Posted in

¡IRÁN NO LO PUEDE CREER! Iraníes ROMPEN EN LLANTO por la SORPRESA que les Preparó México

íbamos a cuidar como anfitriones, de verdad se está respetando? Cada vez que un equipo tiene que jugar en desventaja por motivos que no son futbolísticos, el mundial entero pierde algo de su esencia. Y eso nos afecta a todos, no solamente a los iraníes. Porque la grandeza de este torneo siempre dependió de que una vez que empieza el balón a rodar, todos los equipos compitan bajo las mismas reglas, sin importar de dónde vengan ni qué gobierno los represente.

El técnico de la selección iraní no se guardó nada. salió a declarar públicamente que su equipo estaba siendo el más perjudicado de todo el mundial, no por el nivel de sus rivales, sino por las condiciones que le impusieron antes de pisar la cancha. Y cuando un entrenador dice eso frente a las cámaras en plena Copa del Mundo, no lo dice por capricho, lo dice porque la fatiga, los calambres, la falta de descanso, todo eso se nota en el campo y todos lo vimos.

Imagínese usted que ha visto mundiales desde que tenía pelo en la cabeza a una selección teniendo que cruzar una frontera de madrugada después de jugar un partido oficial sin tiempo de recuperación, sabiendo que dos días después tiene que volver a hacer el mismo recorrido para el siguiente partido.

Eso no se ve en un mundial que se respete. Eso no se vio nunca en los mundiales que nosotros crecimos viendo. Y mientras todo esto pasaba del lado estadounidense, en territorio mexicano se estaba gestando una respuesta que nadie esperaba, ni siquiera los propios iraníes, porque cuando una puerta se cierra de esa manera, a veces aparece otra que se abre con una fuerza que ni el que la abre dimensiona del todo.

Y aquí es donde la historia se pone interesante de verdad, porque lo que viene a continuación no es simplemente buenos sentimientos o un bonito gesto de hospitalidad. Lo que viene a continuación tiene un peso que pocos analistas se han tomado la molestia de explicar con calma y se lo voy a explicar yo con todos sus matices porque usted se merece entender esto completo y no a medias.

Lo que México hizo con la selección de Irán no fue un acto aislado de buena voluntad de unos cuantos aficionados entusiasmados. Hubo una decisión de gobierno detrás, hubo despliegue de fuerzas de seguridad federal. Hubo una respuesta institucional coordinada que se activó en cuestión de días para resolver lo que un país con muchísimos más recursos no quiso o no pudo garantizar.

Y eso, créame, no es un dato menor para entender lo que realmente significó este episodio dentro del mundial. Porque cuando uno se para la emoción del análisis y se pregunta con cabeza fría, ¿qué tan seguido un gobierno se mueve así de rápido por una selección extranjera, la respuesta es casi nunca. Y cuando sí pasa, generalmente hay una lectura más grande detrás, una lectura que tiene que ver con cómo un país quiere ser visto por el mundo en un momento donde todos los ojos están puestos encima.

Le voy a explicar más adelante por qué el mensaje que llegó desde el liderazgo más alto del gobierno iraní hacia México no es protocolo diplomático de rutina, sino algo que en el lenguaje de las relaciones internacionales tiene un peso muy distinto al que la mayoría de la gente le dio. Le voy a explicar por qué ese agradecimiento llegó justamente a México y no a ningún otro país, que también pudo haber abierto sus puertas.

Y le voy a explicar por qué en medio de todo esto hay una pregunta incómoda que casi nadie en los medios grandes de nuestro país se animó a hacer, porque aquí hay algo que no cuadra y usted ya lo intuye si ha seguido la cobertura mundialista de los últimos días. Esta historia se volvió viral en el mundo árabe, se volvió viral en redes latinoamericanas.

Hasta en Argentina la gente hablaba de querer ser hermanos de México. Y sin embargo, en la cobertura mundialista de los noticieros mexicanos más grandes, esta historia apenas tuvo un lugar marginal. ¿Por qué algo que enaltece tanto a nuestro país, que nos pone como ejemplo de hospitalidad y dignidad frente al mundo entero, no fue noticia central en nuestra propia casa? Esa pregunta tiene respuesta y se la voy a dar más adelante con la calma que merece, porque no se trata de teorías ni de suposiciones.

Se trata de entender el contexto completo de lo que estaba pasando puertas adentro mientras Tijuana se convertía en la casa temporal de una selección que el mundial casi deja fuera. Lo que quiero que se quede con usted por ahora es esto. Lo que pasó no fue solamente fútbol y tampoco fue solamente política.

Fue las dos cosas entrelazadas de una manera que rara vez se ve en un mundial y que nos obliga a los que amamos esta selección y este país, a mirar más allá del marcador. Porque para entender la dimensión completa de lo que México logró en medio de esta historia, primero hay que entender qué tan grave fue realmente lo que Estados Unidos provocó y comparar eso con lo que históricamente ha significado ser anfitrión de un mundial.

Y ahí es exactamente a donde vamos ahora. Vamos por partes. La primera capa es la magnitud real de lo que vivió la selección de Irán. No hablamos de una incomodidad menor ni de un trámite burocrático que se resolvió con una llamada. Hablamos de un equipo que tuvo que mover su campamento base completo de un país a otro en cuestión de días, sin tiempo de adaptación, sin las instalaciones reservadas con anticipación, improvisando absolutamente todo.

Hablamos de jugadores que después de disputar un partido oficial de Copa del Mundo no tuvieron derecho a una noche de descanso normal, sino que tuvieron que cruzar una frontera de madrugada para regresar a su campamento. agotados con el cuerpo todavía caliente del esfuerzo del partido. Cualquiera que haya jugado fútbol, aunque sea en una cascarita de domingo, sabe lo que cuesta el cuerpo al día siguiente de un partido exigente.

Ahora imagine eso, multiplicado, sin la recuperación adecuada y teniendo que repetirlo cada vez que les tocara jugar. Quiero que pensemos juntos, como lo que somos, aficionados que hemos visto pasar varios mundiales por nuestros ojos. México fue sede en 1970. México fue sede en 1986 y en ambas ocasiones, lo que se recuerda, lo que quedó grabado en la memoria colectiva del mundo, no fue solamente el nivel futbolístico, sino la manera en que México recibió al planeta entero sin distinción.

Esa fue siempre nuestra carta de presentación como anfitriones. Aquí cabe todo el mundo. Aquí el fútbol se respeta por encima de cualquier diferencia. Por eso, cuando uno ve que en este mundial organizado entre varios países, uno de los coanfitriones decidió usar el torneo como extensión de su política exterior, la comparación con nuestra propia tradición como sede se vuelve inevitable.

Y la pregunta que queda flotando es dolorosamente simple. ¿Por qué nosotros, con muchísimos recursos que la potencia que organiza este mundial junto a nosotros, terminamos siendo los que sí entendimos de qué se trata recibir un mundial con dignidad? Aquí los detalles importan porque no fue un gesto improvisado de última hora. Se desplegaron alrededor de 300 elementos entre Guardia Nacional y Ejército Mexicano, exclusivamente para resguardar la seguridad de la delegación iraní durante toda su estancia.

Se adaptaron instalaciones deportivas en tiempo récord para que el equipo pudiera entrenar en condiciones reglamentarias, algo que normalmente toma meses de planeación y que en Tijuana se resolvió en cuestión de días. Y hubo un detalle que aunque parezca pequeño, en el mundo de la diplomacia internacional pesa muchísimo.

Read More