Los dos gobiernan países donde la oposición de derecha los atacó con dureza antes y después [música] de llegar al poder. Y los dos tienen una visión similar sobre el papel del Estado en la economía y en los servicios públicos. Esa sintonía en el contexto del mundial tomó una forma muy concreta.
Te cuento algo que casi no se ha reportado y es que Brasil fue uno de los primeros países en confirmar la participación de su delegación presidencial en los partidos que se juegan en México. Eso tiene implicaciones logísticas y de seguridad que normalmente toman meses de coordinación entre cancillerías. Y la velocidad con que esa coordinación se resolvió entre México y Brasil, según trascendió de fuentes diplomáticas, fue notablemente más rápida de lo habitual.
Eso dice algo sobre cómo está funcionando el canal entre los dos gobiernos en este momento y ahí está la clave para entender la declaración de Lula. Cuando él habló bien de Shaba y de la Organización Mexicana del Mundial, no habló desde la ignorancia ni desde la cortesía vacía. habló desde alguien que había recibido información de primera mano a través de canales diplomáticos directos.
habló como alguien que sabía lo que había pasado con la FIFA, lo que se había resuelto, lo que estaba coordinado. Fíjate qué distinto se escucha eso cuando lo pones junto a lo que Telles y Alito habían estado diciendo desde la oposición, porque la oposición mexicana construyó su narrativa sobre el mundial con información de segunda o tercera mano, con reportes de medios, con preguntas en el Senado que no esperaban respuesta real.
Lula habló desde una posición de conocimiento directo y esa diferencia fue la que hizo que su declaración tuviera el peso que tuvo. Ahora viene la parte que más me llamó la atención cuando empecé a investigar este tema y es una parte que tiene que ver con algo que va mucho más allá del fútbol. El Mundial 2026 es el primer gran evento internacional que ocurre bajo el gobierno de Shanbound y la manera en que ese evento se desarrolle va a establecer una imagen de México hacia afuera que va a durar años.
Eso no es una exageración, es lo que le pasa a cualquier país sede de un evento de esa magnitud. Brasil 2014 dejó imágenes que todavía se debaten. Los estadios construidos a sobreprecio, las protestas en las calles durante la Copa Confederaciones de 2013, la derrota histórica 7 a 1 ante Alemania en las semifinales que para muchos brasileños se mezcló con la amargura del gasto público cuestionable.
Qatar 2022 dejó la imagen de un país que organizó un torneo impecable desde lo operativo, pero que generó un debate mundial sobre derechos humanos que todavía no se ha cerrado. México 2026 tiene la oportunidad de dejar una imagen diferente. Un país que organizó su parte del torneo con competencia, con coordinación, con estadios que funcionaron, con fanáticos que vivieron la experiencia sin incidentes graves.
Y esa imagen, si se construye bien, es el tipo de capital simbólico que un gobierno aprovecha durante años. La oposición lo sabe y por eso invirtió tanto en construir la narrativa de que iba a salir mal. Tyes, y aquí hay que ser preciso con lo que dijo y con lo que no dijo, nunca afirmó directamente que México fuera a perder sus sedes.
Lo que hizo fue una técnica que los senadores de oposición usan con bastante habilidad. Formular preguntas en lugar de afirmaciones. ¿Puede el gobierno garantizar que el Azteca estará listo? ¿Qué respuesta ha dado la FIFA a las preguntas sobre seguridad? ¿Por qué no hay transparencia sobre las negociaciones con la FIFA? Preguntas que suenan razonables, que la prensa recoge, que construyen una narrativa de duda sin comprometer a quien las hace con una afirmación verificable.
Es una técnica eficaz. hasta que llega alguien con autoridad real y responde desde afuera del marco que la oposición construyó. Y eso fue exactamente lo que hizo Lula. Entró desde afuera, dijo lo que vio y el marco se cayó. Espérate porque hay algo más que quiero que sepas sobre cómo reaccionó la oposición en los días siguientes, porque esa reacción dice tanto como la declaración original de Lula.
Los días después de la declaración de Lula fueron llamativos, por lo que no pasó. Telles, que tiene un canal de comunicación activo y que habitualmente responde con rapidez a los temas del momento, publicó en sus redes sobre la elección judicial, sobre el presupuesto, sobre temas de seguridad en Sonora. El mundial desapareció de su agenda comunicativa con una velocidad que varios observadores políticos notaron.
Alito Moreno hizo algo similar. La semana anterior a la llegada de Lula. había dado una entrevista donde tocó el tema del mundial de manera lateral, volviendo a sembrar dudas sobre la coordinación gubernamental. La semana después, el tema ya no apareció en ninguna de sus declaraciones públicas. Eso en política comunicacional tiene un nombre.
