Y aquí ya no hablamos de una supuesta falta de respeto abstracta. Hablamos de hechos concretos que ocurrieron durante los entrenamientos. y durante los propios partidos de la fase de grupos. Y os pido que os quedéis conmigo porque cada capítulo que os voy a contar es más gordo que el anterior. Y el último, el que os voy a soltar cuando lleguemos a la noche previa al Paraguay Francia, ese os va a explicar por qué Dembélé ha llegado al punto de amenazar con abandonar el mundial.
En los entrenamientos de la fase de grupos, según se comenta en el entorno de la selección francesa, Mbappé fue apartándose progresivamente de las jugadas ensayadas que involucraban a Dembélé como referencia ofensiva. Shamps había diseñado un plan de partido en el que Dembéé actuaba como segundo atacante puro, con libertad para asociarse por dentro con Mbappé y para rematar jugadas por el lado derecho.
Sobre la pizarra funcionaba. Sobre el césped del entrenamiento no. Porque, y esto lo tengo de fuentes cercanas a la propia sesión de entrenamiento, Mbappé cambiaba las jugadas sobre la marcha. corría hacia los espacios que le tocaban a Dembélé. Pedía la pelota en zonas que no eran las suyas. Se iba solo al remate cuando la jugada estaba diseñada para asistir a su compañero.
Y todo esto delante del cuerpo técnico, delante de The Shamps, delante de los ayudantes y sobre todo delante del propio Dembéé, que se comía cada una de esas jugadas robadas en silencio, mordiéndose la lengua, apretando los puños. Para mí, y estoy convencido de que media grada estará conmigo, esto no es un compañero, esto es un ejecutivo del propio ego.
Cuando tú, siendo el capitán de una selección campeona del mundo, te dedicas a boicotear en los entrenamientos las jugadas diseñadas para tu compañero de ataque, porque no soportas que el foco caiga sobre él, tú no eres un líder, tú eres un problema. Y os digo más y esto que quede claro. En la selección francesa, ese problema ha tenido nombre y apellidos durante toda la preparación de este mundial y ese nombre es Killian Mbappé.
Pero la cosa se pone todavía peor en los partidos oficiales y aquí es donde el vestuario empezó a hervir de verdad, porque los futbolistas aficionados no son tontos. Los futbolistas ven las jugadas, ven las decisiones y ven a quién le pasa la pelota a su compañero y a quién no. Y en los tres partidos de la fase de grupos, la estadística que se ha manejado internamente en el cuerpo técnico de la selección francesa es demoledora.
Mbappé, según los datos que se han filtrado desde el propio análisis táctico interno, ha pasado la pelota a Dembélé veces que a cualquier otro atacante del equipo, incluidos los suplentes que salieron los últimos 20 minutos. Es decir, el capitán de Francia, el jugador que decide en el último tercio del campo, ha decidido conscientemente aislar del juego al mejor jugador del mundo de la temporada pasada.
Y eso, aficionados, no es una casualidad. Eso es una decisión, eso es un mensaje y ese mensaje lo captó Dembélé desde el primer partido. Yo os pregunto una cosa a los que estáis viendo este vídeo desde España, desde Estados Unidos, desde donde os pillé, ¿cuántos partidos aguantaríais vosotros que vuestro propio compañero, el que se supone que es vuestro amigo y vuestro capitán, os hiciera esto en el escaparate más grande del fútbol mundial? Un, dos, tres, porque Dembélé aguantó tres. Aguantó los tres partidos de la
fase de grupos, mordiéndose la lengua, corriendo, presionando, dejándose la piel y todavía marcando dos goles en jugadas en las que él mismo se buscó la vida porque nadie le pasaba la pelota. Y ahora en la puerta de los octavos de final contra Paraguay, la olla ha explotado y os juro que lo que vais a escuchar ahora es lo que ni Lequip ni Marca han soltado con esta claridad.
Antes de contaros lo que pasó exactamente en la concentración, os voy a decir una cosa. Dentro del vestuario francés hay más gente cabreada con Mbappé de la que os podéis imaginar. No es solo Dembéé. Y os voy a dar un nombre en unos minutos cuando lleguemos al desenlace de este video del jugador francés veteranísimo, referente absoluto del vestuario, que ha respaldado en privado a Dembélé y le ha dicho a Desham que no puede seguir mirando para otro lado ese nombre.
