Posted in

¡ALITO EN PÁNICO! El Fuero Ya No Lo Protege y Sheinbaum Lanza Advertencia

Y eso es justamente lo que pasó con Alito. Su etapa como gobernador se convirtió en el origen de muchas de las acusaciones que hoy lo persiguen. Recordemos que en México ya vimos este patrón muchas veces. Exgobernadores que salían del cargo más poderosos de lo que entraron, someos. Funcionarios que hablaban de austeridad mientras acumulaban propiedades.

Dirigentes que defendían instituciones cuando estaban en la oposición. Pero las usaban como escudo cuando eran investigados. Ya olvidamos cuántos expedientes terminaron congelados. Ya olvidamos cuánto escándalos duraron dos semanas y luego desaparecieron. Ya olvidamos cuántos políticos acusados terminaron reciclados como candidatos, embajadores, dirigentes o asesores.

Ese es el contexto en el que aparece Alito y por eso su caso despierta tanto enojo, porque para mucha gente no se trata solo de él, se trata de una memoria colectiva, se trata de esa sensación de que los poderosos siempre encuentran una puerta de salida. Se trata de que el ciudadano común paga impuestos, cumple reglas, enfrenta multas, deudas, trámites, intereses, embargos, mientras los políticos parecen vivir en otra dimensión.

Es indignante, es inaceptable, es pura hipocresía, pero el caso de Alito tiene algo particular, su capacidad de resistencia. Cada vez que lo golpean, responde atacando. Cada vez que lo cuestionan, denuncia persecución. Cada vez que se habla de expedientes, él habla de autoritarismo. Cada vez que se menciona su patrimonio, él intenta mover la conversación hacia la defensa de la oposición.

Y esa estrategia no es casual, es una estrategia política conocida. Convertir un problema jurídico en un problema democrático. Convertir una investigación personal en una batalla de libertades. Convertir preguntas patrimoniales en una supuesta ofensiva contra todo un partido. ¿Funciona? A veces sí que en México también existe miedo real al uso político de la justicia y ese miedo no es inventado.

Ha habido gobiernos que persiguen adversarios, ha habido fiscalías usadas como garrote, ha habido investigaciones activadas por conveniencia. Entonces, Alito toma esa sospecha, la usa y la amplifica, pero aquí está la contradicción, que exista el riesgo de persecución política. No significa que automáticamente todas las sean falsas.

Y que un gobierno pueda tener intereses políticos no significa que no haya expedientes reales. Ahí está el punto fino, el punto que muchos quieren evitar, porque es más fácil segir bando, es más fácil decir, todo es persecución o todo es corrupción, pero la realidad es más compleja. Puede haber motivaciones políticas y también puede haber elementos que investigar.

Puede haber un gobierno interesado en exhibirlo, eh, y también puede haber preguntas legítimas sobre su patrimonio. Puede haber un dirigente opositor usando la bandera democrática y también puede haber un exgobnador con cuentas pendientes. Y antes de continuar, si esto que estás viendo te resulta útil para entender la política que los medios no explican, suscríbete al canal.

Cada semanas seguimos desarmando estas historias pieza por pieza. Ahora vamos con la línea de tiempo, que aquí es donde se empieza a ver cómo el caso fue pasando de escándalo aislado a tormenta política de largo alcance. Primero, durante su etapa como gobernador de Campeche, Alito construyó una imagen de político fuerte, operador, disciplinado y ambicioso.

Desde el gobierno estatal, según señalamientos posteriores, se habrían generado dudas sobre manejo de recursos públicos, obras, tratos y decisiones administrativas. Alito siempre ha rechazado las acusaciones y ha sostenido que forman parte de una ofensiva en su contra. Hasta aquí podría parecer una disputa política local, pero lo que pasó después hizo que el tema dejara de ser local.

Después, cuando Alito dejó el gobierno de Campeche y se movió hacia la dirigencia nacional del PRI, el conflicto cambió de escala. Ya no era solo un exgobernador defendiendo su gestión. era el jefe nacional de un partido histórico enfrentando acusaciones desde un estado que había gobernado. Y eso es muy distinto, porque una acusación contra un exgobnador puede afectar a una persona, pero una acusación contra el dirigente nacional del PRI golpea a toda una estructura política.

¿Cómo defender al Partido de la Corrupción si su dirigente está bajoción? ¿Cómo hablar de futuro si el pasado toca la puerta todos los días? Luego empezaron a tomar fuerza los cuestionamientos sobre su patrimonio. Propiedades, terrenos, bienes, posibles vínculos con personas cercanas, señalamientos sobre prestanombres.

Esa palabra es explosiva. Prestanombres. En México todos entienden lo que sugiere alguien que aparece en los papeles, pero que presuntamente no sería el verdadero dueño o beneficiario. Está probado en este caso. Eso tendrían que demostrarlo las autoridades, pero políticamente la palabra pesa pesa muchísimo, que instala la sospecha de que el poder pudo haber usado intermediarios para ocultar bienes.

Más adelante, las autoridades de Campeche impulsaron solicitudes relacionadas con el desafuero. El desafuero explicado en simple es quitar la protección constitucional que tiene un legislador o funcionario para que pueda enfrentar un proceso penal. No es una condena, significa que sea culpable, pero sí significa que se considera necesario remover esa barrera para que la justicia pueda avanzar.

Y aquí aparece una pregunta incómoda. Si el fuero no es impunidad, ¿por qué cada proceso de desafuero se vuelve una guerra política? ¿Por qué se negocia? ¿Se retrasa, se usa como amenaza o como escudo? En otro momento, la sección instructora de la Cámara de Diputados recibió elementos y comenzó a revisar el expediente.

Hubo avances, pausas, cuestionarios, declaraciones y postergaciones. Para los defensores de Alito, esas pausas demostraban que no había sustento suficiente. Para sus críticos demostraban que el sistema seguía protegiendo a los poderosos. Y aquí viene lo fuerte. Ambas lecturas tienen utilidad política. Alito podía decir, “Si no han podido”, es porque no tienen nada.

Sus críticos podían decir, “Si no avanza es porque lo están cuidando.” Mientras tanto, el expediente seguía vivo. Después llegó el endurecimiento del discurso desde el poder. Claudia Shainbum colocó en el centro una frase que cualquiera entiende, “Que regrese lo robado.” No fue una frase técnica, fue un argumento jurídico largo, fue una síntesis política.

Y la síntesis política son poderosas porque entran directo en la mente de la gente. ¿Quién puede estar en contra de que regrese lo robado? Nadie en abstracto. Pero la pregunta es, ¿cómo se prueba qué fue robado? ¿Cómo se recupera? ¿Quién decide? ¿Bajo qué procedimiento? ¿Con qué garantías? Hasta aquí podría parecer una disputa dura, pero todavía tradicional.

Read More