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¡HARFUCH CAZÓ a “EL COMANDANTE NICO” con SUS 2 NOVIAS; LÍDER del CÁRTEL de JUAREZ!

Su cálculo era preciso en su propia lógica. Nadie ejecuta un operativo en una vialidad mayor. Con tráfico civil, con testigos americanos en el vehículo objetivo. La visibilidad lo protegía. O eso creyó. Lo que el Nico no sabía era que el dron de seguimiento de la SSPE llevaba 31 minutos sobrevolando el Audi negro a 180 m de altura, transmitiendo coordenadas en tiempo real al equipo desplegado en tierra y que los agentes de la corporación ya llevaban 22 minutos posicionados en el cruce exacto de Gómez Morín y Faradey, esperando en silencio,

sin luces, sin movimiento visible el momento en que el vehículo entrara en el radio de cierre. El Nico no eligió esa ruta porque fue descuidado, la eligió porque era la más lógica dentro de su sistema de cálculo. El problema era que Harfush ya conocía ese sistema y lo había usado para tenderle la trampa perfecta.

Ese tercer error fue lo último que calculó mal, porque esa noche Harf ya tenía todo lo que necesitaba. Las 22:17 horas del viernes 19 de junio de 2025 en el centro de monitoreo de la Secretaría de Seguridad Pública del Estado de Chihuahua, una pantalla mostraba el fed térmico de un dron que sobrevolaba la zona norte de Ciudad Juárez.

En la imagen captada en escala de grises de alta resolución se distinguía con claridad el calor del motor de un Audi negro desplazándose hacia el sur por el boulevar Gómez Morín. Tres manchas de calor corporal dentro del habitáculo, dos en el asiento trasero, una al volante. El operador de dron transmitió las coordenadas al comandante de campo.

Una sola palabra llegó por radio encriptado al equipo desplegado en tierra. Confirmado. El despliegue había comenzado 40 minutos antes, sin anuncios, sin movimiento visible desde la calle. Los agentes de la SSP se habían posicionado en el cruce de Gómez Morín y Farraday en vehículos sin identificación corporativa, unidades civiles estacionadas a distancias calculadas para crear un embudo de contención sin alertar al objetivo antes del cierre.

No había sirenas, no había torretas encendidas, no había ninguna señal exterior que diferenciara esa esquina de cualquier otra esquina de Ciudad Juárez a las 10 de la noche. Esa invisibilidad era la táctica. En operativos de esta naturaleza y intercepción de objetivo de alta peligrosidad en entorno urbano con civiles presentes, el protocolo de la SSP establece que el cerco debe estar completamente cerrado antes de que el vehículo objetivo llegue al punto de intercepción.

No se cierra cuando llega, se cierra antes. El objetivo entra a una trampa que ya existe, no a un bloqueo que se forma frente a sus ojos. El dron cambió de ángulo a las 22:23 horas. El Audi Negro había girado hacia Faraday. Las coordenadas actualizadas llegaron al comandante de campo en tiempo real. La distancia al punto de cierre, 340 m.

A esa distancia, el Nico todavía no podía ver nada fuera de lo ordinario. El cruce adelante se veía exactamente como cualquier cruce nocturno de una colonia residencial de Juárez. Luz naranja de los postes municipales. Escaso tráfico a esa hora. Un par de vehículos estacionados en los márgenes de la calle.

Lo que no veía era que esos vehículos estacionados tenían agentes adentro, que en la oscuridad entre dos postes de luz había una posición de contención con ángulo directo hacia la vía que el dron sobre su cabeza llevaba ya 31 minutos registrando cada metro de su trayecto. A 200 m del cruce, el comandante de campo emitió la señal de activación por el canal encriptado.

Los equipos de contención dejaron de ser invisibles solo en el último segundo, el momento exacto en que el Audi Negro ya no tenía espacio para girar, acelerar o invertir su dirección sin colisionar con las unidades que materializaron el cerco desde tres ángulos simultáneos. El inventario de lo que venía después ya estaba listo en la cabeza de Harfush.

Seis armas largas, municiones de uso exclusivo militar, un vehículo con placas de otro país y un objetivo que había eludido la captura desde febrero. Lo que el Nico encontró en el cruce de Gómez Morín y Faraday no fue un retén, fue el final de una cacería de 4 meses. Afuera todo parecía normal, adentro ya era demasiado tarde.

Las 22:39 horas, el Audi Negro detuvo su marcha. No fue una detención voluntaria, fue el momento en que el conductor, el comandante Nico, 26 años, originario del porvenir, objetivo prioritario número uno de la SSP en el Valle de Juárez, procesó en fracción de segundo la geometría de lo que tenía enfrente y entendió que no había salida.

Tres unidades de contención, ángulos cruzados, agentes en posición con armamento largo, el dron todavía arriba, invisible en la oscuridad, transmitiendo en tiempo real. El cerco era perfecto y el Nico lo sabía. Los primeros 4 minutos fueron de tensión estática, el Audi detenido en el centro del cruce, los agentes en posición de contención.

Ningún movimiento desde el interior del vehículo. Desde afuera, los elementos  de la SSPE podían distinguir a través de los vidrios la silueta de tres personas dentro del automóvil. El conductor tenía las manos visibles sobre el volante, un gesto que los analistas de comportamiento interpretan como evaluación de opciones, no como rendición.

El Nico no se entregaba, calculaba. Lo que Nico calculaba en esos 4 minutos era la misma variable que lo había llevado a llevar a esas dos mujeres consigo, las consecuencias de que algo saliera mal con ciudadanas estadounidenses en el vehículo, un incidente diplomático, una queja consular, un caso que cruzara la frontera hacia jurisdicción federal americana.

Esa variable siempre había sido su red de protección. Ahora era el único argumento que le quedaba. Pero el comandante de campo del operativo ya había recibido instrucción directa sobre ese escenario. El protocolo era claro, el objetivo se neutraliza. Las ciudadanas americanas se aseguran como testigos y se transfieren a autoridad competente.

La presencia de nacionales extranjeros no altera el cierre del cerco. Harfush lo había anticipado. La orden llegó desde arriba sabiendo exactamente quiénes iban en ese vehículo. Los siguientes 6 minutos fueron de presión táctica progresiva. Los agentes avanzaron hacia el vehículo en formación de contención reducida, achicando el espacio disponible alrededor del Audi sin dejar ángulo de escape.

Las instrucciones se emitieron en voz alta, en español  con claridad absoluta. Manos visibles, puertas abiertas, descender del vehículo. Las dos mujeres en el interior. Iraí, 35 años, y Anabel 20, ambas del paso. Enapu comenzaron a moverse. Primero salieron del vehículo con las manos elevadas visiblemente alteradas y fueron guiadas de inmediato hacia una zona de aseguramiento separada del punto de intercepción.

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