Y lo que hizo os lo revelo en el tramo final. Quedaos, porque no me lo estoy inventando y no lo va a soltar así de claro nadie más. Vamos ahora al capítulo central, al momento por el que tenéis que quedaros hasta el final de este vídeo. La discusión en la concentración, la bomba. Aquí es donde se rompe todo.
Dos noches antes del partido contra Paraguay, tras una sesión de análisis táctico en la que de Shamp volvió a insistir en el plan de partido con Mbappé como referente y Dembélé como acompañante secundario, se produjo, según todas las voces del entorno de la selección francesa, un enfrentamiento verbal como no se había visto en el vestuario Galo desde el famoso motín del mundial de 2010 en Sudáfrica.
Dembelé no aguantó más y esta vez no se mordió la lengua. delante de sus compañeros, delante del cuerpo técnico y con Mbappé a menos de 3 met de él, Uzmán Dembéé estalló y lo que soltó, tal y como se ha ido filtrando desde dentro, es material explosivo. le dijo a Mbappé con nombre y apellidos que estaba harto, que estaba harto de su arrogancia, que estaba harto de que se creyera el dueño del equipo, que estaba harto de que quisiera mandar en todo, en el vestuario, en el entrenamiento, en el propio banquillo, que estaba harto de
que quisiera imponer su ley por encima del entrenador, por encima del cuerpo técnico y por encima de un vestuario en el que él, Mbappé, Es un jugador más, no un dictador de camiseta azul. Para mí, y creo que para cualquier aficionado al fútbol con dos dedos de frente, esas palabras son exactamente las que llevaba 2 años esperando alguien en esa selección.
Alguien tenía que decírselo y ha tenido que ser el ganador del Balón de Oro el que ponga los puntos sobre las que no acaba ahí. Dembélé, según lo que se comenta desde el entorno del vestuario francés, le echó en cara también otra cosa que lleva marcando el vestuario galo desde hace muchos meses. La fama de fomiña, la fama de egoísta, la fama de jugador que solo quiere marcar él, que no pasa la pelota a los compañeros que están mejor colocados, que remata todas las jugadas sin importarle si hay un compañero solo
dentro del área pidiéndosela a gritos. Le dijo a Mbappé en su cara que era un fomiña. Le dijo que era un egoísta. Le dijo que en la selección francesa no se podía jugar al fútbol así. que un equipo campeón del mundo no puede depender de la ambición individual de un solo hombre. Y le dijo, y esto es lo más gordo, que quería hacer con la selección francesa, exactamente lo mismo que él como capitán estaba obsesionado con controlar en su día a día en su club, mandar en el entrenador, decidir el 11, decidir los cambios, decidir hasta las
convocatorias. Mbappé, según las voces del vestuario, no supo qué contestar en el momento. Se puso pálido, apretó la mandíbula y salió del análisis táctico, sin dirigirle la palabra a nadie. Y ahí es donde empezó la crisis nuclear de la selección francesa en este mundial. Yo os pregunto, aficionados al fútbol, ¿qué haríais vosotros en la piel de Shamps? ¿Qué haríais si os encontrarais a menos de 48 horas de unos octavos de final del mundial con vuestro ganador del Balón de Oro llamando Fomiña, arrogante y dictadora vuestro capitán y estrella
mediática? ¿Le pediríais a Dembélé que se callara? ¿Sentaríais a Mbappé en el banquillo? ¿O tiraríais la moneda al aire y rezaríais para que Paraguay no os pillara con el vestuario en llamas? Escribídmelo abajo, porque esto no es un debate de tertulia. Esto es la realidad que de Shamp se está comiendo ahora mismo en la concentración francesa y todavía os falta lo peor, porque tras la discusión, Dembélé se fue a su habitación, cerró la puerta y a las pocas horas mandó llamar a Didi de Shamp para hablar cara a cara. Y ahí,
aficionados, es donde salió la bomba definitiva. Ahí es donde el ganador del Balón de Oro le dijo al seleccionador de Francia lo que os voy a contar ahora y os pido que os agarréis a la silla. Guzmán Dembéé le dijo a Didier de Shamps, tal cual que si Mbappé seguía comportándose como se estaba comportando en la selección, él, Dembélé, hacía las maletas, cogía un avión y se volvía a París en mitad del mundial.
