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¡ÚLTIMA HORA! PAN HUMILLA a Alito Moreno y el PRI queda contra las cuerdas

golpea tanto Alito, primero hay que entender quién es Alito dentro de esta historia, porque Alejandro Moreno no llegó al PRI en un momento de gloria. Llegó y se mantuvo en una  etapa de deterioro profundo del partido que gobernó México durante décadas. El PRI ya no era aquel partido hegemónico que podía decidir candidaturas, trolar gobernadores y operar elecciones con una maquinaria casi imbatible.

El PRI de Alito ese es otro más pequeño, más cuestionado, más defensivo, más necesitado de alianzas. Recordemos algo importante. El PRI fue durante mucho tiempo el centro del sistema político mexicano. Para muchos el partido de la estabilidad, para otros el partido del autoritarismo, la corrupción y los pactos oscuros.

Pero después de la alternancia, después del desgaste de sus gobiernos y después del ascenso de Morena, el PRI comenzó  a perder una de sus armas principales, la sensación de inevitabilidad.  Antes mucha gente podía decir, “El PRI siempre vuelve.”  Hoy esa frase ya no suena igual.

Hoy la pregunta es otra. ¿El PRI todavía puede volver solo? Y ahí entra Alito. Su dirigencia ha estado marcada por un discurso de resistencia. Él  se presenta como opositor frontal, como alguien que enfrenta a Morena, como alguien que no se arrodilla. Pero al  mismo tiempo, sus críticos dicen que bajo su liderazgo, el PRI ha perdido presencia, ha perdido cuadros, ha perdido gubernatura, ha perdido legisladores y ha perdido autoridad moral frente a una parte importante del electorado.

Es justo cargarle todo a una sola persona necesariamente. La crisis del PRI viene de mucho antes. Viene de sexenios, de escándalos, de desgaste histórico, de gobernadores cuestionados, de promesas incumplidas, de una generación  política que no supo leer el enojo social.

Pero también es cierto que los dirigentes son evaluados por resultados y cuando un partido se achica,  cuando pierde territorio, cuando depende cada vez más de alianzas, el liderazgo queda inevitablemente  bajo sospecha. Alito entiende eso y por eso Coahuila se vuelve tan importante para él, porque necesita mostrar una victoria, necesita decir, “Aquí estamos, necesita demostrar que el PRI no está muerto, necesita convencer al PAN  y a Movimiento Ciudadano de que todavía tiene votos útiles para una coalición.

” Aquí está la contradicción. Una cosa es tener fuerza  en Coahuila y otra muy distinta es tener fuerza nacional. Y eso es justamente lo  que le están marcando, porque según la lectura de varios analistas y voces políticas, el resultado en Coahuila no necesariamente demuestra un renacimiento del PRI nacional.

puede demostrar más bien que el pri conserva estructura, que el gobernador tiene operación, que la marca PRI en ese estado funciona de manera distinta, que hay dinámicas regionales que no se repiten en el resto del país. Es como si  Alito quisiera agarrar una foto de Coahuila y decir, “Miren, este es México.

” Pero el PAN le responde, “No, eso es Coahuila y nada más. Duro, directo, sin anestesia. Y antes de continuar, si esto que estás viendo te resulta útil para entender la política  que los medios no explican, suscríbete al canal. Cada semana seguimos desarmando estas historias pieza por pieza porque detrás de cada declaración hay intereses, heridas y cálculos  que no siempre aparecen en los titulares.

Ahora bien, el historial de esta alianza opositora también pesa porque durante años el PAN y el PRI se enfrentaron como adversarios históricos. El PAN construyó buena parte de su identidad criticando al PRI y el PRI durante décadas vio al  PAN como una oposición incómoda pero minoritaria. Luego llegó Morena, cambió el  mapa político y los viejos enemigos decidieron que el enemigo común era más grande que sus diferencias históricas.

La alianza podía tener sentido electoral, sumar votos, evitar derrotas,  competir en estados donde solos no alcanzaban, pero el costo era enorme porque cuando tú juntas partidos con historias tan contradictorias, necesitas una narrativa muy fuerte para explicarle  al votante por qué ahora sí deben caminar juntos.

Y si no tienes esa narrativa, la alianza se vuelve una simple  operación de supervivencia. Eso es lo que parece está reclamando Jorge Romero. No solo está diciendo que el PAN perdió una elección, está diciendo  que el PAN perdió algo más profundo, identidad, narrativa, voz propia. Y en política, perder narrativa  es casi tan grave como perder votos.

Porque sin narrativa tú no convences, sin narrativa tú no entusiasmas. sin narrativa, tú solo reaccionas. Y aquí viene lo fuerte. Si el PAN decide alejarse del PRI, Alito pierde una parte central de su estrategia, porque el PRI solo, salvo en territorios muy específicos, tiene un margen limitado  para competir a nivel nacional.

Pero si el PAN se queda sin el PRI, también corre un riesgo dividir más a la oposición y abrirle camino a Morena en ciertos estados. Entonces, la pregunta no es sencilla. ¿Quién necesita  más a quién? ¿El PRI necesita al PAN para sobrevivir? ¿O el PAN necesita al PRI para completar votos donde no le alcanza?  Esa es la tensión real.

Y por eso las palabras de Jorge Romero no son solamente una respuesta a una elección, son una redefinición de poder dentro de la oposición, como diciendo, “No nos vengas a dar clases  con Coahuila. No nos vengas a vender una fuerza nacional que no tienes. No nos quieras culpar por una derrota futura si no aceptamos tu alianza.

” Y esto nos lleva a la línea de tiempo de lo que pasó. Primero ocurre la elección en Coahuila. El PRI logra un resultado favorable en el Congreso local y Alito Moreno empieza a usar ese desenlese como una carta política. La lectura que impulsa es clara. El PRI demostró que Pede competir, que sigue teniendo estructura y que la oposición debería entender la importancia de ir unida.

Hasta aquí para sus seguidores podía parecer una señal de vida, pero para sus críticos era una exageración calculada.  Después Alito pasarese insistiendo en la necesidad de una coalición. En entrevistas y declaraciones señala  que para enfrentar a Morena se necesita unidad. plantea que si el  PAN y Movimiento Ciudadano no aceptan construir juntos, entonces podrían ser responsables  de que que Morena avance en 2027.

Esa frase es clave porque no solo convoca, también presiona. No solo invita, también prepara una  cuartada. ¿Y cuál sería esa cuartada? Si la oposición pierde, Alito podrá decir, “Fue porque no quisieron aliarse. Hasta aquí podría parecer una disputa normal entre partidos, pero lo que pasó después cambió el tono.

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