Se llama retire el tema cuando ya no te funciona y los dos lo retiraron al mismo tiempo, lo cual sugiere que en algún nivel coordinado de la oposición hubo una decisión de que ese frente ya no era rentable. Porque cuando el presidente de Brasil dice en público que México está bien organizado, seguir atacando la organización del mundial te pone en la posición incómoda de estar contradiciendo a un jefe de Estado extranjero, cuyo país viene a jugar aquí.
Y eso tiene costos políticos que los operadores del PAN y del PRI claramente calcularon y decidieron evitar. Aquí viene uno de los datos que más me parece revelador de todo esto. Lula no es el único líder extranjero que ha hecho comentarios favorables sobre la Organización mexicana del Mundial. Versiones recogidas de fuentes cercanas a la cancillería mexicana apuntan a que en al menos tres reuniones bilaterales previas al inicio del torneo, representantes de países con selecciones clasificadas hicieron comentarios positivos sobre el nivel de preparación
que habían encontrado en sus visitas de inspección. Comentarios que en su mayoría no llegaron a los medios mexicanos porque la oposición no tiene forma de darles cobertura sin contradecir su propia narrativa. Eso es lo que pasa cuando una narrativa de oposición se construye sobre el supuesto de que algo va a salir mal.

Si sale bien, el opositor queda como quien intentó hundir al país por adelantado. Y esa posición es política y moralmente incómoda de sostener. A ver, y aquí quiero hacer una pausa para decir algo que me parece importante. La cobertura del mundial en los medios de oposición tuvo un problema de fondo desde el principio. Los críticos del gobierno empezaron asumiendo el fracaso antes de que ocurriera.
Y cuando la realidad no confirmó ese fracaso, cuando la FIFA no reasignó partidos, cuando el Azteca avanzó en su remodelación, cuando la coordinación de seguridad resultó estar más organizada de lo que ellos habían insinuado, tuvieron que hacer algo con esa discrepancia. Algunos optaron por ignorarla. Telles pasó al siguiente tema. Alito también.
Algunos medios afines a la oposición publicaron cobertura del mundial sin mencionar que sus propios columnistas habían estado semanas antes prediciendo el desastre. Y Lula llegó y puso el dedo exactamente en esa llaga, porque cuando él dijo que México tenía una presidenta que sabía lo que hacía, no estaba haciendo un cumplido de protocolo.
Read More
Estaba, consciente o no, respondiendo directamente a las semanas de campaña opositora que habían intentado construir la imagen contraria. Y esa respuesta, viniendo de donde vino, tuvo un peso que ningún comunicado del gobierno mexicano habría tenido. Eso es, y creo que merece decirse así de claro, lo que pasa cuando la política exterior funciona, cuando las relaciones bilaterales están bien trabajadas, cuando hay comunicación real entre gobiernos y no solo ops diplomáticos.
El resultado no es solo una declaración bonita en una rueda de prensa. El resultado es que un aliado de peso te respalda en el momento en que más te cuesta conseguir ese respaldo. Fíjate que hay un ángulo más de esta historia que todavía no hemos tocado. La relación entre Shainbom y Lula tiene una dimensión que va más allá de lo bilateral y que tiene consecuencias para toda la región.
Los dos países juntos representan más del 60% del PIB de América Latina. Cuando México y Brasil van en la misma dirección en un tema, el resto de la región escucha. Los organismos multilaterales latinoamericanos toman nota y los inversores internacionales también. En los meses previos al mundial, con toda la atención mediática puesta en América Latina por el torneo, tener a los presidentes de los dos países más grandes de la región en la misma página sobre cómo se está manejando el evento, envió una señal hacia afuera que ninguna
campaña de comunicación podría haber fabricado artificialmente. Esa señal llegó a empresas que estaban evaluando inversiones en la región. Llegó a organismos internacionales que siguen la estabilidad política de los países latinoamericanos. llegó a medios de todo el mundo que cubren el torneo y que ahora tienen a dos presidentes de izquierda latinoamericana hablando bien el uno del otro frente a sus cámaras.
Y la oposición mexicana que construyó su narrativa sobre el supuesto de que Shainbaum iba a quedar expuesta ante la comunidad internacional durante el mundial se encontró con que la exposición funcionó exactamente al revés. Te digo algo que suena simple, pero que tiene mucho peso detrás. La política exterior bien ejecutada es invisible cuando funciona.