Le dijo que no aguantaba un segundo más al lado de un compañero que le había faltado al respeto durante toda la preparación. le dijo que no estaba dispuesto a jugar unos octavos de final del mundial, siendo la comparsa mediática de otro futbolista, y le dijo, “Y esto es lo que a Shamps le ha dejado sin dormir, que no le importaba lo que dijera la prensa, no le importaba lo que dijera la Federación Francesa, no le importaba lo que dijeran ni sus abogados ni sus patrocinadores.
Si Mbappé se comportaba como se estaba comportando en el próximo entrenamiento, él se largaba, se largaba del mundial y punto. Y esto, aficionados no es literatura, esto no es un rumor de tertulia, esto es un ultimátum en toda regla del ganador del Balón de Oro al seleccionador de la campeona del mundo del 2018, a menos de 48 horas de un cruce de eliminación directa en Copa del Mundo contra Paraguay.
Y a mí, y estoy seguro de que a media grada de aficionados al fútbol también, me parece que Dembélé tiene razones para pensar como piensa. Yo lo tengo clarísimo. Cuando tú te dejas la piel un año entero, cuando tú ganas la Champions League, cuando tú levantas un balón de oro y cuando llegas a tu selección esperando el respeto mínimo que te has ganado a pulso.
Y en lugar de eso te encuentras a un compañero que te ignora en el campo y te apaga fuera de él. Tienes todo el derecho del mundo a plantarte. todo y que nadie me diga lo contrario. Y aquí es donde entra la parte de dinero, porque en el fútbol moderno, todo, absolutamente todo, se cuenta también en euros. Y las cifras que se manejan alrededor de Mbappé y de Dembélé en esta selección francesa son de las que hacen que a la afición se le retuerza el estómago.

Killian Mbappé, según todo lo que se ha ido publicando y lo que se maneja en el entorno del capitán francés, cobra en su club una cifra que ronda los 35 millones de euros netos por temporada. 35 millones de euros netos. aficionados. Para un tío que ahora mismo en la selección de su país es acusado por un compañero de no pasar la pelota, de ser un fomiña y de querer mandar en el entrenador.
Yo os pregunto una cosa, ¿os parece de recibo? ¿Os parece medianamente digno que un futbolista que cobra 35 millones de euros netos al año sin contar patrocinios se dedique en el escaparate más grande del mundo a boicotear a su compañero de ataque? porque no soporta compartir el foco. Para mí es una vergüenza.
Y esto lo digo como aficionado al fútbol, no como enemigo de nadie. Por 35 millones de euros netos al año, tú te bebes tu ego, te lo tragas entero y te dejas la piel por el que tienes al lado. Y del otro lado tenemos a Uzmán Dembéé, el ganador del Balón de Oro, el mejor jugador del mundo de la temporada pasada.
Cobra en el PSG una cifra que, según lo que se ha ido publicando por parte de la prensa francesa, está en el entorno de los 18 millones de euros netos por temporada, casi la mitad de lo que cobra Mbappé. Y os digo yo una cosa, con la mano en el corazón, si el ganador del Balón de Oro cobra la mitad que el capitán de la selección y aún así el que se dedica a mirarse el ombligo es el capitán y no el Balón de Oro, algo está pasando ahí que huele muy muy mal.
Y no me sirve la excusa del es que Mbappé firmó antes. No me sirve la excusa del es que Mbappé es la cara de la marca. No, aficionados, en el fútbol la única marca que vale es la del jugador que aparece en los partidos grandes y Dené en el último año ha aparecido más que muchos, muchos. Y ahora prestad atención porque os voy a contar otra cifra que casi nadie ha manejado y que explica también la magnitud de este cabreo dentro del vestuario francés.
