Posted in

MEXICO APLASTO a ECUADOR y DEJA IMPACTADO a TODO el MUNDO

MEXICO APLASTO a ECUADOR y DEJA IMPACTADO a TODO el MUNDO

México acaba de dejar impactado al mundo entero. Aplastó a Ecuador, una de las elecciones que mejor defiende del planeta, con una saga integrada por figuras de talla mundial como Pacho, Hincapié y Moisés Caicedo. Pero esta noche en el estadio Azteca no hubo defensa que pudiera contener la furia del tri. Hilmor a la promesa de 17 años.

Los volvió locos. No pudieron quitarle el balón ni una sola vez en los 90 minutos. Julián Quiñones corrió desde media cancha a pura potencia para abrir el marcador con un zapatazo espectacular y minutos después volvió a aparecer para asistir a Raúl Jiménez en el segundo gol.

 Lo que México hizo frente a una de las defensas más temidas del Mundial dejó al planeta [música] entero sin palabras e ilusiona a todo el país con que la primera esta vez si se puede quedar en casa. Porque para entender la magnitud de lo que pasó, primero hay que entender de dónde venía cada uno. Y créeme, el camino hasta llegar a ese estadio fue casi tan dramático como el propio partido.

 El vuelo que enfureció a una selección. México llegaba como el equipo perfecto del torneo. Nueve de [música] nueve puntos posibles. Triunfos ante Sudáfrica, Corea del Sur y Chequia. Una defensa que no había recibido un solo gol en toda la fase de grupos. [resoplido] El tri de Javier Aguirre no solo había ganado, había dominado, había convencido y llegaba a los 16avos de final como local absoluto con un país entero empujando desde las tribunas.

 Ecuador, en cambio, llegaba con una historia distinta. Había caído ante Costa de Marfil, empatado sin goles contra Curasao y solo una épica remontada 2 a 1 ante Alemania le había dado el pase como uno de los mejores terceros lugares del mundial. Sebastián Becasese, su entrenador, hablaba de rebeldía. de una selección acostumbrada a competir desde la incomodidad.

 Y esa incomodidad, esta vez empezó mucho antes de lo que cualquiera hubiera imaginado. Todo comenzó en Columbus, Ohio, donde Ecuador había disputado su partido de fase de grupos. El vuelo hacia Ciudad de México, que debía tomar poco más de 3 horas, se convirtió en una travesía de casi nueve, un retraso de más de 3 horas sobre el itinerario original, seguido de un aterrizaje en el aeropuerto internacional Felipe Ángeles, ubicado a 65 km del hotel de concentración.

 Y como si el destino quisiera ensañarse con la tricolor sudamericana, una tormenta eléctrica paralizó el tránsito de la capital esa misma noche. El plan original contemplaba llegar al hotel a las 5 de la tarde. Ecuador no pisó el lobby del Westing de Santa Fe, sino hasta las 8:20 de la noche. Pero lo que ocurrió después es donde la historia toma un giro inesperado.

 En la rueda de prensa oficial, con los titulares todavía atrapados en el trayecto, fue el arquero suplente Gonzalo Valle quien tuvo que acompañar a Becascese frente a los micrófonos. Y ahí el entrenador argentino soltó una frase que se replicó en cada portal deportivo del continente, que un vuelo de 3 horas y media había terminado siendo de nueve.

 Le preguntaron directamente si estaba molesto y aunque lo negó con insistencia, asegurando que se sentía agradecido y no enojado, el gesto cansado, las disculpas por la cara de fatiga del plantel y la queja detallada sobre cada minuto de retraso contaban una historia distinta a la que sus palabras intentaban vender.

 Incluso reconoció, casi sin quererlo, algo que terminaría siendo profético, que el trabajo y la planificación de México, ese rival que en fase de grupos había tenido resultados sólidos y que además había estado jugando amistosos de preparación había sido correcto. Era un alago disfrazado de resignación. La clase de comentario que un entrenador suelta cuando siente que la balanza ya empezó a inclinarse antes de que ruede el balón.

 Pero lo peor todavía estaba por llegar para la delegación ecuatoriana, porque mientras el plantel intentaba recuperarse del viaje, cientos de aficionados mexicanos ya se organizaban en redes sociales con un objetivo muy claro, no dejarlos dormir. Desde la medianoche y hasta las primeras horas de la madrugada, decenas de seguidores del tri se apostaron en los alrededores del hotel de Santa Fe con bocinas, altavoces y motocicletas revolucionadas, en una vieja tradición del fútbol latinoamericano que muchos llaman serenata y que con el paso de los

años se ha convertido en un arma psicológica pura. La policía capitalina tuvo que instalar vallas para contener a la multitud. Y aunque el cuerpo técnico ecuatoriano insistió en que el plantel descansó sin mayores contratiempos en los pisos más altos del hotel, la molestia dentro de la delegación fue real.

 La Federación Ecuatoriana de Fútbol envió una queja formal a la Federación Mexicana y a la propia FIFA, calificando lo ocurrido como una práctica alejada de los principios de juego limpio que un mundial debería representar. Y aquí es donde la historia toma un giro inesperado, porque lo que debía quedarse en un incidente aislado explotó en redes sociales y dividió a dos países.

 Del lado ecuatoriano, la narrativa se instaló rápido. México, decían, necesitaba recurrir a artimañas extradeportivas porque en el papel Ecuador llegaba con un plantel más caro, con más futbolistas jugando en las Grandes Ligas de Europa, con un valor de mercado que prácticamente duplicaba al mexicano. influencers y periodistas sudamericanos usaron ese argumento como bandera.

 Si el Tri tenía tanta confianza en su superioridad futbolística, ¿por qué necesitaba quitarle el sueño al rival la noche anterior? Del lado mexicano, la respuesta fue igual de feroz. Se defendió la Serenata como parte de la cultura futbolera del continente. Se recordó que Ecuador ya había vivido situaciones similares en otros mundiales y se acusó a Becasese de victimizarse públicamente mientras negaba estarlo haciendo frente a las cámaras.

 La discusión escaló tanto que para la tarde del martes con la ciudad de México ya vestida de verde y bajo ley seca en el primer cuadro de la capital para evitar excesos, el propio gobierno tuvo que intervenir en el tono del discurso público. La presidenta Claudia Sainbound pidió a la afición celebrar con respeto y responsabilidad, sin perder de vista que del otro lado había una selección rival que merecía condiciones dignas.

 Sin embargo, nadie imaginaba lo que estaba por ocurrir apenas rodara el balón, porque toda esa guerra de narrativas, todo ese ruido de redes sociales estaba a punto de quedar completamente sepultado por lo que sucedería dentro del estadio Ciudad de México, la noche que quedara en la historia. El silvatazo inicial programado originalmente para las 7 de la noche tuvo que retrasarse casi una hora por el riesgo de tormenta eléctrica sobre la capital.

Read More