteligencia y fue la Secretaría de la Defensa Nacional la que llevó a cabo todo el operativo.
Inteligencia de allá, ejecución de aquí, bajo mando mexicano. Ese es el modelo. Y ese modelo, conviene decirlo, lo reconoció hasta la funcionaria que vino a advertir. Esa colaboración, además, no es un episodio aislado ni una improvisación. El viernes anterior hubo una reunión entre autoridades de los Estados Unidos y la Secretaría de Relaciones Exteriores para tratar asuntos de seguridad.
La presidenta lo ubicó en su justa dimensión. Es el seguimiento al entendimiento que ambos gobiernos construyeron hace más de 6 meses y los avances que se reportan son el resultado natural de esa coordinación. No un favor ni una concesión. Hay una mesa de trabajo, hay reglas y México se sienta en ella sin renunciar a nada.
Pero la presidenta no se quedó solo en la defensa, marcó también lo que México exige de vuelta. Insistió en que no se puede aislar la estrategia de seguridad, de lo que su gobierno llama atención a las causas y puso el dedo en la herida que en Washington tantas veces evitan. Tiene que bajar el consumo de drogas entre los jóvenes en México y en los Estados Unidos, donde el problema es mucho mayor.
La cooperación en la lógica de Shinbaum no corre en una sola dirección. Si del lado mexicano se actúa contra los laboratorios y contra los grupos criminales, del lado estadounidense tienen que atender su propia demanda y frenar el tráfico de armas que cruza hacia el sur, uno de los reclamos más antiguos y más justos de México.
Y como la política exterior de este gobierno se apoya en principios y no en ocurrencias, vale recordar los cuatro que la presidenta repite en cada conferencia donde se toca la relación con los Estados Unidos. Respeto a la soberanía y a la integridad territorial. responsabilidad compartida y diferenciada, respeto y confianza mutua y cooperación sin subordinación.
Cuatro puntos que no son adorno, sino la brújula con la que México se sienta en cualquier mesa. Hay que detenerse también en el punto de la prevención, porque ahí hubo un giro importante. La presidenta no lo inventó. El propio gobierno estadounidense publicó un documento donde reconoce la necesidad de atacar el consumo mediante la prevención y las normas sociales.