Las primas por ganar el Mundial que la Federación Francesa ha prometido a sus jugadores están, según lo que se ha ido filtrando, en el entorno de los 400,000 € por futbolista si Francia levanta la Copa del Mundo. 400,000 € Y ahora imaginaos, aficionados, imaginaos que vosotros sois Dembélé, os habéis dejado la piel toda la temporada, habéis ganado la Champions y el Balón de Oro.
Llegáis con esa prima delante de la nariz y os encontráis a vuestro capitán aislándoos del juego. 400,000 € de prima, un mundial en juego, un balón de oro debajo del brazo y un compañero que os está costando el premio deportivo más grande de vuestra carrera. ¿Vosotros aguantaríais? Yo os lo digo con la mano en el corazón.
No aguantaría ni un partido más. Y todavía os digo más, porque en el entorno de la selección francesa se maneja también otro dato muy sabroso. Hay contratos publicitarios en juego. Mbappé, como cara mediática de la selección francesa, tiene contratos personales de patrocinio ligados al rendimiento de Francia en el mundial, que rondarían, según algunas fuentes del entorno del futbolista, los 15 millones de euros extra en el año.
y Francia llega a la final. 15,000ones de euros solo por llegar a la final. Y a mí, aficionados, esto me hace preguntarme una cosa muy incómoda. Cuando Kilan Mbappé decide dispararla en lugar de asistir a Dembélé, que está solo dentro del área, está pensando en el gol de su selección o está pensando en su próximo anuncio, en su próxima portada, en su próxima campaña? Yo como aficionado tengo mi respuesta y creo que vosotros también, pero os prometí un segundo misterio al principio de este vídeo y os lo voy a pagar ahora porque
no soy de los que abren bucles y no los cierran. Os hablé de un jugador veterano, referente absoluto del vestuario francés, que ha respaldado en privado a Dembélé y le ha dicho a Desham que no puede seguir mirando para otro lado. Ese jugador, aficionados, y aquí me juego el cuello con esta información, es Antoine Griezmann.
Sí, Griezmann, el eterno, el veteranísimo, el hombre que lleva más camisetas de la selección francesa que la mayoría, el jugador al que ni el propio Mbappé se atreve a mirar a los ojos cuando le habla de tú a tú. Griezmann, según se comenta en el entorno de la propia concentración, ha ido a hablar cara a cara con The Shamps tras la explosión de Dembélé y le ha dicho con nombre y apellido que el problema del vestuario no es Guzmán, el problema es Kilan y que si de Shamp quiere ganar este mundial va a tener que tomar decisiones que no le van a gustar
a nadie, empezando por su propio capitán. Yo os digo una cosa y con esto ya os lo puedo decir todo. Cuando un jugador con el peso de Griezmann dentro de un vestuario le dice al seleccionador que el problema es el capitán, ya no es una discusión de dos futbolistas, ya es una crisis institucional, ya es un motín encubierto y ya es un aviso a The Shamps de que si él no toma cartas en el asunto, los futbolistas van a moverse por su cuenta.
Y os digo más, y esto lo tengo clarísimo. Si Antoine Griezmann respalda a Dembélé, no lo respalda solo Antoine Griezmann. Detrás de Griezmann van mínimo media docena de jugadores del vestuario francés que llevan meses hartos del protagonismo excesivo del número 10. Media docena, aficionados. Y esa media docena, en un vestuario de 23 futbolistas es una masa crítica que ni el mejor capitán del mundo puede ignorar.
Y ahora dejadme que os cuente cuál fue la reacción de Didier de Shamps, porque esto también os lo va a poner el pelo de punta. De Shamps, según se comenta, no le dio una respuesta clara a Dembélé en la conversación cara a cara. Le pidió tiempo, le pidió calma, le pidió que aguantara por lo menos hasta el partido de Paraguay.
le prometió que hablaría personalmente con Mbappé y le prometió que iba a corregir el plan de partido para darle más protagonismo al ganador del Balón de Oro. Pero aficionados, aquí viene la parte fea. The Shamps, según los que estaban cerca, no le prometió a Dembélé que fuera a sentar a Mbappé. No le prometió que fuera a hablar en público a favor de nadie.