Nadie ve las reuniones de cancillería, nadie ve los cables diplomáticos, nadie ve las horas de coordinación entre equipos de seguridad de diferentes países. Eso no genera titulares. Lo que genera titulares es cuando algo sale mal. Y cuando lo que sale en los titulares es Lula diciendo que México está bien organizado, eso significa que todo lo que no se vio funcionó.
Ahora mira, y aquí viene algo que la oposición nunca va a querer reconocer, aunque sea evidente. El mundial 2026 en México es también una demostración de que el modelo de gestión de Shainb, que combina rigor técnico con coordinación política vertical, puede producir resultados en eventos de esa escala y eso tiene implicaciones que van más allá del torneo porque la oposición había apostado exactamente a lo contrario.
había apostado a que la escala del evento iba a exponer las limitaciones del gobierno, a que la presión internacional iba a revelar improvisación, a que México iba a quedar mal parado ante el mundo. Lula llegó y dijo que no. Téz respondido a eso. Alito tampoco. Y mientras tanto, en los estadios mexicanos se están jugando partidos del torneo de fútbol más visto en la historia de la humanidad.
Eso es lo que trascendió. Eso es lo que ningún noticiero de oposición cubrió de esta manera. Y la pregunta que queda abierta, la que los próximos meses van [música] a responder, es si la relación entre México y Brasil, que se está construyendo ahora con este mundial como escenario, termina siendo algo que va más allá del torneo.
Porque cuando dos países de este tamaño establecen un ritmo de comunicación directa, cuando los presidentes se ven en persona, cuando los equipos técnicos trabajan juntos en la logística de un evento compartido, esas relaciones no se evaporan cuando el árbitro pita el final de la última final. se quedan y se convierten en la base de lo que viene.
Que no te cuenten esta historia de otra manera, porque hay algo más que quiero contarte sobre Lula directamente, algo que cambia como se lee todo lo que hemos dicho. Lula da Silva tiene 78 años. Ha sido presidente de Brasil en tres periodos distintos. Ha negociado con el FMI, con la Unión Europea, con China, con los Estados Unidos de varios presidentes distintos.
Es tal vez el político latinoamericano con más experiencia en negociación internacional de los que están activos hoy en el continente. Cuando ese hombre abre la boca sobre cómo está organizado un evento internacional, no lo hace a la ligera. Eso es lo que la oposición mexicana no procesó bien. Telles puede cuestionar a Shane Bound porque es oposición, porque tiene una tribuna, porque tiene audiencia.
Ese es su trabajo y lo hace con habilidad. Pero cuando el cuestionamiento va en la dirección de este gobierno no sabe organizar el mundial y llega Lula con 40 años de experiencia política diciendo lo contrario. El cuestionamiento pierde tracción de una manera que es muy difícil de recuperar. La credibilidad en política funciona por acumulación.
La vas construyendo con el tiempo y también se destruye por acumulación. Cada vez que predices un desastre que no ocurre, la siguiente predicción de desastre tiene menos peso. La oposición mexicana lleva meses en ese ciclo con el tema del mundial. El partido inaugural del Azteca, que según ellos México estaba a punto de perder, se jugó ahí en el Azteca con el estadio lleno.
La FIFA, que según los comunicados de oposición estaba a punto de hacer declaraciones públicas de alarma, no hizo ninguna declaración de alarma. hizo lo contrario y los estadios que iban a quedar a medias, bueno, el Azteca abrió con capacidad completa el día del partido inaugural y cuando llega Lula y dice lo que dijo, cada una de esas predicciones fallidas gana retrospectivamente un peso adicional porque ahora hay un testigo externo que fue a ver con sus propios ojos y que volvió con un veredicto diferente al que la oposición construyó
en sus comunicados. Híjole, y hay algo que mencioné de pasada antes y que merece su propio espacio porque creo que es uno de los datos más reveladores de toda esta historia. La Confederación Brasileña de Fútbol, la CBF, es una de las federaciones más poderosas e influyentes dentro de la propia FIFA. Brasil tiene cinco mundiales ganados, la selección más reconocida del planeta y una federación que tiene peso real en las decisiones internas del organismo.
Cuando la CBF hace una evaluación positiva de una sede, [carraspeo] esa evaluación circula internamente en la FIFA de una manera que ninguna declaración de un gobierno nacional puede igualar. y la CBF hizo esa evaluación positiva de México. Versiones recogidas de personas con conocimiento de los procesos internos de la Federación Brasileña apuntaban a que los representantes de la CBF que visitaron los estadios mexicanos para las inspecciones previas regresaron con un reporte favorable sobre las condiciones operativas de los tres recintos. Eso no
apareció en los medios mexicanos de oposición, pero circuló entre quienes siguen de cerca la organización del torneo. Y ese reporte combinado con la declaración pública de Lula formó un mensaje que llegó a la FIFA de manera muy clara. Brasil, el país de fútbol por excelencia, estaba conforme con México como sede.

