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VINICIUS entre LÁGRIMAS tras ser ELIMINADO: “MÉXICO me TRATÓ como PERSONA, no como en EUROPA”

En México eso no estuvo y Vinicius lo notó. lo notó de la manera en que notas la ausencia de algo que llevas tiempo cargando. No siempre sabes nombrarlo de inmediato, pero el cuerpo lo siente antes de que la mente encuentre las palabras. Hay algo que él mismo dijo en los días previos a la eliminación en una entrevista que circuló en medios brasileños y que pocos medios mexicanos recogieron con la atención que merece.

dijo que en México el fútbol y la persona van juntos, que la gente que lo recibió no separó una cosa de la otra, que lo quisieron como futbolista porque lo vieron primero como persona y que esa secuencia, verlo primero como persona, es la que cambia la experiencia de todo lo que viene después. Eso puede sonar a algo sencillo, a algo que debería ser obvio, a algo que cualquiera debería ofrecer a cualquier ser humano sin importar si es famoso o desconocido, sin importar el color de su piel o el país donde nació.

Y sin embargo, Vinicius Junior, con 24 años y el Real Madrid en la espalda y cuatro goles en un mundial, eligió nombrar a México específicamente como el lugar donde encontró eso. Eso dice algo sobre México y dice algo sobre lo que en México existe, que en otros lugares no existe de la misma manera. Espérate, porque hay algo más sobre la experiencia de Vinicius en México que quiero contar y que conecta con algo más grande, con algo que tiene que ver no solo con la cultura mexicana, sino con las decisiones concretas que alguien tomó

para que este torneo fuera lo que está haciendo. Cuando los aficionados mexicanos recibieron a Brasil en los partidos de la fase de grupos, algo ocurrió en las gradas que varios corresponsales internacionales documentaron en sus crónicas sin necesariamente entender del todo de dónde venía.

Los aficionados mexicanos aplaudieron las jugadas extraordinarias de los jugadores brasileños. Las celebraron. Le rindieron a Vinicius el tipo de reconocimiento que en los estadios europeos llega a medias con un asterisco, con el ruido de fondo de quien no puede celebrar del todo al jugador del equipo contrario porque el orgullo tribual del fútbol lo impide.

En México ese orgullo tribu tiene algo de permeabilidad que los estadios europeos raramente tienen. El aficionado mexicano puede querer a su selección con todo y al mismo tiempo reconocer la grandeza del rival. Puede aplaudir un gol de Vinicius contra otro equipo y hacer que ese aplauso suene a algo auténtico porque lo es.

Puede relacionarse con el jugador contrario como con alguien que viene a su casa y que merece ser bien recibido, aunque no venga a apoyar al mismo equipo. Esa manera de relacionarse con el fútbol y con los jugadores que llegan de afuera no es solo una cuestión de carácter nacional. Aunque el carácter nacional tenga mucho que ver, es también el resultado de condiciones que alguien creó de manera deliberada para que este torneo fuera lo que está haciendo.

Y esas condiciones tienen un nombre. Claudia Shaneum diseñó la organización de este torneo con una filosofía que los aficionados internacionales y los jugadores como Vinicius están encontrando de manera concreta cuando llegan a las ciudades sede mexicanas. que la hospitalidad real incluye a todos sin condiciones, que el torneo es de la ciudad completa y no solo del estadio, que cada persona que llega merece ser recibida como bienvenida antes de que haga nada para merecerlo.

Eso se implementó de maneras específicas y verificables. personal de atención al visitante que habla varios idiomas y que está capacitado para relacionarse con aficionados de culturas muy diferentes, sin los prejuicios y sin los protocolos fríos de la industria hotelera corporativa. Zonas de integración entre aficionados locales e internacionales, que no son los recintos aislados de marca FIFA, sino espacios en los barrios de la ciudad donde la mezcla ocurre de manera natural.

Una política de seguridad en los estadios que protege a la gente en lugar de clasificarla. Un ambiente en las calles de Ciudad de México que lleva semanas diciéndole a cualquiera que llega de afuera que aquí es bienvenido, que aquí puede estar, que aquí nadie le va a preguntar de dónde viene antes de decidir si lo recibe.

Vinicius encontró eso y lo agradeció con las palabras que eligió decir en la peor noche de su torneo. A ver, hay algo sobre el arco completo de Vinicius en este mundial que merece contarse de manera honesta, porque la narrativa del video no puede ser solo el elogio de México, sin mirar también lo que fue el torneo para él deportivamente.

Vinicius fue la figura de Brasil, eso es un hecho. Cuatro goles en cinco partidos, tres premios MVP consecutivos en la fase de grupos, un rendimiento individual que para cualquier análisis imparcial estuvo entre los mejores del torneo en las primeras semanas. El Vinicius que la gente que sigue el fútbol conoce del Real Madrid, ese que en los mejores días hace cosas que parecen de otro deporte, apareció con la camiseta de Brasil de una manera que en los últimos años no había aparecido con la misma consistencia y sin embargo no alcanzó.

Brasil con Vinicius como mejor Vinicius de la historia con la canariña cayó ante Noruega en los octavos con Halland marcando dos veces en los últimos 10 minutos cuando el partido parecía que iba a terminar de otra manera. con un penalti que Bruno Guimaráes no convirtió cuando podría haber cambiado todo, con el gol de Neymar en el descuento llegando demasiado tarde para hacer algo más que la despedida de alguien que supo en ese momento que esa era la última vez que llevaba esa camiseta en un partido de Copa del Mundo. Neymar lloró, Brasil

lloró y Vinicius que hizo todo lo que se le podía pedir en este torneo y que aún así terminó con las manos vacías porque el fútbol a veces funciona de esa manera implacable que no tiene en cuenta los méritos individuales. Cuando llega el momento de los 90 minutos que deciden, salió del estadio con el peso de todo eso encima y habló de México.

Hay algo en ese gesto que dice todo lo que hay que saber sobre lo que este país le dio durante el torneo. Porque cuando alguien está en el peor momento y lo primero que recuerda es un lugar donde lo trataron bien, ese lugar se llevó algo real, algo que no se consigue con campañas de imagen ni con protocolos de hospitalidad ejecutados de manera mecánica.

Algo que solo ocurre cuando el trato que recibes es genuino y lo sabes porque lo sientes diferente al trato calculado al que estás acostumbrado. Vinicius está acostumbrado a muchos tipos de trato. Sabe la diferencia entre el que viene de quien quiere algo de ti y el que viene de quien simplemente te ve como una persona que merece consideración.

En México encontró el segundo y lo dijo en el momento donde las palabras cuestan más porque las emociones están encima y el filtro de la diplomacia deportiva se cae solo. Bueno, ¿hay algo más sobre el contexto específico de la eliminación de Brasil que me parece que vale la pena contar porque enmarca de manera importante lo que dijo Vinicius? Brasil llegó a este torneo con la expectativa que acompaña a Brasil en cada torneo, que la sexta estrella es posible, que el talento individual es suficiente, que esta generación tiene lo que necesita

para terminar con cuatro décadas de espera desde la última vez que Brasil levantó el trofeo. Esa expectativa es un peso específico que solo entienden los que lo cargan. La canariña no llega a ningún mundial libre de esa expectativa. Llega con ella pegada en la espalda, en los cánticos de los aficionados, en las portadas de los diarios, en las conversaciones de cada familia brasileña que se sienta frente a la televisión a ver los partidos.

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