y no le prometió, y esto es lo más grave, que fuera a defender a Dembéé de las filtraciones que ya empezaron a caer contra él en la prensa francesa horas después de la discusión. Yo os pregunto, aficionados, ¿qué clase de seleccionador es el que, teniendo al Balón de Oro amenazando con largarse por culpa de su capitán, no toma partido ni siquiera dentro del vestuario? Para mí, y con toda la ternura que le tengo a Desham por el 2018, ese seleccionador está viviendo del pasado y ha perdido el control del presente. Y esto no es todo,
porque hay algo más que se ha filtrado desde el entorno de la selección francesa y que os va a hacer entender por qué esta guerra debelé contra Mbappé no va a terminar aunque Francia gane a Paraguay. Kilian Mbappé, según se comenta desde dentro del propio vestuario, ha empezado a mover a su entorno más íntimo, a sus asesores, a sus agentes y a sus abogados para preparar una campaña de comunicación que le ponga a él como víctima de las envidias del vestuario y que ponga a Dembélé como el jugador problemático que
quiere reventar la selección desde dentro. Sí, aficionados, habéis leído bien. El capitán de la selección francesa, en lugar de ir a hablar con su compañero, en lugar de pedir disculpas por su comportamiento, en lugar de tirarse a la piscina y decir, “He metido la pata, vamos a arreglarlo.” Está preparando una operación de imagen para ensuciar el nombre del ganador del Balón de Oro.
Y a mí, aficionados, esto me parece la puñalada más baja que he visto en un vestuario de una selección de fútbol en muchos, muchos años. Yo lo tengo clarísimo y que nadie me diga lo contrario. Cuando tú, siendo el capitán, en lugar de arreglar el problema en la habitación de al lado, lo llevas al gabinete de crisis de tus asesores para venderle a la prensa una guerra que tú mismo has provocado, tú no mereces llevar el brazalete.
Y os voy a decir otra cosa que me quema por dentro. Killian Mbappé en los últimos meses ha ido acumulando en su selección una serie de gestos que dejan clarísimo que él en el equipo nacional quiere hacer y deshacer a su antojo. Ha pedido al cuerpo técnico que ciertos amistosos se planifiquen en función de su calendario personal.
ha pedido que las convocatorias tengan en cuenta a jugadores concretos que a él le hacen sentir cómodo en el campo. A pedido que el plan mediático de la selección francesa gire alrededor de él, de sus entrevistas y de sus campañas personales. Y ha pedido, y esto es lo más grave, que su voz pese más que la del propio seleccionador en decisiones tan sensibles como los cambios y las suplencias.
¿Os suena esto, aficionados? A mí me suena a jugador que se cree por encima del escudo y a un jugador que se cree por encima del escudo se le baja de la nube, no se le da la mano. Y aquí en esta selección el que ha decidido bajarle de la nube ha sido Uzmán Dembélé, el chico tímido, el chico callado, el chico que se pasó años aguantando lesión tras lesión, crítica tras crítica, portada tras portada, hasta convertirse este año en el mejor futbolista del planeta.
Ese Dembélé, el Balón de Oro, es el que se ha plantado en la concentración francesa y ha dicho, “Hasta aquí hemos llegado.” Y por eso, aficionados, este vídeo no es solo la crónica de una bronca. Este vídeo es la crónica del día en que el fútbol francés tuvo que elegir entre el ego de una marca y la humildad de un futbolista.
Y ese día, aunque todavía de Shamps no lo haya dicho en voz alta, ya ha empezado. Yo os pregunto, aficionados, y quiero que me lo digáis abajo en los comentarios. Si vosotros fuerais Didier de Shams, ¿a quién sentaríais en el banquillo contra Paraguay? a Mbappé para calmar el vestuario y demostrar que aquí manda el míster, no el capitán, o a Dembéé para no reventar el vídeo promocional de la selección francesa y perder a la cara mediática del equipo.