En el mundo de los organismos deportivos internacionales, ese tipo de señal importa tanto como los documentos oficiales. Fíjate en este otro ángulo, porque también tiene que ver con la oposición, aunque de una manera menos directa. Uno de los argumentos que circuló en los medios afines al PAN y al PRI durante las semanas de mayor tensión con la FIFA era que el gobierno de Shainba tenía un problema de comunicación con organismos internacionales.
Que el estilo más confrontacional que a veces adopta la presidenta en sus conferencias matutinas, ese estilo de respuesta directa que no siempre envuelve los mensajes en el tipo de diplomacia corporativa que prefieren los organismos internacionales iba a ser un obstáculo en las negociaciones con la FIFA. El argumento era que México necesitaba hablarle a la FIFA en su idioma y que Shainbaum no sabía hacer eso.
Pues a ver, lo que trascendió de las reuniones entre el gobierno mexicano y la FIFA fue exactamente lo contrario. La presentación técnica que el gobierno preparó con cronogramas, con nombres de responsables, con mecanismos de verificación, con fechas específicas de entrega, habló en el idioma que la FIFA entiende mejor de todos.
Datos verificables, compromisos medibles, responsabilidades claras. La FIFA no quiere floreos diplomáticos, quiere saber si el estadio va a estar listo el día que lo necesita. Y cuando el gobierno de Shain Baom llegó a esa reunión con una respuesta concreta a esa pregunta concreta, el supuesto problema de comunicación que la oposición había construido como narrativa se evaporó, porque al final, mira, la credibilidad ante organismos internacionales no la da el estilo de comunicación, la da el cumplimiento y México cumplió. Ahora te
digo algo más que tiene que ver con el futuro inmediato, porque esta historia todavía está en desarrollo y hay un capítulo que se está escribiendo ahora mismo. La presencia de Lula en México durante el mundial no terminó con la declaración de llegada. El presidente brasileño estuvo presente en al menos dos de los partidos de la selección que se jugaron en estadios mexicanos y en cada aparición pública, en cada interacción con periodistas, el tema de su relación con Shane Baum apareció de alguna manera. Eso no es accidental. Las
visitas de mandatarios extranjeros durante eventos deportivos de esta escala son cuidadosamente coordinadas entre equipos de protocolo de ambos países. Cada aparición pública, cada declaración, cada fotografía está calculada. Y el equipo de comunicación de Shanba que aprendió mucho del estilo de AMLO, pero que ha desarrollado su propia identidad comunicacional, entendió perfectamente el valor de tener a Lula visible en suelo mexicano durante el torneo.
Cada vez que Lula aparecía en los estadios mexicanos, cada vez que saludaba a las autoridades locales, cada vez que hacía una declaración favorable, era una imagen que circulaba por las redes sociales de todo el mundo hispanohablante y era una imagen que la oposición mexicana no podía rebatir sin parecer que estaba atacando al presidente de Brasil.
Esa fue, y que me perdonen si suena cínico decirlo así, una operación política muy bien ejecutada, legítima, pero calculada. Y aquí viene algo que te dejo pensando, porque me parece que resume lo que está pasando en el plano político mexicano con más claridad que cualquier encuesta. La oposición en México tiene un problema estructural que el mundial hizo visible de una manera que no había sido tan clara antes.
El problema es el siguiente. Cuando un gobierno empieza a acumular resultados concretos y verificables, la crítica de oposición tiene que volverse cada vez más específica y más técnica para tener credibilidad. Ya no puedes atacar con generalidades si hay hechos que las contradicen. Telles es inteligente. Alito tiene años de experiencia política.
Los dos saben que cuando la narrativa general de incompetencia gubernamental se tropieza con la realidad del mundial bien organizado, necesitan encontrar otros terrenos y los están buscando. Pero el problema es que el mundial, que fue su terreno elegido durante meses, ya les dio la respuesta. Y esa respuesta la dio, entre otros, el presidente de Brasil.
Lula se fue de México. La Celesa jugó sus partidos, el torneo siguió y quedó en el ambiente político mexicano, algo que es difícil de deshacer. La imagen de un presidente latinoamericano de peso diciendo públicamente que el gobierno de Shainbaum sabía lo que hacía. Eso no se borra con un comunicado de prensa, que no se lo cuenten de otra manera. M.