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Verónica Castro: El ASQUEROSO Favor que le Pidió Luis de Llano una Sola Vez… Cambió su Vida

Lo que Luis de Llano le pidió a Verónica Castro esa noche no fue un favor pequeño, no fue insignificante y no fue invisible. Fue algo que Verónica reconoció inmediatamente como lo que era, una petición diseñada para usar su nombre, su credibilidad y su imagen pública como escudo protector para algo que ella intuyó que estaba profundamente mal.

Y la decisión que Verónica tomó en las siguientes 48 horas no solo definiría el resto de su carrera, definiría el tipo de mujer que el mundo conocería como la Vero durante las siguientes cuatro décadas. Pero para entender exactamente qué fue lo que Luis Deano le pidió, primero hay que entender cómo funcionaba la maquinaria de poder dentro de Televisa en los años 80.

Porque lo que pasaba dentro de esas paredes no era simplemente entretenimiento, era un sistema, un sistema diseñado con precisión milimétrica para controlar, manipular y cuando era necesario, destruir a cualquiera que se interpusiera en el camino de quienes tenían el poder. Y Verónica Castro estaba a punto de interponerse de la manera más peligrosa posible.

Para entender lo que Luis de Llano le pidió a Verónica Castro aquella noche de 1986, primero hay que entender cómo se construyó el hombre que hizo esa petición. Porque Luis Deano Macedo no nació siendo un depredador, se convirtió en uno y la máquina que lo convirtió tenía un nombre que todo México conocía, Televisa.

Luis de Llano nació el 9 de junio de 1945 en la Ciudad de México, en una cuna que prácticamente estaba hecha de celuloide y cables de transmisión. Su padre, Luis Deano Palmer, no era simplemente un productor de televisión, era uno de los arquitectos fundacionales de lo que eventualmente se convertiría en el monopolio televisivo más poderoso de América Latina.

un exiliado español que había huído de la guerra civil, licenciado en derecho, que encontró en México no solo refugio político, sino una industria naciente que moldeara su imagen. Luis Deano Palmer trabajó codo a codo con Emilio Azcárraga Vidaurreta, el patriarca original de la dinastía Azcárraga, construyendo los cimientos de lo que sería telesistema mexicano y después Televisa.

Su madre, Rita Macedo, era una de las actrices más reconocidas del cine mexicano de la época de oro. Una mujer de talento extraordinario que compartió pantalla con los más grandes y que fuera de cámaras vivió una vida marcada por relaciones turbulentas, incluyendo su matrimonio con el escritor Carlos Fuentes.

El pequeño Luis creció rodeado de fama, poder y la certeza absoluta de que el mundo del espectáculo no era un sueño lejano, sino el negocio familiar. A los 17 años, Luis ya trabajaba como técnico y operador en una estación de televisión en San Antonio, Texas. No empezó desde arriba, hay que reconocerlo. Aprendió el oficio desde las trincheras técnicas, pero el apellido de Llano funcionaba como un pasaporte permanente que le abría puertas que para cualquier otro joven habrían permanecido cerradas con triple llave. En los años 60, antes de

dedicarse completamente a la producción, fue bajista de The Speedfires, una banda de rock and roll, donde también participaba su hermana Julisa. El rock era su pasión genuina. La música lo encendía de una manera que la producción televisiva convencional no lograba. Y esa pasión por la música juvenil sería precisamente la herramienta que utilizaría para construir su imperio personal dentro de Televisa.

Cuando Telesistema Mexicano y Televisión Independiente de México se fusionaron en 1973 para crear Televisa, Luis Deano se posicionó estratégicamente como productor y director dentro de la nueva superestructura. Pero su verdadero golpe maestro no llegó hasta principios de los años 80 cuando concibió una idea que transformaría la industria del entretenimiento mexicano para siempre.

Crear un grupo musical juvenil que funcionara simultáneamente como cantera de talento actoral. plataforma de lanzamiento de carreras solistas y máquina generadora de ingresos múltiples. Ese grupo se llamó Timbiriche y aquí es donde la historia se oscurece, porque Timbiriche no fue simplemente un grupo musical, fue un laboratorio, un ecosistema cerrado donde Luis Deano tenía control absoluto sobre niños y adolescentes que dependían completamente de él para sus carreras, sus ingresos, su identidad pública y en muchos casos,

su autoestima. Los integrantes originales de Timbiriche tenían entre 10 y 14 años cuando el grupo se formó en 1982. Eran niños, niños talentosos, ambiciosos, llenos de sueños, pero niños al fin. Y Luis Deano, que tenía 37 años en ese momento, era el adulto que controlaba cada aspecto de sus vidas profesionales.

Decidía qué cantaban, decidía qué vestían, decidía cuándo aparecían en televisión y cuándo desaparecían. decidía quién avanzaba hacia una carrera solista y quién se quedaba estancado en el grupo. En una industria donde la visibilidad lo era todo, Luis de Llano era el grifo que regulaba quién recibía luz y quién quedaba en la sombra.

Y ese poder, concentrado en un solo hombre sobre un grupo de menores de edad, creó las condiciones perfectas para el abuso. Sasha Socol entró a Timbiriche cuando era una niña. Tenía talento extraordinario, una voz que podía sostener baladas y canciones pop con igual maestría y una presencia escénica que la distinguía incluso dentro de un grupo lleno de estrellas en formación.

Luis Deano se fijó en ella y lo que él describió años después con una frialdad que el heló la sangre de millones de personas, como haberse enamorado de Sasha. Comenzó cuando ella tenía 14 años y él 39. Guarda este dato porque es fundamental para entender lo que viene. 25 años de diferencia, un productor todopoderoso y una adolescente cuya carrera entera dependía de las decisiones de ese hombre.

Eso no es romance, eso no es amor, eso es una estructura de poder diseñada para la explotación. Pero en los años 80, dentro de las paredes de Televisa, nadie hablaba de estas cosas. No porque no las vieran, las veían. Todo el mundo las veía. Era lo que Mauricio Martínez, actor que trabajó con Luis de Llano años después en Operación Triunfo, describió públicamente como Un secreto a voces.

Pero hablar significaba enfrentar al sistema. y enfrentar al sistema significaba destrucción profesional inmediata, veto, desaparición, el mismo castigo que Verónica Castro había experimentado por el simple hecho de aceptar trabajo en Argentina. Ahora, con todo este contexto, regresemos a 1986, al momento exacto en que Luis de Llano llamó a Verónica Castro.

La llamada llegó en octubre de 1986, según lo que personas cercanas a Verónica han reconstruido a lo largo de los años. Verónica estaba en Ciudad de México, en la casa de su madre, después de regresar de un periodo de trabajo en Italia, donde había protagonizado Felicita Dob. Llevaba casi 4 años vetada de Televisa, 4 años en los que había mantenido su carrera viva a base de telenovelas internacionales, pero 4 años en los que su presencia en el mercado mexicano se había evaporado casi por completo. El teléfono sonó a las 9 de la

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