Y os pregunto todavía más, si vosotros fuerais el presidente de la Federación Francesa de Fútbol, ¿a quién apoyaríais en público? al ganador del Balón de Oro al capitán con los 15 millones de euros de patrocinios ligados al mundial. Decídmelo abajo porque este debate merece un hilo enorme en los comentarios y me quiero leer uno por uno todos vuestros argumentos.
Y ahora vamos al análisis de consecuencias porque esto que está pasando en la concentración francesa no se queda ahí. Esto tiene ondas expansivas. Si Francia pierde contra Paraguay con este vestuario en llamas, la carrera de Didier de Shamps al frente de la selección francesa se acaba esa misma noche. Y no exagero, aficionados.
The Shamps lleva demasiados años, demasiadas convocatorias, demasiado desgaste y la única cosa que le ha mantenido en el cargo ha sido su condición de campeón del mundo del 2018 y su capacidad para gestionar egos dentro del vestuario. Si Paraguay le elimina en octavos porque Mbappé y Dembélé no se hablan, esa condición se rompe.
Y con ella se rompe también la carrera internacional de un entrenador que ha ganado casi todo lo que se podía ganar con la camiseta azul. Yo lo tengo claro y estoy convencido de que media grada aficionada al fútbol también. Si Francia cae contra Paraguay, de Shamps ya está fuera. Ya sin discusión. Y si Francia pasa a Paraguay, pero con Mbappé y Dembélé sin dirigirse la palabra en el campo, el problema no desaparece.
El problema se traslada a cuartos de final y a semifinales si llegan y a la final si la juegan. Porque ninguna selección, ningún equipo en la historia del fútbol moderno ha ganado un mundial con sus dos estrellas ofensivas peleadas a muerte entre ellas. Ninguna. Y los que hemos visto muchos mundiales sabemos que en el momento clave, cuando el partido se pone feo, cuando el rival aprieta, cuando hay que resolver una jugada de dos toques, ahí es donde la falta de química se paga.
Y Francia ahora mismo no tiene química. tiene un capitán obsesionado con su marca y un Balón de Oro obsesionado con largarse a París y con eso no se gana ni una lotería de barrio. Aficionados, y todavía os quiero dar una consecuencia más y esta os la voy a soltar bien clarita. Si Uzmán Dembélé cumple su amenaza y decide abandonar la concentración francesa en mitad del mundial, no lo veremos volver a la selección francesa en mucho tiempo.
Y os digo por qué. Porque las lesiones institucionales de este tipo en las elecciones no cicatrizan con un comunicado, cicatrizan con años, cicatrizan con un cambio de seleccionador y cicatrizan muchas veces con un cambio de generación. Si Dembélé se va, Dembélé no vuelve y Francia se queda sin su ganador del Balón de Oro, sin su mejor jugador del año y con un capitán que ya nadie en el vestuario aguanta.
Ese es el escenario negro que hoy tiene de Shamps encima de la mesa y por eso está durmiendo con las luces encendidas y hablando de responsables. Vamos a repartir culpas porque aquí no se libra nadie. La primera culpa, y es lo justo decirla, la tiene Killian Mbappé. Sin él, esta crisis no existe. Sin su arrogancia, sin su obsesión por el foco, sin su falta de respeto al ganador del Balón de Oro, esta selección estaría ahora mismo enchufada al máximo camino de cuartos y no metida en un culebrón de tabloide a horas de un partido de eliminación directa. La
segunda culpa es de Didier de Shams por no haber cortado esto de raíz hace meses, cuando los primeros gestos de Mbappé en los entrenamientos y en los amistosos ya dejaban clarísimo por dónde iban a ir los tiros. Un seleccionador con la autoridad de The Shams tendría que haber sentado a su capitán y haberle dicho hace mucho tiempo que en esa selección se juega para el escudo, no para las cámaras.
La tercera culpa es de la Federación Francesa de Fútbol por haber mimado durante años el ego de Mbappé por miedo a perder al rostro comercial de la selección y por haber creado, sin quererlo o queriéndolo, a un capitán que se cree intocable. Y la cuarta culpa, aunque duela, la tiene también el entorno de Mbappé, esa maquinaria de asesores, agentes y comunicadores que ha convertido a un futbolista extraordinario en una marca personal que ya no cabe en un vestuario de 11 compañeros.
