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¡BOMBAZO! ANTONIO CAMACHO HUMILLA AL JUEZ PEINADO

El lunes, mientras media España veía el debut de la selección en el mundial, en un juzgado de Plaza de Castilla se libraba otro partido mucho más serio. De un lado, el juez Juan Carlos Peinado, empeñado en sentar a Begoña Gómez, la mujer del presidente del gobierno, ante un jurado popular.

Del otro su abogado, el exministro Antonio Camacho, que le soltó a la cara una frase que resume todo este caso. Esto es un procedimiento fantasma para erosionar a un gobierno. Y aquí va la tesis de este vídeo para que sepas desde el primer segundo de qué te voy a hablar. El juez cree que va ganando, cree que correr hacia el juicio es su victoria, pero lo que va a saber es por qué.

A mí me parece Peinado ha caído en una trampa que él solito se ha tendido. Y lo más llamativo es que ni siquiera parece darse cuenta. Quédate porque esto no es una opinión lanzada al aire, es algo que se puede demostrar con un número, un número que sus propios superiores le han puesto encima de la mesa una y otra vez. y te lo voy a enseñar dentro de un momento, pero vamos por orden, que esto tiene mucha tela y quiero que lo entiendas todo sin titulares tramposos.

Esta historia empieza en abril de 2024 con una denuncia del autodenominado sindicato Manos Limpias, un nombre que a los que tenemos memoria nos suena de muchas otras causas que acabaron en nada. A partir de ahí, el juez peinado abrió una investigación contra Begoña Gómez, que en estos dos años largos ha ido cambiando de forma una y otra vez.

Primero unos delitos, luego otros. Primero unos imputados, luego otros. Una causa que se estiraba y se encogía según el día. Ahora mismo, lo que el juez quiere es juzgarla por cuatro presuntos delitos: malversación, tráfico de influencias, corrupción en los negocios y apropiación indebida. Y subrayo lo de presuntos, porque esto es clave y no me cansaré de repetirlo.

Begoña Gómez está investigada, no condenada. En este país investigada no significa culpable, significa que tiene derecho a defenderse, el mismo derecho que querrías tú si te señalaran a ti. ¿Y de qué se la acusa exactamente? Porque conviene saberlo, que aquí mucha gente opina sin haber leído ni una línea del expediente.

El caso gira en torno a una cátedra extraordinaria que Begoña Gómez codirigió en la Universidad Complutense de Madrid. El juez sospecha que usó su posición y el hecho de ser quien es para conseguir favores, que empresas como Google, Indra o Telefónica colaborasen con esa cátedra y que el empresario Juan Carlos Barravés se beneficiara de algún contrato público después de unas cartas de recomendación.

Hay también una pieza sobre una marca, un software registrado a su nombre. Esa es resumida toda la sospecha. Y ojo, que yo no te voy a decir que ahí no haya absolutamente nada que mirar. Mirar se mira todo, faltaría más. Lo que te digo es otra cosa y es un hecho, no una opinión mía. Ni la Fiscalía ni el Tribunal Superior han visto en eso indicios suficientes de delito.

La Audiencia Provincial de Madrid llegó a escribir con todas las letras que hasta la fecha no existían indicios racionales de criminalidad que justificaran sentarla ante un jurado. Indicios racionales. Esas son las palabras del tribunal de arriba, no las de un servidor. Entonces, ¿quién insiste en el juicio? un único hombre, el juez instructor, contra el criterio de la fiscalía, contra el criterio de la audiencia provincial, contra el archivo que piden todas las defensas. Uno solo.

Remando en dirección contraria a casi todo el mundo jurídico que ha mirado este expediente. Y a mí, cuando alguien rema solo contra todos, me da por preguntarme por qué. Es que él ve algo que los demás son incapaces de ver o es que los demás ven algo que él sencillamente no quiere ver. El lunes, el juez la citó a ella, a su asesora en la Moncloa, Cristina Álvarez, y al empresario Juan Carlos Barravés.

Los citó en persona, físicamente, con una advertencia que pone los pelos de punta. Si no venís, os traigo con la policía. ¿Hacía falta? No. La ley no obligaba a que estuvieran presentes. No tenían que intervenir en nada. Pero el juez los quiso allí, sentados, en silencio, escuchando cómo pedían medidas contra ellos.

Y aquí viene la primera cosa que no encaja. Y te pido que la retengas porque dentro de un rato vamos a entender por qué ese gesto dice mucho más de lo que parece. Vamos con lo que de verdad importa, que es ese número del que te hablaba, porque verás, el juez peinado tiene un problema y no es un problema político, es un problema profesional.

Resulta que la Audiencia Provincial de Madrid, que es el tribunal que está por encima de él y que revisa sus decisiones, lleva, según las cuentas que ha hecho el diario público, 14 barapalos. 14. 14 veces le han corregido, le han anulado resoluciones, le han devuelto el trabajo como a un estudiante al que le tachan el examen. Y no es que se lo digamos nosotros desde un canal de YouTube, es que se lo han dicho ellos por escrito con la firmeza de unos magistrados que ya no saben cómo explicárselo.

Le reprocharon textualmente, “No haber hecho un mínimo esfuerzo argumentativo. Párate a saborear esa frase, un mínimo esfuerzo. un juez de instrucción con décadas de carrera, sus superiores le tienen que recordar que haga un esfuerzo mínimo por justificar lo que firma. Y tú te das cuenta de lo que eso significa. Significa que el edificio que el juez está construyendo a toda prisa se levanta sobre unos cimientos que el tribunal de arriba ya ha dicho varias veces que están mal hechos.

Está poniendo el tejado a una casa cuyos pilares le han ordenado rehacer. ¿Cómo se sostiene eso? pues no se sostiene y él lo sabe o debería saberlo. ¿Y por qué corre tanto entonces? Ah, amigo, aquí está la madre del cordero. Porque el juez peinado se jubila forzosamente al cumplir los 72 años el próximo septiembre.

No se puede prorrogar ni un día. Y su caso estrella, el caso con el que ha llenado portadas durante 2 años, se le escapa de las manos con el calendario. Quiere cerrarlo antes de colgar la toga. Quiere su titular final. Y esa prisa, esa prisa por dejar atado el juicio antes de irse, es precisamente lo que lo convierte en vulnerable, porque cuando corres tropiezas y cuando ya te han dicho 14 veces que tropiezas y vuelves a correr igual, la pregunta que se hace cualquiera en su casa es muy sencilla.

¿No aprende o no quiere aprender.  Y mira, no es la primera vez que tropieza, ni mucho menos, porque este juez, a lo largo de la instrucción fue imputando a gente y más gente. llegó a sentar en su lista a cargos del Partido Popular y de Vox, al rector de la propia Complutense, a un excjero autonómico, hasta al delegado del gobierno en Madrid.

Una lista larguísima de las que llenan teletipos. ¿Y sabes qué pasó con casi todos ellos? Que la Audiencia Provincial los fue sacando uno por uno, desimputados, fuera a casa, porque no había contra ellos lo que la ley exige para tenerlos ahí. Imagínate la escena un segundo, un instructor que imputa a medio Madrid y al que el tribunal de arriba le va devolviendo a la gente con una nota que viene a decir, “Oiga, así no falta fundamento. Una vez, dos, tres.

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