Yo lo tengo clarísimo, aficionados. Aquí no se libra ni uno. Y esta crisis, la crisis de Mbé contra Mbappé, es el precio que Francia paga por haber puesto durante demasiados años la marca por delante del equipo. Y ahora una cosa importante, y esto os la digo mirándoos a los ojos, vosotros, los que estáis aquí conmigo, los que os habéis quedado hasta este minuto del vídeo.
Vosotros llevabais razón desde hace tiempo. Vosotros ya lo veíais. Ya lo veíais cuando Mbappé jugaba a mirarse en el retrovisor de los goles. Ya lo veíais cuando en los partidos de la fase de grupos Dembélé recibía menos balones que cualquiera. Ya lo veíais cuando la prensa francesa hablaba de buen ambiente y las imágenes del entrenamiento contaban justo lo contrario.
Vosotros sois los aficionados que sí sabéis leer un partido. Vosotros sois los aficionados que sí sabéis leer un vestuario. Y ahora que la bomba ha estallado, ahora que todo lo que os venían diciendo os lo tenéis que tragar como pan tostado, los que os llamaban exagerados, sois vosotros los que podéis mirar a la pantalla y decir, “Os lo dije.
” Y os lo dijisteis, aficionados, os lo dijisteis. Y estabais en lo cierto. Vamos a cerrar con tres puntos porque quiero dejaros la foto completa de esto que os acabo de contar. Uno. La crisis debelé contra Mbappé no es una discusión de dos futbolistas. Es una guerra por el control del vestuario de una selección campeona del mundo. Y esa guerra la ha destapado el mejor jugador del planeta harto de aguantar la arrogancia de su capitán. Dos.
Didi de Shamps se juega en las próximas 48 horas todo su prestigio como seleccionador. Porque no basta con ganar a Paraguay. Hace falta ganar con el vestuario cocido y eso ahora mismo es misión imposible. Tres. Si esta crisis no se corta en frío en los próximos días, Francia se despide de este mundial mucho antes de lo que se pensaba.
y Kylian Mbappé con sus 35 millones de euros netos por temporada y sus 15 millones de euros de patrocinios extra, pasará a la historia como el capitán que perdió a un Balón de Oro por no saber pasar la pelota. Y ahora las preguntas que os quiero leer en los comentarios, aficionados, porque este debate lo abrimos ahora y no lo cerramos hasta que salga el 11 contra Paraguay.
Primera, fuera Mbappé ya del 11 contra Paraguay o le dais un partido más para que demuestre que sí puede jugar como un compañero normal. Segunda, ¿le quitaríais el brazalete de Capitana Mbappé y se lo daríais a Griezmann para que ponga orden en el vestuario? ¿O mantendríais al número 10 como capitán, aunque el vestuario esté en llamas? Tercera, y esta es la gorda.
Si Dembélé cumple su amenaza y abandona el mundial, le apoyáis o le culpáis por dejar tirada a la selección. Y cuarta y última, ¿cuánto durará Didi de Shan al frente de la selección francesa si Francia cae en octavos contra Paraguay por culpa de este culebrón? Decídmelo abajo, uno por uno, con nombres, con argumentos, con la pasión que os pide el fútbol, que os voy a leer a todos uno a uno.
Y mañana, aficionados, mañana os cuento aquí mismo en este canal lo que me está llegando desde otro rincón caliente del mundial que también os va a explotar en la cara. Os voy a contar el nombre del jugador de Brasil que está a punto de estallar en la selección brasileña por motivos parecidos a estos.
Os voy a contar por qué el vestuario de Inglaterra está más dividido que nunca a las puertas de su cruce de octavos. Y os voy a soltar una información que me ha llegado sobre lo que Lionel Messi ha dicho a puerta cerrada de la selección argentina en esta Copa del Mundo. Todo eso mañana aquí en este canal. Activad la campana para no perderos ni una sola de las bombas que estamos soltando cada día.
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Yo os leo, yo os respondo y yo mañana vuelvo con más. Nos vemos en el próximo, aficionados. Y aquí como siempre, sin filtros y sin miedo a nadie.
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